El hijo de la reina de la mafia Novel Cover

El hijo de la reina de la mafia

8.8 / 10.0
Trilogía Carluccio: Libro 1. Una madre para mi hijo. Libro 2. El padre de mis hijos. Libro 3. El hijo de la reina de la mafia. Alexandre Carluccio regresa a Italia después de veinte años, con el único objetivo de vengar a todos aquellos que intentaron asesinar a su abuelo, sin imaginar que en medio de esta guerra que se ha desatado por obtener el poder, encontrará algo más que venganza. Yelizaveta Belucci, es en apariencia una chica frágil que necesita ser protegida por todos aquellos que se cruzan con ella, nadie imagina que debajo de esos ojos verdes se esconde una mujer peligrosa y tan despiadada como su padre, uno de los más grandes capos de Italia. Un amor tierno y pasional que pondrá en peligro la vida de ambos, pero que los llevará a conocer el amor verdadero.

El hijo de la reina de la mafia Chapter 1

Alexandre Carluccio

Miro por la ventanilla del avión cómo el cielo comienza a oscurecerse dejando a su paso una mezcla de colores violeta, azul y un pequeño rastro rojizo. Si no estuviese tan preocupado me detendría a observar este magnífico atardecer.

Suspiro y trato de recordar algo de la última vez que estuve aquí, cosa que me es totalmente imposible, era apenas un niño cuando dejé este lugar —el lugar donde nací— en compañía de mis padres.

Hoy, sin embargo, aunque ellos no lo deseaban decidí volver para vengarme de aquellos que intentaron lastimar a mi abuelo. Ese gran hombre, tan amable que siempre nos apapacha a mis hermanas y a mí. Ese hombre al que sus ojos se llenan de bondad y amor cuando nos ve, pero que a la vez es tan temible que toda Italia respeta. Al grande capo Giuseppe Lombardi, ellos sabrán que con El hijo de la reina de la mafia nadie se mete.

[…]

Han pasado veinte años desde que mis padres nos llevaron a México. En todo este tiempo nunca volvimos a pisar Italia, en parte porque a mamá le daba miedo que alguien nos hiciera daño en cuanto se enterasen de nuestro regreso y por otro lado, el abuelo también nos lo prohibió con el mismo argumento de mamá. De cierta forma él siempre la apoyó tanto en Italia como en México.

Cuando se es niño uno no sabe bien este tipo de cosas. Recuerdo que ya que tuvimos una edad considerable, mis padres nos contaron la verdad sobre el pasado de papá, el gran Massimo Carluccio, un mafioso bastante temido en Italia y mamá mejor conocida como La reina de la mafia —en realidad así es como el abuelo la apodó y a lo largo de los años el nombre de mamá también se hizo respetar debido a que fue gracias a su plan de venganza lo que acabo con los Salvatore, un nombre al que aún muchos le temen— y era debido a esto que no podíamos regresar a mi país de origen.

Durante todos estos años, el abuelo era quien siempre nos visitaba en México. Cada vez que podía se escapaba y pasaba alguna temporada allá y cuando se le dificultaba simplemente nos hacía una videollamada. Rachel, Brianna y yo podemos decir que nunca nos faltó el amor de nuestros abuelos, aunque Giuseppe y Marion no llevan nuestra sangre siempre los hemos considerado como si lo fuesen, por lo que al enterarnos del accidente del abuelo nuestros corazones se estrujaron en nuestro pecho sin saber si volveremos a verlo. Los lazos que forjamos con él en todos estos años son más fuertes de lo que cualquiera podría imaginar, por lo que no puedo dejarlo a su suerte.

Llego al aeropuerto y bajo rápidamente del avión en el hangar privado del abuelo donde ya me esperan al menos una docena de hombres, preparados para defenderme en caso de que ya se sepa que, Alexandre Carluccio, El hijo de la reina de la mafia está en Italia para cobrar venganza contra aquellos que intentaron acabar con la vida de mi abuelo.

—Joven Alexandre, me alegra que haya llegado sin ningún inconveniente —me saluda Bellini, el hombre de confianza de mi abuelo. Él fue quien nos informó de lo sucedido.

—Gracias por salvar a mi abuelo, Bellini. —Le tiendo la mano y nos encaminamos a las camionetas que ya nos esperan.

—Sabe que mi trabajo es cuidar de su abuelo y no solo porque sea un empleado es porque es mi deber. Yo le debo demasiado a su abuelo. —Le da indicaciones al chofer y nos dirigimos al hospital donde se encuentra internado.

—¿Cómo fue que sucedió? Necesito todos los detalles

Flashback dos días antes

Constantino Bellini

—No me parece que el tal Nicolai Vólkov sea de fiar. Tiene algo que no me agrada —le comento a Giuseppe, mientras revisamos la lista del cargamento que nos llegó hace unos días.

—Lo mismo decías de Lilibeth Carluccio, que esa pequeña mujer no te daba buena espina y mira sin siquiera ser mi hija me ha dado tres nietos.

Me remuevo incómodo en mi lugar, ya que sé que sus palabras son ciertas. En un primer momento no me fiaba de esa mujer, sin embargo, demostró ser una gran persona, la cual ayudó a que mi jefe saliese de esa tristeza en la que estaba sumido después de la muerte de Renzo. Sin contar que gracias a su ayuda, pudo vengarse de los verdaderos asesinos de su hijo.

—Sé que te lo dije y me equivoqué, pero con este tipo hay algo que no me cuadra. ¿Por qué dejar Rusia para hacer negocios con nosotros? Ambos sabemos que los rusos también son buenos en este tipo de negocios. —Me mira un instante y deja lo que está leyendo para responderme.

—Tú siempre ves cosas que no son Constantino. Me parece que este negocio será muy beneficioso para los dos o, ¿me estás diciendo que ya soy demasiado viejo para seguir mis instintos?

—Yo nunca he dicho que ya seas viejo, aunque si deberías pensar en retirarte ya. Siempre has dicho que te gustaría irte a vivir los últimos años de vida con tu familia y estoy seguro de que tus nietos serían felices de tenerte a su lado.

—¿Y a quién le dejaría todo mi imperio? —pregunta molesto.

—Obvio a Alexandre. Es el más apto para esto, sabes que tus nietas ni de chiste se harían cargo. —Me tuerce los ojos y veo como intenta controlarse antes de responder.

—Sabes perfectamente que Lilibeth se opondrá a eso. Ella me entregó todo, justamente para que sus hijos no tuviesen nada que ver con este tipo de vida. Creo que es capaz de sacarme los ojos si le sugiero algo así. —Comienzo a reír ya que es verdad, hace años cuando lo acompañé a visitarlos, yo discretamente sugerí que Alexandre se hiciera cargo de esto y la mirada que me lanzó era como de un millón de dagas. Solo porque no tenía un arma a la mano, si no hubiese sido capaz de pegarme un tiro entre ceja y ceja.

—Lo sé. Es bastante fiera con respecto a ese tema. —Damos por zanjada la discusión y subimos a la camioneta que ya nos está esperando para llevarnos a las bodegas que se encuentran en Porto Venere.

Después de unas cuantas horas de viaje, llegamos a nuestro destino, donde nuestros hombres bajan y hacen su recorrido habitual antes de dejar que Giuseppe baje.

Después de algunos minutos de espera, llega el ruso en compañía de varios hombres. Cuando se baja, noto que discretamente mira de un lado al otro, mientras que yo tomo mi arma inconscientemente por si es que a este tipo le da por hacer algo en el último momento.

—Señor Lombardi, como lo acordamos hace unos días, aquí están los nuevos prototipos de armas que está por usar el Servicio de Inteligencia Ruso, es de lo mejor que hay en el mercado.

Sus hombres bajan varias cajas y nos muestran el nuevo armamento. Cuando Giuseppe se acerca un poco más para tomar una de las armas de la caja, escucho el inconfundible silbido de un disparo. Me giro rápidamente y disparo a todo aquel que sea enemigo, nuestros hombres por su parte hacen lo mismo.

Lamentablemente, cuando me doy cuenta, Giuseppe yace en el piso con una enorme mancha de sangre que recorre toda su espalda.

Corro hasta él y me doy cuenta de que aún respira, aunque con un poco de dificultad. Busco de un lado al otro y veo que tanto el ruso como sus hombres están muertos.

—¡Rápido ayúdenme! Giuseppe está herido. —Varios de nuestros hombres se acercan y lo protegen mientras los demás siguen con sus armas levantadas por si aún hay algún maldito traidor.

—Quiero que se deshagan de todos esos bastardos. Limpien el lugar, también quiero que busquen por si en los alrededores hay más de estos infelices. El resto me acompañará hasta el hospital, quiero que dobleguen la seguridad.

Doy órdenes antes de subir a la camioneta y dirigirnos al hospital. Por suerte en el camino no nos encontramos con nadie.

Le hablo a Giovanni Rinaldi —el doctor de Giuseppe—, informándole lo que ha sucedido y en cuanto llegamos ya nos está esperando con una camilla y un quirófano listo para ingresarlo lo antes posible.

Fin de flashback

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