
Las Mujeres Venganzan
Capítulo 2
Valentina entró en mi escuela de flamenco como un torbellino de energía y perfume caro.
"Sofía, ¿verdad? He oído que eres la mejor".
Asentí, observándola. Era joven, vibrante, con el tipo de confianza que solo da el dinero.
"Quiero aprender a bailar", dijo, dejando su bolso de diseñador en una silla. "A mi novio le fascina la cultura tradicional española, la pasión del flamenco. Dice que es el alma de nuestro país".
Sentí algo extraño en el pecho.
Esas eran las mismas palabras que Javier usaba para describirme a mí, hace años, cuando aún me miraba como si yo fuera una obra de arte.
Le di una sonrisa profesional. "El flamenco requiere dedicación".
"La tengo", aseguró. "Quiero darle una sorpresa".
Durante tres meses, fue mi alumna más entusiasta. Aprendía rápido, su cuerpo se movía con una gracia natural. Hablaba sin parar de su novio, un arquitecto "brillante y sensible" que la trataba como a una reina.
Un martes, llegó radiante, con una luz especial en los ojos.
"Sofía, no te lo vas a creer. Creo que estoy embarazada. ¡Y él está loco de alegría!".
A mitad de la clase, su teléfono sonó. En la pantalla, vi el nombre: "Mi Amor".
Se apartó para contestar, pero el estudio de baile tenía una acústica perfecta.
"Sí, mi vida... claro que sí... ¿Las Canarias? ¿Para celebrarlo? ¡Te adoro!".
Su voz era un susurro feliz, pero la voz que le respondió, aunque amortiguada por el teléfono, la reconocí al instante.
Era una voz que había escuchado cada día durante diez años.
Era la voz de mi marido.
En ese momento, el zapateado de mis alumnas se convirtió en un ruido sordo y lejano.
La mujer a la que le estaba enseñando el arte que yo sacrifiqué, la pasión que él decía amar en mí, llevaba en su vientre al hijo que yo no pude darle. Y su amante era mi marido.
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