
Las Mujeres Venganzan
Capítulo 3
Elegí un bar de tapas de moda en el barrio de Salamanca, un lugar que a Javier le encantaba por su apariencia de éxito.
Valentina llegó diez minutos tarde, sonriendo, como si fuera una reunión de amigas.
"Sofía, qué sorpresa. ¿A qué debo el honor?".
No me anduve con rodeos. "Sé lo de Javier".
Su sonrisa no vaciló. Se sentó frente a mí y pidió un agua con gas.
"Ah, eso", dijo, con un tono que mezclaba lástima y arrogancia. "Supuse que te enterarías tarde o temprano".
"¿No te da vergüenza?".
Se rio. Una risa corta y genuina.
"¿Vergüenza? Sofía, con todo respeto, ¿no te das cuenta? Javier ya no te ama. Está contigo por costumbre, por pena. Me lo ha contado todo. Tu aborto, lo mal que lo pasaste... Dice que no quiere hacerte más daño".
Cada palabra era un golpe calculado. Sabía mi historia. Mi dolor más profundo era un arma en su boca.
"Se aferra a un matrimonio muerto", continuó, mirándome directamente a los ojos. "Pero su vida, su futuro, está conmigo. Con nuestro hijo".
Sentí la rabia subir por mi garganta, pero la contuve.
"No te creo".
"¿No? Pues te propongo una apuesta", dijo, inclinándose sobre la mesa. "Dentro de dos días es vuestro décimo aniversario de bodas. Una fecha importante, ¿no?".
Asentí, con el corazón helado.
"¿Adivina con quién lo pasará, Sofía? ¿Contigo, en vuestro apartamento de Madrid, recordando viejos tiempos? ¿O conmigo, en una playa de Tenerife, planeando nuestro futuro?".
Esa misma noche, recibí un mensaje de Javier.
"Cariño, un proyecto en Barcelona se ha complicado. Tendré que quedarme el fin de semana. Saldré tarde esta noche. No me esperes despierta. Te quiero".
Segundos después, mi teléfono vibró de nuevo.
Era un mensaje de Valentina.
Una captura de pantalla. Dos billetes de avión a Tenerife, a su nombre y al de Javier García. Fecha de salida: mañana por la mañana.
Debajo, un simple mensaje.
"Has perdido".
También te puede gustar





