Portada de la novela EL CAMINO DE ALONDRA

EL CAMINO DE ALONDRA

9.0 / 10.0
Tras sobrevivir a un lustro de maltratos y cumplir una condena injusta por acabar con Fabricio Rivera, su verdugo, Alondra Taylor sale de prisión. A pesar de la traición materna, el afecto de Josh Paterson le devuelve la ilusión, pero un trágico accidente lo deja en estado crítico. Desesperada por salvar su vida, Alondra se ve forzada a negociar con el enigmático Mathew Hoffman, un hombre que podría ser su único aliado o un peligro mucho mayor.

EL CAMINO DE ALONDRA Capítulo 1

Miércoles 9 de noviembre de 2005, Skid Row, Los Ángeles, California.

—¡Déjame en paz! ¡Maldito cerdo! —Por más que Alondra intentó sacar a Fabricio de su habitación, le fue imposible. Una vez más, como ya hacía seis años, él continuaba ganando.

—¡Cállate! —la abofeteó—. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? ¡Eres mía! La estúpida de tu madre solo me sirve por el dinero y las drogas. No obstante, para complacerme, estás tú.

Desde el momento en que Fabricio Rivera llegó a la vida de Genoveva Taylor, se fijó en Alondra, pues, a pesar de ser una dulce joven, resultaba atractiva por su belleza. Decidió que la haría suya sin importar los métodos que tuviese que usar.

—¡Hoy será la última vez que me toques! —gritó segura de sí misma.

—¿Y qué harás? ¿Acusarme con tu mami? No te das cuenta de que ella me ama. Todo lo que yo le digo es la ley para ella.

—¡Hoy morirás!

Alondra estaba decidida a terminar con dicho infierno, así que se lanzó sobre Fabricio e intentó cegar su vida. Sin embargo...

—¡Ja! ¿De verdad creías que lograrías hacerme daño? ¡Ilusa! —con un fuerte puñetazo, la tumbó al suelo, abrió sus piernas y, sin más, la embistió.

Una vez más, los gritos de Alondra fueron desgarradores, aunque su madre nada podía hacer; estaba dopada, vivía su propia fantasía.

—¡Deja de lloriquear! ¡Sé que eres una perra que lo disfruta!

Fabricio salió de la habitación, mientras Alondra trataba de reparar las grietas de su alma.

—¡Esto tiene que terminar! —golpeó el piso con su puño—. No importa si me convierto en una asesina, pero así obtendré mi libertad.

Esa noche, como ya era costumbre, ella lavaba su cuerpo hasta que su piel ardía, así lograba sentirse un poco pura.

Al día siguiente, siendo las cuatro de la tarde, aprovechando que se encontraba sola y que su verdugo estaba bajo el efecto de un alucinógeno, Alondra fue a la cocina y, sin pensarlo dos veces, cegada por la ira, repulsión y asco, cumplió la promesa que se había hecho a ella misma.

—¡Dios! ¡Yo...! A pesar de que había soñado con que ese momento llegase, ver la realidad la abrumó un poco. Soltó el cuchillo y se acostó en posición fetal, lamentándose por lo sucedido.

Al paso de una hora, su madre llegó y al encontrarse con tal escena escalofriante, enloqueció.

—¡¿Pero qué rayos?! ¡No…! —el grito de Genoveva fue ensordecedor—. ¡Fabricio, amor, despierta! ¡No me dejes! ¡Te lo suplico!

—¡Tú...! —se dirigió hacia su hija—. ¡Dime, maldita, qué le hiciste! ¡Habla!

—¡Yo...! —Alondra aún se encontraba consternada—. ¡Solo me defendí! Te lo dije muchas veces, ¡el cerdo abusaba de mí!

—¡Perra! —Genoveva, sin tener compasión alguna, pateó a su hija—. ¡Estoy harta de ti! Lo peor que me pudo haber pasado fue tenerte. ¡Me la pagarás!

Sin dudarlo, Genoveva llamó a la policía y aunque Alondra suplicó, nadie tuvo compasión de ella. Fue llevada a tomar su declaración, luego fue revisada y aunque se encontraron restos de semen que concordaron con los de Fabricio, ya en el sistema estaba consignado como ofensor sexual. Su madre alegó, durante esa noche, que su hija "no era más que una buscona".

Alondra estuvo un mes y medio en detención, mientras se recolectaban todas las pruebas necesarias. Lo que ella nunca imaginó es que su madre se encargaría de hundirla. Genoveva, aprovechando que aún era una mujer atractiva y que se movía en el mundo del menudeo, sedujo al fiscal que estaba a cargo del caso, hizo que este creara falsas pruebas, haciendo pasar a Alondra como una adicta y manipuladora. Lo cual fue la conjugación perfecta para que ella fuese sentenciada a nueve años de prisión.

Doce años después.

Sanar no es algo que ocurra de la noche a la mañana. Mientras Alondra estuvo encerrada, terminó sus estudios, hizo varios cursos que la ayudaron en su preparación personal, también contó con grupos de autoayuda que poco a poco fueron aliviando su alma.

Dos años después de que Alondra saliera de la cárcel, fue contratada en un restaurante, donde conoció a Josh Peterson. Quien poco a poco se ganó su confianza, hasta lograr que se enamorara de él. Lo que ella desconoce es que él es un lobo sagaz, astuto; hizo pasar lo sucedido como un accidente. Josh pasó por varios hogares de paso, su actitud agresiva y tendencia piromaniaca eran incontrolables.

A sus dieciocho años, se mudó para San Diego, California, donde inició una intensa búsqueda para encontrar a su padre, quien lo abandonó cuando tenía diez años. Josh tardó un año en dar con su padre, y cuando se reencontraron, todas sus ilusiones se derrumbaron; pues su padre era adicto, razón por la cual nunca quiso establecer ningún vínculo con él. Sus esfuerzos, como hijo desesperado, no dieron frutos, así que decidió alejarse.

Las secuelas de los múltiples maltratos y abusos de su madre lo convirtieron en alguien inseguro; al final de cuentas, cuando dejas salir a los monstruos, ellos siempre ganan.

Viernes 10 de marzo de 2017, Glendale, Los Ángeles, California.

—¿Qué planeas? Sabes que no me gustan las sorpresas.

—Cálmate. Sé que esto te encantará, bien, ya puedes abrir los ojos.

—¡Yo...! —Alondra sintió una gran alegría al ver el restaurante lleno de flores y velas—. Así que esto era de lo que hablaban mi jefa y tú.

—Sí, hoy todo tiene que ser genial, no solo cumplimos un año de relación. Sí, no, que —Josh se arrodilló—. Desde que te conocí, supe que mi corazón solo te pertenecería a ti, es por eso que tengo que hacerte esta pregunta: ¿Alondra Taylor, me haría el gran honor de despertar junto a mí todos los días de mi vida?

—¡Sí, y mil veces sí! —ella lo besó, mientras sus lágrimas caían.

—Te prometo que jamás te haré daño. Los fantasmas que aún te atormentan, los haré desaparecer.

—Sé que a tu lado seré la mujer más feliz.

—Confía en mí. Ahora, mi futura esposa, siéntate, porque he preparado una cena para ti.

Todo estaba saliendo tal y como Josh lo planeó. Su regocijo era inevitable; después de todo, ya había capturado a su presa, y esta no tendría escapatoria. Terminada la cena, ambos salieron del restaurante para dirigirse a la pensión donde vivía Alondra.

—¡Estoy feliz! Serás mi esposa.

—¡Amor! Sé más discreto.

—No lo haré. Dijiste que sí, mi espera valió la pena.

—Gracias por tu paciencia. Sin ti, mi vida hubiese sido teñida por tormentas.

—De ahora en adelante, solo debes sonreír.

—Eso haré. Ahora, ve y descansa; mañana terminamos de hacer la lista de todo lo que necesitamos.

—No me iré, sin mi beso de buenas noches.

En el momento que él se acercó, ambos fueron abordados por un par de hombres que aparecieron sin previo aviso.

—¡Vamos, perra, danos todo lo que tengas! —ordenó Frank, mientras le apuntaba a Alondra.

—¡No tengo nada! ¡Por favor, no nos hagan daño!

—¡Danos el anillo! —exigió.

—¡No te lo daremos! —afirmó Josh.

—¿Te crees valiente? ¿Vemos qué tan hombre eres? —William, el compañero de Frank, se acercó a Alondra para abofetearla.

—¡Malditos!

Sin pensarlo, Josh se lanzó sobre William. Oportunidad perfecta para que Frank le propinara cuatro disparos.

—¡¿Qué hiciste, imbécil?! —William estaba fuera de sí—. Esto no era parte del plan, vámonos de aquí.

Mientras ellos huían, Alondra estaba horrorizada.

—¡No...! ¡Amor, por favor, despierta!

Los gritos de Alondra despertaron a su vecina, quien de inmediato llamó una ambulancia. En cuanto llegó al hospital, fue llevado al quirófano. Sin embargo...

—¿Doctor?, ¿cómo está mi prometido?

—Señorita, hicimos todo lo posible. Pero su prometido tuvo dos paros cardiorrespiratorios. Además, una de las balas se alojó en su columna vertebral. Lo más probable es que no pueda caminar.

—¡Esto no está pasando! De seguro es una pesadilla. Yo...

Alondra perdió el conocimiento; el doctor la tomó en sus brazos y buscó una camilla para brindarle atención. Estaba claro que los hilos de la vida se convertirían en sus verdugos.

Continuará.

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Tabla de contenidos de EL CAMINO DE ALONDRA

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