
La reina de la mafia
Chapter 2
— Mi nombre es Leonzio De Luca. — se presenta quien parece ser el líder. — Ellos son mis hermanos, Rocco De Luca y el menor Salvatore De Luca. — veo como los dos que ya fueron presentados y que continúan en silencio toman asiento a la derecha y Leonzio en la cabecera contraria a nosotros.
— Mi nombre es Lupo De Luca, él es Ángelo De Luca y mi hermano menor Ezzio De Luca. — terminada la presentación, aunque casi no pude prestar atención a lo que dijo o quien es quien, de sus hermanos, ya que mi vista se fue a Matilda, que trajo café, ¿en verdad debíamos servirles? En fin, toman asiento, pero me sorprendo al ver que Lupo toma la silla y la coloca al lado de Leonzio, ellos son los cabecillas, y por su forma de presentarse, ahora sabemos que son primos.
— Tengo entendido que fueron expulsados de sus tierras y que perdieron gran parte del clan De Luca, gracias a la sombra italiana, pero para su desgracia no encontraran un lugar aquí en Chicago…
John nos sirve de representante, como si fuéramos de mundos diferentes, cuando en realidad no es así, vivimos bajo las mismas reglas, trabajamos de lo mismo, claro que esta reunión se lleva a cabo, por el hecho de que tanto los Constantini como los De Luca somos de descendencia italiana, pero a diferencia de ellos, mis abuelos Marco Constantini y Greco Jonhson se ganaron Chicago, estas tierras son nuestras desde hace generaciones, y a mis abuelos no los corrió ningún otro mafioso, ellos eligieron inmigrar aquí, este es nuestro territorio y lo defenderemos, cueste lo que cueste.
Mientras mi tío sigue con su argumento, del por qué ellos deben buscar otra ciudad para “reinar” yo los observo. Sus edades deben rondar entre los 25 y 30 años, Leonzio es de su tez clara, sus ojos celestes, de cabello negro rapado a los lados y más largo arriba, por un segundo clava su vista en mí y una de sus cejas se levanta con intriga, no dejo de verlo, carente de cualquier emoción, mientras él trata de intimidarme o someterme con su mirada, la cual retira de mi en el momento que su primo Lupo le susurra algo al oído, secretos en reunión es de mala educación, dice la pequeña Tina de mi cabeza, por lo que antes de decir alguna estupidez, sigo con mi recorrido, llevo mi vista a Rocco, su corte de cabello es igual al del mayor, solo que su color es más claro, castaño con unos toques de dorado, inclusive el tono de piel guarda cierto parecido, debe tener solo un par de años menos que Leonzio, sus ojos son claros, verdes quizás o celestes, no, son grises, si, lo puedo saber con certeza porque al igual que paso con su hermano él también me ve, mostrando una enorme sonrisa y mi reacción es la misma, aburrimiento de todo esto, decido dejar de verlo cuando me dedica una sonrisa más coqueta, acompañada de un giño de ojo, ¿Qué clase de bufones son? me centro en el menor, mismo corte de cabello, color negro como el de Leonzio, pero sus ojos no son claros, los de Salvatore son negros, unos pozos negros que por un segundo casi me hacen caer en ellos.
Una carcajada de Lupo hace que centre mi atención en él, casi hago una mueca de reprobación, casi, pero logro mantener mi cara de póker, su cabello es castaño claro, piel clara, y ojos celestes, es el que más barba tiene, además de aros adornando sus orejas y nariz, parece más un motociclista rebelde que un mafioso italiano, observo a Ángelo, quien tiene su nombre tatuado en el cuello y él está haciendo lo mismo, está observándome, es muy parecido a su hermano mayor, solo que más joven y con una barba bien recortada y unos aretes pequeños, no como los que ostenta Lupo, sus ojos son tan oscuros como los de su primo Salvatore, no me arriesgo a continuar viéndolo, por alguna razón la oscuridad que poseen ambos primos me incomoda. El último en fijar mi atención es Ezzio y me sorprendo, no puedo creer que no me di cuenta cuando entraron, aunque claro que tenía mis motivos, solo estaba fijando mi atención en los mayores no en ellos, lo conozco, maldición, no puede ser… Chicco.
— Hola Tina. — dice el menor a modo de saludo, mientras hace un asentamiento de cabeza y John deja de hablar. En menos de un segundo siento la mirada de mis padres y hermanos sobre mí, al igual que los malditos De Luca.
— Para un De Luca, mi nombre es Valentina. — respondo apretando mis dientes, no puede estar pasándome esto, aunque en parte es mi culpa, le dije que no me interesaba saber su nombre. Siento la mano de Don sobre la mía y nuestros ojos se encuentran, solemos hacer esto, es como hablar sin palabras, nos conocemos, somos mellizos, y en este momento Don me está interrogando los cómo dóndes y porques. Y aun sin quererlo sé que obtuvo lo que quería en el momento que achica sus ojos y tensa su mandíbula, para girar y ver el rostro del menor de los De Luca.
— Gracias John por tus palabras, pero esto ya se está extendiendo demasiado. — las palabras de mi mellizo suenan aceradas, está enojado, yo lo estoy, Lion se tensa en su sitio y solo es porque todos los De Luca siguen con la vista fija en mí. — Vamos a tratar de llevar la fiesta en paz, ya que la idea de que se larguen de aquí solo los va a incitar a quedarse. — las deducciones de Don los toman desprevenidos, si idiotas, los estábamos analizando. — Les proponemos una tregua, ustedes se quedan del lado este y nosotros del oeste…
— Comprendo como piensas pequeño y estoy de acuerdo. — ahora es mi turno de colocar una mano sobre la de mi hermano, Lupo está jugando con fuego y se quemara si vuelve a tratar de pequeño a mi hermano. — Pero tendrías que casarte con mi hermana, la única mujer De Luca solo así habrá paz, formando una lazo indestructible, un heredero, un descendiente de ambas familias. — suspiro, aun siendo consiente que muchas miradas están sobre nosotros, Lupo pide algo imposible.
— Me siento honrado a tu oferta. — Donato lo único que consigue con su sarcasmo es que los seis De Luca se tensen, molestos por el rostro burlón de Don. — Pero ya estoy comprometido y todo mi esperma es para ella. — coloco mi mano esta vez en mi nariz, como si me picara, al tiempo que cruzo la vista con Lion, quien está mordiendo su labio para no reír, maldito Donato sí que eres un idiota.
— Lo único que puede impedir una guerra en la ciudad es unir a las familias. Por lo que si no hay otra opción… niña, tú te tendrás que unir a nosotros. — la voz segura de Leonzio se esparce por la sala de juntas, mientras sus ojos celestes me observan… ¿esperanzado?
— Serás la afortunada señora De Luca… De los seis De Luca. — Lupo agrega esa información y no puedo evitar levantar una ceja en su dirección, mientras veo como pasa la mano por su larga barba, como preparándose para comer un delicioso platillo.
— Los reyes de Chicago. — acota Rocco con una enorme sonrisa, como si eso fuera un hecho y yo debería brincar agradecida.
— Y no te preocupes, hermosa, te cuidaremos bien. — informa Ángelo, también está sonriendo, ¿realmente me veo preocupada? ¿O es que se drogaron antes de venir?
— Si muy interesante, pero… se están olvidando de un pequeño detalle. — Donato se pone de pie y como si nos uniera un hilo invisible lo imito. — Mi hermana es Valentina Constantini, si llegará a necesitar que alguien la cuide… serian mis padres, o nosotros sus hermanos… después de todo…somos los hijos de Emma.
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