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Hasta que la muerte nos separe Novel Cover

Hasta que la muerte nos separe

Forced into a cold marriage of convenience to save her family from financial ruin, Elena finds herself bound to the ruthless billionaire Adrian Thorne. In a world of high-stakes business and hidden agendas, their union is a mere transaction. However, as secrets unravel and shadows from the past emerge, the line between duty and desire blurs. Can love truly blossom in a house built on lies, or will their vows become a gilded cage for them both?
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Chapter 1

Kimberly Bach de 18 años es la nieta preferida del multimillonario Marcus Bach, a pesar de que el hombre tiene varios nietos entre ellos el hermano mayor de Kim, Sam de 28 años, la joven es su debilidad, no solo porque es la única mujer de la familia entera, sino que también porque él la crio, y gracias a eso pudo seguir viviendo y es que en ese entonces hacía un año el hombre había perdido a su único amor, su esposa Dalia, cuando su hijo Dexter murió junto con su esposa Amelia en un accidente, la joven era apenas una bebé de 2 años, desde ese día Marcus se hizo cargo de ella y su hermano que en aquel entonces tenía 12 años, crecieron en una familia unida y armoniosa, a decir verdad, toda su familia giraba al rededor suyo.

Sus tres tíos a pesar de ser serios y estrictos se doblegaban ante la sonrisa de la joven, y sus tías trataban de ser la madre que ella siempre necesito, aunque a veces eso creara asperezas entre ellas, que competían por el cariño de Kim.

Sus siete primos eran otra cosa, junto con Sam la trataban como lo que era, la niña más pequeña de la familia y es por eso por lo que eran sumamente hostiles con cualquier hombre que tratara de acercarse a ella, no importaba si era un príncipe o un mendigo, nadie podía acercarse a la joya de los Bach, Kimberly era intocable.

Todos trataban de que ella jamás se sintiera sola, triste o con algún malestar, habían jurado proteger a esa pobre niña que, con solo 2 años, había perdido más que cualquiera y algo que ellos con todo su dinero y poder jamás le podrían dar, una madre y un padre, pero si un hogar con mucho amor.

Pero un día Kimberly confió en quien no debía, ella creía que todos eran tan buenos como su familia, y le tocó averiguar que la vida no es color de rosas, que una palabra te puede dañar más que mil golpes, que nadie te puede evitar sufrir por amor y lo peor de todo, que a veces decir NO, no es suficiente.

Jared me mira sonriendo desde la puerta, y yo solo quiero desaparecer, dejar de existir.

— Vamos Kimberly, sé que lo disfrutaste, quita esa cara.

— Confié en ti... ¡¿por qué?!— no puedo evitar levantar la voz al terminar de hablar de la misma impotencia que siento.

— Porque tú cuerpo lo pedía a gritos, ahora mejor vete, está es la habitación de mi hermano.

Cerró la puerta y se fue, dejándome en esa cama sola y adolorida, ¡¿Que hice?! las tías me lo advirtieron siempre, no debí confiar en él, no debo confiar en nadie.

Kimberly lloraba mientras recordaba las largas conversaciones que le tocó tener con sus tres tías, la primera vez que se embriago.

—Jamás Kim, jamás bebas más de la cuenta cuando no estén tus primos o hermano cerca, nunca, no confíes en tus amigas, ellas pueden distraerse, además nadie te cuidara como la familia.

— Alissa, deja de asustarla, tú solo ten presente que si algo te pasa mataremos a cualquiera que se atreva a tocarte.

— Rebeca ¡eso no valdrá de nada! ¿Qué cosas le dicen? Mira Kim tú solo no bebas de más, puedes tomar y divertirte, pero no hasta marearte, nuestra voluntad a veces flaquea cuando bebemos, y terminamos dejándonos llevar por lo que nuestro cuerpo siente y no por lo que la razón nos dice.

No tía Denise, esto no está bien, mi cuerpo no quería, yo le dije que NO, eso lo recuerdo, no estaba tan ebria, no fue mi culpa, ¡YO DIJE NO!

La puerta se abrió y un hombre que ella no conocía entro, estaba asustada, estaba sola, por primera vez en la vida tenía miedo.

— ¡¿Quién eres tú y que haces en mi habitación?!

— Yo... yo…lo siento, Jared... — La joven no sabía que decir, su boca se abría y cerraba parecía un pez fuera del agua, pero no salía sonido alguno, mientras sus lágrimas caían. ¿Qué podía decir? Si ni ella misma quería reconocer en voz alta lo que le había sucedido.

— Oye ¿estas bien? Acaso mi hermano... — el hombre reparó en que la joven no se encontraba bien, pero no quiso pensar nada malo de su hermano menor, después de todo acababa de volver al país, y no sabía si era la novia o amiga de Jared, además estaba con su vestido puesto, tenía el cabello un poco desarreglado, pero aparte de eso nada más.

— Disculpa, debo salir de aquí. — Y así sin más la joven se levantó y salió casi corriendo, mientras se quitaba las lágrimas de su rostro.

Es bonita, y tímida, ¿acaso mi hermanito por fin cambió de gustos? O ¿estaba llorando porque la dejó?

Liam Simons es un hombre de 28 años muy responsable y orgulloso, a pesar de que su familia pertenece a la clase alta, y está ubicada como una de las más poderosas del país, él prefiere crear su propio camino, y es por eso que estuvo varios años viviendo en el extranjero, volviendo al país por una enfermedad que aqueja a su padre Jack y por pedido de su madre Nancy, quien le pidió ayuda con sus hermanos, Jared de 23 años, un mujeriego empedernido y que tiene problemas con el alcohol y su hermana menor Riny de 19 quien está sumida en una profunda depresión luego que su novio la abandonara por su mejor amiga.

El hombre que llegó a su casa después de tantos años se encontró con una fiesta que su hermano estaba ofreciendo en su honor, eso estaría bien, si no fuera por el hecho que su padre estaba en el hospital, su hermana encerrada en su habitación y que la fiesta ya hacía varias horas que había empezado cuando él llego.

Dejo su maleta y fue a ducharse, para cuando regresó al cuarto y se sentó en la cama, lo que vio le heló la sangre y cambiaría la vida de varias personas para siempre.

— ¡¿Que mierda?! no, no, no mi hermano no haría...

Salió de su habitación y fue a la de su hermano, la fiesta ya había terminado, su corazón latía tan rápido que creía que le daría un infarto al igual que su padre.

— ¡Jared! — grito con furia abriendo la puerta sin molestarse en tocar primero.

— ¿Qué pasa Liam?, ya es tarde y estoy cansado.

— ¡¿Quién era esa chica que estaba en mi cuarto?!— podía jurar que su rostro estaba al rojo vivo de la misma furia que sentía.

— ¿Que, todavía no se marcha?, ¡no le creas nada de lo que te diga!, ella quería, ahora que no mienta. — las palabras de Jared encendieron las alarmas en la mente de Liam.

— ¿Qué fue lo que hiciste? — Era tal el miedo que este hombre sintió que su pregunta salió con un débil sonido, trataba de respirar, pero era como si el aire no les llegara a los pulmones.

— Ella quería un poco de acción y se la di, eso es todo.

— ¿Es tu novia? — algo en su interior le decía que no, pero debía preguntar.

— Claro que no, solo es una ex compañera de clases de Riny, una niña mimada, ya sabes esas que se hacen las moscas muertas, las que provocan y después se hacen de rogar.

Liam veía como su hermano iba y venía por toda la habitación, aún en penumbras, por lo que prendió la luz para decirle que le explique qué era lo que estaba pasando realmente, pero no fueron necesario las aclaraciones cuando lo vio.

Jared tenía rasguñado parte de su cara y cuello, y la marca de dientes en su hombro, una clara evidencia de que alguien trato de resistirse a algo.

— ¡Abusaste de esa chica!

— No, claro que no, ella quería solo que después se le pasó la borrachera... ¡ella quería Liam, deja de mirarme así!... Tú no eres nadie para juzgarme, además no puedes decirle a papá ¡él tuvo un infarto!

— ¡Por tu culpa Jared, porque está cansado de arreglar tus problemas!

— Mejor aún, no tienes nada de qué preocuparte, ella no dirá nada, no le conviene, o su reputación de intocable se irá a la mierda.

— ¿Que?

— Ella jamás ha tenido un novio que le dure más de una semana, ¿por qué crees que es? Se debe revolcar con ellos y luego la deben dejar, pero claro por más que preguntes nunca averiguas nada, si puede ocultar sus conquistas, de esto no se enterara nadie, ahora vete, mañana vendrán nuestros papás y no querrás que haya algún problema, ¿verdad?

— ¡Esto no se quedará así! esa chica... ¡era virgen!, mi cama está manchada con su sangre, y tú te harás responsable de ella.

— ¡Estás loco!, qué crees ¿que vivimos en el siglo pasado?

— ¡Te casaras con ella!

— Nunca, jamás y si me obligan te juro que la única que perderá será ella, haré de su vida un infierno.

Liam comenzó a ver en lo que su hermano se había convertido, y a comprender por qué su padre estaba enfermo, aunque discutieron por horas no consiguió nada, ni siquiera un nombre, tampoco podría haber reconocido a esa joven, el hacía 10 años que estaba en el extranjero.

Volvió a su cuarto y sacó la manta que estaba sobre su cama, esa mancha de sangre que demostraba que la inocencia de alguien fue arrebatada esa noche.

Él era Liam Simons, y se aseguraría que el honor de esa joven sea restaurado, costara lo que costara.

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