
El secreto de Emma
Chapter 8
EMMA
Ya ha pasado un mes, y todo va más que bien, mis inquietudes eran infundadas, no he visto a ninguno de los Constantini, mi única preocupación ahora radica en mis mellizos y su plan de hacer que Carla conozca a Tommy. Esos dos ahora tratan de trabajar de cupido.
—Emma, lleva estos documentos a la oficina de Marco. — Demonios, era demasiado bueno para ser cierto.
— ¿La oficina de Marco? ¿Se los entregó a su secretaria?
— No, pide hablar con él, espera a que los firme y los trae.
— Enseguida. —Emma, no estés nerviosa, tú puedes.
Subo hasta el último piso. Y apenas salgo del ascensor me encuentro con la secretaria.
— Hola, necesito entregarle esto al señor Constantini, me envió el señor Rodríguez, soy su secretaria. — Me mira de arriba a abajo.
— Dámelo, yo se lo llevaré.
— No, gracias, se los tengo que entregar yo.
—...Entonces vuelve luego, está ocupado.
— Bien. — En ese momento se abren las puertas y sale Marco junto a Bianca.
— Nancy, saldré... ¿Emma? ¡¿Emma Johnson, eres tú?! —Marco no ha cambiado en nada, incluso su sonrisa amistosa y llena de cariño sigue allí.
— Hola señor Marco, veo que todavía me recuerda. — Antes de lograr estirar mi brazo, para ofrecer mi mano a modo de saludo, él me abraza.
— ¡Emma! ¡Esto es maravilloso! Bianca, ven, ella es Emma, ¿la recuerdas?
— Como no recordarla, ¿cómo has estado?
— Bien, gracias.
— Pero ¿qué haces aquí?
— Es la nueva secretaria de Rodríguez. Trajo unos papeles. —dijo con desdén la secretaria de Marco.
— Señor Rodríguez, Nancy, no lo olvides. — Vaya, Bianca mostró su mirada asesina. Entonces, siente algo por John. Quizás yo también pueda trabajar de cupido.
— Bueno, justo íbamos a tomar un café, vamos, acompáñanos.
— La verdad es que tengo trabajo...
— Nada de eso, Nancy, dile a John que Emma, saldrá con nosotros. Ahora vamos. Y otra cosa, a ella nunca la hagas esperar, solo debe ingresar. —Bueno, el señor Marco me trata igual que siempre, aunque Bianca me mira de arriba abajo.
Una vez en la cafetería me sentí más cómoda.
— Dilo ya. — Bianca me traspasa con la mirada.
— ¿Que? —pregunto confundida.
— Porque me abandonaste, fue horrible el colegio sin ti.
— Si Emma, dime, ¿por qué dejaste el orfanato y el colegio? — Bien esto era lo que me esperaba, soy una adulta, yo puedo manejarlo.
— Yo no deje nada, me echaron y sin la beca no podía asistir a ese colegio. —trato de hablar con calma, la menos ahora sé que Marco no sabía nada.
—.... — La cara de Marco, daba miedo, vi el momento justo donde se oscureció su mirada. Mientras Bianca me miraba sin entender nada.
— ¡¿Quién te hecho?! ¡Solamente yo tengo ese poder y jamás te hubiera echado! Ese orfanato es mío, y ¡nadie más que yo tiene derecho de hacer algo semejante!
— ¿Quién se atrevió a ir en contra de mi padre? — Esto pasaría tarde o temprano ¿verdad?, es hora de hablar.
— Primero quiero aclarar que ella tenía sus motivos. La señora Constantini me echó porque... me embarace y lo entiendo, traicione cualquier tipo de confianza---
— ¡¿Que?! ¡¿Estabas embarazada y mi madre te echo?! No tenías nada, ni a nadie y ella te hecho con solo 16 años. —Bianca me mira sin poder creerlo.
— Después de tener a mis hijos, ella me dio un mes para decidir si se los daba en adopción, o que juntara mis cosas y me fuera, jamás pienso renunciar a mis hijos, asique a las tres semanas cuando me sentí mejor, empaque y me fui.
— ¿Tus hijos?
— Si Bianca, tuve mellizos.
— Ahora entiendo porque mamá te los quería sacar, porque eso era lo que quería, ¿lo entiendes verdad? Ella quería quitártelos. — la voz de mi antigua amiga de colegio suena con pura indignación.
— Si lo sé, los chicos me lo dijeron.
— ¿Que chicos?
— Noha y John, ellos me recibieron en su casa y se ocuparon de nosotros, cuidaban a mis niños mientras terminaba la preparatoria, después se nos sumó Tommy el hijo de la cocinera, y así es como he podido tomar clases en la universidad, nos ayudamos entre todos, somos una familia. — digo llena de orgullo.
Bianca tenía lágrimas en los ojos, ella a diferencia de esos dos malditos, era muy diferente, era hermosa por dentro y por fuera, fue mi única amiga en aquel entonces, pero el que me preocupaba era el señor Marco, no decía nada, solo miraba un punto fijo, con una mirada asesina.
— Lo que hizo Camelia es imperdonable, pero ¿por qué no acudiste a mí?
— Como podría, señor Marco una persona como yo, que no tiene padres, molestar a alguien como usted por cosas insignificantes.
— ¡¿Es insignificante que con 16 años estés en la calle con dos bebés a cuesta?!
— En realidad, pensé que usted...
— ¡¿Estaba de acuerdo con mi esposa?! Jamás. Y te explicaré por qué, yo tengo una deuda eterna contigo y tus padres.
— ¿Mis padres? — Ya casi no tenía recuerdos de ellos y que él los nombrara era raro, no creí que se conocieran.
— Tú padre, Greco, trabajaba para mí, era un leal empleado, en aquel entonces... mis negocios eran otros, el día del accidente, él pidió permiso para salir de la ciudad quería llevarlas a pasear, y yo le ofrecí mi coche, era más cómodo que el que habitualmente usaba. Yo nunca pensé que alguien había organizado un ataque en mi contra, cortaron los frenos, por eso... Greco no pudo frenar y chocó de frente con la pared de soporte de la montaña.
En mi interior todo era caos, perdí a mis padres porque alguien quiso dañar a Marco, fueron un daño colateral.
—... Perdón, pero no sé qué decir, esto... me supera.
You may also like





