Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Un Castigo Llamado Amor

Un Castigo Llamado Amor

Sofía vive un calvario: padece cáncer terminal y su hermano agoniza tras un ataque de los Valenzuela. Desesperada, pide ayuda a Alejandro Vargas, su antiguo amor, pero el General la humilla tachándola de interesada. Tras años de desprecios y un matrimonio forzado, Alejandro halla el diario de Sofía y descubre su error. No obstante, la redención es imposible; ella ha fallecido, condenándolo a vivir con un remordimiento eterno por su crueldad.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

El olor a desinfectante y sangre llenaba mis pulmones, un aroma que se había vuelto mi única realidad en las últimas cuarenta y ocho horas. A mi lado, en la cama de hospital, Mateo dormía, su pequeño cuerpo conectado a un laberinto de tubos y monitores que pitaban con una monotonía aterradora. Su pierna, envuelta en un yeso grotescamente grande, era un recordatorio constante del sonido de los neumáticos chirriando y del golpe seco que había destrozado nuestras vidas.

Los hijos de Ricardo Valenzuela, el narcotraficante que controlaba la ciudad, lo habían atropellado. Lo dejaron tirado en la calle como a un perro, riéndose desde su auto de lujo antes de desaparecer. Nadie se atrevió a testificar. La policía ni siquiera levantó un informe decente. Impunidad, le llaman. Yo lo llamaba el infierno.

El doctor me detuvo en el pasillo, su cara era una máscara de compasión profesional. Me entregó unos papeles.

"Lo siento, Sofía. Los resultados no son buenos. Es un cáncer gástrico, en etapa avanzada."

Escuché las palabras, pero no las sentí. Mi cuerpo ya no me pertenecía, era solo una cáscara que funcionaba con un único propósito: mantener a Mateo con vida. Asentí, con una calma que asustó al propio doctor. No había tiempo para mí. Mateo me necesitaba.

"¿Cuánto…?" empecé a preguntar, pero me detuve. No importaba.

"Necesitamos empezar el tratamiento de inmediato," insistió él.

"No hay dinero," dije, mi voz plana. "Todo lo que tengo es para la cirugía de mi hermano."

Regresé a la habitación de Mateo justo cuando una enfermera me entregaba un sobre. Era el cheque del seguro de vida de mi padre, un agente de la Patrulla Fronteriza asesinado en el cumplimiento de su deber hace años. Una miseria. Pero era lo único que nos quedaba. Lo miré, pensando en que esa cantidad apenas cubriría una noche más en este hospital. Mi mano tembló, no por la emoción, sino por un dolor agudo que me atravesó el estómago, un recordatorio físico de la sentencia de muerte que acababan de darme. Lo ignoré.

Necesitaba más dinero. La siguiente cirugía de Mateo era en una semana y no tenía cómo pagarla. Con el cheque en mi mano, salí del hospital, mi mente corriendo a mil por hora. Tal vez podría vender el último recuerdo de mi padre, su condecoración al valor.

Afuera, el aire frío de la noche me golpeó. Y entonces los vi. Los hermanos Valenzuela, recargados en su estúpido auto deportivo, esperándome.

"Mira quién está aquí," dijo el mayor, con una sonrisa torcida. "La hermanita protectora. ¿Tu hermanito ya se murió?"

El miedo, frío y paralizante, me recorrió la espalda. Empecé a caminar más rápido, tratando de ignorarlos.

"¿A dónde vas con tanta prisa, muñeca?" El menor me bloqueó el paso. "Oímos que necesitas lana. Tal vez podamos ayudarte, si eres… amable."

Su mirada lasciva me revolvió el estómago. Me di la vuelta y corrí, sin dirección, solo queriendo escapar de sus voces, de sus risas. Corrí sin ver, con las lágrimas nublando mi visión, hasta que choqué con un cuerpo duro como una pared.

Un olor familiar me inundó: tabaco caro y loción para después de afeitar. Un olor que no había percibido en cinco años.

Levanté la vista. Era él. General Alejandro Vargas.

Mi corazón se detuvo. Había sido el protegido de mi padre, mi amigo de la infancia, mi primer amor. El hombre que me había prometido protegerme siempre. Ahora, me miraba con unos ojos tan fríos como el hielo, su rostro una máscara de indiferencia.

"Sofía," dijo, su voz desprovista de cualquier emoción. Era un simple reconocimiento, no un saludo.

A su lado, una mujer hermosa y elegante se aferraba a su brazo. Isabel de la Torre. La reconocí de las revistas de sociales. Su familia era dueña de media ciudad, y eran socios conocidos de los Valenzuela.

En ese momento, los hermanos Valenzuela me alcanzaron, jadeando.

"¡Ahí está! ¡General, esta mujer intentó extorsionarnos!" mintió el mayor, señalándome. "Dice que le debemos dinero por el 'accidente' de su hermano. ¡Es una maldita aprovechada!"

Miré a Alejandro, esperando, rezando por ver una chispa del chico que conocí. Una pizca de duda. No había nada. Sus ojos me juzgaban, me condenaban sin juicio. Se limitó a observar mientras los Valenzuela me rodeaban, humillándome.

"Deberías enseñarle a no meterse con gente importante," le sugirió Isabel a Alejandro, su voz un susurro venenoso.

Alejandro no dijo nada. Su silencio fue peor que cualquier golpe.

Un recuerdo fugaz me golpeó. Yo, a los quince años, llorando en el patio de la escuela porque unos chicos me habían robado el almuerzo. Alejandro, entonces un joven cadete, apareciendo de la nada. Los enfrentó, me defendió y me compró un nuevo almuerzo, prometiéndome que mientras él estuviera cerca, nadie volvería a lastimarme.

Otro recuerdo, más oscuro, lo suplantó. El olor a humo, el sonido de las sirenas, los gritos. Una noche que lo cambió todo. Una tragedia que convirtió su amor en un odio profundo y helado. Un odio que ahora me quemaba bajo su mirada.

También te puede gustar

Portada de la novela Amo de la perversión
8.8
Ludwig Reeves ha quedado fascinado por la pureza de Rachel Ward, una joven cuya inocencia despierta en él una obsesión implacable. Decidido a poseerla, este hombre peligroso la arrastra a un entorno de depravación donde su destino se convierte en el epicentro de una disputa feroz. Dos rivales se enfrentarán en una lucha de poder sin límites, mientras Reeves se dispone a eliminar cualquier barrera para dominar a su manzana prohibida en este oscuro juego de perversión.
Portada de la novela Amor (no) correspondido
8.3
Lo que empezó como un enfrentamiento callejero entre Zaideth y Walter se transformó en un vínculo profundo. Sin embargo, su historia se quiebra cuando él debe partir por su deber militar. Tras escapar de una pareja abusiva, Zaideth se cruza nuevamente con Walter en un clima de sospechas y traición. Con la reaparición de un antiguo amor del pasado, Walter tendrá que esforzarse por sanar las heridas y recuperar la confianza de la mujer que ama.
Portada de la novela El CEO despidió a su heredera secreta
9.0
Alina dedicó un lustro a consolidar el triunfo de su jefe, pero la gratitud se transformó en traición. Influenciado por una becaria intrigante, el CEO permitió humillaciones, calumnias y ataques físicos contra su mejor empleada. Tras ser herida y despedida sin piedad, él ignora un detalle crucial: Alina es la única heredera del Grupo Valenzuela, el pilar de su propio negocio. Ahora, ella recurre a su influyente padre para desatar una venganza financiera letal.
Portada de la novela La Amada Esposa del Emperador
8.1
Isabelle Korest, atormentada por la crueldad de su padre, el temible Duque de Korest, halla un refugio inesperado en Alexander, un príncipe de fama sanguinaria. Bajo su amparo surge una pasión intensa, pero el peligro acecha entre secretos familiares y traiciones. Mientras fuerzas oscuras emergen del pasado, Isabelle enfrenta una encrucijada moral: salvar a su progenitor de la ruina o permitir que la oscuridad lo consuma por sus pecados cometidos.
Portada de la novela La hija ilegítima del mafioso.
9.8
Pasé cinco años perdida entre el agotamiento laboral y el refugio del alcohol, cocinando para una élite falsa mientras la depresión me consumía. Mi monótona rutina terminó abruptamente cuando mi padre reapareció para secuestrarme. Su objetivo era obligarme a casar con el heredero de un peligroso socio criminal. En medio de este entorno hostil y oscuro, mi destino toma un rumbo inesperado gracias a un hombre que llega para transformar mi dolorosa realidad.
Portada de la novela La nómada
8.7
Tras la traición de su madre, Umara es vendida y termina en la capital del Imperio Kurani. Pese a esperar un rescate real, despierta cautiva en el harén del soberano. En su lucha por resistir, descubre una conspiración para envenenar al Emperador y a sus consortes. Este secreto la convierte en el blanco de Lady Cassandra, la implacable primera esposa, quien desata una cacería para silenciarla en un palacio lleno de peligros y hostilidad.