Portada de la novela La hija ilegítima del mafioso.

La hija ilegítima del mafioso.

9.8 / 10.0
Pasé cinco años perdida entre el agotamiento laboral y el refugio del alcohol, cocinando para una élite falsa mientras la depresión me consumía. Mi monótona rutina terminó abruptamente cuando mi padre reapareció para secuestrarme. Su objetivo era obligarme a casar con el heredero de un peligroso socio criminal. En medio de este entorno hostil y oscuro, mi destino toma un rumbo inesperado gracias a un hombre que llega para transformar mi dolorosa realidad.

La hija ilegítima del mafioso. Capítulo 1

Estaba en mi oficina escribiendo una lista de los siguientes platillos que serviríamos el resto de la semana cuando Freddie, mi sous chef, entro para decirme que unos comensales querían felicitarme por mi comida.

-¿No puede ir alguien más?- pregunte sin ganas y recostándome contra la silla-

-No, quieren a la mujer que gano su cuarta estrella Michelín querida y esa...eres tu-

-Necesito vacaciones de todos esos idiotas- comenté poniéndome de pie-

-Creí que buscarías tu quinta estrella-

-Voy a buscar mi quinta estrella en alcoholismo si sigo así-

-Si tu madre te escucha te va a dar un chanclaso dulzura-

Mientras caminaba a través de la cocina recordé la primera vez que le cocine a mi mamá, su critica fue devastadora. "Le falta sal, demasiados condimentos, sobre cociste la carne, y las papás están demasiado duras, parece suela de zapato no papás al horno", tenia diecisiete años y quería tirarme de un puente. Lo bueno es que con el tiempo mejore, me volví muy buena en mi trabajo ganando algunos premios en el camino, pero aun así para mi mamá jamás es suficiente.

Al salir varios comensales voltearon a verme, la primer mujer de veintisiete años en ganar cuatro estrellas Michelin en un periodo de cinco años, eso si era un logro. Uno que no soportaba que me estén recordando a diario. Antes de llegar a la mesa me di cuenta de que Marie estaba sentada en la mesa a la que me dirigía. Marie era la hija legitima de mi padre biológico Elliot Richard Ellis, más conocido como “El fantasma”, el tipo era un mafioso con todas las letras. Y ella, bueno, ella era buena, al menos conmigo a pesar de todo. Los hijos biológicos de Elliot siempre ha sabido de mi existencia y yo de las suyas desde que tenia quince años aunque ninguno quería tener que ver con el otro, al menos lo repito, de mi parte, estaba feliz de no ser involucrada en esa familia y que la gente no supiera que Elliot era mi padre biológico.

-Como lo solicitaron nuestra galardonada chef, la señorita Fernández- dijo Freddie lanzándome a los lobos-

“Me las vas a pagar rubio maldito”, pensé mientras se formaba una sonrisa en mi boca.

-Buenas noches- los salude cortésmente-

Por poco y me trago mis palabras al ver a Elliot sentado frente a su hija. ¿Porque?, si venia tan bien evitándolos a todos. El levanto su vista para mirarme y una pizca de emoción cruzo por su ojos más no de los míos, sentía que se me iba a salir corazón por la boca así que tuve que esforzarme para que no se notara que quería salir corriendo.

-Chef Fernández, felicitaciones por su carta estrella- comento el hombre a su lado-

¿De donde lo tengo visto?.

-Muchas gracias-

-Me imagino que ya esta en carrera para ir por la quinta, ¿No?-

-Estaba pensando en tomarme un tiempo lejos de la cocina, quiero llevar a mis padres de vacaciones y probar comidas nuevas y ver que es lo nuevo de hoy en día- le respondí con una sonrisa- Pero quien sabe, quizás cuando vuelta, esa quinta estrella será pan comido-

-Esa es la actitud jovencita. Por cierto este Bouillabaise esta a otro nivel-

-La mantequilla, el ajo y el perejil hacen milagros- sonreí-

Todos en la mesa soltaron una pequeña risa ante mi estúpida broma y quería decirles que veían estúpidos con esas sonrisas falsas.

Me dieron charla por unos minutos más hasta que Freddie me salvo diciendo que me necesitaban en la cocina así que me despedí y volví a la cocina.

-Ya no los soporto-

-¿Sus risas falsas?-

-Si. Se ven tan idiotas-

Dos horas más tarde, después de acomodar todo y dejar todo listo para el otro día, cerramos el restaurante, mientras me dirigía hacía mi casa sentía como mi estomago trataba de comerse algún órgano, me gustaba cocinar comidas extravagantes más no comerlas, no las toleraba así que al llegar a casa antes de siquiera pensar en entrar al edificio me cruce en frente, Joy era un puesto de hamburguesas, no muy grande a decir verdad, parecía más un carrito de hot dogs, pero sus hamburguesas me recordaban mucho a las que hacia mi abuela por lo que cada día al salir del trabajo pasaba a comprarle tres o cuatro.

-¡Joy Joy!- lo salude mientras cruzaba la calle-

-Estrellita...¿Tienes hambre?-

-Demasiada-

Joy me llamaba estrellita desde hacia cinco años, cuando me mude a este edificio. Cuando recién me mude a los únicos a los que les hablaba eran a mis padres y algún que otro compañero de trabajo como Freddie que con el tiempo se convirtió en mi sous chef.

Con el pasar del tiempo Joy seguía sin creer que una ganadora de estrellas Michelin le gustaran tanto sus hamburguesas a pesar de eran tan...normales según el.

-Tenias razón con la nueva receta del pan. Se vendieron muy rápido-

-Te lo dije. El brioche para hamburguesas es infalible-

-¿Como te fue hoy?-

El olor a la carne cociéndose hacia que se me hiciera agua la boca y el olor a cebolla caramelizándose era la gloria.

-Tuve que salir con una sonrisa a saludar a un montón de ricos estúpidos y escucharlos reírse con algunas bromas sin una pizca de sentido. Te juro que cada vez los soporto menos-

Me senté en uno de los asientos que tenia para sus clientes y apoye mis codos en el sobresaliente para ver como se cocinaba la comida.

-Me puedo imaginar tu cara- se burlo-

Se quedo callado un instante mientras cortaba finas rodajas de tomate.

-Sigo sin entender porque te gustan tanto estas hamburguesas, estoy seguro que puedes comer muchísimo mejor en tu restauran...- su voz se corto así que procedí a explicarle-

-Me recuerdan a mi abuela, ¿Sabes?, creo que te lo mencione alguna que otra vez pero, el olor y el sabor se parecen muchísimo. Mi abuela, la ultima ves que estuvo lucida pidió comer hamburguesas, ella dijo, "Me estoy muriendo carajo, solo déjenme ser feliz una ultima vez, quiero comer hamburguesas y después morirme en paz, por amor de dios", nos grito como si fuese una niña pequeña, mi mamá se resistió pero al final accedió y le preparo las hamburguesas que ella quería, con su ayuda obviamente. La vi comerse dos hamburguesas con una enorme sonrisa mientras me contaba cuan feliz se sentía. Al otro día a la mañana cuando mi mamá fue a darle su medicación estaba muerta y en su cara tenia una sonrisa. Así que Joy tus hamburguesas para son las mejores porque me recuerdan a mi abuela, a su sonrisa, a su amor por la comida- le explique limpiándome una lagrima-

Joy me miraba con una sonrisa tímida y sus ojos viajaban desde mi hasta detrás de mi, como si me estuviera advirtiendo algo. Unos minutos después las cuatro hamburguesas estaban listas así que las pedí para llevar excepto una que fue la que me estaba comiendo. Después de despedirme de el, me gire para volver a cruzar la calle, ahí fue cuando me di cuenta el porque Joy estaba tan nervioso.

Elliot me miraba apoyado en su auto con las manos en sus bolsillos, era la primera vez en toda mi vida que lo veía dos veces en una noche y más fuera del restaurante. Obviamente pase por detrás de su auto ignorándolo por completo mientras comía. Antes de llegar a la puerta del edificio su gigantesco guardaespaldas se puso delante de mi impidiéndome el paso.

-Disculpe pero esta impidiendo que entre a mi casa-

-Bren...por favor. Solo serán unos minutos-

El gigante parado delante de mi era Roth, un enorme tipo ruso al que veía en cada cumpleaños ya que era el quien me traía las tortas de cumpleaños, las cuales nunca había probado ni una sola porción ya que las usaba para venderlas y así pagar los servicios vencidos o para comer ya que con mi mamá y mi abuela no teníamos muchos recursos.

-Tuve un día de mierda y lo único que quiero es comer, bañarme e irme a dormir así que muévete- le pedí tratando de pasar por su costado-

Algo que claramente no sirvió ya que el tipo media igual que la puta puerta. Suspire molesta y me gire para quedar en medio de la vereda viendo como el chofer me abría la puerta del auto para que entrara. Estaba a punto de poner un pie dentro cuando comenzó a sonar mi teléfono, era mi mamá.

-Mamá-

Al contestarle se escuchaba el ruido de una ambulancia de fondo y podía escucharla llorar así que puse el teléfono en altavoz.

-¿Mamá?-

-¿Hija?-

-Ma, ¿Qué paso, que es todo ese ruido?-

Entre en pánico y termine mirando hacia todos lados en busca de un taxi.

-Tu papá...- podía escuchar su temblorosa voz ahogada en lagrimas-...tuvo un infarto y lo están llevando al hospital-

-¿Un infarto?, ¿A que hospital?-

-El hospital general, estamos a cinco minutos-

Me colgó y el pánico se apodero de mi. Respire hondo varias veces hasta que empecé a caminar hacia la calle principal para tomarme un taxi y en eso siento unos enormes brazos levantándome en el aire.

-¡Quítame las manos de encima mi papá esta de camino al hospital!- le grite tratando de soltarme-

-Nosotros te llevamos. Solo sube al auto- aseguro Roth dejándome en el piso-

Pase por su lado y sin pensarlo me subí al auto. En el viaje ninguno dijo nada. Yo no tenia ganas de hablar y lo único que hacia era apretar las bolsas que tenia en mis manos con fuerza y miraba hacia adelante de vez en cuando para ver si faltaba mucho para llegar.

-Felicidades por tu cuarta estrella- me felicito Roth tratando de romper el silencio-

-Me importan una mierda esas estúpidas estrellas- afirme mirando por la ventana-

-Son muestra de la dedicación que le pones a tu trabajo-

-No necesito que nadie me de una palmada en la espalda y que me diga que lo estoy haciendo bien. De las únicas personas que valoro su opinión son mi Mamá y mi Papá, y ahora mismo mi Papá esta siendo trasladado al hospital, ¿Crees que me importa esas estúpidas estrellas?-

-El va a estar bien- aseguro-

-Más le vale, me prometió que iba a vivir hasta los cien años- le dije dejando escapar algunas lagrimas-

-¿Cien años?-

-Si, cien años. Me lo prometió cuando murió mi abuela-

Metí la bolsa de las hamburguesas en mi bolsa de cuchillos al ver que ya casi estábamos cerca del hospital. Tenia mi pequeño bolso colgado en la espalda y al ver que el auto se estaciono lo sujete con fuerza soltando la bolsa de los cuchillos, un instante después puede ver como bajan a mi papá de la ambulancia.

-Papi...-

Abrí la puerta de golpe y salí lo más rápido que pude para luego corre hacia la camilla.

-¡Pa...Papá!- grite llorando al ver como trataban de hacerle RCP-

Mi mamá me abrazo y ambas entramos llorando al hospital.

El hospital parecía un hormiguero, había tanta cantidad de gente que la espera se hizo eterna, apenas entramos a mi papá se lo llevaron para realizarle algunos estudios, un rato después del RCP notaron que tenia una pequeña hemorragia en su costado así que lo subieron para una cirugía.

Las horas se hicieron eternas, parecía que nos lo hacían apropósito, como si les gustara hacernos sufrir. Estábamos sentadas en el piso una abrazada a la otra cuando me di cuenta de que Elliot estaba parado a metros de nosotras junto a Roth así que me pare y camine hasta ellos.

-¿Qué quieren?- les pregunte entre dientes tratando de no hacer un escandalo ya que el momento no era el adecuado para esas cosas-

-Ver como estabas-

Estas vez fue Elliot quien me respondió. Admito que estaba sorprendida pero aun así mi rencor contra el era mucho más grande.

-¿Como crees que estoy?, ¿Mmm?. Quiero que se vallan y desaparezcan de mi vida, quiero que desaparezcas de mi vida, deja de seguirme, deja de enviar a tus hombres a seguirme. Déjame en paz-

-Sabes que no puedo hacer eso-

-Pues busca la manera porque me estoy hartando de esta mierda, estoy harta de ti y de tus estúpidos hijos, llevo aguantándolos todas las malditas noches los últimos cinco años. ¡Salgan de mi maldita vida de una vez!- finalice antes de volver con mi mamá-

La mirada de mi mamá hacia el era de puro odio, ¿Y como no?, si la dejo la embarazada y tuvo que cuidarse la espalda desde mucho antes de mi nacimiento. Ambas lo odiábamos pero aun así el no se alejaba, al menos de mi.

Unas horas después nos dijeron que ya podíamos pasar a verlo pero solo unos minutos porque estaría en terapia intensiva durante un tiempo. Ambas entramos y sentí como si me estuvieran apretando el corazón con tal fuerza impidiendo que pudiera respirar con facilidad. Verlo conectado a tantos cables y ver esa enorme gasa en su pecho me estaba matando, mi mamá se acerco a el primero para hablarle al oído y cuando termino beso su cabeza para después decirme a mi que hablara con el. Con cuidado tome su mano y me acerque a su oído.

-Papi te amo. Te amo mucho...por favor, tienes que ponerte bien, por favor. Recuerda que me prometiste que vivirías hasta los cien años, todavía te faltan mucho así que por favor, tienes que ponerte bien- bese su cabeza con firmeza mientras acariciaba su mano- Te amo mucho-

El medico nos dijo que tardaría varios días en despertar pero que cuando lo haga recién ahí podrán evaluaran los daños reales de la reanimación y las consecuencias que puede llegar a tener. Nos dijo que no valía la pena que nos quedáramos a esperar porque no íbamos a poder hacer nada, nos dijo que era mejor que nos vallamos a casa a descansar y a recuperar fuerzas porque las íbamos a necesitar.

Al salir al pasillo mi tía Eliana estaba sentada con su esposo sujetando su mano y con la mirada perdida. Al vernos se levanto de inmediato para abrazarnos, les explicamos lo que nos dijo el medico y ella nos dijo que lo que sea que necesitarnos que lo pidiéramos sin problemas. Eliana era la hermana menor de mi papá, solo por seis años. Ella y mi papá eran muy unidos así que lo vivía llamando para ver como estaba y para ver como estábamos nosotras. Mi tía es increíble y lo fue desde un principio, los apoyo y los dejo quedarse en su casa cuando recién mis padres se mudaron a este pais.

-¿Mari que vas a hacer?, ¿Segura que queres quedarte en tu casa sola?. Podes venir a casa y de ahí podemos venir las dos al hospital- le sugirió mientras nos diríamos hacia afuera-

-Prefiero quedarme en casa y ordenar todo para cuando vuelva Juli-

-Yo voy a pasar por casa a buscar algo de ropa y me voy a quedar en casa de mamá un tiempo- les informe-

-¿Y el trabajo?-

-No puedo pensar en nada que no sea papá, tío- confesé-

Físicamente mi papá y mi tío se parecían mucho, ambos eran altos, corpulentos y se estaban quedando pelados por lo que siempre en las reuniones familiares nos terminábamos burlando de ellos.

Mis tíos tienen cuatro hijos, Samuel de dieciocho años, Carolina de dieciséis, Franco de once y el más pequeño, Leonel, de ocho años. Era divertido juntarnos a mirar películas con ellos, siempre tenían un tema de conversación para hablar por horas.

Al salir note el auto de Elliot estacionado afuera, ese tipo no se cansaba y a mi me estaba agotando la paciencia. Mis tíos se ofrecieron para llevarme a mi casa y esperarme hasta que buscara mi ropa para después llevarnos a casa de mi mamá, al llegar todos nos bajamos y mi mamá preparo cafés para todos, mientras ellos hablaban yo deje mis cosas en la habitación de invitados ya que no tenia habitación propia en esta casa. Después de que mis tíos se fueran le dije a mi mamá que se diera una ducha mientras yo limpiaba y acomodaba todo el desastre que habían dejado los médicos antes de llevarse a papá. Al terminar de limpiar escuche un leve golpe en la puerta y un escalofríos me recorrió la espalda, cuando abrí la puerta note que Roth tenia mi bolsa de cuchillos en su mano.

-Te los olvidaste en el auto- me aviso entregándome la bolsa-

-Gracias- le respondí sin ánimos de entablar conversación-

-¿Como esta tu papá?-

-El medico dijo que va a tardar unos días en despertar y que recién ahí van a poder evaluar los verdaderos daños-

-¿Necesitas algo?-

-Que me dejen en paz. Lo digo enserio Roth, estoy a nada de un colapso metal enorme y siento que es demasiado para mi...ya no puedo soportar más presión de ningún tipo en mi vida- confesé respirando hondo para no llorar- Ya no puedo más...-

El me abrazo por unos minutos para después besar mi frente y volver al auto. Solo esperaba que haya entendido y me dieran el espacio que necesitaba. Respire con pesadez y cerré la puerta mientras me repetía que debía ser fuerte por mi papá.

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