
Solo tú
Chapter 6
Candy temblaba como una hoja a punto de caer en otoño.
— ¿Tienes miedo? — Pregunto con demasiada curiosidad, algo en esa joven lo ponía nervioso.
— Sí.
— Si quieres, puedes irte ahora, porque una vez que comience no me detendré por nada. — Amir se sentía en la necesidad, de advertirle a esa blanca muchacha de ojos color Jade, que debía salir ahora de ese cuarto.
“Dile que sí, dile que te deje ir. Pero… ¿a dónde?... Ben me mandará con papá.”
En Candy predominaba el miedo, miedo a su padre, a Ben, miedo a la vida.
— No, no me quiero ir. — Dijo en un susurro, sellando así su destino, ese del que ya no podría escapar.
— ¿Me tienes miedo? — Amir necesitaba saber, nunca había forzado a una mujer y nunca lo haría, o eso creía.
— Tengo miedo a que me duela. Es muy grande.
Dijo la joven mirando a otro lado, en él la comisura de sus labios le jugaron en contra, se elevaron solas, ante lo que esta joven le hacía sentir, ese aire fresco, esa belleza única, ese erotismo propio de la inocencia.
— Si, dolerá, pero… te prometo que te gustará y mucho.
Amir aprovechó la confusión de la joven y comenzó a besarla, suave, saboreando sus labios sabor a cereza, para Candy esos besos eran algo nuevo, nada parecido a como Ben la mordía, su barba le ocasionaba un leve cosquilleo pero no le molestaba, sus labios eran cálidos, suaves, provocaban un calor desconocido en ella, con un suave apretón, Amir la llevo hasta la jaula de sus brazos, esos músculos tan fuertes que por un minuto la hacían sentir segura, el beso se intensificó en el momento que sus lenguas se tocaron, él no había tenido tiempo de tomar su trago y ella pudo disfrutar del sabor a menta de su boca, mientras Amir se deleitaba con el sabor dulce de ella, comenzó a mover sus manos y ese roce le gustaba, ella se sentía suave, cálida, pero quería aún más.
La depósito con total cuidado en la cama como si fuera de cristal, teniendo la precaución de colocar un brazo a un lado para no aplastarla.
“Esta muchacha, se ve tan frágil, tan única.”
Mientras miraba esos ojos verdes, guio su mano libre descendiendo por el cuello hasta su pecho y de un movimiento diestro, lo dejó al descubierto, para tocarlo, primero suave y luego un poco más fuerte al presionar el pezón, lo que provocó que un gemido saliera de ella. Esa corriente de deseo comenzó a atravesar el cuerpo de Candy, y obviamente el de Amir también.
“Esa dulce boca, está pidiendo algo, lo sé.”
Era tan automático como ese hombre se adelantaba a todo lo que ella pensaba, en tan poco tiempo, era como estar conectados.
— Amir, me llamo Amir.
— Amir.
Repitió con un gemido, y eso a él le encantó, siguió su camino, mientras la miraba, y es que, aunque moría por besarla nuevamente, no podía dejar de apreciar su rostro, estaba grabando cada gesto de ella. Él iba a ser el primer hombre para ella, quería guardar cada expresión en su memoria.
Candy sintió cosquillas cuando deslizó los dedos por su vientre, y fue la primera vez que él vio su sonrisa. Y le encantó.
— ¿Eso te da cosquillas?
— Si. — Dijo queriendo moverse a un lado, pero Amir apoyo la mano en su vientre bajo y se lo impidió. Estaba perdiendo el control con ese gatito blanco que estaba entre sus manos.
— ¿Cómo te llamas? — Preguntó rompiendo otra de sus reglas, pero siendo inevitable realizar aquella pregunta, algo le hacía desear saber el nombre de aquella mujer.
— Candy. — Contesto con su verdadero nombre la joven, mientras Amir se abría paso entre sus piernas y colocaba su dedo medio en el botón de placer, haciendo movimientos y dando pequeños apretones.
Candy se sentía extraña, algo que nunca había experimentado y que la hacía sentir muy bien, comenzó a seguir el ritmo con sus caderas, estaba buscando liberarse de ese calor que sentía, cuando Amir notó que estaba húmeda, siguió su camino y la penetró con su dedo.
Los ojos de Candy se abrieron un poco, pero cuando Amir comenzó a moverlo lentamente haciéndolo rotar en su interior se relajó, a medida que sus gemidos aumentaron.
Verla de este modo era demasiado, ya no lo soportaba, si seguía jugando terminaría por descargar sobre las sábanas, aunque una parte de él le decía que continuara, de todas formas, la tendría el tiempo que quisiera, y con ese pensamiento Amir se dio cuenta que quizás una noche no sería suficiente, Candy se sentía algo tan único, que de pronto no quería dejarla ir.
Acelero sus movimientos, sumando un dedo más en la cavidad tan angosta, ella comenzó a gemir con más fuerza y sus mejillas adquirieron un color rojo intenso, parecía una manzana, la misma que llevo al pescado original.
— Mmm… ¡Amir!
El grito y la agitación de la joven solo podía significar algo, ella había alcanzado su primer orgasmo y él era el responsable.
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