
Mi ÁNGEL
Chapter 5
— Conmigo tendrás un contrato de cooperación, yo te daré todo el dinero que necesites, incluso para que no tengas que volver a trabajar jamás y a cambio. — Mateo se levantó y camino, hasta llegar tras ella, se inclinó un poco y con suma delicadeza agarro un mechón de cabello lo llevo a su rostro y lo olio como si fuera el perfume más caro y delicioso del mundo. — Tú serás mía, en cuerpo y alma. — murmuró en su oído y Macarena no pudo evitar estremecerse, después de Stefano jamás había dormido con nadie… bueno con Hades la noche anterior a que la abandonará.
— No sé si pueda, mi cuerpo… si, ¿pero mi alma? — Dijo confundida, ¿acaso realmente era el demonio? ¿estaba haciendo un pacto con el diablo? Apostaría su vida a que así era.
— De eso me encargare yo, tú de lo único que te tienes que ocupar es de firmar ese contrato, donde se especifica que serás mía todo un año y a cambio, te daré todo el dinero que quieras, cada cosa que desees será tuya, por ahora en esa maleta tienes medio millón esperando por ti. — Macarena se sentía sola, atrapada, estaba a punto de convertirse en carne de intercambio, pero lo haría gustosa, solo por ella, por Alma, su hija.
— Será como usted diga señor Zabet, pero solo me iré con 250 mil, ni más, ni menos, es todo lo que necesito y mantener mi empleo.
Mateo Zabet la observo con devoción, como lo hacía hace tres años, tres años que miraba sus piernas que no eran largas, pero si bien tonificadas, soñando con hundirse en ese trasero grande y redondo, imaginando que tan suave eran sus pechos, Mateo Zabet soñó con ella desde el primer día que la conoció, la latina lo enloqueció, la deseaba, la necesitaba y al fin había conseguido el medio para llegar a su fin, enamorar a Macarena. No importaba si para ello tenía que ser el mismo diablo.
— No solo mantendrás tu empleo, serás mi asistente personal, tu paga aumentara, al igual que tus horas de trabajo.
— ¿Asistente personal?, pero usted ya tiene secretaria…
— No es lo mismo, tú estarás en mi despacho, a mi lado, desde que llegue a la empresa, hasta que me marche. — respondió mientras caminaba hasta el bar a servirse otro Wiski.
— ¿Todo por dormir con usted? — Macarena estaba molesta, tres años trabajo allí, como la chica de los recados y solo debía acostarse con el ángel caído, por no decir demonio y todo hubiera sido diferente.
— Mateo, dime Mateo y no, no es por eso, sé que tienes potencial, te he oído ayudar a varias personas de la empresa, pero nadie te toma en cuenta, y para que dejes de pensar mal de ti misma, te lo planteo así, te llevas los 250 mil y el puesto de mi asistente, o dejas que te de medio millón cada dos meses.
No soy nada, está jugando conmigo, le sobra el dinero, tanto como para tirarlo de esta forma, solo debía aprobar el PUTO préstamo.
—Macarena. — la llamo al notar que nuevamente estaba perdida en su mente, odiaba cuando hacia eso.
— ¡Solo debía aprobar el préstamo! tiene tanto dinero que lo desperdiciaría de esa forma, seis millones por tenerme a su disposición por un año, no entiendo…
— Vales más que eso, para mi vales mucho más que dinero.
Macarena no había reparado en que estaba de pie a mitad de la sala, su carácter y furia la traicionaron, reacciono cuando Mateo envolvió un brazo en su cintura para traerla hacia su cuerpo, aun con tacones de 12 centímetros había una diferencia de estatura entre ella y el señor Zabet.
— Puede tener a la mujer que quiera. — susurro con ganas de llorar porque ese hombre se encaprichará con ella.
— Pero solo te quiero a ti. Ahora firmas… o puedes irte con las manos vacías. — advirtió mientras la liberaba, esa no era una opción para Macarena, hacer lo que realmente quería hacer era lo mismo que dejar morir a su hija.
Giró sobre sus talones, tomo su bolso y Mateo creyó que ella se iría, apretó sus manos en puños, sin saber muy bien que hacer para retener a esa mujer allí, no podía perder una vez más, pero para su sorpresa ella saco una pluma y firmo el contrato sin verlo, grave error.
Mateo le mostro una sonrisa que le hizo erizar el bello de la nuca, camino hasta el documento, le pidió la pluma y ella se la paso, coloco su firma y guardo el documento en una carpeta, su más valioso contrato.
— Toma tu trago, te espero en la habitación, el contrato entre en vigencia a partir de este instante. — dijo para luego lamer sus labios y dejarla sola.
—Malditos hombres con cara de Ángeles. — susurro cargada de odio y rencor.
Macarena solo había tenido sexo dos veces en toda su vida, la primera fue con Stefano y la segunda con Hades, hoy se entregaría a alguien por voluntad propia, pero no por placer, esperando que sucediera lo mismo que con los otros dos, que luego de esa noche, simplemente desaparezca.
Cinco años atrás:
Macarena clavo sus ojos color chocolate en Stefano, ¿acaso creía que se burlaría de ella tan fácilmente? Ese joven estaba jugando con fuego y ella se encargaría de hacerlo arder.
— Hijo de puta. — dijo al tiempo que le daba vuelta la cara de una bofetada, estaba a punto de golpearlo nuevamente cando el joven rubio y alto la tomo de las muñecas y casi la levanto en el aire.
— ¡¿Qué rayos te sucede?! — pregunto furioso, nadie lo había golpeado, más que sus hermanos y siempre fue en plan de entrenamiento, ya que los hermanos Zabet, estaban preparados para todo, ser sobrinos de un asesino, cuñado de un mafioso y por supuesto cuñado de la princesa Bach y que tus padres sean multimillonarios siempre te ponían en la línea de fuego de alguien, lo sabían muy bien, ya habían perdido a Dulce por ello, su joven prima que murió antes de los 20.
— ¿Y lo preguntas? ¡Maldito idiota! déjame y vete a gastar el dinero que ganaste con tu puta apuesta. — Stefano se dio cuenta que alguien hablo de más, pero ¿cómo se lo iba a explicar? la latina realmente era un fiera cuando se enojaba, se lo estaba demostrando, que la tuviera de las muñecas no le garantizaba nada, ya que sus pantorrillas estaban recibiendo las furiosas patadas de Maca.
— Tranquila, no es lo que piensas, ¡detente Macarena o te lastimare! — advirtió gritando, Stefano nunca tuvo paciencia, siempre era un volcán a punto de hacer erupción. Macarena se detuvo de inmediato, Stefano ya le había dicho de los problemas que tenía para contenerse cuando se enojaba y no quería comprobar que tan ciertos eran.
— Suéltame y lárgate, no quiero volver a verte, nunca. — quería sonar firme y fuerte, pero en la última palabra su voz se quebró, ella se había enamorado de ese rubio mentiroso y embustero.
— Maca, no recibí el dinero, es verdad, me acerque a ti para poder integrarme a los idiotas con los que compartía mi departamento, pero además quise cuidarte, siempre te veía tan metida en los estudios, que me di cuenta de que no tenías idea de lo que pasaba a tu alrededor, me sume a la apuesta para que no te siguieran molestando, pero me enamore de ti latina, esa es la verdad. — termino de confesarle cuando ambos estuvieron más tranquilos y liberando sus muñecas, las cuales estaban rojas, al igual que los ojos de la joven.
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