
La santa hija de la sombra
Chapter 6
Simón salió de la finca sintiendo que caía en el mismo infierno se subió a su Audi negro como la mayoría de las cosas que usaba, como su alma, negra, y se dirigió sin escalas al convento que tanto odiaba, sus pensamientos estaban centrados en una monja, una mujer, la razón de todo lo que él era y el odio que llevaba dentro.
— Maldita hija de perra, siempre arruinando todo.
Dijo mientras apretaba el volante y los dientes, LA BESTIA quería salir y destruir todo a su paso, en especial a esa mujer.
— ¿Qué haces aquí? Quedamos en que yo te contactaría, porque…— las palabras de la monja dejaron de salir al tiempo que LA BESTIA la tomaba del cuello y lo apretaba, se sentía capaz de romperlo, solo necesitaba un poco más de fuerza.
— ¿Sabes en el problema que me has metido? Solo eres una maldita perra. — cuando la boca de la hermana María comenzó a ponerse azul la arrojó al suelo, donde comenzó a toser estrepitosamente.
— ¿Qué? ¿Qué hice? — pregunto mientras trataba de recuperar el aliento.
— ¿Por qué señalaste a esa novicia? ¿Por qué la elegiste a ella? — los nudillos del hombre estaban blancos de la misma fuerza que ejercían el estará cerrados en puños.
— Era la más adecuada, buscabas alguien que tuviera vocación y que no causara problemas al momento de deshacerse del bebé. — respondió mientras se ponía de pie.
— No te creo, te conozco, por más que te arrodilles y reces tu odio te ciega mientras tu Dios te ignora. — le hablo clavando sus ojos color miel en los de ella.
— Es la verdad, lo juro por Dios. — Simón no pudo evitar mostrar una sonrisa cargada de burla.
— En ese caso… ¿dónde está? dime donde está en este momento esa novicia y cuál es su nombre. — solo debía confirmar lo que, a sabia, que el mismo infierno se abriría a sus pies.
— Ella… yo creí… todos decían que su vocación era verdadera… creí que se quedaría aquí y entregaría al bebé…
— Te hice una pregunta, no me interesa lo que creíste. — dijo tomándola del habito y jalándola hasta quedar cara a cara.
— Se llama Alejandra Santoro y se marchó… — antes que terminara de hablar la arrojo lo más lejos que pudo, sin importarle si se lastimaba o no.
— Antes que mis ojos se cierren a este mundo vendré por ti, tu compartirás mi destino, iremos a los infiernos juntos… madre. — la hermana María miro a su alrededor asegurándose que nadie estuviera cerca, que nadie sepa su verdad.
María Rossi era una joven de 15 años de clase media alta, rebelde y deseosa de conocer los placeres de la vida, la emoción de romper las reglas la llevaban a meterse en problemas, más de los que podía manejar, fue así que quedó embarazada del socio de su padre, un hombre casado mucho mayor que ella el cual desapareció de Italia al saber las consecuencias de su aventura con la joven, terminado cualquier tipo de negocios con el padre de la joven, lo cual género que Simón Rossi de 55 años muriera de un infarto, al verse en la quiebra y saber que su hija estaba embarazada su corazón no lo resistió y pereció, provocando que la madre de María la arrojara a la calle sin contemplación alguna, no importó cuantas veces la joven regreso pidiendo perdón su madre jamás le volvió a dirigir la palabra y al poco tiempo se marchó de Italia, María nunca volvió a saber de ella, se dedicó a vivir en las calles, a conseguir dinero de su cuerpo e intentar abortar en más de una ocasión sin éxito alguno, fue así que un día llego al hospital más muerte que viva, uno de sus clientes la había golpeado sin piedad, provocando que el parto se adelantara, con solo 6 meses de gestación nació un niño, Simón Rossi lo llamo, en esos días las monjas visitaban el hospital y María se refugió en la religión, creyó encontrar la penitencia que le correspondía por ser una hija desconsiderada, pero cometió un error gigante, al abandonar a su hijo. Las posibilidades de vida para el recién nacido eran pocas y no estaba dispuesta a quedarse a saber si lo lograría o no, debía culpar a alguien más de todas sus desgracias y para María ese era Simón, jamás creyó que el niño sobreviviría, y mucho menos que la buscara años después, sin embargo ella había tomado sus votos perpetuos, renunciando de esta forma a quien era antes y generando que Simón se convirtiera en la BESTIA, un joven que comenzó a odiar a todas las mujeres y a la religión en general, solo visitaba a su madre cando las cosas iban mal en su vida, cuando algún trabajo no salía como quería, desquitaba su frustración humillando a la mujer, quien sentía la culpa de a ver abandonado a su hijo, pero aun así nunca hizo nada para remediarlo, se ocultaba tras las paredes del convento y las palabras de la biblia como si con eso pudiera devolver la vida de su padre, sin embargo lo único que consiguió fue llenarse de odio y miedo.
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