
La santa hija de la sombra
Chapter 7
El día que Alejandra Santoro llego al convento despertó los demonio más grandes de la mujer y los más peligrosos, no podía entender lo que veía, la madre de la joven lloraba, sus hermanos le suplicaban y su padre amenazaba con no volver a si sea a dirigirle la palabra si ingresaba a ese lugar, pero ella lo hizo, dejo a su familia y comodidades que de lejos se veía que tenía, por dedicar su vida a Dios, estúpida niña rica, pensó la mujer, y durante 4 años le hizo la vida imposible, día a día trataba de quebrar la voluntad de la joven, pero no tuvo éxito.
El día que su hijo llego maldiciendo como era costumbre, María trato de ayudarlo y Dios sabía que era así, la culpa la cegaba, el joven que había crecido en el orfanato hasta los 12 años y se escapó para vivir en las calles donde luego fue tomado por Preto Berlusconi como el empleado a moldear como mano derecha de su hijo Dante, estaba más que frustrado, se le había encomendado encontrar a una mujer de conducta intachable, sin ningún vicio, de vida tranquila y lo más importante que esté dispuesta a llevar un bebé que no era propio para luego entregarlo, sin preguntas y con una gran paga de por medio, pero esa mujer no existía, no en Italia por lo menos, todas tenían algún defecto, fue en ese momento que la vocación y fuerza de espíritu de Alejandra se le vino a la mente a la mujer.
— Tengo a la mujer perfecta para eso. — trataría de ganarse el perdón de su hijo a como diera lugar, sin darse cuenta de que lo único que buscaba la BESTIA para encontrar paz era que ella reconociera ante todos que era su hijo.
— ¿Tu? — respondió mirándola con burla y desprecio.
— Una novicia, no consume absolutamente nada, inclusive la podrían consagrar como santa. — dijo con cierto desprecio por la envidia que sentía hacia la joven Santoro.
— ¿Estás loca? o eres en verdad tan estúpido de pensar que una novicia se prestara a alquilar su vientre. — Simón estaba a punto de marcharse e informar a su jefe Dante que por primera vez en su vida no podría cumplir con lo solicitado.
— ¿Quién dijo que le preguntaría? — Simón dejo de caminar y giro a ver a la mujer que le había dado a luz.
— ¿Qué insinúas? — por alguna razón él deseaba que no dijera lo que pensaba que diría.
— Tu o mejor dicho tu jefe tiene los medio pata irrumpir aquí, ella tiene una vocación verdadera, cuando se halle embarazada lo dará en adopción, lo dejara sin importarle a quien, no querrá que un niño arruine su deseo de servir a Dios. — la parte de Simón que aún le tenía un poco de aprecio a su madre murió esa tarde, escucharla hablar de esa forma era confirmar que para ella el significo un obstáculo, del que no dudo en deshacerse ni siquiera un segundo, pero lo peor fue que no desecho la idea, pues su odio hacia todo lo referente a Dios se incrementó a medidas insospechables.
— Que así sea, me ocupare de preparar todo, solo dime a que horario, día y en qué lugar de esta mierda estará.
Ese día firmo su sentencia a muerte gracias a su madre.
Simón Rossi llego a su hogar, pensaba disfrutar del último día de vida que tendría, a la vez que llegaba a la conclusión de que su madre por fin se desharía de él.
— No pudiste matarme mientras estaba en tu vientre, pero aun así te aseguraste mi fin.
— Amor ¿con quién hablas? — Simón giro sobre sus talones al oír a Alondra.
— Creí decirte que te fueras. — la mirada del hombre era fría y llena de desprecio, pero para esta joven Simón lo era todo, sin importar lo que le hiciera.
— Yo… necesito hablar contigo. — lo que menos quería era oír su voz chillona, por lo que camino hasta el sofá de la sala se sentó.
— Ven aquí putita parlanchina. — respondió mientras sus ojos se oscurecían, si iba a morir al día siguiente por lo menos fallaría una vez más.
— No camines, quiero que te arrastres como la perra que eres. — dijo cuándo Alondra había comenzado a caminar y acto seguido ella lo obedeció, apoyo rodillas y manos en el piso de mármol frio y comenzó a arrastrarse hasta donde la BESTIA se encontraba.
— Amor… — dijo la rubia al llegar a sus pies.
— No me digas así. — Rebatió de inmediato, mientras desabrochaba su pantalón y lo bajaba dejando su polla erecta y venosa a la vista— sabes que hacer.
Sin decir nada más Alondra llevo la erección del hombre a su boca, comenzó a lamer todo el tronco de esta, hasta llegar al glande el cual envolvió con su legua, para lubricarlo y luego metió todo lo que su boca pudiera recibir, pero para la BESTIA no era suficiente, la tomo del cabello sin delicadeza alguna y comenzó a mover sus caderas, aun un ritmo desenfrenado, ahogándola con cada embestida, provocando las arcadas en Alondra.
— SI QUIERE SEGUIR SIENDO MI PUTA TRAGA Y DEJA DE HACER ARCADAS.
La joven hizo todo lo posible por hacer lo que le pedía, no era solamente por gusto, Alondra tenía una misión era un agente encubierto, dicen que la cadena se rompe por el eslabón más débil, y ese parecía ser Simón Rossi, mano derecha de Dante Berlusconi, pero después de dos meses no sabía absolutamente nada de la mafia Toscana, este hombre desequilibrado, que disfrutaba del alcohol y drogas de todo tipo no decía una palabra de los negocios que llevaban a cabo los Berlusconi, no importaba que tan drogado estaba o cuanto alcohol ingiriera, él era un hombre astuto.
En un movimiento rápido giro el cuerpo delgado de la rubia, subió su vestido de diseñador, que el mismo le había regalado y arranco su ropa interior, dejando la vagina al descubierto, deleitándose con lo húmeda que estaba, pero ese no era su objetivo, no ahora, tomo con su mano un poco de la espesa saliva que se encontraba en su pene y sin perder tiempo introdujo dos dedos en el ano de Alondra, quien grito fuerte por la intromisión sin aviso o estimación previa.
— Eso, es grita, sabes que me encanta. — dijo con verdadera perversión.
— Eres una BESTIA. — grito de dolor cuando al retirar sus dedos ingreso su pene y sin demora comenzó a penetrarla.
— Sí, lo soy y te encanta. — respondió con regocijo.
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