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La santa hija de la sombra Novel Cover

La santa hija de la sombra

El respetado líder de la mafia, nunca espero que la vida le cobrara sus crímenes, en su hermosa y santa hija, pero así fue. — Que a nuestra hija, alguien la está usando como incubadora, ¡carga un bebé que no es suyo! Las lágrimas de Santoro comenzaron a caer al momento que vio el rostro de su santa hija aparecer, aquella que por 4 años no había visto por ser cautiva por voluntad propia, por querer dedicar su vida a Dios, su rostro que siempre brillo, estaba cubierto de dolor y tristeza, mientras la furia crecía en los corazones de sus hermanos y por supuesto, su padre. Eran las 16 horas en Sicilia Italia, el sol brillaba en lo alto del cielo, cuando todo quedo cubierto por las sombras, y los Santoro juraron que nadie volvería a ver la luz hasta que la SANTA HIJA DE LA SOMBRA, volviera a sonreír.
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Chapter 2

— Simón, no… por favor, ya… no puedo más… detente.

— Eres mi puta y hago contigo lo que quiera, que no se te olvide. — respondió el joven mientras dejaba un fuerte azote en la nalga de su compañera.

Simón Rossi arremetía sin descanso y con total brutalidad el cuerpo de una rubia despampanante, que parecía más una muñeca que una persona de carne y hueso, el cuerpo blanquecino de la joven estaba adornado de cardenales, no solo por lo violento del acto sexual, a este joven se le daba muy bien perder la paciencia, y no poseía respeto alguno por las mujeres, ninguna de sus novias duraba más de un mes con él, Alondra la rubia que ahora gritaba de placer y dolor por igual medida debajo de él, era la única que había batido récord, llevaban dos meses al lado de LA BESTIA, como lo conocían al joven, pero eso estaba a punto de terminar, una vez que descargo su semilla por el cuerpo de la joven, como queriéndola marcar una vez más.

— Toma tu ropa y vete. — dijo el joven mientras caminaba hacia el baño aun agitado.

— ¿Qué? creí que iríamos con los chicos… — la rubia comenzó a vestirse apresuradamente, no quería tentar su suerte.

— Alondra tú no puedes creer nada, es más, no tienes permitido si quiera pensar, ¿te queda claro?

— Ya me cansé Simón, soy tu novia, no puedes tratarme como a las demás. — en tiempo récord Simón atravesó la habitación y del bofetón que le dio la lanzo al piso de mármol frio.

— Yo no tengo novias, tú eres una puta más como las otras y si no te gusta sabes que hacer.

Alondra salió corriendo de aquella habitación, mientras su labio sangraba, no era la primera vez que la golpeaba y sabía que no sería la última.

La finca se había convertido en un caos, Alessandro no podía creer lo que Alejandra quería hacer, para él era algo inaceptable y no tardó mucho en mostrar su lado oscuro.

— ¡No estoy dispuesto a aceptar esta mierda! esto es todo culpa tuya Victoria, siempre siendo tan permisiva, alentando las locuras de cada uno de tus hijos. — Alessandro rara vez se enojaba con su esposa, aún más raro era el hecho de que jamás le había reprochado algo, menos la forma de criar a sus hijos.

— ¡No le hables a mamá de esa forma! Al menos ella nos cuidó y nos enseñó lo que es el amor en cambio tu… siempre encerrado en este despacho, ¡viviendo entre las sombras! — Estefanía era muy consiente que su padre había matado a Fabiola, su verdadera madre, y a pesar de saber que jamás atentaría contra la vida de Victoria, no estaba dispuesta a correr algún riesgo.

— Este despacho pronto será ocupado por ti y solo entonces entenderás lo que es estar en mi lugar. — respondió furioso el mayor.

—Estefanía, no interfieras hija, por favor, déjame hablar a solas con tu padre. — el tono de su madre reflejaba enfado y aunque la morena sabía que ella podía defenderse más que bien sola, no dejaría nada librado a la suerte, al igual que Giovanni, por ese motivo ninguno de los dos se movió de su lugar.

— No me interesa lo que tengas para decir, Alejandra se realizara un aborto y si no es viable tampoco me importara que le realicen una cesárea, ¡quiero a ese feto fuera de su cuerpo para poder dar con los responsables!… — Santoro estaba segado por la ira, en ese momento no recordó todo y cada uno de los consejos que su esposa Victoria le dio a lo largo de los 20 años que llevaban juntos, hablaba sin pensar y sin medir lo que decía, estaba cavando su propia tumba.

— ¡Quiero el divorcio, mientras lo tramitas me iré con MIS HIJOS! — Victoria no solo interrumpió su monologo, también fue la causante de que el mundo del mafioso se detuviera en un segundo, dejándolo sin habla. Mientras Alejandra quien estaba del otro lado de la puerta escuchando la discusión, salió corriendo al viñedo, con su corazón aún más roto de lo que lo tenía.

— Espera, de que rayos hablas. — dijo Alessandro cuándo pudo reaccionar tomando su mano antes que esta emprendiera el camino a la salida.

— Crees que soy la culpable de todos esto, como también crees que crie mal a MIS hijos por el solo hecho que les enseñe a razonar y a dejarse llevar por lo que su corazón les dice, estás hablando idiotez tras idiotez, queriendo decidir sobre el cuerpo de tu hija, NUESTRA HIJA, la cual te recuerdo que fue concebida porque tú me violaste, y por la cual estuve dispuesta a hacer todo para protegerla. — La mano de Santoro libero el brazo de Victoria como si estuviera tocando fuego, jamás en todos los años que llevaban juntos ella le había recriminado aquello, y eso le produjo el mayor dolor que en sus cincuenta años pudo soportar, se tambaleo hasta encontrar el escritorio de madrea de roble que le sirvió de apoyo para no caer.

— Yo…creí…no es lo mismo. – termino de hablar entre balbuceos mientras agachaba la cabeza con vergüenza por lo que hizo en el pasado, contra su esposa siempre estaría en desventaja, contra ella nunca podría hacer o decir nada.

— Lo es, aunque no lo creas, es lo mismo, no importa si la violaron o si es virgen, a Alejandra solo le importa el bebé, una vida y así como ella lo elegirá sobre nosotros, si la obligas, yo… elijo a mis hijos sobre ti o sobre el mismo mundo si es necesario, adiós, Alessandro Santoro, es una lástima que aun teniendo ojos no veas que ellos ya no son niños a los que les puedas decir que hacer y qué no.

— No puedes dejarme, no puedes abandonarme Vicky. — Antes que la rubia diera un paso Santoro ya la tenía envuelta entre sus brazos, que seguían siendo tan fornidos como hace 20 años atrás.

— Mi corazón siempre estará contigo, ese lo cautivaste el día que te presentaste. — respondió con voz temblorosa y es que esta mujer jamás dejaría de amar a su esposo.

— Querrás decir el día que te secuestre, mi pequeña gatita, perdona las estupideces que acabo de decir, yo… creo que nunca seré un buen padre, solo… no soporto ver a nuestros hijos sufrir. — explico aun agitado ante la idea de poder perder a su esposa y llevando una de las pequeñas manos a su rostro, para que de esta forma ella pudiera ver como sufría ante la idea de perderla.

— Cada uno tiene batallas por luchar, y no nos corresponde pelear por ellos, solo podemos mantenernos a su lado y asegurarles que sea lo que sea que suceda en su vida podrán contar con nosotros. A si lo hicieron mis padres conmigo y mis hermanos, entiende que es su vida, no la nuestra.

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