
La santa hija de la sombra
Chapter 3
Al fin Estefanía y Giovanni pudieron relajarse a pesar de que no les gusto saber aquel dato tan importante, como que su hermana fue concebida gracias a que su padre violo a su madre, ya tendrían tiempo después para enfrentar a su padre por su falta, por ahora dejaron a sus padres limar asperezas, sabían que mientras más fuerte fuera la discusión más tiempo seria el que se encerrarían en su alcoba o bajarían al sótano, ninguno de los tres jamás quiso saber que había en aquel lugar, sabían perfectamente que fuera lo que fuera serian ellos los que quedarían traumados si llegaban a entrar en aquella habitación.
Mientras Alessandro y Victoria se reconciliaban, Giovanni trataba de pensar cómo ayudar a su hermana, como sería su vida ahora, no habían hablado mucho, la joven solo se había encerrado en su antigua habitación, o eso creían, estaba tan inverso en sus pensamientos que se había olvidado de que había quedado en reunirse con sus revoltosos amigos.
Sin embargo, Alejandra no estaba en su habitación, ella caminaba por los viñedos, esos que la habían visto crecer y se planteaba casi lo mismo que su hermano, mientras las lágrimas caían por su rostro.
— ¿Qué voy a hacer? Dios ¿Acaso esta es tu misión para mí? ¿Seré la responsable de que el matrimonio de mis padres termine? Solo sirvo para causar problemas.
Eran demasiadas las preguntas que la joven tenía en mente, todavía debía ir al hospital para realizarse un verdadero chequeo, saber de cuánto tiempo estaba embarazada, todo en su vida se había torcido, pero de algo estaba segura, ella tendría a ese bebé y lo cuidaría, sabía que no llevaba su sangre, pero también sabia una gran verdad.
— Todos somos hijos de Dios. — dijo en voz alta una vez más, hablando con ella misma, pero ahora no estaba sola.
— Yo no, me da más ilusión pensar que soy hijo del diablo. — la voz de un hombre irrumpió en el viñedo y la hizo girar, para encontrarse con un joven alto de cabello color miel al igual que sus ojos, vestido de negro con un aire de peligro a su alrededor.
— Lucifer también es hijo de Dios, solo que se revelo contra su padre y fue desterrado. — respondió con toda seriedad mientras limpiaba sus lágrimas.
— Una loca religiosa — una risa sarcástica salió de sus labios— No creí que Giovanni tuviera amigas como tú. — el joven la mira de arriba abajo, tenía una estatura media, un rostro hermoso no podía negarlo, su cabello estaba corto demasiado para su gusto, era un corte casi varonil, llevaba un vestido largo y un saco de lana fino estaba más que claro que ocultaba su cuerpo, pero por sus delgados dedos y rostro podía saber que era delgada.
— Dime ¿porque lloras belleza? — pregunto con verdadera curiosidad, sus ojos de color negro y motas verdes llamaban su atención, eran raros, como los de Giovanni.
— ¿Eres amigo de Giovanni? — respondió con otra pregunta, hacia 4 años que solo veía a su hermano los domingos y apenas por una hora, desconocía casi al completo como era o con quien se relacionaba.
— Soy su mejor amigo Simón y ¿tu? No te ves como alguna de sus amigas. — Simón reparo que el rostro de la joven se la hacía conocido, pero no recordaba de dónde, mientras dio una vuelta a su alrededor, como quien mira una hermosa escultura y la aprecia de todos sus lados.
— Alejandra Santoro. — se presentó y el joven retrocedió dos pasos mirándola con confusión.
— ¡Que broma más patética! bien Giovanni, sal de donde estés, no te creí capas de bromear con tu hermana. — Alejandra no entendía que sucedía, mientras su acompañante miraba a los lados en búsqueda de Giovanni.
— No es una broma, soy la hermana de Giovanni. — repitió con calma, mientras pensaba que el nombre del joven era el mismo que el del primer papa, San pedro.
— Claro, ¿se supone que eres un fantasma? Porque hasta donde se Alejandra Santoro murió hace 4 años. — Alejandra sintió que las piernas le temblaban, estuvo a punto de caer de no ser por los brazos de Simón que ahora la sostenían, mientras sus ojos se llenaron de lágrimas.
— ¿Quién te dijo eso? — la voz le salió rota, trataba de reponerse, ella había elegido el camino a servir al prójimo, sabía que renunciaría a su familia, pero saber que alguien dijo que ella estaba muerta le dolió, su familia la rechazaba.
— Giovanni ¿quién más? ¿Te encuentras bien? — Simón no era una persona servicial, pero la joven entre sus brazos se sentía frágil, algo de ella lo inquietaba.
— No, pero no debes preocuparte, Dios me dará la fortaleza que necesito, ¿podrías soltarme? — el dolor de que su hermano menor dijera que ella estaba murta se vio sustituido por una pequeña incomodidad por la cercanía del joven, ella jamás se había acercado tanto a un hombre, solo a los de su familia.
— No, no te soltare, aun estas pálida y ya conozco a las idiotas como tú que creen en un Dios que jamás existió más que en las mentes de las personas débiles, no pierdas tu tiempo buscando una ayuda que jamás llegara, te llevare a la casa, no sé quién eres, pero si estas en esta finca es porque conoces a los Santoro. — Alejandra no entendía el enfado del joven, pero no pudo decir nada más, ya que la tomo en brazos y comenzó a caminar con ella como si fuera una niña pequeña, Alejandra estaba muda de los nervios, se planteaba si eso estaba bien o si se podía considerar un pecado.
— ¿Qué mierda le hiciste a mi hermanita? — Estefanía estaba a punto de salir cuando se cruzó con los jóvenes.
— ¡¿Tu hermana?!
— Si Simón, mi hermana y sácale tus asquerosas manos de encima, ¿Ale estas bien? ¿Acaso LA BESTIA te hizo algo? — preocupación pura era lo que salía de sus labios, la morena conocía a Simón, sabía muy bien quien era y lo que hacía, Simón era un perverso sádico de allí su apodo LA BESTIA.
— Solo me ayudo, estaba caminando y no me sentí muy bien. — Trato de sonar indiferente mientras el joven la coloco de pie, pero sus ojos rojos la delataban, estaba sufriendo.
— Ale, mentir es pecado y lo sabes. — Estefanía, tenía 7 años cuando Victoria Zabet llego a su vida y la adopto como hija, la crio con amor y cariño, pero esta mujer tenía más de su padre que de cualquiera a su alrededor y no tenía escrúpulos si debía manipular a las personas de su entorno para conseguir lo que quería, en este caso, la verdad del malestar de su hermana.
— Giovanni dijo que estaba muerta. — termino por responder con el rostro aún más pálido y sus ojos conteniendo las lágrimas.
— ¡GIOVANNI! — la morena pocas veces gritaba, pero cuando lo hacia todos temblaban, después de todo ella tomaría el lugar de su padre dirigiendo la mafia siciliana.
— ¿Qué hice? — dijo el mencionado apareciendo de inmediato con un sándwich en la mano.
— ¿Le dijiste al idiota que Alejandra estaba muerta? — Estefanía apunto a Simón y este lo miro enfadado, ¿Cómo era capaz de jugar con algo así? Se preguntaba a la vez que deseaba golpear a la morena por llamarlo de esa forma, pero sabía que su jefe lo mataría si hiciera eso.
— No, claro que no. — su hermano camino hasta estar al lado de Ale, quien lo veía con dolor y pena, entonces la abrazo.
— Jamás diría algo así, eres mi hermana favorita, tu no gritas como está loca. — dijo colocando un beso en la cabeza de Ale.
— ¿Como que no? me dijiste que tu hermana se fue con Dios, que era una santa. — Simón quería golpear a su amigo, si Estefanía le decía a Dante algo de todo esto, él era hombre muerto.
— ¡Porque se fue a un convento, era una novicia idiota!
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