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La reina de la mafia Novel Cover

La reina de la mafia

Seis hombres que cargan más defectos que virtudes, una mujer en busca de venganza dispuesta a todo, un giro inesperado, un secreto bien guardado, el amor y el odio se enfrentaran y ni Dios se atrevería a apostar por quien ganara. Solo una cosa es segura, ella es … La reina de Chicago. — Lo único que puede impedir una guerra en la ciudad es unir a las familias. Por lo que si no hay otra opción… niña, tú tendrás que unirte a nosotros. — Serás la afortunada señora De Luca… De los seis De Luca. — Los reyes de Chicago. — Y no te preocupes, hermosa, te cuidaremos bien. — Se están olvidando de un pequeño detalle… mi hermana es Valentina Constantini, si llegará a necesitar que alguien la cuide… serian mis padres, o nosotros sus hermanos… después de todo…somos los hijos de Emma. — ¿Qué quieres decir con eso? — Que comience la guerra.
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Chapter 8

— ¿Custodios? No los necesito, yo no necesito nada. — intento una vez más caminar, pero las manos de Ezzio en mis brazos me lo impiden, no solo eso, me arrastra a un callejón no tan oscuro, y más limpio de lo que esperaría en este lado de la cuidad, pero lo que más me asombra es que… me gusta sentir el calor de sus manos, mi cuerpo anhela ser tocado y me odio por ello.

— ¿Quién te lastimo mi reina? ¿quién rompió tu corazón?

— Ese es el problema Chicco, no se puede romper algo que no tienes y yo ya no tengo corazón.

— ¿Acaso ese tal Eliot te lo robo? — no fue el hecho de que lo nombrara, maldición, estoy más acostumbrada a escuchar el nombre de Eliot que el mío, lo que despertó mi furia fue el desprecio con el que lo dijo, para mi suerte y desgracia de su descendencia, su entrepierna estaba demasiado cerca de mi hermosa rodilla, por lo cual lo golpee sin siquiera inmutarme cuando cayó de rodillas.

— Chicco, no opines de cosas que no sabes. — salí del callejón y solo entonces me di cuenta de que el resto de los De Luca estaban allí, Rocco sonreía viendo a su primo en el suelo de rodillas, como se retorcía de dolor, Salvatore solo se dedicó a devorarme con sus ojos oscuros, como si jamás hubiera visto una mujer con minifalda, o con una blusa delgada dejando a la vista del mundo su abdomen, aunque claro, podría ser el hecho de estar sin sostén y que mis pezones se levantaban como puntas de flechas.

— Estas jodida. — Lupo al igual que el resto me veían con molestia, pero no creo que fuese por el hecho de que uno de ellos estaba aún quejándose por ser golpeado, era como si les molestara verme así… en un estado deplorable.

— No es problema de ustedes, pero…— hago una pausa mientras bebo un poco más de vodka y veo como los ojos de Leonzio se oscurecen aún más. — Digamos que es mi estado natural. — termino de decir y muestro mi sonrisa más perra que tengo, dejándoles en claro que me importa un carajo lo que piensen, doy un paso hacia la derecha, solo me falta una calle, una maldita calle y llegare.

— ¿Adónde crees que vas niña? — la mano de Lupo quiere tomar mi muñeca, como lo hizo ese día en la empresa, y como entonces me suelto de su agarre, con el mismo resultado, mi brazalete cae, como un puto recordatorio de que Eliot no cumplió su promesa. Me quedo inmóvil viendo el brazalete de oro, que en ese entonces me resulto demasiado grueso para mi muñeca, pero que ahora era de gran utilidad para cubrir eso que tanto desestabilizaba a mi familia. No me doy cuenta de que todos estaban tan inmóviles como yo, mientras yo veía el brazalete, ellos me veían a mí, aunque al ver las pequeñas gotas que caían en la acera, descubrí que era porque estaba llorando, Rocco fue quien tomo la pulsera del suelo.

— ¡Dámela! — el muy perro sonríe y la guarda en su bolsillo. — Estas muerto. — rompo la botella contra una de las paredes y cuando estoy a punto de saltar sobre Rocco, Ezzio me toma desde atrás.

— Tranquila Tina. — cierro mis ojos, porque necesito, deseo, escuchar su voz, tan igual, tan parecida a …

— Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él.

— No Tina, no dejare…

— ¡Que me de mi maldito brazalete! — soy consciente que la maldita blusa se levantó y que la parte baja de mis senos son visibles para todos los De Luca, pero me importa una mierda.

— Rocco, dáselo. — Ezzio demanda con enfado, y eso en parte me conmueve, ¿Cuándo fue la última vez que permite a alguien ayudarme? No lo recuerdo.

— ¿Y si no quiero? — el rubio sonríe, estoy a nada de perder la poco cordura que me queda, toda ella depende de ese brazalete, es entonces cuando lo escucho, el motor del Ferrari de Donato.

— Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio me suelta poco a poco, mientras Lupo lo ve incrédulo y Leonzio con molestia.

— No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando el Ferrari de Don derrapa por el asfalto, casi atropellando a los De Luca, lo peor es que no viene solo, Lion también esta con él, y cuando descienden del Ferrari, observo a las camionetas llegar, maldición mis padres.

— Tina ven. — Don tiene la mandíbula apretada, puedo jurar que romperá sus dientes.

— Dámela. — le repito a Rocco ignorando la mirada irritada de Lion.

— ¡Tina ven! — Don camina en mi dirección, pero antes que llegue, Rocco abre su boca.

— Eliot y Tina por siempre, que cursi. — veo como Don saca su arma y apunta la cabeza de Rocco.

— No. — de un salto me coloco frete al rubio que poco debe valorar su vida, obligando a Don a mover su arma, aunque es tarde, la bala roza mi mejilla, aun así, me quedo de pie, sintiendo el ardor y la sangre gotear, sintiéndome viva.

— ¡Valentina! — creí que eran mis hermanos los que gritaron, pero eran más voces, muchas más.

— Dame mi brazalete. — no vi a nadie en especial, pero podía sentir sus ojos sobre mí, solo gire a ver a Rocco, estaba pálido y su risa burlona ya no estaba, extendió la mano y tome mi brazalete, entonces tomo mi mano, fueron solo dos segundo, pero la vio y sus ojos ardieron una vez más con molestia y algo más.

— Hija. — la voz de mis padres hablando al unisonó atrás mío, me hizo cerrar los ojos y tomar una bocanada de aire, mientras mi mano se aferraba al brazalete, para cuando volví a abrir mis ojos ya tenía mis emociones bajo control, la máscara estaba en su sitio.

— Estoy bien, regresare sola… — a pesar de que mi rostro estaba inexpresivo aun veía los ojos de Rocco, estaba frente a él, a menos de veinte centímetros de distancia, su colonia llenaba mis pulmones, y sus ojos… grises, hipnotizantes…

— Tina debes curar la herida. — podía ver de reojo como los De Luca veían incrédulos a mis familiares, estoy segura de que no comprendían por qué no se acercaban, porque aún me mantenía en medio de ellos y no en los brazos de mis padres o hermanos.

— Solo falta una calle. — fue mi repuesta final y ahora si me moví, como si Rocco no estuviera allí, caminé e incluso lo empuje ya que el rubio parecía que había echado raíces en el suelo.

Rocco.

Una semana había pasado desde que vimos a nuestra reina, Ezzio tenía razón, ella es perfecta, aunque lo que dijo Salvatore nos tiene un poco preocupados, ella aun carga esa pulsera con la inscripción Eliot y Tina por siempre, no nos gusta, claro que no, ella debe ser nuestra, si ese idiota la abandono no la merece, mucho menos que ella lo espere.

— Y me lleva el mismo diablo. — la voz molesta de Lupo me hace verlo, pero él solo está viendo a la acera de en frente, es entonces cuando veo a nuestra reina y mierda, mi pene se levanta como muerto resucitado por obra y gracia de Dios.

— Es caliente. — digo al tiempo que una sonrisa se expande por mi rostro y mi hermano mayor golpea mi cabeza.

— Presta atención idiota, si nosotros la vemos, todos la pueden ver. — Leonzio tiene razón, aunque hemos despejado esta calle y ordenamos limpiarla, solo es suerte que no le quisieron hacer nada, menos mal que a Ezzio se le ocurrió la idea de darle un poco de glamur a este vecindario, de esa forma podemos atraer a personas de mejor condición económica, pero definitivamente no estaba en nuestros planes que nuestra reina viniera por aquí, menos dejando tanta piel a la vista.

— Ezzio. — la voz cargada de advertencia de Ángelo me molesta, se supone que debemos enamorarla, Ezzio al menos la a besado. — Haz que se largue de aquí, puede ser una trampa. — Ezzio lo ve raro, pero asiente.

Observo al suertudo de mi primo, aunque se nota que esta furioso, está más cerca de ella que nosotros, pero cuando la lleva hacia el callejón no soy el único en molestarse, cruzamos justo para ver como Tina le rompe los huevos a Ezzio, rio con ganas y ella nos ve como si fuéramos nada, caliente muy caliente, tanto que mi pantalón molesta.

— ¿Adónde crees que vas niña? — Lupo quiere detenerla y es cuando el bendito brazalete cae, y ella solo se queda clavada al piso, viéndolo, como si nada más existiera, como si toda su vida girara en torno a ese maldito brazalete y solo cuando veo sus lágrimas es que lo tomo, esta maldita cosa la lastima, no debe tenerlo.

— ¡Dámela! — la veo de forma retadora al tiempo que guardo el brazalete en mi bolsillo delantero. — Estas muerto. — sus ojos se oscurecen, su rostro se contrae con odio, y está a punto de intentar atacarme cuando Ezzio la toma desde atrás, levantando sin querer un poco su blusa… bendito Jesús, mi boca se hace agua, y mi lengua pica con la necesidad de probar tan gloriosos pechos.

— Tranquila Tina. — nuestra reina definitivamente reacciona a la voz de Ezzio, eso es bueno… creo.

— Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él. — maldición, ¿acaso está generando favoritismo por mi primo? no me gusta, no me gusta nada.

— No Tina, no dejare…

— ¡Que me de mi maldito brazalete! — aun con mi mano en el bolsillo aprovecho a apretar la maldita joya, me gustaría destrozarla con mis propias manos.

— Rocco, dáselo.

— ¿Y si no quiero? — le sonrió, pero solo para ocultar el malestar que me genera que se preocupe solo por Ezzio.

— Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio la obedece, claro que sí, está sumando puntos a su favor, pero esta me las pagas maldito perro.

— No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando una Ferrari negra… ¿en verdad niño?, las ferraris deben ser rojas, todos lo sabemos, en fin, nuestro futuro cuñado casi nos atropella.

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