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La Dulce princesa

In a world of power and shadows, a young woman known as the sweet princess finds her life irrevocably changed. Entangled with a dangerous mafia organization, she must navigate a treacherous landscape of loyalty and betrayal. As she encounters a formidable man from the underworld, a complicated romance blossoms amidst the violence. Her innocence is tested as she balances her feelings with the harsh reality of her new, high-stakes life.
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Chapter 7

Dulce permaneció inmóvil a la orilla de la cama, mientras Pedro insultaba al aire, estaba molesto, mucho más que eso, el latino no lograba comprender la razón por la que Horus estaba viendo de esa forma a su amiga, no lo aceptaba, claro que no, continuo con su monologo, mientras se quitaba el saco, luego la camisa, y las manos de Dulce hormigonaban, no pudo evitar que un suspiro saliera de sus labios al ver que se quitaba el pantalón y ese trasero que tanto le gustaba quedaba cubierto y apretado por el bóxer, lamio sus labios de forma inconsciente, dicen que los niños adquieren ciertos comportamientos de quienes los rodean y Dulce había crecido con seis hombres que en más de una ocasión se comportaban como animales, esos pequeños gestos la delataban, Dulce parecía una leona hambrienta, una que quería devorar a Pedro.

— ¿Puedes responder? — indago el hombre, por lo que se vio obligada a sacudir su cabeza, quizás quitando algún pensamiento pecaminoso y se obligó a ver los ojos color caramelos de su mejor amigo.

— ¿El que? — Pedro paso sus manos por la cabeza y acto seguido se lanzó a la cama, ahogando un grito de frustración contra la almohada.

— Iré por tu pijama. — informo la joven, que solo podía pedirle a Dios, hacerla desistir de lo que su mente le gritaba.

— ¿Por qué estabas con Horus? No lo quiero cerca de ti. — no se veía incomodo ante la mirada de Dulce, o quizás ya se había acostumbrado a que lo viera de esa forma, en especial cuando estaba en traje de baño, que, a decir verdad, eran mucho más pequeño que el bóxer que llevaba en ese momento.

— ¿Me lo prohíbes como un falso novio o como mi mejor amigo? — rebatió al tiempo que le entregaba el pijama.

— Como ambos, Horus es una mierda, Dios Dulce, todo lo que has sufrido es por él. — estaba tan molesto que sin querer y gracias a los movimientos que estaba haciendo con sus manos, la camiseta del pijama cayo hacia atrás, por lo que quiso tomarla, se recostó y giro un poco su torso, grave error, nunca bajes la guardia cuando en frente tienes a un depredador, sin importar que sea tu amigo y lo conozcas desde pequeño, había aprendido esa lección, cuando tenía 12 años y Tina, su cachorro de tigre, que ya no era un cachorro, la quiso atacar, no fue su culpa, un dolor de dientes enloquecería a cualquiera, más a un tigre, para tranquilidad de sus padres, Pedro estaba atento, para desgracia de Tina, tenía su arma cargada y buena puntería.

— ¿Qué haces? — pregunto sorprendido al sentir a la joven colocarse a horcadas sobre su pelvis.

— Estoy aburrida y tu estas enojado. — rebatió con una sonrisa que a Pedro lo inquieto.

— Puedes hacer muchas cosas para divertirte, y mi enoja se acaba de ir. — le tembló la voz, a él, el demonio de Chicago, y todo porque la traviesa princesa movió sus caderas, provocando una deliciosa fricción en ambos. — No. — dijo al reponerse y sujeto con firmeza las caderas de Dulce.

— ¿No? — pregunto aparentando inocencia, como si fuera una niña que no es consciente de lo que hace, pero a la vez se retorció en su lugar, sintiendo como le pene de Pedro comenzaba a despertar.

— Detente. — Dulce no podía creer que la voz de Pedro sonara más ronca aun, se podría decir que realmente era la voz de un demonio.

— ¿Por qué? — indago llevando sus suaves manos al pecho desnudo de su amigo, provocando que los ojos de este se oscurecieran.

— Te dije que no. — insistió el moreno ahora tomando las manos de la joven, porque no podía creer que esas caricias lo estuvieran calentado de esa forma.

— Pero yo quiero jugar. — caprichosa, como una niña, con un cuerpo de infarto que se mecía de un lado al otro, ocasionando que la humedad de la princesa llegara a sus bragas, y que el pene de Pedro la sintiera como lava volcánica.

— Dulce… — advirtió apretando los dientes, pero la joven vio como su resistencia caía, como si fuera una castillo de naipes y fue allí donde ella jugo su última carta.

— Mi demonio. — susurro antes de tomar sus labios, gruesos, cálidos, con gusto a tabaco, con una lengua que se mantuvo estática por unos segundos, hasta que reacciono y no fue lo único, Pedro giro sobre sí mismo, aprisionándola debajo de él, llevando el beso a su ritmo, uno caliente como él mismo, mientras su cadera simulaba dar estocadas, provocando una hermosa sensación en la joven.

Lo había conseguido, tal cual sus padres le habían enseñado, un rey conquista, una reina corona, un De Luca no retrocede, y ella no lo hizo, y ahora frente a ella o, mejor dicho, sobre ella, estaba su victoria, Pedro acariciaba su cuerpo a la vez que se deshacía no solo del vestido, también de la ropa interior de ambos, se podría decir que el latino estaba en medio de un frenesí, que le estaba haciendo perder la cordura y le encantaba claro que sí.

— Pedro.

Susurro recibiendo un ruido gutural de parte del hombre, que estaba devorando sus pechos, su boca chupaba de tal forma el pezón rosado de Dulce que la estaba haciendo temblar, mientras una de sus manos se encargaba de acariciar su vagina, subía y bajaba, repartirá roces y presión en los puntos precisos, cuando Dulce comenzó a elevar su cadera y jalar su cabello no se alejó, simplemente fue a su otro pecho, dándole la misma atención que al primero, y aventurando dos dedos empapados en los jugos de la joven en su interior, lo que provocó que gimiera, con fuerza y ganas. Dulce se sentía en el cielo, el mismo paraíso y solo se lo debía a su mejor amigo, uno que acababa de conquistar.

— Dios.

Ronroneo Pedro al colocarse sobre ella, casi la cubrió al completo y aunque ella moría por ver sus ojos, se conformó con verlo tan entregado, su cara reflejaba placer, sus ojos cerrados le concedían un aire tan erótico, como si lo que sentía en ese momento no lo pudiera explicar y lo obligara a cerras su bellos ojos, incluso su voz, que solo ella y sus padres eran los privilegiados de escuchar, ahora no estaba, solo pequeños sonidos de placer y ella se perdía en cada sensación, sin saber muy bien que hacer, era su primera vez y no quería arruinarla, no sabía si decirle que desde hacía un tiempo se había enamorado de él, o simplemente quedar en silencio como Pedro estaba y dejar salir esos pequeños suspiros que estaba liberando aun sin ser consiente.

— Pedro.

Susurro un poco más fuerte al sentir como se deslizaba al fin en ella, no le dolió, no como creyó que seria, o quizás solo era lo excitada que estaba, o por el hecho de estar con quien amaba, porque para ella ya no había duda, lo amaba, era su mejor amigo, su dragón protector, su demonio personal, era todo y ella quería ser todo para él.

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