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Kalila Eclipse de luna Novel Cover

Kalila Eclipse de luna

— Era mía por ley, yo la vi primero, por ella adopte mi forma humana y solo por ella ardo en mil formas diferentes. No pertenece a los hijos de la luna. Ella es la elegida, la única que puede controlar a este Fénix, el primogénito del dios sol, el más antiguo, mi nombre es Nuriel, fuego de dios y ella es mi destino. — Me debo a los bosques vírgenes, a las cumbres nevadas, al momento efímero. Soy uno de los tantos descendientes del dios sol, dador de vida, hijo de un elfo y un hada. Mi deber es cuidar al más débil, a quien no puede defenderse. ¿Quién diría que escucharía su voz y mi existencia dejaría de tener sentido? Me he convertido en su esclavo por solo escuchar el latir de su corazón. Ella es mía, soy Ikigaí, el camino que realizas para conocerte y yo le mostrare que quedarse conmigo es su mejor opción. — Somos hijos de la luna, se nos ordenó cuidarla como castigo y así lo hicimos, porque ya no teníamos nada en nuestra existencia a lo que aferrarnos. Somos rechazados y aun así no deseamos morir, queremos amar y ser amados, por lo que aceptamos el pedido de la luna cambiante Aysel, con la promesa de que nos daría una nueva compañera, si conseguíamos su perdón, no estaba en nuestros planes enamorarnos, pero tampoco lo quisimos evitar. Somos hijos de la luna y la hemos reclamado como nuestra, le guste a quien le guste. — Estoy segura de que cuando mi madre escogió mi nombre no pensó que tan bien me quedaría, soy Kalila, que significa la más querida, eso estaría bien, si no fuera porque me encuentro en medio de cinco seres sobre naturales, uno más peligroso que el otro, dos son hijos del dios sol, tres son hijos de la diosa luna y en medio yo, una simple humana con alma de cazadora. Soy Kalila y esta es mi historia.
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Chapter 6

Kalila la nombro su madre, la más querida, ese fue el nombre que la luna única Chloe escogió para su primogénita, un nombre que para toda la familia era ideal para la niña, pero que con el tiempo perdería sentido para su portadora.

Kalila salió de su casa, como cada día, con una sonrisa, aunque sus padres estaban preocupados, hacia dos días que la joven había cumplido 18 años y no quiso festejarlo, siempre viajaban a las tierras de la luna cambiante Aysel, donde Kalila se divertía con la familia de sus tres padres, pero ese año no tenía ganas de hacerlo, pero la felicidad que no sintió para su cumpleaños, la sentía ahora, lo que casi no la dejo dormir en toda la noche, era el hecho de que era su último día de instituto, el último día de su infierno personal, al fin se iría de vacaciones a las tierras de la luna cambiante, Aysel, y luego a la universidad, en otro pueblo, uno donde no sabían de la existencia de los seres sobre naturales, Kalila al fin estaría solo con humanos, le dolería no ver a su madre y sus tres padres, claro que sí, pero a cambio, ganaba paz mental, al fin no vería más a esos tres despreciables seres que hacían su vida un infierno, y ¿Quiénes eran esos seres? Declan, Tahiel y Ukara, su pesadilla personal venia de mano de esos tres seres que la odiaron desde siempre.

— Buenos días. — dijo con una sonrisa, recibiendo un beso en la mejilla de su padre Vito, que lucía tan joven como ella.

— Hola mi pequeña habichuela.

— Gracias papá, pero ya te he dicho que no me digas así, no soy una niña, ya soy toda una mujer. — respondió elevando el mentón con la intención de que Vito, se diera por enterado que ella ya no era una niña, pero el gruñido del Alpha la silencio de inmediato.

— Tu eres una niña, nuestra niña, deja de decir que ya eres una mujer o el idiota de Nuriel aparecerá. — Nuriel, la sola mención de su nombre la ponía a soñar despierta, lo había visto solo dos años atrás, y había terminado con sus bragas mojadas, un regaño de su madre y con sus padres dándose golpes con el primogénito del dios sol, Nuriel, fuego de dios, un fénix, el único fénix que existía era su destino, su pareja destinada, por toda la eternidad y no podía estar más feliz, esperaba con ansias cumplir 21 años para que el Fénix la reclamara.

— Estás pensando en él ¿verdad? — los ojos blancos de su padre Dante cortaron cualquier tipo de pensamiento pecaminoso que la joven pudiera tener.

— No, claro que no. — trato de mentir como siempre hacia cuando le preguntaban cómo fue su día en el instituto y ella respondía que, de maravilla, una horrenda mentira.

— Hija si sabes que cuando piensas en Nuriel hueles a pimienta ¿verdad? — las mejillas de la pelinegra se tiñeron de rojo y solo le quedo hacer un puchero con sus labios.

— No lo puedo evitar mamá. — terminó confesando con vergüenza, Chloe suspiro con tristeza, el inmortal era enemigo de los hijos de la luna, y sus tres compañeros eran descendientes de ella, sabía que su hija un día se uniría a él, y aunque Nuriel prometió poner lo mejor de él para llevarse bien, nada volvería a ser lo mismo, la luna y el sol jamás estarían de acuerdo.

— Trata de no hacerlo pequeña, recuerda que a los jóvenes les cuesta contenerse, no quisiera tener que matar a nadie del pueblo por lastimarte, aunque sea sin querer.

Las palabras de Vito tenían una razón, el pueblo estaba conformado por lobos, vampiros, brujos y humanos que tenían a sus parejas aquí, aunque Chloe seguía siendo la única que tenía tres compañeros, ella fue la elegida por la diosa Luna para tal dicha, y que dicha, Kek era lobo, Dante Brujo y Vito vampiro, pero ninguno era el padre biológico de Kalila, su padre verdadero era un cazador, uno que no se daría por vencido en recuperarla, y por eso habían sido atacados en más de una oportunidad, hasta que ella cumplió 5 años, cuando los ataques cesaron, el pueblo entero lo sabía, no le guardaban rencor a la joven, pero su aroma a pimienta era un constante recordatorio que ella era una cazadora, por más que la joven casi nunca uso su poder, ya que lo tenía prohibido, aun así cuando el olor a pimienta se hacía presente, nada bueno sucedía, en especial con los lobos, que eran los que más les costaba controlarse, tanto así que incluso olvidaban que ella era como una verdadera hija para los lideres del pueblo, y esa era la razón por la que Kalila no decía nada, cada ataque, cada golpe que sus compañeros e incluso amigos le daban por su aroma ella lo ocultaba, pues sabía que no era apropósito y que si sus padres se enteraban no dudarían en matar al responsable, pero había otros, muchos más que si la molestaban adrede, en especial tres jóvenes.

Declan, un Vampiro de 20 años que había abandonado el instituto unos años atrás, se podría decir que el joven nunca fue de acatar ordenes o normas, pero que ahora había retomado las clases solo para estar cerca de su vida, como se conoce a las compañeras de los vampiros, Katherine también era vampiro, aunque no pura como Declan, ya que los padres de la joven eran un Vampiro y una loba, sin embargo se aceptaban, pero como lo dicta la ley de la diosa luna, nadie puede ser reclamado hasta los 21 años, por lo que Declan debía esperar dos meses, hasta que cumpliera los 21, para reclamar a su compañera, mientras, pasaba sus días haciendo la vida de Kalila un infierno, la joven siempre creyó que esto se debía a que cuando eran solo unos niños, Kalila pudo vencer a Declan en una pelea, algo que el vampiro aun no superaba, y es que él es un vampiro de sangre pura, además que mayor por tres años, pero lo que nadie sabe es que el poder de Kalila como cazadora, no es su buena memoria como todos creen, sino que puede ver el punto débil de sus oponentes, aun así, sus padres le prohibieron pelear, desde que tenía 5 años, cuando venció a Declan y lo envió al hospital.

Con Tahiel, las cosas no eran mejores, el lobo de 19 años, había descubierto que su mate era Maia, una vampiro de mil años amiga de Vito que en contadas ocasiones visitaba el pueblo donde ellos habitaban ya que se había hecho buena amiga de Kalila, cuando el joven la vio su instinto lo obligo a reclamarla, pero la vampiro estaba preñada, y es que después de mil años creyó que la diosa se había olvidado de ella, cuando Tahiel le pidió deshacerse del bebé, ya que los lobos son territoriales, la vampiro lo rechazo, rompiendo así el lazo y yéndose una vez más del pueblo, para Tahiel la culpa la tenía Kalila, estaba seguro que ella había envenenado la mente de su mate, lo que Tahiel no comprendía era que la decisión de Maia fue tomada por ella misma, y si Kalila había tenido algo que ver, era el hecho de que el gran Alpha Kek había aceptado a Chloe aun estando embarazada de Kalila y sin siquiera molestarse porque era hija de un cazador, la tomo como propia y la cuidaba como una cachorra más, Maia no podía comprender porque su mate y vida, no podía querer a su hijo, fue por eso que lo rechazo, pero para este lobo, era más fácil culpar a la cazadora, que ver sus propios errores.

Y por último estaba Ukara, el brujo que solo la molestaba para estar a la par de sus amigos Declan y Tahiel, y aunque su media alma, forma en la que se conoce a las compañeras de los brujos, le había advertido que no molestara a Kalila, el joven de 18 años no quería ser menos con sus amigos, Jana, la joven que también era humana y quien era la pareja de Ukara, siempre se mostraba amigable con Kalila, algo que la pelinegra agradecía, pero eso no menguaba la pena que estaba comenzando a sentir Kalila en su corazón, hasta el día de hoy, al fin se libraría de ellos, ya no los vería más, o eso pensaba.

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