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Hasta que la muerte nos separe Novel Cover

Hasta que la muerte nos separe

Forced into a cold marriage of convenience to save her family from financial ruin, Elena finds herself bound to the ruthless billionaire Adrian Thorne. In a world of high-stakes business and hidden agendas, their union is a mere transaction. However, as secrets unravel and shadows from the past emerge, the line between duty and desire blurs. Can love truly blossom in a house built on lies, or will their vows become a gilded cage for them both?
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Chapter 3

Las jóvenes partieron con un plan establecido, irían a la fiesta y si Doris veía a alguno de los primos de Kimberly, tomaría el automóvil iría a buscar a Kim y ella volvería a su casa con la excusa de que llevo a Doris a la mansión de los Simons, nada podía salir mal, ¿verdad?

Kimberly se dedicó a tomar y bailar con su amiga, la fama de inalcanzable mantenía a los muchachos alejados de ella, eso le molestaba, ella no estaba enamorada de nadie, ni tenía atracción por ninguno de los que estaban en esa fiesta, pero, aun así, con el pasar de las horas, el alcohol comenzó a afectarla, su enfado iba subiendo a medida que todos la miraban y murmuraban.

— Iré al tocador Maia.

— Bien amiga, te acompaño.

— No, por favor, no es como que me van a secuestrar ni nada, no te contagies de la sobreprotección de mi familia. — Kim se arrepentiría de esas palabras, pero ya no habría nada que pudiera hacer.

— Tienes razón, perdón Kim.

La castaña se miraba al espejo y veía doble, el baño del salón estaba ocupado, por lo que se aventuró a buscar otro y lo encontró en la planta alta, donde el ventanal del final del pasillo que daba a un balcón estaba abierto y el aire que entraba por él le ocasiono que el alcohol la mareara, todo le daba vueltas y le costaba mantenerse en pie.

Al salir del baño se encontró con Jared, algo que no la sorprendió, ya que era su hogar.

— Pero mira que linda paloma vino a visitarme. — la sonrisa del muchacho parecía amistosa, pero guardaba otras intenciones.

— Hola Jared, linda fiesta. — respondió lo más amable que pudo y trato de seguir el camino que la llevaría con su amiga, pero ya no pudo.

— Hey espera, ¿por qué el apuró? — El joven la tomó de la mano y cuando la jalo, simplemente la besó, Kim se sorprendió, pero le gustó, ese beso no era como los pocos que había recibido, era un beso osado, nada cuidado ni temeroso, era un beso rudo, como Jared.

Pero se empezó a sentir incómoda cuando las manos del joven comenzaron a tocarla y aplastarla más y más contra él.

— Para, detente Jared.

— Vamos palomita, no te haré nada que no quieras.

En un movimiento, astuto de su parte como su estuvieran bailando él dio un giro y abrió una puerta, de un momento al otro estaba en una habitación y Kimberly no sabía qué hacer, en otras circunstancias su hermano o primos hace rato le hubieran sacado a ese hombre de encima, pero ahora estaba sola, sola y asustada.

— Déjame, ¡¿qué haces?!

— Kim, me gusta tú olor, eres exquisita. — Le dijo mientras la aplastaba con su cuerpo y lamia su cuello, lejos de excitarla la asusto más.

— Basta, no quiero, déjame.

Pero Jared no estaba dispuesto a dejarla, y en el momento que le tapó la boca con la mano ella se desesperó, jamás había estado en una situación así, la tiro sobre la cama y sintió cuando él arrancó su ropa interior, quiso gritar mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, sin embargo esto a él le encantaba, sabía muy bien quien era Kimberly Bach, o como le decían, la intocable, todos trataban de llegar a ella, pero siempre se encontraban con los ocho obstáculos que eran sus primos y hermanos, pero hoy... estaba sola.

Se deleitó penetrándola lentamente, mientras ella se retorcía tratando de salir de debajo de él, y luego comenzó a moverse, le liberó la boca para presionar los hombros de la muchacha y así poder moverse más rápido, y ella aprovechó para morderlo y rasguñarlo, a estas alturas no gritaba, solo lloraba, Jared era hábil y la sometió de inmediato, con una mano atrapó sus brazos y con la otra volvió a cubrir su boca, hasta que descargó su frenética lujuria dentro de ella.

— ¡Kimberly! Demonios ¿dónde estabas...? ¡¿Que rayos te pasó?! — su amiga se asustó de verla tan pálida.

— Nada, nada, solo vomite, vámonos. — no estaba dispuesta a decir nada de lo que le había sucedido, sentía que era su culpa.

— Claro, Doris nos está esperando afuera hace 15 minutos.

Las chicas subieron al auto, Kimberly tomo el lugar del conductor, aún estaba aturdida, comenzó a conducir lo mejor que podía, con lo que le había sucedido el alcohol que había ingerido se había esfumado, entonces en un momento vio el auto de su primo Dylan, y en un par de calles el de sus primos Thomas y Conall se le sumaron, fue cuando entró en un estado de pánico y furia, se sentía perseguida y vigilada, pero sin embargo no llegaron cuando los necesitaba, aunque ella misma había ocasionado esa situación, Kim se culpaba y los culpaba por los sucedido, su mente no trabajaba bien y de pronto otro auto se cruzó en frente al de ella casi en la entrada de la mansión, era el auto de Sam, freno de golpe y recién ahí se dio cuenta de los gritos de Maia y Doris

— ¡Dios Kimberly! ¡¿nos querías matar?!

— Estás loca niña, quiero seguir viviendo un poco más. — no se había dado cuenta que había conducido a más de 150 kilómetros por hora. Pero antes de decir nada tenía a Sam golpeando el capó de su auto, estaba tan furioso que la vena del cuello se le marcaba.

—¡Baja ahora mismo! ¡¿Que mierda te pasa?! ¡¿Cómo eres tan irresponsable?! — Y unos segundos después sus primos aparecieron, ella vio tres automóviles siguiéndola, pero estaban todos, los ocho gritándole, diciéndole que no era más que una niña irresponsable.

— ¡Eres una irresponsable!

— ¡Si algo te hubiera pasado tu serías la responsable del dolor que caería sobre esta familia!

— ¡¿Qué demonios piensas que haces Kimberly?!

— ¿Cómo puedes defraudar al abuelo?

— Sabía que no debías salir sola, no eres más que una niñata caprichosa.

Los gritos la estaban aturdiendo, y sus amigas bajaron a hablar con los furiosos hombres.

Kimberly seguía escuchando esas palabras una y otra vez mientras sus amigas discutían con sus primos, dio marcha atrás y chocó con el auto de Dylan, y todos corrieron hacia ella, aprovecho que el camino frontal quedó libre y acelero, llevándose puesto el vehículo de su hermano, de esa forma entró en la mansión, con su auto destrozado y diez personas corriendo y gritando detrás de ella.

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