
Hasta que la muerte nos separe
Chapter 4
Dos semanas pasaron desde esa noche, y su familia no sabía qué hacer.
— Kimberly, hace dos semanas que estas encerrada en esta habitación, no puedes castigarnos así.
— ¿No puedo abuelo? Ellos son los culpables de todo, siempre encima de mí siguiéndome, cada pasó que doy.
La joven no sabía cómo manejar el enojo que sentía, si no la hubieran acostumbrado a ser tan dependiente de ellos, quizás hubiera sabido que hacer cuando Jared la tomó por la fuerza, pero en su lugar, solo observo esa puerta creyendo que alguno de sus primos o su hermano entrarían a ayudarla, también estaba enojada con ella misma, ya que si no hubiera mentido nada de esto pasaría, y por último estaba enfadada con su amiga, por la ocurrencia de ir a esa maldita fiesta.
— Sé que estuvimos mal en lo que hicimos, pero... no queremos que nada malo te pase. No podríamos vivir si algo malo te ocurre.
Kim abrazó a su abuelo como cuando era una niña y las pesadillas la atormentaban. Sus tíos se habían mudado a la mansión desde la noche del incidente, y es que jamás había tenido una rabieta como esa, ella parecía otra persona, la niña dulce juguetona y alegre, ya no estaba, en su lugar una joven mal humorada e incluso violenta había aparecido, los Bach estaban en crisis, su joya se opacaba día a día y ya no sabían que hacer para que brillara como siempre.
Esa noche Kim entró a la mansión, subió corriendo las escaleras y se encerró en su habitación, no le importó quien fuera el que golpeara ella los echaba.
Al segundo día luego de las amenazas de Sam, abrió la puerta solo para decirle que lo odiaba a él y a sus primos.
— ¡No quiero verlos! ¡Lárgate de aquí!
— Pero ¿qué te sucede, chocas el auto y.…?
— No quiero tu maldito auto con GPS, ya no soy una niña, me iré y ¡no volverán a saber de mí NUNCA! — No solo Sam se congeló, sus primos quedaron sin saber qué hacer ante esa amenaza, por lo que sus tíos fueron a la casa, pero por más que le hablaban con miel en su voz, ella seguía enfadada.
— Esto no tiene sentido, no es la primera vez que le seguimos el paso.
— ¿A qué te refieres Bastián?
— Que paso algo más, que el hecho que lleguemos al club. Escucha Sam, Vimos a Doris en el lugar y luego se fue con Kim supuestamente a buscar a Maia, pero nosotros no vimos a ninguna de las dos en el club.
— Ellas estaban en la mansión… ¿de los Simons?
—Derek le contaste a Maia del GPS, por lo que pudieron orquestar todo para que no estropeemos...
— ¿Qué cosa?
— ¿Una cita? Ella dijo que se iría, que desaparecería.
— ¡Alguien la está engatusando!
—Bien, tendremos que averiguarlo. — Los hombres estaban dispuestos a descubrir quién llenaba la cabeza de su pequeña perla con ideas locas, quien era tan osado para desafiarlos, a ellos, los Bach.
Liam, se despidió de dormir, no solo esa noche, sino que las que le siguieron también, la cara pálida de esa joven llorando y él solo dejándola salir sin ofrecer ayuda alguna lo hacía sentir cada día peor, además de las peleas constante que tenía con su hermano, la recuperación lenta de su padre y el tratar de hablar con su hermana.
— Riny, ¿cuánto más piensas seguir así?
— No lo entiendes, ¿alguna vez te enamoraste?
— Riny, el amor no existe, eso solo es una ilusión, lo que existe es la afinidad de estar con otra persona, la... compatibilidad, ¿entiendes?
— No, él que no entiende eres tú, yo... lo amaba, sí que lo amaba, Zack era todo para mí, y Lilian... era mi amiga desde que éramos niñas, Dios hasta la intocable lo sabía y no le creí.
— ¿La intocable?
— Kimberly Bach, nadie se le acerca, solo tres muchachos tuvieron la valentía de querer algo con ella y sus primos casi los matan del susto, ahora que lo pienso, siempre me burle de ella, pero en realidad tiene suerte, si nadie se te acerca no te pueden lastimar.
— ¿De cuál de todos los Bach es hermana?
— De Sam. — La cabeza de Liam trabajaba a más no poder. Estaba a punto de explotar.
¿Será ella? Es compañera de Riny, tiene sentido todo lo que dijo Jared.
El hombre se dio por vencido con su hermana, hacia seis meses que no salía de su cuarto, y no pudo evitar pensar si ella estaba así por un hombre, como estará esa joven con lo que su hermano le hizo.
Creo que Jared tiene razón, ella no ha dicho nada, después de dos semanas la policía no ha venido. O Sam, ¡mierda! SAM.
Liam estuvo 10 años en Europa, pero cuando su hermana menciono a los Bach los recordó de inmediato, él y Sam nunca se llevaron bien, a ambos les gustaba una chica del colegio, y más de una vez trataron de arreglar sus diferencias a los golpes.
También pensó en los documentos que revisó en la empresa, su padre tenía diferentes negocios con cada uno de los tíos de Sam. Debía saber si estaba en lo cierto.
Con eso en mente, fue a la mansión de Marcus Bach., sin saber muy bien a lo que se enfrentaría.
— Kimberly.
— Vete tía, no quiero hablar con nadie, solo el abuelo puede entrar.
— Lo sé cariño y lo respeto... pero debes saber que yo no estaba de acuerdo con que pusieran un GPS en tú auto.
— ¡Vete! — definitivamente ella no quería saber nada ni con sus tías.
—... Mira, solo quería avisarte que Liam Simons pregunta por ti.
Kimberly quedó aturdida por unos segundos. Simons, el apellido la altero de sobre manera, y luego recordó el nombre o mejor dicho saco conclusiones de quien se podía tratar.
¿Liam? Que mierda quiere, acaso le dirá lo que pasó, no, no.
— Dile que pase.
— ¡¿Que?! no vas a recibir a un hombre en tu cuarto, ¡¿quieres que Edmond me mate?!
— Tía Denise, ¡él no te hará nada porque es lo que yo estoy pidiendo!
— Está bien, pero tú te harás responsable de aplacar la ira de tu tío.
Kim reparó que estaba en pijama, como era su costumbre desde hacía dos semanas y no le importó, no iba a cambiarse porque el hermano de ese idiota estuviera por entrar en su cuarto, su santuario, el único lugar donde ella hacia lo que quería.
— Entra, entra, ella no nos quiere ver, pero acepto verte a ti. — Dennis se apresuró a empujar al joven alto y musculoso a dentro de la habitación.
— Bien gracias.
El hombre a pesar de ser muy alto y bastante musculoso se movía de una forma insegura, y es que así era Liam, un gigante bueno, compasivo, que no creía en el amor, pero no iba por la vida molestando a nadie, tenía sus propias metas y cosas más importantes como para perder el tiempo en cosas que según él solo retrasaría el cumplir sus metas.
— Hola, Kimberly. — le vasto solo con ver la cara cenicienta de la joven para saber que era ella.
— ¿Qué quieres?
— Creo que sabes a que vine.
— No, no lo sé, pero te doy un consejo, aléjate de la puerta te puedo asegurar ¡que alguien está escuchando! — Y mientras lo decía, se levantó de su cama y abrió la puerta, donde su tía Denise estaba con la oreja pegada.
— ¡Kim! Yo puedo explicarte. — la joven tía de Kim estaba completamente roja al verse descubierta.
— ¡No sabes cuánto los odio! — Y acto seguido azoto la puerta en la cara de la mujer, que la miraba con lágrimas en los ojos.
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