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El secreto de Emma

Emma’s life is a carefully constructed façade, hiding a past that could destroy her present stability. When a mysterious figure from her youth resurfaces, the secrets she fought to bury begin to unravel. Caught between a blossoming romance and the fear of exposure, she must navigate a web of lies and old wounds. As the truth inches closer to the light, Emma faces a choice: continue running or finally confront the shadows of her history.
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Chapter 4

— Bien te lo diré, el brillante Noha, cree que te irás de casa cuando empieces a trabajar. — definitivamente hoy matare a John.

— No es eso, es que no debes trabajar solo concéntrate en tus estudios, y él solo lo hace ver cómo...

— Acepte el trabajo. — no, debí de escuchar mal.

— ¡¿Que?!

— Noha, necesito trabajar, solo me queda un año de estudios, esta oportunidad me servirá, para el próximo año conseguir algo mejor, no me iré a ningún sitio, no, mientras todos estemos unidos. Pero debes entender, en algún momento cada uno seguirá su camino, no podremos vivir por siempre los cuatro, sin embargo, siempre seremos familia. — mi corazón duele de solo pensarlo, ¿Cómo no te das cuenta? que solo te quiero en mi vida para siempre, yo te amo tanto.

— ¡Pero porque tiene que ser en la empresa de los Constantini!, olvidas que esa mujer quería quedarse con los niños y te echó, sin nada, ¡no le importó! Claro, como John estudió con su beca y lo contrataron de inmediato el besa el suelo que ellos pisan. —dejo salir el veneno que llevo reteniendo en mi boca todo este tiempo.

— Detente, no es por eso, tú no lo entiendes, siempre apuntas a los demás, te crees ser dueño de la verdad todo porque fuiste el primero en irte del orfanato, ¿pero sabes? el que vagaras por las calles no te hizo más sabio ¡solo más matón! — Escupe cada palabra y no creo que sea mi mejor amigo el que está hablando.

— Eso es John, saca todo, que más piensas de mi ¡vamos dilo! — A esta altura veía rojo, no quería golpear a John, pero si su intención era déjame en ridículo ante Emma, yo le enseñaría.

— Creo que si no nos tranquilizarnos, los niños vendrán a ver qué pasa, y será difícil explicarles porque dos de sus ejemplos a seguir se están matando. — el rubio nos mira con desaprobación.

— Tommy tiene razón, creo que hay cosas que aclarar, vamos al sillón un trago, por cada vez que la historia se corte. Como antes, cuando jugábamos verdad o reto, solo que esta vez será verdad y tragos. — No puedo perder esta oportunidad de saber qué fue lo que le pasó a Emma hace 5 años.

— De acuerdo. — dice Tommy.

— De acuerdo. — Emma me mira expectante.

— si. — Digo y tomo asiento.

—Bien comencemos. John. —dice dándole la botella al traidor.

— ¿Quieres la verdad? aquí va, si, los Constantini me dieron su beca, igual que a Emma, fui a trabajar con ellos, pero a su favor tengo que decir que el señor Constantini, no supo que a Emma la echaron del orfanato, ni porque, él piensa que ella se fue y abandonó la escuela por voluntad propia, y es algo que no me corresponde a mi aclarar, mi relación es directa con él, no con su mujer, ni los idiotas de sus hijos, pero tengo otro motivo, para superarme... —Pero John no dice nada más, solo guarda silencio, mientras ¡¿se sonroja?! ¿Qué le pasa?

— Bebe. —Emma lo obliga a tomar un trago.

— Grug ¿qué es esto?

— Vodka.

— Rayos, bien, mejor hablo o esto me matará. — deja salir un suspiro, pero finalmente habla. — Estoy enamorado, de Bianca, la menor de los Constantini, y pienso demostrar que soy digno de su amor, seré el mejor abogado de todo Chicago.

— Pero ¿qué carajo dices?

— Tommy... —Emma lo reprende.

— No, ¿cómo vas a decir eso? te conozco hermano, tú eres merecedor del amor de cualquier mujer, no necesitas demostrar nada.

— Bien lo que digas, pero aun así quiero que, si logro conquistarla, no puedan poner objeción alguna, fin.

— Eres lo mejor, quizás algún día alguien me ame como tú amas a Bianca. —los ojos de Emma brillan soñadores y yo me pierdo en ellos.

— Quizás ya te--

— Toma otro trago, dijiste fin y sigues hablando. —Sé que él entendido a la perfección y si no lo hizo... hasta aquí llego nuestra a amistad. Ni John, ni Tommy tienen permitido decirle a Emma lo que siento por ella.

— Bien mi turno. — Tommy me salvas como siempre.

— Quiero empezar a trabajar, en algo que no sea el restaurante o cuidar a esos diablitos, quiero mi independencia, pero sin dejarlos a ustedes, sé que soy una persona horrible, pero....

— ¡Bebe! — Y esta vez todos reímos, ya que hablamos a coro como cuando éramos pequeños.

—Quiero saber lo que es vivir. —termina por decir el rubio.

— No podríamos decir nada, te mereces eso y más.

— Pero creen que el restaurante...

— Mi trabajo es solo a la tarde, los niños van a la mañana al colegio, así que puedo ayudar en la mañana he irme después del almuerzo. Soy una mujer muy capaz. —Esa hermosa sonrisa aparece en su rostro, y ese cabello rubio siempre a medio trenzar. Tan hermosa. Con esos ojos color aguamarina y esa boca...

— ¿Por qué no solo te quedas conmigo Emma? — Las palabras solo salieron de boca sin pensarlo y no me arrepiento.

— Noha, es tu turno. Dime ¿por qué no me dejas madurar de una buena vez? — Pero que mierda... ¿para que hable? lo peor es que te lo acabo de decir, te quiero conmigo, pero como siempre no entiendes pequeña.

— Tommy no dijo fin quizás... —trato de salirme por la tangente.

— Fin. — Gracias maldito enano.

— No es eso, es solo que… —no se me ocurre nada para decir.

—Bebe. — Rayos esto sí que está fuerte.

— Bien, ¿quién cuidará a los niños? Yo tengo que ocuparme de restaurante. —soy un cobarde, lo admito.

— ¿Eso era todo? ¿A caso John no te dijo que en la empresa hay guardería? Van a estar conmigo. — John me mira reprochando que allá perdido la oportunidad de decir que la amo, pero hoy no será ese día, falta, todavía falta para conseguir todo lo que ella y esos pequeños se merecen, debo trabajar más.

— Bueno no lo sabía, pero...

— Bebe.

— Esa mujer te echará cuando te vea. Y no quiero verte llorar. No lo soportó. —mataría a cualquier que la hiciera sufrir.

— Eso lo dirá solo el tiempo, además yo trabajaré con John. Él trabaja para el señor Marco, supongo que no veré a la señora Camelia.

— Bien, eso espero, no diré nada más. Fin. Ahora es tu turno. —por lo menos esto va a servir de algo.

— Dame un trago…y otro más.... — Ella no está acostumbrada al alcohol, es más, lo odia, no debería obligarla a hablar.

— De acuerdo, sé que se lo han preguntado siempre, y gracias por no insistir, pero tienes razón, ya es hora de decir lo que pasó, pero bajo ningún motivo, mis hijos sabrán esto... dame otro trago.

— Tranquila Emma.

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