
Cuatro Hadas
Chapter 4
Vivian se encontró tratando de gritar para pedir ayuda, pero él apretaba con tanta fuerza su cuello que ni siquiera el aire de sus pulmones podía salir, se escuchó un sonido, de algo rompiéndose, los ojos como Vivian Campbell vieron el rostro de su esposo por última vez, quien la observaba con furia, espero no ver nada más que oscuridad, pero no paso, ella estaba sesgada por la luz, y algo suave que la envolvía, oía a un bebé llorar y por un momento su corazón latió con fuerza, pensó que era su hijo y que ella estaba en el tan nombrado paraíso, pero luego su vista se agudizó, se dio cuenta que estaba flotando o mejor dicho que era llevada por un remolino de viento y que el llanto era de ella.
— ¿Por qué Trevor? ¡¿Por qué no me dejaste ir?! — grito llena de dolor y rencor regresando al presente.
Cuando Calíope gritaba de esa manera su garganta dolía, pero más dolía su corazón, ese que hubiera entregado sin pensarlo por ver, aunque sea una vez el rostro de su hijo.
— No busques respuestas que jamás podrás tener. — la hermana Josefina sabía que hombres como Trevor no necesitaban un motivo para apagar una vida y es que tampoco existe un motivo para hacerlo.
Cali, como le decían sus seres queridos, giro al escuchar la voz de la mujer que la recibió en esta nueva vida.
— Hermana Josefina, ¿cómo sabía que estaba aquí? — pregunto más relajada.
— El viento corre fuerte, solo lo seguí. — explico con una suave sonrisa adornando su rostro.
— Lo lamento.
— No lo hagas, solo trata de controlar tú poder, quizás un poco más suave, las plantas necesitan tú brisa para reproducirse, así que no te detengas, mi pequeña Calíope, aún recuerdo el día que llegaste a mí, tus ojos estaban tan abiertos, pero a pesar del miedo podía ver dulzura en ellos, y ese color miel que combina tan bien con tú cabello, eres hermosa. — dijo al tiempo que acomodaba un mechón del largo y rojo cabello de la joven tras su oreja.
— Gracias hermana. — respondió apenada, por el alago recibido.
— Hoy por ser tu cumpleaños te daré a elegir.
— ¿Qué cosa?
— Saber dónde está y que hace el viudo de Viviana Campbell o si tus padres preguntaron por ti alguna vez. — era tentadora la oferta que le hacia la mujer que la crio, pero Calíope solo quería saber una cosa de su pasado, solo una. Lo demás no le importaba.
— Me gustaría saber...mi hijo, ¿él renacerá algún día? — pregunto sintiendo aun el típico dolor en su corazón, ese que aparecía al recordar como su bebé se movía en su vientre, el niño que ella no pudo proteger.
La mujer ya mayor la vio con gran empatía, pero no podía responder eso. Aun viendo el brillo en los ojos de la joven que ella crio como a una hija.
—... Trevor Murphy sigue viviendo en el mismo lugar, jamás se volvió a casar. — dijo con seriedad y acto seguido tuvo que mirar a otro lado.
Calíope, sin embargó clavo sus ojos color miel en ella, la mujer que quería como una verdadera madre, sin entender porque no respondió su pregunta, y Josefina se sentía apenada, por no poder responder lo que más deseaba saber la pelirroja, pero ¿qué otra cosa podía hacer?, su hijo estaba esperando por renacer, pero había un problema, la esencia de Trevor había sido retirada del pobre bebé no nato, ya que ese hombre no merecía seguir existiendo y menos su esencia, por lo que solo quedo con la esencia de Calíope, si ella decidiera quedarse como humana y si se enamoraba nuevamente, su bebé renacerá, su esencia y la de un nuevo padre formarán esa vida, pero si decidía ser un hada, su bebé nonato se convertirá en una estrella más en el cielo, para iluminar la oscuridad del espacio y así aliviar los corazones de quienes están triste.
Josefina no podía intervenir en la decisión de Calíope, esa era la realidad.
— Vamos, en un rato vendrán los señores Romanov por ustedes. — hablo rompiendo el pesado silencio que se había producido en aquella colina.
— ¿Son los que quieren nuestra ayuda? — pregunto curiosa como siempre.
— Si, quieren ayuda con sus hijos.
— ¿Seremos niñeras? — pregunto con una gran sonrisa la pelirroja. Los niños le encantaban.
— No te ilusiones, el menor de sus hijos tiene 19 años.
— ¿Seremos sirvientas?
— Algo parecido, serán sus consciencias por decirlo de algún modo.
Calíope estaba entusiasmada, ella era una persona vivaz, responsable y habladora. Solo quería cumplir con su última prueba y conseguir sus alas, solo así podría ver a las demás hadas, vivir en el bosque, recorrer el mundo en una brisa siendo invisible a los ojos humanos, vivir para siempre junto a sus amigas.
Pero nadie manda en el amor, ¿verdad? Y hay decisiones que solo se toman con el corazón. Y Calíope pronto lo descubriría.
YANNICK.
Yannick Romanov se movía para un lado y otro en la sala de su mansión, era uno de sus lugares favoritos, desde aquel sitio podía observar casi todo, y es que él es una persona sumamente controladora, se sentía ansioso, no le gustaban las sorpresas, aunque llegado el caso es ecuánime , mantiene su mente fría, es pasivo y confiables, pero son por todas estas razones que se lleva mal con sus hermanos, lo subestiman, creen que es débil, no entienden que necesita ser controlador para poder resolver más fácilmente cualquier problema, él es el encargado de toda la parte textil que maneja su familia, mientras sus hermanos lo consideran un traidor, ya que nunca se pone del lado de la misma persona dos veces, lo que no comprenden es que él es una persona justa y por eso su criterio estará con quien tiene la razón y no con el que hable o actúe primero.
Para él, lo que dicte su corazón no importa, solo le hace caso a su cabeza, y es que la última vez que obedeció a su corazón, este resultó herido, pero las personas pueden cambian, ¿verdad?
Tomo la foto una vez más y la observa. Era la joven que le designaron sus padres.
"Tan pálida, bueno un punto a mi favor, si su piel es delicada le debe gustar estar encerrada, y un punto en contra para ti rubia y es que conmigo te vas a aburrir muchísimo, espero que seas silenciosa, no me gustan las charlatanas. Solo paz y tranquilidad. Eso es lo mío."
Sus padres le designaron a Indivar como su asistente personal, pero en poco tiempo descubrirá que es a Calíope quien quiere a su lado.
Apenas vio la limusina detenerse se puso de pie, se miró una vez al espejo para comprobar que su aspecto era impecable, como siempre, y quedo a la espera de que las intrusas y desde hoy asistentes personales crucen la puerta.
Yannick no es un hombre vanidoso ni mucho menos, a pesar de cuidar su cuerpo, y que sea una masa de músculos no le gusta estar luciéndolo como los demás, le molesta recibir las bromas de sus hermanos por tener el cabello color castaño oscuro rizado y la piel color crema como su difunta abuela, y a pesar de que son todos altos él está seguro de que ante una verdadera pelea ganaría, y es que estos hermanos se ven más como rivales y enemigos que como familia.
“Me pregunto ¿cuánto tardarán esos idiotas en venir a presentarse? ¿o será que son tan tontos que preferir ser desheredados antes de aceptar a una niña al lado por un año?"
El corazón de este hombre de 23 años rara vez se había conmovido por alguna mujer, creía que no las necesitaba, eran seres ruidosos y con humor cambiante, un problema que él no quería tener, otra vez, luego de su experiencia con Erika, una mujer sumamente tóxica, ya no quería saber nada con el amor, pero ya saben, una vez que el corazón late con fuerza, ya nada lo puede detener.
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