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Atrapar al mafioso Novel Cover

Atrapar al mafioso

Elena is a determined police officer whose life takes a dangerous turn when she is assigned to go undercover. Her mission is to infiltrate the inner circle of a ruthless and powerful mafia organization. However, the stakes rise as she finds herself entangled in a forbidden romance with the very man she is supposed to bring down. Caught between her professional duty and her growing passion, Elena must navigate a world of violence and betrayal.
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Chapter 8

— Bien si ese es el caso, ten cuidado, poque tu padre te quiere entregara al Diablo de Italia, y no creo que a él le guste ser tratado como una mera ficha en el tablero de tu padre. — no le estaba mintiendo, el diablo de Italia era el hijo adoptivo de la santa hija de la sombra, llevaba su apodo bien ganado, un diablo que no le temía ni a Dios.

— Que quieres que te diga, si para obtener mi libertad debo bailar con el diablo, que así sea. — sonaba resignada, pero algo en sus ojos no cuadraba con lo que su boca decía.

— Puedes ser libre, yo puedo hablar con tu padre… — quería que lo vea como siempre lo veía, con adoración, como si él fuera su única salvación.

— No es de mi familia de quien me quiero librar, sino de ti. Adiós Alek.

Mientras el castaño sonreía al creer que aún tenía una oportunidad con Dasha, la pelinegra subió al taxi mordiendo su labio, la descubrir que Alek era más idiota de lo que parecía ser.

Nada la asombro, ni los cambios en la mansión, ni la frialdad con la que su padre le hablaba, ya no era una niña en busca de aprobación, amor y comprensión, ya no la necesitaba.

— Alejandra Santoro Zabet fue muy clara cuando hablo conmigo, a su hijo no le importara si eres o no pura, y ella lo único que desea es que el diablo siente cabeza. — veía el rostro sonriente de Harum y el de Miriam por supuesto, la fama de Amir Rossi Santoro era bien conocida, no en vano lo llamaban el diablo.

— Si quieres que atrape al diablo, deberás darme cierta libertad. — a Sergei no le importo que su hija estuviera bebiendo té, simplemente dejo caer su mano sobre la delicada mejilla de Dasha, y esta a su vez lanzo la taza y salpico con la bebida caliente a Harum, quien la viera diría que fue por el golpe, pero si algún Zhao estuviera en aquella sala, sabría que esa fue la intención de Dasha desde el comienzo.

— ¡Ay! — grito la castaña y su madre no dudo en ayudarla a quitarse la blusa.

— Harum, pero ¿Cómo vas a mostrarte así frente a mí? — sí, ese hombre podía ser un estúpido, Dasha lo sabía, frente a Sergei se debía ser recatada y perfecta.

— Pero es que me estoy quemando padre…

— Mariam, llévate a tu hija. — su esposa no dijo nada y solo guio a Harum a su cuarto, mientras Dasha veía a su padre, sin inmutarse, ni por la escena, mucho menos por el golpe. — Y tu…

— Si quieres que atrape al diablo, debes reconocer que no puedo ser un ángel, y no querrás ver a tu hija pasearse vestida para tentar al diablo. — los dientes del mayor rechinaron, poseer mujeres puras y preparadas siempre fue la ventaja de la familia Morozova para escalar tanto en la mafia como en el sector empresarial, pero los tiempos estaban cambiando y ahora la pureza de la que tanto se jactaba su clan, ya no era importante.

— De acuerdo. — dijo luego de un momento de meditación. — Dejare que vivas sola en uno de los departamentos céntricos, pero estarás vigilada, un paso en falso, algo que arrastre nuestro apellido aún más… y te acabare con mis propias manos. — diez años atrás se hubiera puesto a temblar, pero ahora solo lo vio en silencio. — Y otra cosa, mantente lejos de Harum, no quiero que tu mala influencia contamine su mente.

Nada de eso la sorprendió, mucho menos le dolió, esa no era su familia, pero aun así se mantendría fingiendo obediencia, necesitaba tomar posesión de la fortuna de su madre, algo que solo se le sería entregado cuando se casara, pero también queria ver a su familia caer desde la primera fila.

El departamento que su padre le cedió no estaba mal, era pequeño, pero tenía todas las comodidades, además de un pequeño local en la planta baja, al cual pensaba sacarle provecho, pero por ahora, tenía que planear que hacer con Amir Rossi, enamorar al diablo no era una opción, primero, porque ese hombre no tenía corazón, segundo, porque era el hijo de la prima de Lukyan, y si bien no tenía nada contra la muerte blanca, era a él a quien necesitaba para acabar con Alek, Amir no movería ni un dedo en contra de su familia, pues nadie podía manipular al diablo, pero Lukyan… según lo que el tigre blanco sabia, el clan Neizan tenía leyes muy claras, la esposa del líder era tan importante como el jefe de la mafia, una falta o humillación a ella y era lo mismo que firmar tu sentencia de muerte.

Lukyan Neizan ingreso en el club principal de su organización, causando el asombro de muchos, la muerte blanca pocas veces salía de su mansión, más luego de que sus padres murieran, solo se lo podía ver cuando las cosas marchaban mal, pero este no era el caso, al menos para la organización, ya que, en la vida del hombre de 38 años, todo marchaba mal.

Tomo asiento en uno de los privados, desde donde tenía una vista privilegiada de todo a su alrededor, pero también tenía una sensación molesta en su pecho, como si estuviera a punto de engañar a alguien… a su mujer, no pudo evitar hacer una mueca ante aquel pensamiento, al tiempo que señalaba que le alcanzaran una botella de vodka, que obviamente fue acompañada por unas lindas jóvenes, de cuerpo envidiable, aunque demasiado plástico para el hombre, trataba de disfrutar de la vista, como las jóvenes bailaban frente a él, incluso como acariciaban sus cuerpos, tratando de seducir a un hombre que solo podía pensar que la vejez lo encontraría solo, como siempre estuvo, y es que ser hijo único no siempre es bueno, por un segundo pensó en Vladimir, su hijo era miserable, su madre lo había abandonado, y él, casi no podía verlo a la cara, no porque no lo quisiera, era por sus ojos, no eran azules como todos los Neizan, eran celeste cielo, eran los ojos de su madre.

— Lukyan. — solo cuando vio a Alek frente a él fue que se descubrió con una mujer en cada lado, una pelirroja que estaba lamiendo su cuello y una morena que frotaba con esmero su miembro que aún estaba dentro de sus pantalones, pero que estaba más atento que él, ya que estaba duro, y es que, durante diez años, solo su mano le sirvió de alivio.

— Largo. — dijo con frialdad y las mujeres casi corrieron del lugar, el rubio no era malo, siempre y cuando todos obedecieran su orden, fuera cual fuera, si él decía brinca, solo debías preguntar qué tan alto y continuarías viviendo.

— Nunca podría tener tu autocontrol. — susurro con asombro su primo y es que vivían en la misma mansión, tanto tiempo sin tocar una mujer y cuando al fin cedía y tenía a dos sobre él, Lukyan solo las descartaba con una mirada fría como si su pene no estuviera a punto de romper su pantalón.

— No creo que me interrumpieras solo para alagar mi autocontrol. — Alek palideció al recordar el poque estaba allí.

— No, claro que no… veras… — el rubio vio a su primo girar su cabeza de un lado a otro, aprovechando la vista del privado donde Lukyan estaba.

— Tu no viniste a hablar conmigo, solo estas aquí por la vista. — dedujo al tiempo que se ponía de pie y caminaba hasta el barandal, teniendo una mejor vista aun del club y la gente que en la planta baja se contorneaba al ritmo de la música. — ¿A quién buscas? — Alek lo vio con ojos brillosos, no eran lágrimas, era miedo. — Tu prometida estaba aquí cuando llegue, pero al verme solo se fue, ¿acaso tienes problemas en el paraíso? — indago con verdadera curiosidad, Harum nunca fue del agrado de Lukyan, había algo en ella que no le gustaba, por más que se mostrara tan servicial con todo el mundo, una zorra disfrazada de oveja, la abría llamado su madre.

— No, no es por ella que estoy aquí, es decir… quede en verme con ella aquí, pero tú me dejaste a cargo de Vladimir. — el nombre de niño salió de forma chillona de su boca, ya que su garganta se había secado.

— Lo siento, me hubieras dicho y…

— No podría, es la primera vez en diez años que al fin sales a divertirte, aunque… lo arruine. — Lukyan clavo sus ojos azules en Alek, mientras levantaba una ceja.

— ¿Dónde está Vladimir? — en muchos lugares a la muerte súbita le llaman la muerte blanca, ya que no hay daño alguno, solo es tu corazón el que se detiene, y ya nada se puede hacer, eso era lo que las personas sentían cuando Lukyan Neizan los veía antes de jalar el gatillo, sus ojos azules no solo te quitaban el aliento, también hacían que tu corazón dejara de latir, eso era lo que Alek sentía en ese segundo.

— Lo perdí. — susurro con el ultimo ápice de oxígeno que le quedaba.

—¿Disculpa? — pregunto incrédulo dando un paso más cerca de su primo, y a muy poco de llevar su mano a su arma que reposaba en su espalda.

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