
Atrapar al mafioso
Chapter 9
Dasha ingreso en el club principal de los Neizan, probaría suerte aquí, Loan le había asegurado que las corazonadas nunca se equivocan, que no debía acallar aquello que su interior le decía, pues eran señales del destino y fue por ello que opto por ir a ese club, además de tener una buena cuartada para cuando su padre le reclamara el estar allí sola, y es que se suponía que esa semana Amir Rossi Santoro, estaría en Rusia, aunque por alguna razón había cambiado de planes a último momento y ahora se encontraba en Turquía, claro que eso el señor Morozova no lo sabía y no tenía por qué enterarse, no si Dasha conseguía hacer contacto con Lukyan.
— No puedo creer lo descarada que puedes ser. — la voz de Harum la hizo girar. — ¿Cómo te atreves a vestirte como una golfa? — Dasha se tomó un momento para verse, tenía un top y una falda negra, su pálida piel quedaba expuesta, sino fuera por un sobre todo que llevaba, más como abrigo que para cubrir su piel, después de todo, debía atrapar a un mafiosos, pero su hermana, era otra cosa.
— Lo dice alguien a la que el sostén se le trasluce tanto como sus pezones, Dios, ¿qué es más trasparente? tu blusa o el es sostén, ¿al menos traes bragas o buscas que te folle parada como la zorra que eres? — Harum estaba más impactada que indignada, la Dasha de antaño jamás le habría dicho nada, incluso pensó que se largaria a llorar, ya que siempre fue tan sensible.
— ¿Cómo se atreve a hablarle así a la señora Neizan? — ese murmullo apenas audible para Harum, fue lo que le regreso la tranquilidad, y por supuesto la valentía, si bien Alek era el segundo al mando, era un Neizan, y hasta la fecha ella ostentaba ser la señora Neizan y rogaba que siempre fuera así, que Lukyan nuca consiguiera pareja.
— Maldita golfa, ¡¿Cómo te atreves a humillarme de esa forma?! — los gritos de Harum tenían una razón, captar la atención de los empleados del clan y lo consiguió. — ¿Sabes quién soy? —dijo con prepotencia y Dasha le dio una sonrisa petulante.
— Lo sé, eres una serpiente que un día morirá por su propio veneno, una golfa con cara de santa.
— No puede hablarle de esa forma a la señora Neizan. — hablo un hombre muy corpulento y que ya se encontraba a un lado de Harum
— Hasta donde sé, ella es una Morozova, todavía puede que no se case con Alek. — celos, Shen Kun se lo había explicado, para un enamorado no existe peor tortura que la de los celos y aunque Dasha estaba segura de que Harum no amaba a Alek, pensaba colocar el fantasma de los celos entre ellos.
— Blas, enséñale a esta zorra que con la señora Neizan nadie se mete. — Dasha no se alteró al ver al hombre avanzar hacia ella, estaba más que capacitada para luchar con él, pero antes de hacer cualquier movimiento, un pinchazo en su cuello la hizo girar.
— Que mierda. — se quejó al ver a otro custodio, pero ya no supo más, pues se desmayó.
— ¿Por qué la duermes? Quiero que la golpeen, que le den su merecido por ofender a la señora Neizan. — reclamo Harum con exigencia y aires de diva.
— El señor está aquí, y no creo que le guste que estén golpeando a una mujer, y menos que usted se proclame como señora cuando aún no está casada con el señor Alek. — solo cuando el mayor hablo, fue que Harum se dio cuenta que era uno de los custodios de Lukyan, Dima, uno al que nunca le cayó bien. — Blas, lleva a la señorita a la bodega, y ten mucho ojo con lo que haces, yo me ocupare de ella luego. — si Alek era el segundo al mando por ser familia, Dima era el tercero por fidelidad, siempre dispuesto a dar su vida por el único señor, Lukyan.
— Buenas noches. — dijo la muerte blanca, y Harum solo pudo agradecer la rapidez con la que Blas se había llevado a Dasha, de lo contrario, sería muy difícil explicarle al líder del clan porque su hermana estaba tirada en el piso de su club.
— Buenas noches, yo ya me voy.
Lukyan solo continuo su camino, mientras Dasha era arrojada a una de las bodegas, si bien Dima le dio la orden de no hacerle nada a la joven, nunca dijo en que bodega dejarla, fue por ello que la llevo al frigorífico, tomando la precaución de quitarle el abrigo, y esperando que para cuando Dima preguntara por ella, ya hubiera muerto de hipotermia, después de todo, si Harum queria darle una lección a esa mujer, él la obedecería, y como no hacerlo, si la novia de Alek Neizan realizaba las mejores mamadas de toda Rusia, o al menos eso pensaba Blas.
Vladimir sabía muy bien que por su edad no lo dejarían ingresar en el club, sin importar que fuera con Alek y es que allí nadie sabía que él era el próximo líder, fue por ello que obedeció a Alek y se quedó en la camioneta, se suponía que el castaño iría por su padre, pero luego de una hora, el niño se dio cuenta que el primo de su padre le había mentido, ya que lo vio salir con una mujer de un automóvil estacionado solo unos metros a un lado, enojado y frustrado, decidió enfrentar la furia de su padre por exponerse al peligro, antes que continuar perdiendo el tiempo sentado mientras ella estaba en peligro.
Le fue fácil escabullirse por una puerta de servicio, debería dejarle un memo a su padre de que la vigilancia en ese sector era escasa, si es que sobrevivía a su castigo, aunque si lo pensaba detenidamente, siempre era Dima quien lo castigaba, ya que su padre… era como si no tuviera padres, sabia por su abuelo que su madre un día regresaría y se aferró a eso, pero los años pasaban y él solo tenía a Dima, quien era custodio, mayordomo, niñero y todo lo que Vladimir necesitaba, hasta esa noche que la vio, la mujer de cabello negro, no sabía quién era, pero sí pudo ver en su mente que lo haría feliz, quizás había conseguido una niñera de verdad, alguien para llenar el vacío que su abuela Zafiro había dejado y es que desde que su abuela había muerto, Vladimir ya no sonreía, tampoco hablaba, pero eso no era por pena, solo era que el pequeño, no queria decir cosas que su padre no quisiera escuchar, él no queria decirle que también podía ver el futuro.
Le tomo poco tiempo llegar hasta la última bodega, en realidad había perdido más tiempo gracias a Alek y sus mentiras. Cuando al fin abrió el frigorífico, un escalofrío subió por su espalda, la mujer parecía dormida, el pequeño tomo la precaución de colocar un tacho que había allí en la puerta para asegurarse que no se cerrara tras él, y con apuro se acercó a la mujer de cabello negro, era hermosa, se parecía a Blancanieves, fue su primer pensamiento, su cabello negro, sus labios rojos, y ese sonrojo en las mejillas, pero cuando acaricio el rostro, lo sintió arder.
— Tienes fiebre. — dijo entre sorprendido y asustado, él odiaba tener fiebre, se sentía muy mal cuando eso pasaba, y pasaba muy a menudo, aunque todo el mundo lo cuidara, casi siempre levantaba temperatura, más cuando pensaba en su madre.
— Mmm. — fue todo lo que obtuvo de la mujer luego de zarandear su cuerpo.
— Iré por ayuda. — aviso, aunque estaba seguro de que ella no estaba escuchando nada.
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