
Atrapar al mafioso
Chapter 5
— Lo siento, aun no es tiempo, solo… deberás estar preparado para cuando regrese y para curar sus heridas. — Lukyan arrugo su entrecejo, dejando en claro su disconformidad. — Tu madre… gano su lugar en clan, ¿lo sabias? — Lukyan negó con la cabeza, cuando el joven nació, sus padres hacía tiempo que estaba casados, y solo sabía que a su madre la respetaban e incluso le temían un poco más que a su padre. — Ella… no queria arrastrarla a este mundo cargado de vendettas y peligros, más en nuestro clan que rige el hacernos compañía aún más allá de la muerte. — su hijo no pudo evitar temblar, pues lo sabía, el día que uno de sus padres muriera, el otro debía suicidarse, así lo dictaba la ley del clan, juntos en la vida y la muerte. — Entonces traté de hacerla a un lado y lo único que conseguí… fue dejarla a merced de tres hombres que no se conformaron con violarla, también la torturaron psicológicamente, hasta que la acorralaron a hacer algo de lo que lleva arrepintiéndose toda la vida y todo antes de los 20. — las manos de Lukyan temblaban de importancia, odio y rencor.
— ¿Cómo fue que los mataste? — pregunto en un susurro cargado de furia más que de curiosidad, necesitaba saber, tener, aunque sea un bálsamo para el dolor que sentía al saber aquello que le había sucedido a su madre.
— No lo hice… bueno, a uno sí. — antes que su hijo protestara Neri le sonrió y el brillo en sus ojos le dejo en claro a su hijo que las cosas no habían quedado impunes. — Fue mi reina fría quien se vengó.
— Mamá. — dijo con orgullo el hombre de 28 años.
— Sí, tu madre y ¿sabes por qué? — el rubio negó con la cabeza. — Cuando te lastiman el corazón y rompen tu alma nadie más que tu puede cobrar venganza, a tu tiempo y a tu forma y eso aplica para todos Lukyan, no lo olvides, el trabajo de un buen esposo es estar para ayudar y complacer, la mujer que gano tu corazón estará a tu lado, será tu igual, tu no decidirás por ella, y a cambio… serás tan feliz que aun sabiendo que el diablo espera por ti, poco te importará, porque sabrás que ella te acompañará incluso en el infierno.
Lukyan quedo un segundo en silencio, comprendiendo o tratando de comprender lo que su padre le acababa de explicar, su futura mujer estaba sufriendo, pero él no podría hacer nada, no sin que ella lo aprobara primero.
— ¡Llamen a los médicos ahora! — el grito de zafiro los saco de su pequeña conversación, y ambos corrieron al salón, solo para ver a un pequeño bebé en brazos de Zafiro, que solo tendría una o dos semanas de nacido.
— ¿Qué? — dijo incrédulo Lukyan.
— Lo acabo de encontrar a solo unos metros del portón principal, está muy pálido, pero aun respira, solo… ¿Quién rayos abandona a un bebé? — ni ella que la llamaban reina fría comprendía aquello.
— No lo abandonaron mi amor. — aseguro Neri y con delicadeza lo tomo en brazos, regalándole una sonrisa al pálido niño. — Solo lo dejaron con su padre, nuestro nieto está en casa, felicidades Lukyan, tu hijo ya está aquí.
Odio:
Dicen que no hay peor veneno que el odio, ese sentimiento que corre por tus venas partiendo del corazón y esparciéndose por cada lugar de tu ser, intoxicando todo a su paso, alimentándose de cada recuerdo amargo, de cada traición, de cada humillación, Dasha estaba llena de eso, odio, uno que alimentaria por años.
— ¿Qué es lo que te resulta tan divertido? — indago Jade Zhao Bach, esposa del antiguo tigre blanco, único clan que manejaba China, hasta ese momento.
— No es nada, disculpe. — respondió bajando su cabeza, hacia poco más de un mes que estaba en aquellas tierras, se suponía que debía servir a los mayores del clan, mientras la joven hija de Jade manejaba la mafia de China.
— No te permito ser sumisa en mis tierras. — aseguro la rubia de ojos verdes y Dasha la vio sin comprender. — Puede ser que aceptamos que... tu padre. — Jade no pudo evitar hacer cierto gesto de desprecio con su boca al decir aquello. — Te enviara a servirnos, pero sabemos muy bien que tú, no naciste para eso. — la pelinegra hizo una pequeña mueca con sus regordetes labios, una minúscula sonrisa, se sentía bien con esa mujer mayor a su lado, era como tener a su madre una vez más.
— Las mujeres Morozova nacemos para complacer a nuestros esposos o al menos eso se supone. — su queja era clara y no se debía ser un genio para saber que ella no pensaba de ese modo.
— Yo solo se, que nacemos con un destino escrito, nada es casualidad Dasha, no en esta vida al menos, y te puedo jurar que el que tu estés aquí… es cosa del destino.
Así comenzó su vida en China, destino o casualidad, ¿quién sabia?, ella seguro que no, fueron diez años en los que Loan y Jade Zhao la trato como una hija, en aquellas tierras sintió más amor y comprensión que en su verdadero hogar, del cual no sabía nada, en diez años su padre nunca había hablado con ella, solo llamaba a Loan para asegurarse que su revoltosa hija no diera problemas, pero, sobre todo, que estuviera siendo instruida con mano firme, como solo el tigre blanco sabía hacerlo y en eso no se equivocaban, el tigre blanco no tenía piedad a sus enemigos, solo que Dasha no era un enemigo y fue así como la instruyeron como una más de su familia.
— Entonces realizas largos cortes, pero poco profundo, eso genera mucho dolor, pero ¿sabes que es lo más doloroso? — Shen Kun Zhao, segundo hijo de Jade realizo aquella pregunta mostrando una enorme sonrisa, el basto universo, como su nombre lo decía, solía ser el más tenebroso de los tres herederos Zhao, obteniendo de respuesta la negativa de Dasha, que pocas veces se atrevía a interrumpir las enseñanzas de Kun. — Enterrar agujas bajo las uñas, tanto de pies como de las manos. — la pelinegra tembló en su lugar.
— Deja de asustar al pequeño regalo de Dios. — se quejó Huang Lei Zhao, primogénito del tigre blanco, aunque estos hombres guardaban un secreto, el joven en realidad era hijo de Ámbar Zabet, mientras que su segundo hermano eran hijo de Felipe Zabet, si, en realidad ellos eran primos, la historia de sus vidas eran interesantes, desde su concepción, mientras uno era fruto de un amor tan grande que se buscarían en otra vida, el otro fue solo un instrumento de venganza, aunque al final ambos niños terminaron siendo acogidos por Jade y Loan, y obviamente eran Zhao para todo el mundo, incluida Dasha.
— Huang, ya te he dicho que no me llames de ese modo. — se quejó la pelinegra.
— Es lo que significa tu nombre. — rebatió el hombre.
— Sé que en tu cultura suelen llamarse por el significado de sus nombres, pero déjame decirte que mi madre se equivocó al escoger el mío, no soy ningún regalo de Dios. — molestia, eso sentía, no se creía un regalo de nada, cuando incluso su familia la repudiaba.
— Tu eres un regalo, uno hermoso a la vista. — la voz de la hija menor de Loan, y la única biológica la hizo girar. — Es una lástima que se me esté prohibido demostrarte que tan magnifica eres. — Mei Ling Zhao, la única mujer capaz de ser la cabeza del tigre blanco, no había ganado ese derecho por ser hija biológica del oriental, sino por poseer la valentía de un hombre y la belleza propia de una diosa.
— Mei, ya te dije que no soy lesbiana. — acoto Dasha, aun así, se acercó un paso más a Kun, el basto universo era el único que podía domar el tigre que era su hermana menor.
— Ni yo, lo gay se lo dejo a Huang, pero contigo… bien podría cruzar esa línea. — se lamio los labios y Dasha decido acabar con el juego, diez años eran mucho tiempo como para temerle a un tigre, se dijo a ella misma, dio un paso al frente y tomo de la cintura a la joven oriental, hasta que sus pechos chocaron.
— Bien, te doy permiso de cruzar la línea. — tanto Huang como Kun estaban con la boca abierta, su hermana estaba casada y supuestamente perdidamente enamorada de su esposo.
— Por los dioses. — dijo Huang.
— Padre se enfadará. — advirtió Kun. Y solo entonces ambas mujeres comenzaron a reír.
— Te dije que lo creerían. — se jacto Mei.
— Hombres. — acto Dasha.
Los habían engañado, esa era su última tarea, Loan así lo dispuso, instruiría a la joven rusa, pero no como Sergei pretendía, claro que no, él le daría las armas que necesitaba para ser libre, pero sobre todo, para sacar el odio que llevaba dentro, Dasha aprendería de Kun los secretos de la tortura, cada uno de ellas, desde las que iban de manera de advertencia, hasta las que te mataban lenta y dolorosamente, mientras que de Mei aprendería el arte del engaño y la seducción por supuesto, pero sin lugar a dudas, la mejor lección se la enseño Huang, la venganza, un platillo que se prepara lentamente y se sirve frio, para mayor disfrute.
You may also like





