
Atrapar al mafioso
Chapter 6
— Querida Dasha. — era viernes a la noche, la familia Zhao estaba bebiendo té, como era la costumbre, Mei estaba tomada de la mano de su esposo Walter Bach, Huang revoloteaba alrededor de Renzo Bach, su esposo, y Shen Kun, disfrutaba de la compañía de sus esposas, Dalia y Lizbeth Bach, mientras las manitas se ocupaban de cuidar a los niños.
— ¿Sí? — solo entonces fue que la pelinegra salió de su burbuja, disfrutaba ver a esos tres tan enamorados, más porque ella había visto de primera mano el sufrimiento de cada uno para poder estar juntos, ya que su amor fue un destino prohibido y aunque nunca comprendió bien cómo fue que siendo también Bach sus esposos y esposas pudieran estar juntos, solo decidió que si para ellos no era importante, para ella tampoco, aunque claro que desconocía que muchos Bach solo llevaban el apellido por ser adoptados, las únicas personas con sangre Bach que había en ese cuarto era Jede, Mei, Renzo y Dalia.
— Tu padre llamo. — la joven poco se inmuto ante la noticia, solo le pareció raro que se lo notificaran, Mei había pedido que dejaran de informarle a Dasha sobre las llamadas de rusia, ya que solo llamaban para saber si estaba cumpliendo con todo y si había sido castigada por alguna falta, demostrando desilusión, cuando se les comunicaba que no había sido necesario ningún tipo de tortura ya que la joven era una buena alumna.
— Ha. — fue todo lo que dijo y Loan acaricio su larga melena, en un acto cariñoso, como si realmente fuera su padre.
— Su llamado es porque pide que regreses. — explico con pena y Dasha cerro sus manos con fuerza.
— Supongo que encontró un esposo acorde con la golfa de hija que tiene. — su voz era tranquila, pero la postura de su cuerpo dejaba en claro que tranquilidad era lo que le faltaba.
— Quizás solo debas enviarlo a la mierda y quedarte aquí.
— Huang. — regaño Jade y el hombre solo levanto sus hombros como si aun fuera un niño.
— Solo decía.
— Gracias pequeño trueno, pero esto es lo que he estado esperando. — Mai sonrió, al igual que Jade, la rubia sabía lo que era cargar con el dolor de perder un hijo y la castaña, sabía que solo se es libre una vez que matas eso que te aterra en tu interior, pero, sobre todo, una vez que liberas el odio que corre en tus venas.
— ¿Estas segura? — Jade se veía ansiosa y no era para menos, a la mafia se entra cuando uno lo desea, pero sales solo muerto, más si eres hijo de un mafioso, solo una persona había dejado la mafia por la paz, la dulce princesa y, aun así, está la había alcanzado o al menos a sus hijos. — Si quieres puedo hablar con él…
— No me casare Jade, y esa sería la única condición que mi padre pondría para dejarme aquí, que sea concubina de Shen Kun, de Huang Lei, e incluso de Mei, a él no le importaría, siempre y cuando, sea una señora Morozova con cada letra bien puesta. — odio, casi lo podían ver comiendo su alma, negro espeso, cubriendo la luz que poco a poco se apagaba en sus ojos, odio, el mayor veneno del ser humano, pero el mejor motor para la venganza. — No deben preocuparse por mí, seré la mejor señora Morozova de la familia.
Regresaría, luego de diez años de exilio, retornaría a Rusia, con un solo propósito, vengarse de todos, pero para ello, debía atrapar al mejor mafioso, el único que manejaba ese lugar, la muerte blanca.
Odio, existen muchas formas de sentirlo, para Lukyan Neizan, era mucho más fácil y sensato odiar a una persona, que a una magnitud física como lo es el tiempo, pero no podía evitarlo, el tiempo continuaba pasando y cada vez se sentía más solo, y aunque tenía a su hijo con él, sentía que un abismo los separaba.
Vladimir Neizan, había nacido luchando, de eso no había dudas, y aunque los médicos no pudieron decir con exactitud cuando o la razón por la que nació, si sabían que era prematuro, aun así, el niño creció sano, siendo consentido por sus abuelos, y aunque Lukyan trataba de ser un buen y cariñoso padre, a veces simplemente no podía, no cuando veía los ojos del pequeño, tan iguales a los de ella, porque estaba seguro que eran iguales a los de su madre, había soñado con esos ojos mucho antes que el niño llegara, el anhelo por al fin tener a la mujer que amaba a su lado, muchas veces lo hacía comportarse de forma dura, convirtiéndolo casi en un tirano, pero quizás lo que más le molestaba era el hecho de tener que ocultar a su hijo, solo sus más cercanos sabían de Vladimir y es que no era para menos, si alguien que no debía se enterara de su existencia, ya no importaría si Neri retratara el rostro de la mujer desconocida, pues para el clan Neizan, la joven estaría en falta al despreciar a su hijo y mucho más al abandonar a Lukyan, aunque dijera cualquier historia o excusa por más verídica que fuera, su sentencia seria la muerte; y eso llevaba al rubio a pensar en otra cosa, su mujer, ¿realmente había sufría como su padre una vez dijo? ¿o fue solo una mentira piadosa del gran Neri? Quizás, la joven sabia el futuro que le esperaba si se unía al clan Neizan, el mismo destino, que se llevó a su padre Neri, cuando Vladimir solo tenía 5 años.
— Mi fin está cerca. — informo una tarde a su hijo, Lukyan Neizan de 33 años estaba más que preparado para tomar su lugar en la organización, pero no para perder a sus padres, menos aún para quedar solo con un niño de 5 años al que poco veía.
— ¿Cómo lo evitaremos? — indago al tiempo que observaba a su madre caminar entre el jardín cubierto de nieve.
— No lo haremos. — sentencio el pálido hombre y fue cuando Lukyan se giró con violencia, solo para ver a su padre sonreír.
— ¿Cómo qué no? — el frio de sus ojos azules chocaron como jamás antes había sucedido.
— ¿Recuerdas cuando viste la muerte de tus abuelos, Amir y Candy?
— ¿Cómo no hacerlo? Lo que algunos consideran un don para mi es un calvario. — rebatió apretando sus puños. — No hubo nada que pudiera hacer para evitarlo, cuando lo vi, ya era tarde. — confirmo de esta forma que ver el futuro, no siempre era bueno.
— Es que aún no lo comprendes, Lukyan, el futuro se nos confía solo para que estemos preparados, no para cambiarlo, el destino es eso, destino, ahora… ve con tu madre.
Los ojos del rubio se empañaron, pero, aun así, salió de la oficina de su padre, comprendiendo lo que sucedería, Neri Neizan podría enfrentar cualquier cosa, menos la pérdida de su esposa, no solo porque el clan así lo demandaba, sino porque su corazón no se lo permitiría, un mundo sin su reina fría no era mundo.
— Mamá. — la llamo mientras corría hacia su madre, quien acababa de caer sobre la nieve solo a unos pasos del pequeño Vladimir. — ¡Mamá! — grito sujetándola entre sus brazos y viendo de reojo como gran parte de sus hombres comenzaban a moverse, tratando de saber que era lo que sucedía.
— Solo le estaba contando de los abuelos a Vladimir… — susurro acariciando el blanquecino rostro de su único hijo. — Creo que seré la primera de sus hijas en acompañarlos. — los ojos de Zafiro se empañaron, la reina fría sabía que el dolor en su pecho era demasiado fuerte y fuera de lo normal, Zafiro Zabet, comprendió que su fin había llegado y solo le quedo dar gracias de haber podido consentir a su nieto.
— No lo harás… — trato de convencerla y convencerse, podría ser que lo apodaran la muerte blanca, pero ahora solo parecía un niño, a punto de perder todo lo que amaba.
— Shhh… Lukyan… cuida a Vladimir y cuando ella regrese, no seas un tonto hijo. — incluso en ese momento, la voz de su madre sonaba más a orden que ha pedido.
— Mi hermosa Zafiro, ni en este momento, pierdes tu belleza. — la voz de Neri sonaba tranquila, aunque solo bastaba con ver sus ojos para saber que la vida se iba con su esposa.
— Mi ruso terco. — respondió mientras Neri la tomaba en brazos, dejando a su hijo apreciar la despedida de dos almas que siempre estarían juntas.
— Te buscare amor mío. — juro el mayor dejando un suave beso sobre los labios aun rosados de la rubia.
— Y yo te estaré esperando. — su juramento fue lo último que salió de ella, y aunque en ese momento ya estaban dentro de su mansión y el médico de la organización hizo todo lo humanamente posible para revivir a la reina frían, Neri Neizan sabía que era el fin, ya lo había visto.
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