
Atrapar al mafioso
Chapter 4
— ¿Yo? Yo solo cumplí tu deseo, que te follaran antes de salir como una dama de esta casa y ahora… tu deberás cargar con las responsabilidades de tus actos.
— Alek lo sabía, ¿verdad? — las palabras del castaño se repetían en su mente, “ve y habla con Harum”, en ese instante no le tomo importancia a eso, pero ahora, ahora no sabía que pensar o en quien confiar.
— Solo sabe que hice una travesura en su nombre y lo comprende, me perdono cuando le confese lo loca de amor que estoy por él, aunque claro que le deje en claro que yo no soy una puta fácil como tú, yo si soy una dama Morozova y prueba de ello es que todos estos meses estuve de viaje con él y aun soy pura. — su confesión le rompió el corazón de más de una manera, no solo era la traición de Harum, también era la de Alek al encubrirá todo, peor aun, al dejarla a su suerte e irse con su media hermana.
Estaba perdida y lo sabía, no tenía a nadie que acudir, su madre había muerto cando ella aún era una niña, su tía y actual madrastra podría tener el mismo rostro, pero no el mismo corazón que Kendra, su abuelo no podía ser molestado menos por algo tan grave, ya que el anciano estaba delicado de salud, y aunque sabía que todo iría de mal en peor, su instinto le decía que le arrancara la cabeza a Harum y así lo hizo o al menos lo intento.
— ¡Maldita! ¡eres una maldita! — grito saltando sobre Harum, quien, como toda buena actriz, al ver que su padre ingresaba en la habitación no se defendió en absoluto y solo grito como si fuera una niña inofensiva.
— ¡Lo siento Dasha! no fue nuestra intención enamorarnos, pero comprende que no importa lo que digas o que mentira inventes, Alek no se hará responsable de tu hijo bastardo.
La pelinegra dudo por un segundo si continuar golpeando a Harum o no, pues no comprendía su docilidad, mucho menos sus palabras, pero fue hasta que sintió el jalón de su cabello que comprendió todo.
— ¡Entonces era verdad! — el asco con el que su padre la veía era el mismo con el que veía a los traidores del clan. — No solo te acostaste con alguien sin estar casada, ¡sino que conspirarse contra un Neizan! — cada palabra fue acompañada de un golpe, y cada golpe fue más fuerte que el anterior.
— No, padre… por favor… no fue así. — no importo sus lágrimas, mucho menos sus suplicas, Sergei no tenía piedad, ni con su hija, mucho menos le conmovía el corazón saber que en su vientre crecía un bastardo.
— Eres una vergüenza, deberías morirte como hizo tu madre, ¡de hoy en adelante no eres mi hija! ¡no eres nada!
En qué momento la había sacado de la habitación, no lo recordaba, solo podía sentir que su cuero cabelludo estaba siendo arrancada, sus pies casi no tocaban el piso, pero aun así seguía suplicando por una oportunidad de hablar, de defenderse y demostrar que no solo ella era culpable, pero Sergei no se detuvo, hasta que al fin la lanzo por las escaleras.
— ¡Morozova! ¡¿Qué ha hecho?! — Alek, su príncipe de blanca armadura o su verdugo, ya no lo sabía y poco le importaba, Dasha lo podía pensar o mejor dicho sentir, la sangre escurriendo por sus piernas y el fuerte dolor en su bajo vientre.
— No, no, mi bebé…
Un susurro que nadie escucho, quizás Dasha solo lo pensó, ya que sus ojos solo le mostraban una negrura casi tenebrosa, y su cuerpo ya no sentía dolor, a decir la verdad, ya no sentía nada. Hasta casi una semana después, cuando al fin despertó.
— Debes agradecerle a Alek que interfiriera por ti, a él le debes tu vida, pero te iras a servir al tigre blanco, solo regresaras cuando yo te lo ordene.
— Por favor… solo dime donde lo sepultaron. — la mirada de su padre no había cambiado, ni siquiera le tuvo piedad cuando al abrir los ojos le informo con algo de regocijo que el bastardo había muerto.
— ¿Piensas que enterramos a ese bastardo? Eso se fue a donde pertenecía, la basura.
Dasha ya no dijo nada más, pues nada le importaba, se largaria a China, no para complacer a su padre, sino para escapar de él, y de todo lo que representaba, la mafia era despiadada, incluso con su familia, con su sangre.
Siete meses habían pasado del funeral de Candy Ángel y Amir Zabet, siete meses en los que Lukyan trataba de aceptar que no todo lo que sus visiones le mostraran podía cambiarse o alterarse.
— Las cosas pasan por algo hijo. — Neri pasaba sus días calmando a su hijo y siendo el pañuelo de su esposa, una perdida era eso, pero debían aprender que los recuerdos perduran por siempre.
— Lo sé, pero ¿Por qué las debo ver si no las puedo cambiar? — el mafioso mayor suspiro, al tiempo que le daba un vaso de vodka a su futuro heredero.
— Para comprender, para estar preparado, estar siempre un paso al frente, incluso en el dolor, tú de todos los nietos de Candy y Amir, fuiste el que se mostró con mayor entereza y eso no quiere decir que tus primos sean débiles, solo que tu corriste con la ventaja de prepárate para ese día, porque ya lo habías visto, pero… — Neri bebió un poco de su trago, sabía que esa visión no era solo para prepararlo para el dolor de perder a sus abuelo. — También es para que estes en guardia para lo que te espera en el futuro. — Lukyan conocía el brillo en los ojos de su padre, él había visto su futuro y algo lo inquietaba.
— ¿Qué viste? — pregunto sin rodeos. — Ya dijiste que seré padre antes de casarme, algo que dudo mucho. — aseguro, porque estaba seguro de que encontraría a esa pelinegra, aunque tuviera que levantar las rocas en cada camino. — Creo que nada me sorprenderá. — aseguro y el mayor sonrió de lado.
— La vida siempre te puede sorprender, nunca lo dudes… pero, si, vi algo, ella es muy hermosa Lukyan. — el mencionado casi brinca del sofá.
— ¿Viste su rostro? Llamare a alguien para que la retrate… — sí, su hijo estaba desesperado Neri lo sabía, había encontrado el amor y el único recuerdo que tenía de ella era su aroma, grabado en su mente, en su piel, pero las cosas pasaban por algo, y Neri Neizan lo sabía.
— Vi que sufre y mucho. — la muerte blanca lo apodaban, para el rubio los sonrojos en su pálida piel no existía, solo tenía la característica de ponerse aún más pálido cuando estaba a punto de matar a alguien y no porque le dirá impresión o miedo, muchos decían que era así porque su sangre era aún más fría que la de su madre, hielo corría por sus venas, otorgándole la palidez y su apodo.
— ¿Dónde está? — exigió saber poniéndose de pie, con una mano sobre su arma, esa que solo un Neizan podía empuñar, esa de oro macizo y zafiros formando la N de su apellido.
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