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Atrapar al mafioso Novel Cover

Atrapar al mafioso

Pertenecer a la mafia no es fácil, mantener tu lugar mucho menos, atrapar a uno de los lideres más grandes del bajo mundo… es casi imposible. Dasha Morozova solo queria su lugar en el mundo, al lado de quien amaba, sabia los riesgos, creció con ellos, y cuando al fin creyó conseguir a quien queria… la vida le demostró que no todo es un cuento de hadas, más cuando vives rodeada de enemigos, ahora el amor ya no es su prioridad, busca venganza, quiere recuperar lo que por ley es suyo y no le importa a que demonio deba tentar para ello. Lukyan Neizan, sabe que el legado de sus padres pesa sobre sus hombros, el don de ver destellos del futuro es su gran aliado cuando debe cuidar su espalda y destruir enemigos, pero… hay imprevistos que escapan incluso de su don, es así como el gran mafioso dueño de casi toda rusia y apodado la muerte blanca, despierta un día con la noticia de que tiene un hijo, del cual ni siquiera sabe quién es la madre. Dasha debe atrapar a un mafioso que la ayude en su venganza. Lukyan debe honrar las leyes de su clan y casarse solo con la madre de su hijo. La venganza es un plato que se sirve frio, y atrapar a un mafioso puede hacerte arder mucho antes de conseguir lo que quieres, pero eso Dasha… aun no lo sabe.
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Chapter 2

— Yo no estaba en Rusia esa noche… no sé qué paso, solo sé que enviaron un mensaje de que fuera por ti a ese lugar y cuando te vi… cuando me agradeciste por esa noche tan especial. — Alek apretaba sus puños, sus nudillos blancos dejaban en claro que se sentía en el mismo infierno. — No tuve corazón para decirte que dormiste con un hombre que no era yo. — Dasha estaba sin palabras, solo podía negar con la cabeza, al tiempo que sus lágrimas caían y trataba de recordar algo, un indicio que le haga comprender lo que Alek decía, pero solo logro recordar que no vio su rostro, solo una silueta, y que escucho una voz que ella creyó que estaba distorsionada por el placer y que ahora comprendía que en realidad esa no era la voz de Alek.

— No puede ser.

— Lo es Dasha y lo lamento, yo no puedo ayudarte.

— Pero… — las palabras de Alek se mezclaban en su mente, acorralándola a un precipicio del cual caería cuando su padre supiera la verdad.

— Mejor regresa a tu casa y habla con Harum, ella es buena y te ayudara, yo no puedo hacer nada por ti. — el castaño giro sobre sus talones y Dasha sujeto su brazo, un último arrebato de valentía.

— ¿Ese era el amor que me jurabas? No es tuyo, pero es mío, ¿acaso mi padre no ama a Harum como suya? Tú puedes…

— El clan Neizan tiene reglas… y tú ya no aplicas a ellas, ya no eres pura.

Dasha libero el brazo de Alek, como si el joven mafioso de 25 años fuera lava, como si con aquella frase le hubiera arrancado el corazón, pero, aun así, ella continuara viviendo, condenándola a seguir sufriendo.

En silencio lo observo alejarse, y en silencio llevo sus ojos al cielo, ¿Cómo fue tan estúpida? ¿Cómo no pudo reconocer al hombre que durante años había observado en silencio? ¿Qué haría ahora? Su mano aun temblaba cuando la llevo sobre su vientre y como si recibiera una señal divina, su bebé se movió; ella lo había dicho, no era de Alek, pero era suyo, no cargaba rencor contra ese ser, no fue concedido a la fuerza, solo fue su error, la vergüenza de entregarse a alguien por primera vez, fue lo que la llevo a dejar la habitación en penumbras, y un desconocido que solo ayudo en su condena, pero si debía ser franca, era una dulce condena, pudiera ser que perdiera todo, su padre la expulsaría del clan Morozova, pero aun así, ella ya no estaría sola.

Visiones:

El clan Neizan era la mafia más importante de rusia, eso era indiscutible, al igual que el manto de misticismo que los cubría, no solo por estar un paso delante de sus enemigos, también era el hecho de que nunca nadie le pudo demostrar delito alguno, todo el mundo conocía sus rostros, ellos no necesitaban de las sombras para protegerse, claro que no, cuando tenían el don de la videncia de su lado, algo que les daba la ventaja sobre sus enemigos, pero que también causaba un gran peso para el líder del clan, quien era consiente que el futuro no siempre se podía cambiar, él era solo un observador, Neri Neizan, mejor conocido como el vidente, cargaba con más secretos que cualquier otro ser humano, ¿Quién dijo que ver el futuro siempre es bueno? En especial cuando este no se muestra completo o no se puede cambiar.

— Lukyan, debes dejar de tentar tu suerte, que te pegues una enfermedad de trasmisión sexual sería el menor de tus problemas siendo quién eres. — los Zafiros que su madre tenía por ojos brillaban con frialdad y el rubio solo pudo asentir con la cabeza, incapaz de decir media palabra.

— No debes preocuparte por eso amor mío. — la voz de Neri hizo girar a su esposa, quien solo sonrió al verlo. — Tu hijo embarazara a la correcta, lo acabo de ver, seremos abuelos muy pronto. — la sonrisa del rubio líder del clan se extendió aún más que la sonrisa de su esposa.

— Mmm, creo que tus visiones ya no son lo que eran padre. — rebatió casi con desespero Lukyan de 28 años. — Aun soy joven para casarme. — explicó guiñándole un ojo al mayor, esperando como siempre la complicidad de su padre, para hacer enojar a su madre, pero obteniendo de respuesta un rostro triste del mayor, algo que preocupo tanto a su esposa como a su único hijo y sucesor de la mafia Rusa.

— Eso es algo que no puedo negar… no te casaras pronto, o al menos… tu madre y yo no lo veremos.

— Padre…

No importo cuanto suplico el sucesor, ni las miradas nerviosas de Zafiro Zabet, su esposa, Neri Neizan ya no dijo más nada. Sin embargo, la información de la visión que el jefe tuvo se esparció como pólvora en el clan, la muerte blanca seria padre muy pronto, y eso era un alivio, cada clan mafioso tenía sus normas, leyes no escritas, pero bien aprendidas, sin importar lo descabelladas o absurdas que pudieran parecer, debían cumplirse, fue por ello por lo que muchos de la familia Neizan estaban emocionados ante aquella visión, si la muerte blanca tenía a su primogénito, ellos al fin podrían formar su familia.

Solo habían transcurrido un par de semanas, y el rubio había pasado de tener sexo desenfrenado sin protección, a llevar más de diez cajas de preservativos con él, aunque incluso teniendo protección, se había sumido en una abstinencia sexual autoimpuesta, no, no queria ser padre, mucho menos tener esposa, aún estaba asombrado con el giro que había tenido la vida de sus primos, Horus Bach, Pedro Sandoval y Giovanni Santoro, el trio que no solo eran padres, también se habían casado… con una misma mujer, el ruso no comprendía aquello, y aunque la dulce princesa era una digna mujer y la poligamia no era problema en su familia, en su clan, esas cosas no estaban permitidas.

— ¿Serias capaz de compartir una mujer como tus primos? — Lukyan giro a ver a Alek, primo por parte paterna, mientras los otros lo eran por el lado de su madre, hábiles asesinos, mafiosos y sicarios.

— Sabes muy bien que no, en nuestro clan la traición y el engaño está prohibidos, además… soy demasiado posesivo. — rebatió mostrando una sonrisa, pero también regalándole una mirada dura.

Alek era hijo de un primo de su padre, era familia, pero no por eso podía bajar la guardia con él, aunque lo considerara su amigo, todos eran remplazables, porque todos tarde o temprano querían lo que era suyo, lo sabía, lo había visto, y es que el joven Lukyan, compartía el mismo don que su padre y su difunta abuela rusa, la videncia.

— Debo ir a ver a tu prima, la gran sombra de Italia tiene un nuevo negocio que proponer, pero regresare mañana a primera hora. — informo el castaño y Lukyan solo asintió.

— Haz llegar mis saludos tanto a Estefanía como a la santa. —pidió recordando a su prima Alejandra, una santa en todo sentido, hasta que se tocaba a su familia, entonces la rubia liberaba el diablo que llevaba dentro.

— Lo hare y para que no me extrañes, deje una habitación en el hotel casino a tu nombre y unas lindas chicas dispuestas a entretenerte en mi ausencia.

No respondió al comentario de su primo, pues no pensaba ir, trataría de escapar a la visión de su padre, no se veía cambiando pañales, aunque si podía imaginar a una mujer leal a su lado. Con ese pensamiento sus ojos se cerraron, fue solo un momento, uno que cambiaría su vida.

El cabello negro brillaba bajo la luz de la luna, su piel pálida también era apreciada por la débil luminiscencia que se filtraba en aquella habitación, su aroma, el más exquisito que alguna vez sintió, la suavidad de su cuerpo y la forma en la que se estremecía cuando al fin rompió la delgada fibra que dejaba saber que tan pura era esa mujer.

Despertó sudado y agitado, maldiciendo el no poder ver su rostro y mucho más, odiando la ausencia de la suavidad de ese cuerpo bajo el suyo, pero al menos sabia donde la encontraría.

— El hotel casino. — susurro para él mismo.

Sin perder tiempo fue al lugar, casi ríe al ver los pétalos esparcidos en el piso de la habitación y las estúpidas velas, no, Lukyan no era romántico en absoluto pero… esa mujer, su mujer, se merecería eso y mucho más, estaba a punto de encender la luz, luego de pedir a todas las mujeres, que su primo Alek había contratado, que se marcharan del lugar, solo esperaría por ella, le haría el amor y luego la castigaría por vender su virginidad, porque… las leyes eran claras, las mujeres solo eran tomadas por voluntad, nunca se forzaría a una mujer en su clan, la pena a eso era la muerte y luego que su cuerpo sea comido por cerdos; pero antes de llegar al interruptor, la puerta se abrió, dejando ver una silueta delgada, pequeña y un poco temblorosa.

— Si estás aquí. — dijo en una mezcla de felicidad y vergüenza la joven.

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