
Amor prohibido
Chapter 6
Felipe al fin regreso a país X, no estaba muy convencido de retornar, pero al ver como sus hermanos volvían a sus universidades y que incluso Victoria se iría a Rusia con Stefano, decidió no ser el débil y seguir el ejemplo de sus otras mitades, parecía que solo él los extrañaba, claro que con lo que había sucedido con Victoria nada volvería a ser igual, Felipe ya no estaba solo en país X, Lucero había envido gente de su confianza a la cuidad a cuidarlo, así como Ámbar estaba bajo la protección del clan Zabrek, quienes lideraban la mafia en Grecia, Mateo tenía como respaldo a la mafia de Chicago los Constantini, y Stefano estaba en el reino de los Neizan, por lo que Lucero se haría cargo de su seguridad, solo se tomó un día de descanso para regresar a la universidad y solo cuando puso un pie en aquel lugar recordó a Ming, en todas esas semanas no se había comunicado con él, pero Felipe tampoco lo había hecho, comenzaba a estar cada vez más seguro que eso no era amor, solo atracción y curiosidad, Ming fue el primer hombre que le fue claro o mejor dicho directo en avanzar a algo con él, pero eso no quería decir que el rubio lo amara.
— Señor Zabet, debo hablar con usted. — dijo de forma cortante Ming cuando la clase termino y Felipe solo se quedó en su asiento, viendo una vez más como todos se retiraban.
— Ming… — comenzó a decir Felipe, pero su boca fue tomada con desespero por su profesor, quien incluso lo hizo poner de pie, para pegarlo a su cuerpo.
— Te extrañe hermoso, no sabes cómo te extrañe. — Han Shun Ming estaba agitado de pies a cabeza, su cuerpo estaba rígido, y sus manos apretaban con desespero el cuerpo de Felipe.
— Sí, eso se nota. — respondió mostrando una pequeña sonrisa el rubio, jamás hubiera imaginado que lo recibiría de esa forma, a decir verdad, esperaba algún ataque de celos, ya que en el corto tiempo que llevaban juntos en esa confusa relación, el hombre se había mostrado hostil cuando Felipe no le decía dónde estaba, que estaba haciendo o cuando no hacia lo que él le pedía.
— Sé que regresaste ayer, ¿Por qué no me llamaste? — y allí estaba, lo que a Felipe le molestaba, que Ming siempre sabía dónde estaba y que hacía.
— Porque espere que tú me llamaras, a decir verdad, he esperado tu llamada durante días, por lo menos para que me preguntaras como estaba. — dejo que la queja solo saliera, si Ming iba a reclamar algo, él también.
— Si no te hubieras ido, yo sabría como estabas.
— Si recuerdas que te dije que secuestraron a mi hermana ¿verdad? — rebatió molesto al tiempo que se alejaba un poco de él.
— Tienes hermanos mayores, ellos deberían preocuparse por eso, no tu hermoso, ese no es tu trabajo.
— ¡¿Disculpa?! Comprendo que ustedes tienen una forma distinta de pensar y solucionar las cosas, pero de donde yo vengo, ser el mayor o el menos no tiene nada que ver con preocuparte por tus otros hermanos. — Ming suspiro demasiado fuerte y un brillo oscuro tomo sus ojos, pero cuando Felipe esperaba alguna frase mordaz de él, solo le sonrió.
— Tienes razón, tú eres distinto, por eso me vuelves loco, quiero verte… en mi casa, a las 10, no faltes.
Solo lo dijo y se marchó sin esperar respuesta, Felipe paso el resto del día pensando que debía hacer, el hecho de que Ming le gustara y mucho no era suficiente para pasar por alto sus desplantes, ni siquiera mintió y fingió un mínimo de preocupación por Vicky, no pregunto por ella o como estaba, y eso era porque no le importaba, y Felipe no podía amar a alguien que no le importara su familia.
— Señor…
— No me llames así, por favor, tengo la mitad de tu edad, dime Felipe. — el joven vio con fingido espanto a su custodio y a este no le quedo más que reír, Felipe tenía la facilidad de hacer reír incluso a la persona más seria del mundo.
— Como digas, solo quería preguntar si saldrá esta noche o…
— No claro que no, pueden ir a descansar, nadie podría ingresar al edificio, solo los Bach. — respondido el rubio, ya que se enteró que Conall, desplego al menos veinte hombres esa noche que fue por él, y aun así tuvo que dar explicaciones a la policía al salir del edificio, Felipe era precavido, siempre temió el ser secuestrado o acosado por los periodistas, lo odiaba, fue por eso por lo que había buscado un buen edificio en donde establecerse en país X.
Una vez que el empleado se retiró, él fue a la casa de Ming, debía decirle que si seguían en esa especie de relación deberían programar donde y cuando verse, si bien le había confesado a Lucero que era gay, aun no estaba dispuesto a que toda su familia se enterara y por más que Lucero le aseguró que su gente no diría nada de lo que viera él no estaba tan seguro, o quizás era el hecho de que no estaba seguro de continuar con Ming. Fuera lo que Fuera, Felipe se arrepentiría de haberle mentido a sus custodios.
Felipe camino por las calles de piedra, odiando una vez más el clima tan cambiante de aquel lugar, aun no se acostumbraba a salir con un paraguas cada día, y es que, así como en un segundo el cielo estaba despejado solo segundos después la lluvia caía, como en este momento, apresuró sus pasos y toco sin demora la puerta del hogar de Ming, o el que Felipe creía que era su hogar.
— Creí decirte que siempre lleves un paraguas. — fue lo primero que Ming dijo y Felipe bufo molesto.
— Ming, deja de comportarte como mi padre y dame mejor algo para secarme o me enfermare, odio el clima de este lugar… — Felipe siguió quejándose, sin percatarse de la forma en que su profesor lo veía.
— Ten y sígueme. — ordeno con voz acerada y Felipe lo vio sorprendido.
— ¿A dónde?
— A cambiarte antes de que te enfermes. — sin ser consciente del peligro Felipe lo siguió, y es que, para el joven Zabet, desconfiar de quien te quiere o a quien quieres no era lógico, se supone que quienes te quieren no te dañan, eso pensaba Felipe.
Ming no perdió tiempo y comenzó a desvestirlo, ágil y rápido como solo él podía ser, pero bajo su aparente preocupación se escondía otra cosa, una tenebrosa e incluso diabólica razón, Felipe se dejó hacer, como cada vez que Ming estaba a su lado, el joven se replanteaba la decisión que había tomado, ahora que Ming besaba sus labios con suavidad, y acariciaba su torso, como con suaves movimientos secaba su espalda, o la delicadeza con la que retiraba su pantalón y ropa interior, Felipe se preguntaba una vez más si no estaba siendo egoísta, ¿realmente era correcto alejar a Ming solo por ser un poco controlador? Ahora no estaba, muy convencido de ello. Talvez como todo en su vida estaba tomando una decisión egoísta y es que así se sentía Felipe, cada vez que sus hermanos o padres se abrían a él, buscando tratar de descubrir el secreto del rubio, este los alejaba con alguna broma pesada, en este momento Felipe se preguntaba si en verdad quería alejar a su profesor por no ser compatibles o por temor de amarlo, en estos 19 años Felipe se había acostumbrado a estar solo y aun así acompañado, su mente era un verdadero caos y los besos de Ming no ayudaban, hasta que sintió el frio del metal en sus muñecas, solo entonces se dio cuenta que estaba esposado a la cama.
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