Portada de la novela Víspera de otoño

Víspera de otoño

9.4 / 10.0
Al volver a su hogar con el otoño, una joven busca honrar los valores de gratitud y compromiso que definen su vida. No obstante, el reencuentro familiar se complica por la presencia de su nuevo hermanastro, un hombre hostil y cargado de prejuicios que la tacha de traidora ante los Dalton. Frente a su amargura y los ataques constantes, ella se mantiene firme en su propósito de proteger su integridad y evitar que el rencor ajeno destruya la paz de los suyos.

Víspera de otoño Capítulo 1

—¡Casandra! —grita una mujer.

—Ella es Isabel, mi madre adoptiva que me llama del piso de abajo.

—Casandra ¡niña baja por favor! —grita parada al final de las escaleras.

—Me llama de nuevo, no puedo estar un segundo en mi habitación.

Solo bebo un trago de mi bebida con un agrio sabor a betabel, que si no lo tomo me convertiría en una abominable sangre sucia.

—Mande. —respondo una vez que bajo las escaleras rápido.

—Toma al bebé.

Ella me entrega a Israel medio dormido, que me encuentro cargando, hace ya bastante Isabel estuvo embarazada de gemelos que nacieron un cuatro de abril, que de vez en cuando debo cuidarlos, al ser que en la casa solo vivimos mamá y yo.

—Tengo una junta importante en línea, mantén a los niños dormidos, evita que hagan ruido.

—Si.

Isabel vuelve a sentarse frente a su computadora, yo solo me quedo cuidando a los bebes que están dormidos, debo decir antes que nada que, en cualquier momento, mi padre adoptivo y su hijo Iván llegaran.

No tengo muchos amigos, tal vez solo los cuento con los dedos, debo decir que soy selectiva, eso creo.

—Qué bueno que viniste Gabriel. —dijo Isabel, al recibir al mejor amigo de su hijo Iván.

Y presentarme.

—Ella es Casandra, mi hija.

“Adoptiva”, pienso en mis adentros, viendo a él con ese cabello algo largo, aunque lo trae recogido en un chongo ambos estrechamos las manos, al saludarnos y ver sus ojos azules.

Isabel recibe con un abrazo y beso a Daniel, mi padre, que de él solo recibo un fuerte abrazo, al oler su aroma a romero que, por cualquier motivo, me recuerda a algo que aun no entiendo a qué.

—Hijo al fin estás aquí, pero saluda a tu hermana. —dice Isabel al abrazar a su hijo.

Solo miro a un chico alto de cabello castaño chocolate corto, que me mira con cierto desdén al igual que yo lo hago, yo entiendo que él no me acepta.

—Casandra.

—Iván.

Y eso fue nuestro saludo, no esperaba gran cosa de él y menos Iván de mí, quizás él este odiándome por como manejaron sus padres, que ahora son también los míos.

No voy a olvidar que, fui o sigo siendo una huérfana del castillo de Ava Miller, orfanato de jóvenes híbridas, al ser que está asociada con la fraternidad de padres de familia, que oficialmente son padres adoptivos temporales.

Exacto, soy temporal en una casa de cazadores que su caza es la mitad de mi descendencia, y que, “afortunadamente”, y desafortunadamente para mí, ya que Daniel e Isabel descubrieron mis datos y decidieron ser mis padres temporales, mientras su hijo estaba estudiando.

Que sé muy bien que no estuvo de acuerdo de compartir a sus padres conmigo, menos a sus hermanitos.

Casandra voltea al haber sentido que alguien la miraba, cuando se da cuenta que es Gabriel, quien solo sonríe y ella solo responde con lo mismo.

—Bueno chicos, quieren comer.

—Si mi amor, tenemos hambre ya que el viaje fue largo.

—Pasemos a la mesa, porque tengo la comida que te gusta hijo.

—Gracias.

En eso que van al comedor, Gabriel como Iván ven subir por las escaleras a Casandra, a lo que voltea ver a su amigo y Iván mueve los hombros, sin saber y sin tomarle importancia porque notaba su molestia.

—Iván cálmate.

—Calmarme, deberé comer con ella en la misma mesa, yo te lo había dicho.

En eso escuchan unos pasos.

—Te lo dije. —dice Iván.

Y solo se sientan a la mesa, mientras Isabel termina de servir la comida.

—Bueno dime como les fue en el internado.

—Muy bien mamá, ya soy capitán de entrenamiento.

—Felicidades hijo, y tu Gabriel.

—Muy bien señora Dalton, soy capitán de deportes.

—Felicidades.

—Gracias.

—Estos jóvenes que vez amor evolucionaron a gran medida.

—Si lo imagino amor, si vienen fornidos.

—Mamá.

Al ver que Iván no tenía para nada la intención de preguntar, a lo que él decidió hacerlo.

—Señora Dalton, ¿Por qué Casandra no vino a comer?

A Isabel le sorprende un poco, aunque lo sabía, por un momento creía que quien lo preguntara seria su hijo, cosa que entiende porque no lo hizo.

—Bueno muchachos, ella no puede comer comida ordinaria, como está Casandra lleva una dieta estricta que debe ayudarla, ella ve a una psicóloga que la ayuda a adaptarse.

—Lo ves, te lo dije, es una Dana.

—Iván por favor no hables así.

—Es cierto mamá, ella es una calamidad de sangre y que este en esta casa.

—Iván ya hablamos de eso, respeta a tu hermana.

—No la aceptare como mi hermana nunca.

—Pero no se preocupen por ella, generalmente come en su habitación y tiene a su padrino Sebastián, quien le envía naranjos que le han ayudado mucho, igual que algunas bebidas clásicas que son bueno para su salud.

—Lo que me pregunto padres, porque no solo se la devuelven a su padrino, ya que lo tiene.

Gabriel nota la mirada de los padres de su amigo nada contentos, a lo que el señor Daniel dice:

—Hablaremos más tarde.

En cuanto Casandra se encontraba muy tranquila en su habitación, leyendo un libro sentada sobre su cama, mientras disfrutaba los gajos de la fruta que complacían su paladar, cuando detiene la lectura y mira el reloj que tiene a un lado.

—Rayos se me va hacer tarde, ya que trabajo de repartidor en una pizzería algo famosa.

Solo me preparo para salir, enseguida puedo mirarme al espejo, aunque mi silueta es algo clara, pero no se ve como quisiera, porque solo llevo un overol de mezclilla con mi blusa de manga larga.

Bajando las escaleras Casandra, es Isabel quien se da cuenta al decirle:

—A dónde vas Casandra.

Ella se detiene cuando ha tomado las llaves de su scooter del perchero, voltea al ver que no solo la mira su madre, si no también Gabriel e Iván, que están cargando a los bebes.

—Mamá voy al trabajo, y debo irme antes de llegar tarde.

—A no.

—¿Por qué?

—Llame a tu jefe y le dije que te diera el día, ya que tu hermano está aquí.

—Cierto mamá. —conteste con una sonrisa, devolviendo las llaves y decirme pensando, “ayuda”, subiendo las escaleras.

—Casandra a ¿Dónde vas?

Solo volteo poniendo mis manos sobre el barandal de las escaleras.

—Estaré en mi cuarto mamá.

—No, te quiero aquí en la sala, no te quiero metida en tu habitación.

Evita mover los ojos al contestar:

—Solo debo ir por mi libro.

Isabel asiente nada más, al ver a Casandra subir y ella voltea a ver a su hijo Iván.

—Por favor hijo, compórtate con tu hermana, no quiero quejas ni problemas en esta casa.

—Si mamá.

Casandra tomo su libro y su plato hondo, que tenía aún más fruta para comer. Bajo de nuevo, sentándose en el sofá lejos de los chicos, ocupada leyendo su libro y comiendo, no tardo mucho las miradas de Iván hacia ella, desafortunadamente el libro tapaba parte del rostro la Dana.

—Mira a la nerd de libros.

—Déjala en paz, aun no la conoces bien y no parece tan mala.

—No pienso dirigirle la palabra a esa Dana.

—Lo hiciste cuando llegamos.

—Solo lo hice por mi mamá, y salió bien.

—Claro, —dice Gabriel, al cambiar un poco la voz aparentando la de su amigo. —Casandra, solo dijiste eso.

—Pero salió bien. —insistió Iván.

Ya que los dos se encontraban en la cocina hablando.

—Hijo tu padre y yo saldremos, cuida a tus hermanos, ya le dije a Casandra, volvemos más tarde.

—Está bien mamá.

—No quiero problemas, y estás en tu casa Gabriel.

—Gracias señora Dalton.

—Solo dime Isabel.

Gabriel asiente. Daniel como Isabel se despiden y salen de la casa, una vez que Casandra ve salir a sus padres, sonríe y decide volver a su habitación subiendo rápido las escaleras.

Iván como Gabriel la miran.

—No le dirás nada a tu hermana.

—Ella no es mi hermana, no pienso hablarle a esa Dana.

—Bueno da gracias que tus hermanitos están dormidos, no quiero imaginar cuando se pongan latosos y debas llamarla.

Iván se ríe.

—No sucederá.

Gabriel solo mueve la cabeza, al solo asentir y saber que sucederá.

Mientras, los padres de Iván y Casandra, iban en el auto directo a la mansión Cruenta del señor Alan, siendo que hace un rato, Isabel le dijo a su esposo en la habitación.

—Me alegra mucho que ya estén en casa, no sé si te dijeron que el señor Alan quiere vernos.

—Si es sobre Casandra, me dijeron que también Paola la psicóloga y Ava estarán presente.

—Igual me lo mencionaron, crees que Casandra haya decidido irse a Azcon.

—No tengo idea cariño, pero es importante que lo hablemos.

Es así como llegan hasta la mansión, estacionando el carro para abrir la puerta, que es como ambos bajan para después tocar a la puerta, que son recibido por el ama de llaves, un hombre delgado y uniformado.

—El señor Cruenta los está espera en su oficina. —dijo el señor.

Ellos lo siguieron, hasta que llegaron a una puerta de caoba, la cual el ama de llaves toca y es como escuchan.

—Adelante.

El hombre delgado abre la puerta, haciendo pasar a Isabel como a Daniel, al ver al señor Cruenta sentado frente a su escritorio, quien se levanta.

—Isabel que gusto de verte, pero Daniel, es bueno que hayas vuelto del internado de Frost, es bueno verlos de nuevo, ¿Cómo esta Casandra?

—Ella está muy bien.

—Ahora que Iván conoce a su hermana, como les ha ido a los dos.

El señor Alan Cruenta mira el rostro de los Dalton, mostrando que no ha sido tan fácil como ellos creyeron.

—Bueno, apenas es el comienzo, estamos esperando como marcha.

Cruenta no dice nada, a lo que los invita a sentarse, cuando de repente aparece la señorita Paola Louis, quien saluda a los Dalton, igual que Ava Miller, directora y dueña del castillo Miller.

—Gracias por haber venido, no perdamos más y hablemos de Casandra, ya que ustedes son sus padres adoptivos temporales.

Esa palabra pone nerviosa a Isabel, porque ha llegado a querer y amar a su hija Casandra, a lo que Daniel su esposo la calma, al tomarla de la mano.

—¿Qué es lo que sucede? —pregunta Daniel.

—Desde que adoptaron a Casandra, ella ha tenido una evolución exitosa, sabiendo que aparentaba tener diez años cuando la adoptaron y que ha alcanzado a nuevamente asemejar el tener 19 años, ahora he descubierto que ella puede tomar ambos jarabes. —dice la psicóloga Louis.

—Disculpe doctora, que tipo de jarabes.

—Los jarabes de la doncella Pavla Faa, quien también fue una híbrida con una herencia extraña, cada una tiene efectos positivos en Casandra, uno le da la gran oportunidad de ya poder probar viviendo del plato del bien comer, disfrutando de ambos alimentos, claro que al igual el segundo puede alcanzar la edad completa, al aparentar sus 28 años, siendo que ella estaría cumpliendo más de 100 años de edad.

—Si ella tomara los Pavla Faa conservaría ser híbrida. —dice Isabel.

—Así es, ella lo sabe, lo que sucede es que Casandra no se siente lista para aceptarlo.

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Tabla de contenidos de Víspera de otoño

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