Portada de la novela El Destino de la Luna Rechazada

El Destino de la Luna Rechazada

8.2 / 10.0
Yvette Presley es la única superviviente de su manada tras una masacre devastadora. Al cumplir dieciocho años, el dolor de la pérdida se intensifica cuando su propia pareja decide rechazarla cruelmente. Lejos de rendirse, este desprecio fortalece su voluntad para buscar un propósito mayor. Enfocada en potenciar sus habilidades, Yvette se prepara para ser una Luna poderosa. Quienes la traicionaron pronto enfrentarán las consecuencias de su implacable venganza.

El Destino de la Luna Rechazada Capítulo 1

Punto de vista de Yvette:

"Yvette, perra, ¿dónde está mi pulsera? ¿Quién diablos se la llevó?", exigió la voz de una fémina enojada, acompañada de pasos apresurados.

Yo preparaba el desayuno en la cocina, cuando la puerta se abrió de golpe.

"Señora, no he visto su brazalete, porque no he estado en su habitación", dije con normalidad.

"Oh... ¿no lo hiciste? Ayer te dije que la limpiaras. ¡¿No me tomas en serio, o qué?!", soltó, y me abofeteó en la cara, como un castigo por no cumplir sus órdenes.

Levanté la mano para cubrir mi dolorida mejilla, y reprimí el deseo de refutarle... Tuve que recordarme, de nuevo, que ahora era una sirviente. Si quería seguir con vida, tenía que ser sumisa.

¿Esta loba horrorosa pensaba que un simple brazalete podría hacer que los machos de la manada se volvieran locos por ella? Para eso tendría que romperse la cara con un martillo, y luego hacerse a una tremenda cirugía plástica.

"Date prisa y busca mi pulsera", ordenó ella, me agarró del brazo y me arrastró fuera de la cocina. Si no fuese tan delgada, podría haber tenido la suficiente fuerza para contraatacar. Pero no ahora. La mujer me arrastró por los pasillos de la villa de Wade. Los suelos estaban alfombrados y, como era muy cómodo caminar sobre ellos, a veces me gustaba quitarme los zapatos y andar descalza.

De repente, escuché gemidos provenientes del dormitorio principal, lo que quería decir que Wade estaba allí, teniendo sexo con otra loba. Sus jadeos eran lo suficientemente fuertes como para resonar en el suelo y colarse como vibraciones por mis pies, y el aire apestaba a feromonas. Otra voz femenina se unió al barullo, y eso me dijo que había más de una loba en la cama de Wade. Bueno... no era raro en esta casa que diferentes lobas durmieran con él al mismo tiempo; después de todo, él era el Alfa.

"No te fijes en eso, ocúpate de tus cosas. Ve a mi habitación y busca mi brazalete", siseó la loba que sostenía mi brazo, y pude ver el resentimiento en su rostro. En ese momento, me di cuenta de que ella también era una de las parejas sexuales de Wade, y que lo más probable era que él ya no la llamara como antes, por lo que buscaba el brazalete con desespero. ¿Acaso pensaba que un pésimo brazalete podría devolverle el favor de él?

La seguí a uno de los dormitorios, y me detuve en la puerta, al ver lo desordenado que estaba. Se lo habría limpiado ayer, pero tuve que lavar la ropa y cocinar para la manada. No tuve tiempo de limpiar todos los cuartos de esta enorme casa. A veces estaba tentada de envenenarlos a todos, pero, para eso primero debía tener el veneno suficiente que me asegurara acabarlos... y también las agallas para hacer algo así.

"¡Apresúrate!", chilló la exigente loba. Ella también estaba buscando por cada rincón del cuarto.

Revisé la cama y el armario, pero no encontré nada ahí; la pulsera tampoco estaba en la mesita de noche, ni debajo de ella. Fui hacia la mesa, pero tampoco estaba. Al pasar junto a un espejo, vi mi reflejo. Aunque estaba muy flaca para tener diecisiete años, tenía un rostro seductor. De hecho, era una belleza. En ese momento, la loba me sorprendió mientras me miraba, me fulminó con la mirada y gritó: "¡Perra! ¿Acaso tienes tiempo para mirarte en el espejo? ¿A quién diablos planeas seducir?". Me abofeteó con tanta fuerza que caí al suelo y, gracias a un rayo de sol que entraba por la ventana, vi algo brillante debajo del gabinete. Era el maldito brazalete.

Me arrastré hasta el armario, y lo saqué de ahí.

En ese instante, el rostro de la loba se iluminó, y su expresión cambió y se suavizó. "¡Aquí está! Gracias a Dios... Pensé que lo había perdido. Quiero usarlo para la ceremonia de Alfa de Darren", suspiró aliviada.

Sí, en unos días Darren estaría listo para convertirse en el Alfa de la manada. Muchos miembros de la clase alta de diferentes manadas asistirían al evento; esta era una oportunidad para que las lobas se vistieran con ropa elegante.

Obviamente, yo no estaba incluida.

"¿Por qué sigues ahí parada? ¡Vuelve a la cocina!", ordenó la ingrata.

Cuando salí de la habitación, me encontré con Wade y sus parejas. Estaban de buen humor, hablando y bromeando alto... Se notaba que habían disfrutado el sexo.

"Deberías estar en la cocina ahora, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Crees que puedes tomarte descansos en este trabajo?", rugió una de las lobas, y levantó la mano para abofetearme, pero la agarré hábilmente por la muñeca.

"No me toques", advertí con la voz dura. Solía fingir que era sumisa, y permitir que otros me empujaran y me maltrataran... pero ya me estaba cansando de eso. Solo faltaba un día para que cumpliera dieciocho años... la libertad estaba a solo un día de distancia.

"¡Yvette! ¡Conoces las reglas! Te dejamos vivir con nosotros por amabilidad, así que debes ser agradecida", dijo alguien desde atrás.

Me di la vuelta, y vi que se trataba de Wade, así que lo miré a los ojos. Nadie jamás se atrevía a hacer eso, mirarlo a los ojos, porque... bueno, él era el Alfa. Sin embargo, él no era mi Alfa. ¿Cómo se atrevía este asesino a esperar que le estuviera agradecida? Sabiamente mantuve la boca cerrada.

"¡Ve a cocinar! ¡Y llena el tanque de agua! ¡No cenarás hasta que esté lleno!", añadió él, usando su voz mandona. Puse los ojos en blanco, pero me giré para cumplir sus órdenes.

Era muy agotador llevar agua de un lado a otro. Todo esto se debía a que se acercaba la ceremonia Alfa de Darren, y Wade no quería que nada saliera mal. Por eso me obligaba a llenar el tanque de agua, en caso de que hubieran más invitados de los esperados.

"Cariño, debimos haberla dejado por muerta cuando la encontramos... Tal vez todavía podemos venderla a otra manada". Escuché a una de las lobas decir eso antes de marcharme.

"Como desees", me burlé y me di la vuelta, "Me gustaría verte cocinar y limpiar para esta manada. Ni siquiera sabes hervir agua", añadí.

"¡Maldita perra!", gritó ella y me abofeteó. Ya que me habían abofeteado mucho estos últimos siete años, su golpe no me dolió tanto.

"¿Es todo lo que tienes?", me burlé de ella antes de alejarme y, mientras caminaba, la escuché maldecir y quejarse desde atrás. Ella era una perra que se acostaba con todos los hombres de esta manada.

Era Yvette Presley, y mañana cumpliría dieciocho años. Vivía con la manada Slaughter, dirigida por el Alfa Wade Miller, y su Luna, Christina. Este grupo tenía alrededor de sesenta miembros, y una sirvienta que se encargaba de cocinar y lavar la ropa. ¿Quién era esa chica tan desafortunada? Yo. Yo hacía todas las tareas del hogar... A pesar de vivir entre este grupo de bestias, les guardaba rencor.

El Alfa Wade Miller era un tirano, era un infame ampliamente conocido por su crueldad, en especial hacia sus enemigos. Él fue el responsable de acabar con mi manada, pero no era como si tratara a su propia gente mucho mejor. Wade y su Luna, Christina, tuvieron un hijo, llamado Darren, y él era otro villano... De tal palo tal astilla, nunca mejor dicho.

Yo solía pertenecer a la manada Blue Dream, pero ya no existía, porque sus hombres, mujeres, e incluso niños, fueron brutalmente masacrados por la manada de Wade. Cuando eso sucedió, yo tenía diez años, y sobreviví por pura suerte. Solía ser la princesa de nuestra manada. Mi padre, Lucas Presley, era el Alfa. Él fue un gran líder, amable y justo con todos. Pero... ¿de qué le sirvió? De todos modos, ellos lo mataron. Podrías pensar que sobreviví porque a los de la manada Slaughter les quedaba algo de conciencia, pero te equivocarías... Ellos solo querían mano de obra gratuita.

En este mundo, los fuertes gobernaban, la bondad no era una armadura, y solo podías confiar en la garra de lobo y otras armas para protegerte.

Estos últimos siete años, he estado viviendo con las bestias que mataron a mi familia y me esclavizaron. Tal vez se podría decir que soy una princesa en problemas... Prefería el título de "princesa en problemas" que el de "esclava". Y tal vez te preguntarías por qué seguía aquí, entre ellos... la respuesta era muy simple: por lo menos, tenía un lugar donde dormir al quedarme aquí. Aunque mi cama era pequeña, era mejor que dormir en el suelo, o en la calle. Además, el primer paso para que una venganza tuviera éxito era conocer al enemigo. Mi fuerza actual era mínima, pero esperaba volverme más fuerte.

Por el momento no tuve aliados, pero sabía que pronto tendría a un lobo. Cuando ese momento llegaba, ya no estaría sola...

Siempre había esperado que la Diosa de la Luna se apiadara de mí, y me diera una pareja que me amara, apreciara y protegiera y, si no pudiera encontrarla, tan solo vagaría por el mundo, sin nadie que me detuviera. Dejaría este lugar en unos días. Como mujer loba adulta, y con la sangre de un Alfa corriendo por mis venas, estaría en todo mi derecho.

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