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Portada de la novela La ilusión del amor: desvelando la máscara de mi astuta amante

La ilusión del amor: desvelando la máscara de mi astuta amante

Tras descubrir la infidelidad de su prometido, Karlee se refugia en una noche de copas que termina en un encuentro con el famoso Brian Olson. Este evento fortuito los conduce a un matrimonio inesperado lleno de mimos y lujos. Sin embargo, Karlee pronto descubre que el amor de Brian es solo una farsa calculada. Estando embarazada, ella decide solicitar el divorcio, mientras Brian, arrepentido, le suplica llorando una oportunidad para redimirse.
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Capítulo 3

Karlee contemplaba el pescado a medio quemar en la sartén. El desánimo era tal que estaba a punto de desecharlo todo y empezar de nuevo, cuando una voz grave la sorprendió por la espalda. "¿Estás cocinando algo?".

Karlee no se atrevió a mirar a Brian. "Solo quería prepararte algo para agradecerte por las compras", murmuró. "Pero... no salió muy bien".

Brian rio suavemente y comentó: "A mí no me parece que esté tan mal".

Karlee, roja de vergüenza, explicó: "Lo siento, la cocina no es lo mío".

Recordó que él buscaba una esposa atenta y dedicada, y sintió que ya estaba fallando en su primer intento.

"No te preocupes". Con un gesto natural, Brian se quitó el saco y se lo entregó. Luego, se arremangó las mangas de la camisa, revelando unos brazos musculosos y bien definidos. "Yo sé cocinar, así que me encargaré".

Karlee se quedó atónita. ¿Quién iba a imaginar que el presidente del Grupo Olson sabía cocinar?

En poco tiempo, la cena estuvo lista.

Brian le retiró una silla a Karlee en un gesto cortés. Una vez que ella se sentó, le sirvió un tazón de sopa de almejas. "Pruébala".

Ella probó una cucharada y el sabor la sorprendió: estaba deliciosa.

De repente, la chica sintió los dedos de Brian sobre su mejilla. Se quedó inmóvil, cautivada por su mirada. Solo entonces fue consciente de su propio olor a aceite y humo, y la vergüenza la invadió. ¿Acaso él iba a...?

Cuando él se inclinó hacia ella, Karlee contuvo el aliento y cerró los ojos por instinto.

Sus pestañas temblaron. Por un instante, el tiempo pareció detenerse.

Pero el beso que esperaba no llegó.

En su lugar, escuchó la risa baja de Brian. Luego, sintió algo limpiando suavemente su mejilla. Karlee abrió los ojos y lo vio limpiándole el rostro con un pañuelo húmedo.

Brian ocultó el destello de burla en sus ojos y le limpió el rostro con una delicadeza inesperada. Luego, con voz suave, le dijo: "¿Cómo te manchaste tanto solo por cocinar?".

Solo entonces Karlee comprendió lo que estaba pasando. Intentó apartarse, pero él le sujetó la barbilla suavemente.

"Aún no está del todo limpio. ¿Por qué te alejas?", inquirió su esposo, con total tranquilidad.

"Yo...", masculló Karlee, con las orejas ardiendo. "Puedo hacerlo por mí misma".

Intentó tomar el pañuelo, pero Brian sonrió. "Listo", dijo él.

Karlee no supo qué decir. Su marido le dio un toque juguetón en la punta de la nariz y declaró: "Ahora sí, vamos a comer".

Brian se sentó frente a ella, y cada uno de sus movimientos destilaba una elegancia innata. Karlee probó otra cucharada de la sopa de almejas. Estaba realmente exquisita.

Era su primer día viviendo juntos, y un incidente como ese la avergonzaba profundamente. Cuando terminaron de cenar, ella se atrevió a hablar.

"Señor Olson, yo...".

Brian se limpió la boca con la servilleta. "¿Cómo me llamaste?", preguntó, clavando en ella su mirada cautivadora.

Karlee se dio cuenta de que ya no podía llamarlo señor Olson.

"Bri...", empezó a decir.

Antes de que pudiera terminar, el hombre se levantó, rodeó la mesa y, en un movimiento fluido, la alzó para sentarla sobre su regazo.

Ahora estaban increíblemente cerca. Él se había desabrochado un par de botones de la camisa mientras cocinaba, y Karlee podía ver el sutil movimiento de su nuez de Adán y el contorno bien definido de su clavícula.

"Yo...", susurró la mujer, con la respiración agitada. Se preguntó por qué un hombre tan atractivo nunca se había casado. Estaba segura de que, si él quisiera, incontables mujeres lucharían por su atención.

"Señora Olson". La mano de Brian en su cintura se sentía cálida, y en sus ojos danzaba un brillo pícaro. "¿No deberías saber cómo dirigirte a tu esposo?".

Acercó tanto su rostro al de ella que estuvieron a punto de tocarse los labios.

Karlee contuvo la respiración. Con la voz temblorosa, apenas logró articular: "Ca... cariño...".

No se percató de que sus mejillas estaban completamente sonrojadas.

"Buena chica". Brian pareció complacido y se inclinó para sellar su aprobación con un beso, pero la repentina aparición de Dennis en la puerta los interrumpió. "Señor Olson, hay noticias urgentes de la Mansión Olson. Su abuela no se siente bien...".

El momento de ternura se rompió, dejando en Karlee una punzada de decepción. Brian le alborotó el cabello con afecto. "Deberías ir a descansar. No hace falta que me esperes. En unos días te llevaré a conocer a mi abuela".

Karlee sabía que no podía inmiscuirse en los asuntos familiares de Brian, así que se mordió el labio y asintió, viéndolo marcharse.

En el asiento trasero de un carro de lujo, Brian examinaba unas grabaciones de vigilancia con el ceño fruncido. Dennis, sentado a su lado, comentó: "Señor Olson, si la señorita Elliott es realmente una espía, es probable que intente contactar a Laurence. ¿Deberíamos interceptar sus comunicaciones?".

La tensión entre Brian y Laurence era un hecho conocido, y se había agudizado con el deterioro de la salud de su abuela. Laurence parecía ansioso por causar problemas, y usar a una mujer tan seductora como peón era, sin duda, una estrategia para desestabilizar a Brian.

La expresión de Brian se tornó gélida, borrando todo rastro de la ternura de momentos antes.

"No es necesario", declaró con frialdad. Observaba la pantalla, mientras una sonrisa helada se dibujaba en sus labios. "Es más divertido jugar con el ratón que aplastarlo de inmediato. Esta mujer es interesante. Voy a divertirme con ella un tiempo".

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