Portada de la novela El Heredero Prohibido del Alpha CEO

El Heredero Prohibido del Alpha CEO

9.5 / 10.0
En El Heredero Prohibido del Alpha CEO, Jeane Malhore acepta un matrimonio por contrato con un magnate para evitar la miseria. Esta historia de romance y modern novel sigue su misión de dar un heredero, enfrentando una pasión inesperada en estas billionaire romance novels.
Resumen de El Heredero Prohibido del Alpha CEO
Tras la tragedia familiar y la pérdida de su fortuna, Jeane Malhore se ve obligada a trabajar para el frío magnate Asher Redd. El implacable CEO le ofrece un trato oscuro: un matrimonio de conveniencia de un año para garantizar su descendencia a cambio de estabilidad financiera. Aunque Jeane acepta darle un heredero bajo sus términos, intentando blindar su corazón, la intensidad de Asher y un deseo incontrolable pondrán en riesgo su plan de escapar al finalizar el pacto.
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El Heredero Prohibido del Alpha CEO Capítulo 1

POV DE JEANE

El apellido Malhore solía abrir puertas de oro en esta ciudad. Ahora, solo sirve para que la gente cierre sus ventanas y se asegure de que las cerraduras estén puestas.

Caminé por el pasillo de la Torre Redd sintiendo que mis tacones baratos hacían demasiado ruido sobre el mármol pulido. Mi traje sastre estaba desgastado en los puños, y el hambre de la mañana -esa que ya se había vuelto una constante en mi vida- me provocaba un ligero temblor en las manos. Pero me obligué a erguir la espalda. Mi padre me enseñó que, aunque no te quede ni un centavo, el orgullo es lo último que se entrega.

-La oficina del señor Redd es la última a la derecha -dijo una secretaria cuya mirada recorrió mi ropa con un desprecio mal disimulado-. No le gusta esperar.

Asentí sin decir palabra. No estaba allí para hacer amigos. Estaba allí porque Asher Redd era el único hombre con el poder suficiente para detener la subasta de la casa de mi padre. Y también porque, según los documentos que encontré en la caja fuerte familiar, Asher le debía la vida a mi apellido.

Abrí las puertas dobles de cristal ahumado.

El despacho era inmenso, minimalista y tan frío como un glaciar. Detrás de un escritorio de obsidiana, estaba él. Asher Redd.

No levantó la vista de su tablet. Su cabello negro estaba perfectamente peinado hacia atrás, y su traje gris marengo parecía una armadura de mil dólares. Tenía esa mandíbula afilada que veía en las revistas de negocios, pero de cerca, el aura de peligro que desprendía era casi asfixiante.

-Tienes tres minutos, Malhore -dijo su voz. Era grave, con un matiz metálico que me erizó los vellos de la nuca-. Y ya has gastado treinta segundos respirando mi aire.

-Vengo por la deuda de 1998 -solté de golpe, plantándome frente a su escritorio.

Asher dejó la tablet lentamente. Levantó la vista y sus ojos grises, tormentosos y gélidos, chocaron contra los míos. Sentí un impacto en el pecho. No era solo un hombre guapo; era un depredador que acababa de detectar una presa en su territorio.

-¿La deuda de 1998? -Se reclinó en su silla de cuero, entrelazando sus dedos largos y fuertes-. Tu padre murió arruinado, Jeane. Los Malhore no tienen deudas que cobrar, solo cenizas que limpiar.

-Mi padre salvó a tu familia de la bancarrota cuando tu abuelo apostó el imperio Redd en Macao -dije, tratando de que mi voz no temblara-. Hay un pagaré. Un compromiso de honor que tu familia nunca liquidó. Necesito ese dinero hoy.

Asher soltó una carcajada seca, carente de humor. Se puso en pie y me di cuenta de lo alto que era. Dominaba el espacio con una facilidad insultante. Caminó alrededor del escritorio, acortando la distancia hasta que pude oler su perfume: sándalo, bourbon y algo puramente masculino que me hizo retroceder un paso hasta chocar contra la pared de cristal.

-El honor no es una moneda que aceptemos en este edificio -susurró, inclinándose hacia mí. Estaba tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo-. Sé exactamente por qué estás aquí. Sé que el banco te quita la mansión mañana. Sé que tu hermano está en una clínica que no puedes pagar. Y sé... -Hizo una pausa, su mirada descendió por mi cuello hasta detenerse en mi pecho, haciéndome sentir desnuda- ...que vendrías a buscarme.

Me quedé helada.

-¿Lo sabías?

-Yo provoqué la quiebra de los Malhore, Jeane -confesó con una sonrisa cruel-. Compré a tus proveedores. Soborné a tus contadores. Corté cada salida que tenías hasta que solo quedó una puerta abierta: la mía.

El aire se escapó de mis pulmones. La rabia empezó a hervir en mi sangre, superando al miedo. Levanté la mano para abofetearlo, pero sus dedos atraparon mi muñeca en el aire con una fuerza de hierro. Me pegó contra el cristal, su cuerpo bloqueando cualquier escape.

-Suéltame, psicópata -siseé, forcejeando.

-No me obligues a usar la fuerza, todavía no -su voz bajó a un tono peligrosamente bajo-. No quiero tu pagaré viejo. No quiero tu orgullo. Quiero algo que solo tú puedes darme.

-No me voy a acostar contigo por dinero -escupí, aunque mi cuerpo reaccionaba de forma traicionera a su cercanía.

-No quiero una noche, Jeane. Quiero un año. Y quiero un heredero.

Me quedé sin palabras. Sus ojos recorrían mi rostro con una intensidad devoradora.

-Mi abuelo dejó una cláusula -continuó él, su pulgar acariciando la piel sensible de mi muñeca de una forma que no sabía si era una caricia o una amenaza-. Si no tengo un hijo antes de cumplir los treinta, pierdo el control mayoritario de Redd Enterprises. Tú tienes la sangre aristocrática que mi linaje necesita para ser respetado, y la desesperación suficiente para ser mi esposa de papel.

-Estás loco. Busca a una mujer que te quiera.

-Las mujeres que me quieren son aburridas. Yo quiero a alguien que me odie tanto que cada vez que la toque, sea una batalla.

Asher soltó mi mano y regresó a su escritorio. Sacó un sobre de cuero negro y lo lanzó sobre la mesa.

-Ahí está el contrato. Un año de matrimonio. Un heredero varón. A cambio, tu hermano recibe el mejor tratamiento del mundo, la mansión Malhore vuelve a tu nombre y te daré una asignación mensual que te hará olvidar que alguna vez fuiste pobre.

Miré el sobre como si fuera una serpiente venenosa.

-¿Y si me niego?

Asher volvió a mirar su tablet, dándome a entender que la conversación estaba terminando.

-Entonces sal de aquí. Pero para cuando llegues al lobby, tu hermano habrá sido trasladado a un hospital público, y mañana verás cómo las máquinas de demolición tiran abajo los recuerdos de tu padre.

Mis rodillas amenazaron con fallar. Era un monstruo. Un demonio vestido de Armani que me había cazado sistemáticamente hasta acorralarme en este piso 50.

-Tienes diez segundos para decidir, Jeane -dijo sin mirarme-. Nueve... ocho...

Miré por la ventana. La ciudad se extendía a mis pies, indiferente a mi tragedia. Pensé en mi hermano, en su rostro pálido, en la promesa que le hice a mi padre en su lecho de muerte.

-Siete... seis...

Caminé hacia el escritorio. Mi mano temblaba cuando tomé la pluma estilográfica que descansaba sobre el contrato. El peso del oro se sentía como plomo.

-Cinco... cuatro...

-Lo haré -dije, mi voz apenas un susurro quebrado-. Pero quiero que sepas algo, Asher Redd.

Él levantó la vista, una chispa de triunfo oscuro bailando en sus ojos.

-Dime.

-Puedes comprar mi nombre. Puedes comprar mi cuerpo para darte ese hijo. Pero juro que haré que cada día de este año sea un infierno para ti. No voy a ser tu esposa, voy a ser tu peor pesadilla.

Asher se puso en pie lentamente. Se acercó a mí, tomó la pluma de mi mano y la dejó a un lado. Luego, deslizó sus dedos por mi barbilla, obligándome a mirarlo.

-Eso espero, Jeane -murmuró, su aliento rozando mis labios-. Porque no hay nada que me guste más que una presa que muerde antes de ser domada. Firma. Ahora.

Firmé. El nombre "Jeane Malhore" quedó estampado en el papel, vendiéndole mi vida al hombre que había destruido a mi familia.

No sabía que, en ese momento, el contrato no era solo por un bebé. Era el inicio de una guerra de la que ninguno de los dos saldría ileso. Y lo peor de todo es que, mientras lo veía sonreír, una parte de mí, una parte oscura y prohibida, deseó que me atrapara para siempre.

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Tabla de contenidos de El Heredero Prohibido del Alpha CEO

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