Portada de la novela Reiko San: de asesino aguardaespaldas

Reiko San: de asesino aguardaespaldas

9.5 / 10.0
El exsicario yakuza Reiko San llega a Nueva York con la esperanza de dejar atrás su sangriento historial criminal. No obstante, su búsqueda de redención toma un rumbo imprevisto cuando se convierte en el guardaespaldas de Deva Turner, una joven y brillante millonaria. A pesar de sus esfuerzos por cambiar de vida, las sombras de su pasado mafioso regresan para atormentarlo, transformando su misión de protegerla en una lucha letal por la supervivencia.

Reiko San: de asesino aguardaespaldas Capítulo 1

Reiko

Los negocios iban bien hasta que una molesta piedra en el zapato apareció, la piedra tenía nombre y era Uzui Imata.

Uzui había irrumpido de forma brusca en el mercado, ofreciendo menores tarifas para ganar más clientes. Pero su trabajo era desprolijo e insultaba a todos los que llevábamos más tiempo en el rubro.

Ser un asesino a sueldo en Japón no era fácil.

Harto de aguantar las jugadas sucias de Uzui y de perder a la mayoría de mis clientes decidí migrar del país.

Pagué por un pasaporte falso y compré un ticket de avión rumbo a Nueva York. Allí tenía un viejo amigo.

Abordé el avión con la esperanza de dejar mi antigua vida enterrada en el país asiático.

3 meses después…

Mientras observaba un fino traje de 3 piezas en la vitrina de una lujosa tienda en 5th Avenue, una esbelta señorita llamó mi atención, iba acompañada por un hombre regordete vestido de negro, juntos ingresaron a la tienda.

¿Era su guardaespaldas?

Encogí mis hombros y continué con mi vista sobre el vidrio.

De pronto un auto se detuvo frente a la tienda y de él bajaron 3 hombres encapuchados y armados, ingresaron rápidamente gritando a todo pulmón.

Me desabotoné mi saco y los seguí.

- ¡Al suelo, esto es un asalto! - gritó uno de los tipos.

Todo el mundo comenzó a gritar y alborotarse.

- ¡Silencio! - gritó el segundo y disparó al techo

¡Bang!

De lejos divisé a la señorita, vestía un traje negro ajustado hasta la rodilla y un sombrero del mismo tono, estaba con las manos en alto, pero con un semblante impecable.

Me escondí detrás de un escaparate para poder ver mejor.

Uno de los delincuentes se percató que la chica era especial, especialmente adinerada.

Se acercó rápido hacia ella y la tomó fuerte del brazo.

El torpe y regordete guardaespaldas comenzó a tiritar y en su frente se formaron diminutas gotas de sudor.

¡Inepto!

Apreté mis puños con fuerza y tensé mi mandíbula.

- ¿Y tú quién eres? - le gritó el delincuente, mientras los otros dos desbarataban la tienda.

Ella guardó silencio, su rostro estaba duro y pálido.

- ¡Hey!, creo que esta perra nos podría servir- dijo hablándole fuerte a los compañeros- se ve que tiene dinero, podríamos pedir un rescate por esta gatita- sonrío de forma burlesca.

La jaló del brazo y la trajo con él.

Le haces daño imbécil.

Y cuando estaban a punto de salir huyendo, los intercepté.

Primero agarré a dos de ellos, los que llevaban el botín, y con un movimiento limpio y sutil les golpeé el cuello al mismo tiempo con ambas manos.

La llave del sueño

El tercero, el que tenía a la señorita. Me comenzó a disparar.

Esquivé las balas tapándome con un mesón inclinado. Cuando tuvo que recargar el revólver, ataqué.

Una patada directo a su nariz y cayó inconsciente a nuestro lado. Lo até de manos y pies.

La señorita jamás perdió su compostura y con mucha fineza se levantó las gafas de sol. Tenía unos ojos pardo penetrantes y unas largas pestañas.

-Gracias- me miró fijo

-Creo que su guardaespaldas necesita un cambio de ropa interior- dije mientras me limpiaba el saco.

Ella volteó y observó como el regordete tipo continuaba tiritando en una esquina.

-Es todo un problema conseguir personal idóneo, es el tercero de este mes- respondió mientras volvía sus gafas al lugar anterior.

-Así veo…

-Me retiro, le vuelvo agradecer su ayuda- se despidió y me pasó una tarjeta de presentación.

Acomodó su cartera de mano y camino hacia la salida con un desplante envidiable.

Las sirenas de la policía comenzaban a acercarse.

Acomodé mi cabello con una mano y salí del lugar.

Mientras caminaba observé la tarjeta.

Esa mujer me intrigaba, era hermosa e implacable. Ni siquiera un atracó logró desarmar su compostura.

Necesitaba saber más de ella.

Volví a mi apartamento y abrí mi laptop.

Dejé la tarjeta a un lado y comencé a teclear.

“Deva Turner CEO de Luxury Inc.”

“Luxury Incorporation era un gran conglomerado dedicado a crear tecnología avanzada y de última generación para automóviles de lujo.

Deva Turner una joven Ingeniera automotriz de 30 años había fundado la empresa hace 5 años. Sus ideas eran tan asombrosas que las acciones de Luxury crecieron como espuma, y en tan sólo un par de años había logrado posicionarse en los mejores rankings de empresas emergentes dentro del país.”

Le di clic a imágenes y vi algunas fotos de la hermosa señorita.

Quedé asombrado, era hermosa e intrigante. Necesitaba conocerla.

Durante 3 semanas ella se volvió mi obsesión, me dediqué a seguirla y a vigilarla, temía que le pasara algo ya que sus estúpidos guardaespaldas no servían para nada.

Memoricé toda su rutina; a la hora que salía de su lujoso apartamento, el momento en que almorzaba y cuando iba al gimnasio; la esperé cada día a la salida del trabajo y la acompañé desde lejos a su hogar. Las salidas de los martes y jueves con sus amigas e incluso a los hombres que frecuentaba.

Tenía que llegar de alguna forma a ella.

Mientras ideaba algún plan para poder acercarme a la señorita Deva Turner, imaginé saliéndome del negocio de los asesinatos por encargo.

¿Y si le daba un vuelco a mi vida?

Deseché la idea de inmediato, recibía tanto dinero por los “encargos” que me permitía vivir una vida acomodada y tranquila.

Me acomodé en mi sofá y crucé las manos sobre mi vientre. Luego de unos minutos recibí una llamada.

-Reiko San…- dijo del otro lado

-Santorino, tanto tiempo. ¿Quieres cobrar? - contesté

-Así es, necesito de tus servicios.

-Bien dame su nombre y quién lo encarga- cogí un lápiz y un papel

-Tienes que encontrar a Karin Al Saud, el encargo es de Malek Al Saud. Ella secuestró a su novia Adeline.

-Perfecto- tomé nota

-Reiko, Malek es un hombre poderoso y multimillonario.

- ¿Pagará en efectivo?

-Oh claro que sí, no va a escatimar en gastos. El hombre está desesperado

-Bien, déjamelo a mí- colgué.

Volví a mi laptop, y me metí al mercado negro. Usé mis contactos y en menos de 30 minutos estaba desencriptando toda la información de Karin Al Saud.

- ¡Santa mierda! - dije en voz alta cuando leí el nombre de Dimitri Petrova - Esta tipa debe estar loca

Me levanté, tomé mis gafas de sol, mi saco y cerré la puerta de mi apartamento, debía hacer unas cuantas visitas.

Tardé casi un mes en dar con el paradero de Adeline, los secuaces de Dimitri se habían encargado de hacerla desaparecer de la faz de la tierra.

Me pasaba el día lamentando dejar tanto tiempo sola a la señorita Deva, sin embargo, todas las tardes me hacía un tiempo para acompañarla a su hogar desde la otra vereda.

Vigilé a cada uno de los colaboradores de Petrova, hasta que di con el jefe de su mafia, su mano derecha.

Ese mismo día lo seguí, estaba almorzando en un restaurante acomodado. Era difícil interceptarlo siempre estaba rodeado de otros hombres, seguramente lo cuidaban hasta para ir a cagar. Pero me equivoqué.

Se levantó con uno de sus hombres, y lo dejó custodiando la entrada del baño.

Era mi oportunidad, corrí hasta un callejón continuo y observé, hasta que di con la ventana del baño donde estaba el objetivo.

Me subí sobre un contender de basura y me introduje sin problemas dentro del baño.

Me acomodé el traje y fingí lavarme las manos.

Cuando el hombre salió del excusado me miró con asombro, pero continúo con lo suyo.

Se paró a un lado mío y enjuagó sus manos.

El silencio era intenso.

Levanté la cabeza y me miré al espejo, con ambas manos ordené mi cabello.

- ¿Dónde la tienes? - dije sin despegar mi vista de mi reflejo

- ¿Perdón? - se volteó hacia mi

- ¿Dónde está Adeline? - le clavé la mirada a través del espejo.

Dio un paso hacia atrás y alcanzó a gritar.

- ¡Norman! - Su escolta apareció corriendo y cuando atravesó el umbral le di un tiro con un revolver silenciado en medio de su frente.

Cayó sentado en el suelo con los ojos en blanco y un agujero en el cabeza.

Tomé al hombre por la corbata y lo acerqué a mí, lo atravesé con la mirada.

-Si no quieres terminar como él, dime donde está.

Tragó saliva y dijo:

-Northport, la tiene en Northport, en el viejo embarcadero de yates- le sonreí y le disparé justo en la sien.

Acomodé los cuerpos en una vieja sala de utilería y salí como si fuera un cliente habitual del lugar.

Mientras montaba mi carro le marqué a Santorino.

-Ya se dónde la tiene. Northport en un viejo club de yates, está con vida.

- ¡Gracias al cielo! Ya había perdido las esperanzas. Llamaré en seguida al señor Al Saud. Te espero en mi oficina.

-Copiado- respondí

Encendí un cigarrillo y aceleré.

Estaba parado de espaldas a la puerta cuando llegó el cliente.

Santorino nos presentó.

El señor Al Saud, era un hombre fornido y alto a simple vista parecía tranquilo, pero en sus ojos pude ver la ansiedad por encontrar a su novia.

Pobre hombre…

Hablamos sobre los culpables y sus posibles castigos.

Bastaba que él me lo pidiera y acabaría con cada uno de ellos, de la forma más silenciosa posible.

Me alegró escuchar de su boca que los quería muertos, asentí con mi cabeza.

-Bien, debe saber que Petrova es muy poderoso, y tiene muchos contactos. Esto podría traerle varios problemas- dije mientras expulsaba el humo de mi cigarro de la boca.

-No me importa, si traes a Adeline con vida te daré lo que quieras, y tendrás siempre mi lealtad- dijo decidido.

Me quedé pensando por unos segundos.

Esto podría ser una fantástica oportunidad y sin vergüenza dije:

-Ahora que lo menciona señor Al Saud, hay algo que quisiera a cambio, necesito patrocinio para comenzar con un nuevo negocio.

El señor Al Saud se irguió y respondió:

-Cuenta con eso- dijo estirándome la mano.

Teníamos un trato el cual cobraría sin retraso.

Una vez enterados del plan, lo pusimos en acción.

Él trabajó fue rápido y prolijo, en menos de 10 minutos teníamos a todos reducidos, y felizmente el señor Al Saud pudo recuperar a su querida novia.

Estaba complacido, ganaría mucho dinero con este encargo, pero lo que más me atraía era la posibilidad de acércame aún más a Deva Turner.

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