Portada de la novela El latido de tu corazón

El latido de tu corazón

8.3 / 10.0
Nicole se encuentra encadenada a una unión sin amor hasta que un siniestro accidente en su viaje de novios lo altera todo. Al borde del abismo, surge un protector inesperado que se interpone entre ella y quienes desean verla destruida. Durante su recuperación, nace un vínculo inquebrantable capaz de sanar sus cicatrices. Se trata de un relato cargado de intriga y peligro donde la pasión emerge como la única fuerza capaz de vencer a la adversidad.

El latido de tu corazón Capítulo 1

La tomó por la larga cabellera apretándole la nuca con violencia, una violencia descomunal incluso para él con su forma de ser y acostumbrado a causar daño a quien fuera debido a sus negocios turbios, no era la primera vez que hacia algo así, de hecho era más bien casi costumbre.

A todo aquel que se le oponía, o simplemente se atravesaba en su camino, lo ponía en su sitio rapidito haciendo uso de los métodos más sangrientos y extremos que se podía inventar.

Esta vez fue la pobre chica indefensa e inocente la que llevó la peor parte, ella que había sido vendida como una vulgar mercancía de quinta a este patán que ahora le halaba el cabello y la zarandeaba sin piedad de uno a otro lado del yate.

Claro, esperó hasta estar a solas para ir por el paso número dos de plan, antes se había mostrado como todo un caballero a pesar de que la boda no era más que un negocio, pero la imagen que había dado era la mejor, eso sí, no se le podía negar al desgraciado que era un excelente actor, digno de un Óscar.

La lanzó contra la barra de licores y la cabeza de la muchacha rebotó como un balón de futbol cuando cayó de bruces al suelo. No tuvo tiempo ni de quejarse, cuando él arremetió de nuevo tomándola de un brazo mientras ella aturdida veía como un líquido rojo empapaba la cubierta blanco perla de la nave.

La arrastró con facilidad, un cuerpo tan delgado como el de ella era fácil de cargar por alguien musculoso y bien dotado como él, la levantó en vilo y la lanzó sin miramientos por la borda, totalmente convencido de que había perdido ya la vida.

El salitre le quemaba la garganta horriblemente y sentía que los pulmones se le llenaban de líquido, luchó con todas sus fuerzas para volver a la superficie, su cuerpo y la memoria muscular ayudaron y que sacara a medias la cabeza sobre el borde del agua, pero cuando abrió la boca para respirar una bocanada de aire el borde del casco de la nave la golpeó con fuerza dejándola en tinieblas absolutas y mortales.

No supo nada más… nada hasta que abrió los ojos de nuevo en la ambulancia.

*** *** ***

Escuchó a lo lejos el sonido de las sirenas, no estaba segura de lo que ocurría, pero sin lugar a dudas algo muy grave estaba sucediendo porque el barullo allá fuera era tumultuoso y ruidoso.

Intentó levantar la cabeza, pero la tenía sujeta a la camilla y un dolor punzante le impidió moverla aunque fuera un solo centímetro, era como si alguien le hubiera dejado caer sobre la cabeza un enorme peso, sentía que todo le daba vueltas y el sentido del equilibrio de seguro se había ido de paseo porque no podía sostener el peso de su cabeza firmemente en un solo lugar.

Abrió lentamente los ojos para ver lo que sucedía a su alrededor, su visión era borrosa y errática, las voces provenían de todas partes, voces desconocidas, agudas, bajas, masculinas, femeninas, y los motores de vehículos que iban y venían causándole aún más dolor al que ya reventaba sus oídos.

Incluso le pareció escuchar algo con las aspas de un helicóptero, pero no estaba segura de que lo fuera, o tal vez era el motor de una embarcación, quien sabe, lo único que sabía es que no tenía ni la más remota idea de cómo diablos estaba ahí, como había llegado a la parte trasera de una ambulancia sin poder mover el cuello y adolorida terriblemente.

Intentaba respirar, pero cada vez que lo hacía el dolor era quemante, asfixiante como si tuviera fuego en vez de agua en los pulmones.

—Agua… —Pensó, agua… — ¿Será que me estaba ahogando?, pero ¿Dónde? —Meditó por un momento, pero recordó que era una buena nadadora, no podía haber estado en peligro de ahogarse, no por si sola, a menos que estuviera herida de alguna manera, o impedida para moverse en el agua.

Levantó la vista y vio colgando una bolsa de suero y en su brazo una aguja con tratamiento, de pronto se acercó al vehículo una chica uniformada de paramédico y Nicol trató de llamarla.

— ¡Hey… hey! —Nada, su voz parecía como metida en un recipiente, en algo que le impedía proyectar el sonido adecuadamente para lograr que la joven la escuchara, movió la pierna para llamar su atención y más vale que no lo hubiera hecho, el dolor pareció al de mil objetos corto punzantes enterrados en su delicada carne profundamente hasta el hueso.

— ¡Ahhhhhh! —Exclamó, esta vez pareció que si la escucharon porque la joven que había estado ahí hacía un segundo regresaba corriendo hasta ella y se subía a la parte trasera de la ambulancia para ver que la pasaba.

— ¿Le sucede algo?, Dígame, ¿Qué es lo que siente?

—Mi pierna… ¡Oh por Dios! No la soporto, ¿Puede decirme dónde estoy, y qué fue lo que me paso?

— ¿No lo recuerda?

—No, no lo recuerdo…

—Señorita… ¿Su nombre es?

—Si claro, mi nombre es… mi nombre… es… mi… — ¡Rayos!, no recordaba su nombre, ¿Cómo alguien puede olvidar su propio nombre?, ¡Eso es absurdo!, hizo un nuevo intento, pero sin lograr ningún resultado diferente del anterior —Mi nombre…, lo siento —Expresó al fin derrotada y asustada —No tengo idea de cuál es mi nombre…

—Tranquila, ahora debe descansar, eso suele suceder cuando hay traumatismos craneales como el que usted tiene, por ahora, relájese, voy a inmovilizar mejor esa pierna y en el hospital la recibirán para atenderla mejor, ¿Vale?

—Ok, gracias…

¿Vale?, era una expresión muy española, y también tenía acento español, ¿Dónde diablos estaba?

Alguien cerró las puertas del vehículo y comenzó a movilizarse, con cada movimiento fuerte y cada caída en un hoyo, Nicole sentía que todo le dolía, no sabría expresar con claridad qué cosa le dolía más, si los brazos o las piernas, y que decir del cuello y la espalda, los pulmones al respirar eran especialmente molestos, pero lo que en serio la preocupaba era no saber quién era, o donde había estado y con quien, era imperante saber esas cosas, ¿Cómo iban a notificar a sus familiares si ella no podía darles esa información?

—Señorita su nombre, por favor —Dijo en chico regordete que se sentó justo a su lado y comprobaba desde hacía rato que los fluidos que le administraban siguieran correctamente su curso desde la bolsita y el macro gotero rumbo a su sistema sanguíneo.

—Ella no lo recuerda… —Dijo en voz baja la chica sentada a su lado.

—Oh, lo siento, y ¿Hay alguna cosa que recuerde? —La otra paramédica lo miró con fastidio, no podía ser más imprudente.

—No, realmente no recuerdo nada.

— ¿Nada de nada, o nada de lo que le sucedió?

—Nada de nada —Respondió con tristeza.

—Creo que debes dejar ese trabajo al personal del hospital…

— ¡Pero debo llenar este reporte!

—Sí, pero estás alterando los nervios de la paciente, déjala ya, ellos se encargarán cuando esté más tranquila.

—Ese es tu problema, nunca quieres hacer completo el trabajo —Farfulló por lo bajo.

— ¿De qué hablas? Solo te pido que seas humano con ella, ¿Dónde tienes tus sentimientos? ¡Pareces un robot!

A todas estas, Nicole escuchaba en silencio la diatriba de aquel par sin poder recordar nada que pudiera ayudarla a esclarecer quien era. Al llegar al hospital la sacaron de la ambulancia y corrieron con ella a través del pasillo de urgencias, en la puerta la recibieron un par de enfermeras y el médico de turno.

— ¿Nombre?

—Desconocido, paciente de unos 25 años, caucásica, víctima de un accidente en la costa, no se sabe realmente que le ocurrió, pudo caer de uno de los yates que está allí apostados, tiene múltiples traumatismos y uno muy fuerte en el cráneo, se le administró lo que indica el protocolo y se inmovilizó con collarín.

—Perfecto, ¿Eso es todo?

—Eso es todo, viene estable… ¡Ah!, sufre pérdida de memoria….

—Pedida de memoria… enfermera —Dijo el galeno dirigiéndose a la joven enfermera que tenía a un lado —Hágame el favor y me contacta con el doctor Patrick Lombardo.

— ¿El neurólogo doctor?

—Sí, él, y que sea rápido.

—Pero es la una de la mañana, ¿No sería mejor que la valorara cuando venga a su revista médica mañana?

—Si otro fuera el caso, sí, pero esta paciente tiene un traumatismo cráneo encefálico, es mejor que la valore pronto porque requiere cirugía, el tiempo en estos casos es primordial.

—Entonces voy a despertarlo, va a odiarme por esto.

—Tú no te inmutes, este es su trabajo y él lo sabe, todos aquí lo sabemos, ve…

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