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Portada de la novela La ilusión del amor: desvelando la máscara de mi astuta amante

La ilusión del amor: desvelando la máscara de mi astuta amante

Tras descubrir la infidelidad de su prometido, Karlee se refugia en una noche de copas que termina en un encuentro con el famoso Brian Olson. Este evento fortuito los conduce a un matrimonio inesperado lleno de mimos y lujos. Sin embargo, Karlee pronto descubre que el amor de Brian es solo una farsa calculada. Estando embarazada, ella decide solicitar el divorcio, mientras Brian, arrepentido, le suplica llorando una oportunidad para redimirse.
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Capítulo 1

En el Club Zoria.

"Karlee, ¿estás segura de esto?", preguntó Jessica Mason, al otro lado de la línea, con una voz que denotaba una genuina preocupación. "Aunque Jeremy te haya traicionado, ¡no tienes por qué arriesgar tu felicidad de esta manera!".

La aludida vació de un trago otra copa de vino. El alcohol ya le nublaba la vista. "Es la única forma que se me ocurre para vengarme", respondió ella. "¡De lo contrario, esos dos desgraciados me atormentarán para siempre!".

Su plan consistía en seducir a Brian Olson, el director general del Grupo Olson.

Se rumoreaba que la familia de Brian estaba desesperada por que se casara, pues un miembro mayor de la familia se encontraba gravemente enfermo y anhelaba verlo sentar cabeza.

Tras colgar, Karlee vio a su objetivo saliendo del baño. Sosteniendo la copa con mano temblorosa, se tambaleó hacia él.

"¡Oh! Lo siento muchísimo".

Karlee derramó el contenido de su copa sobre el pecho de Brian, manchando de inmediato su traje a la medida.

"Cuidado, señor Olson", intervino Dennis Fletcher, el secretario de Brian, mientras observaba con recelo a la ebria y desaliñada Karlee. "¿Desea que me encargue de ella?".

Brian alzó una mano para detener a Dennis.

Con las mejillas sonrojadas, Karlee intentó limpiar torpemente la mancha de la camisa de Brian. "¡Yo... yo se lo limpio!".

Su aliento, cargado de alcohol, se mezcló con su perfume, y su contacto despertó en él un deseo inesperado. Con el rostro tenso, Brian se ajustó la corbata y la sujetó con firmeza por la muñeca.

A Brian le habían advertido que su tío, Laurence Olson, planeaba enviarle una mujer excepcionalmente hermosa.

Y la que tenía delante, con su mirada cautivadora y piel de seda, encajaba a la perfección con la descripción. Lucía una diminuta cicatriz en la mejilla, casi imperceptible, y sus labios, ligeramente curvados, parecían pétalos de rosa.

Ahora entendía por qué habían elegido precisamente ese día para drogarlo.

Karlee forcejeó para liberarse. "¡Me está lastimando!", exclamó con un hilo de voz.

Brian, con la respiración agitada por el efecto de la droga, le levantó el mentón con delicadeza. Ante una tentación tan irresistible, ¿cómo podría negarse?

"¿Y cómo piensas compensarme?".

Su voz estaba ronca por la droga y sus labios casi rozaban los de ella. El deseo ardía en su interior.

Karlee levantó la vista, mordiéndose el labio inocentemente; tenía los ojos húmedos y parecía una presa a merced de su depredador.

"Solo... solo dígame qué debo hacer", murmuró. "Haré lo que sea...".

Brian soltó una risa sorda. La tomó en brazos y se dirigió con ella a una suite del piso superior. Tras cerrar la puerta con llave, la arrojó sobre la cama. Luego, se desató la corbata y la observó con una mirada sombría.

"Espero que no te arrepientas", dijo él.

Al oírlo, Karlee se estremeció, pero Brian no perdió tiempo y la besó con urgencia.

Lo que siguió fue un frenesí incontrolable que hizo añicos la poca determinación que le quedaba. Había reservado su primera vez para la noche de bodas con Jeremy Cooper, el hombre al que amó durante más de diez años.

Ella había sido fundamental para levantar el estudio desde cero, ayudando a su amado a negociar tratos y cerrar contratos. Mientras tanto, él se llevaba todo el crédito por los diseños que ella creaba. Todo por un salario de apenas dos mil dólares al mes, y solo porque lo amaba.

¡Pero Jeremy la traicionó!

Cuando la luz del amanecer se filtró por la ventana, moverse era un suplicio para Karlee. Le dolía todo el cuerpo, como si la hubieran roto en mil pedazos.

"Señor Olson, el chofer lo espera abajo", resonó la voz de Dennis desde el otro lado de la puerta.

Brian respondió con un monosílabo. Karlee posó su mirada en él: estaba de pie frente al espejo del tocador, arreglándose la ropa.

Había pasado la noche con él...

Karlee se cubrió rápidamente con la manta para ocultar las marcas en su piel. Brian, mientras se abrochaba los gemelos, la miró de reojo.

"¿Cómo te llamas?", preguntó en un tono gélido, desprovisto de cualquier calidez.

Sorprendida por su indiferencia, Karlee se mordió el labio y bajó la mirada. "Karlee... Karlee Elliott".

Al oír su nombre, Brian se giró hacia ella y la miró desde arriba, como un soberano que decide el destino de su súbdita.

"¿Qué es lo que quieres?", preguntó él.

La pregunta le pareció peculiar, pero al mismo tiempo le ahorró la incomodidad de tener que sacar el tema ella misma.

Con la traición de Jeremy aún fresca en su memoria, levantó la vista. "¡Quiero casarme contigo!".

La expresión de Brian no cambió, pero alzó una ceja con curiosidad mientras la estudiaba.

Pensó que la mujer que Laurence le había enviado, aunque singular y deslumbrante, también parecía demasiado impulsiva.

Karlee percibió la burla en su mirada y comprendió lo absurda que debía de sonar su petición. Justo cuando se disponía a dar una explicación, Brian sacó una tarjeta de presentación del bolsillo de su saco.

"Mañana a las nueve, encuéntrame en el Registro Civil", dijo.

Dicho esto, arrojó la tarjeta sobre las sábanas blancas.

Karlee la tomó. En ella leyó el nombre: Brian Olson.

Soltó un suspiro de alivio y solo entonces asimiló por completo lo que había pasado.

¿Él de verdad había aceptado?

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