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Portada de la novela Una madre por contrato para mi hija

Una madre por contrato para mi hija

Diego Lambert, un influyente empresario, necesita hallar una madre para su hija Isadora tras el abandono de su mujer. Mientras otras buscan su dinero, la enfermera Emma Hernández propone un trato distinto: solo aceptará el contrato si logra conectar con la pequeña. Al convivir, Emma empieza a curar las heridas emocionales de la familia, transformando un frío acuerdo legal en un amor profundo que ninguno de los dos esperaba encontrar.
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Capítulo 2

Emma tenía veintitrés años y antes vivía en Ciudad de México.

Era una mujer dulce, gentil, amable, humilde y muy humana. En conclusión, era extraordinaria y todos los que la conocían estaban orgullosos de ella, pero ocultaba un secreto que le daba mucha vergüenza y que había sido la razón por la cual decidió irse al extranjero. Antes trabajaba como enfermera el hospital Médica Sur de Ciudad de México, pero para poder mudarse tuvo que abandonar ese sueño y buscar trabajo de otra cosa apenas llegó al país. No quería estar sin hacer nada y tenía poco dinero, así que, en cuanto escuchó acerca de ese contrato, se había quedado en trance; siempre había querido ser madre, por lo que sería un gran desafío.

Tenía una hermana de veintidós años que vivía con sus padres y era licenciada en administración de empresas, pero aún no trabajaba. Era una de esas chicas mimadas que no quieren hacer nada. En cambio, Emma siempre había sido más inteligente, nunca fue perezosa ni había perdido su alta estima, y siempre ayudaba a la gente. En cuanto al amor, había tenido un solo novio y eso le bastó para no querer volver a estar con nadie más; había pasado por demasiadas decepciones.

Después de salir de la empresa, fue al supermercado a buscar algunas cosas que necesitaba, luego, fue a una tienda de ropa barata y compró algunas prendas. Una vez en su casa, trató de relajarse, pero no podía dejar de pensar en la oferta de trabajo y en la duda que tenía: ¿Por qué un hombre tan guapo e importante no podía encontrar a alguien a quien amar y con quien formar una familia? No sabía casi nada de él, así que tomó su computadora y buscó su nombre en Internet. Pronto encontró unos cuantos sitios de chismes en los que se decía que estaba involucrado con muchas mujeres. La chica leyó todo con atención y también buscó la historia de su vida y la de su familia, pero, de pronto, vio una nota que le hizo llevarse la mano a la boca con horror. Entendió todo al instante: un hombre tan rico, guapo e importante no tenía una mujer porque podía tener a cuantas quisiera. Guardó la computadora, cenó y se fue a dormir.

Al día siguiente, se despertó cuando sonó la alarma de su teléfono móvil y se fue a duchar. Luego se vistió y desayunó. Se fijó qué hora era y miró por la ventana; había un coche negro de lujo afuera. El chofer se bajó y le preguntó su nombre. En cuanto la joven respondió, él le abrió la puerta. Emma nunca había estado en un auto tan caro, hasta el aroma que tenía la hacía sentir bien.

Unos minutos después llegaron a una casa enorme. La chica sospechaba que iba a ser linda, pero no imaginó que fuera tan grande y lujosa. El conductor estacionó y ella se acercó a la puerta, pero, cuando estaba a punto de tocar el timbre, una señora le abrió desde adentro, sonriendo.

—Buenos días, soy Emma. —La saludó.

—Buenos días, cariño. Yo soy Vilma, por favor, pasa —dijo de manera amable—. Ya me informaron por qué asunto vienes. Espero que todo salga bien porque la pequeña Isadora necesita mucho amor y cuidados.

—¿Dónde está ella?

—Aún no se ha despertado, ¿te apetece un café?

—No, gracias, ya tomé uno antes de venir, pero sí le acepto un vaso de agua si no es mucha molestia.

—Claro que no, ven conmigo. —Vilma la condujo a la cocina y le sirvió lo que le había pedido. Mientras Emma bebía, le presentó a las empleadas que trabajaban en la cocina, que eran muy simpáticas—. Ella es la cocinera, Nicole, y ella es nuestra ayudante, Bruna.

—Un gusto —dijo Emma sonriendo.

—El placer es nuestro —contestó Nicole. Luego Bruna también le dio la bienvenida y Emma les agradeció.

—Cariño, vamos a la habitación de Isadora, será mejor que la despiertes. —Para dirigirse hacia allí, pasaron por el salón, en donde Diego estaba desayunando y comenzó a mirar a la joven.

—Buenos días, señor —lo saludó.

—Diego, la llevaré a despertar a la niña, creo que será bueno.

—Muy bien, hazlo.

Vilma la condujo hacia el piso de arriba. Emma ya estaba perdida en un lugar tan grande y con tantos ambientes. Cuando llegaron, la empleada abrió la puerta y comenzó a abrir las cortinas. Emma observó la habitación con detenimiento y fijó la mirada en la cama, en donde una hermosa niña dormía profundamente. Al verla, sonrió y se le aceleró el corazón de la emoción, luego se acercó a ella. Le pasó la mano por el cabello y su carita, y la despertó en voz muy baja:

—Despierta, princesa. —Isadora se movió y se despabiló despacio, abrió sus ojitos azules y miró extrañada a aquella desconocida que estaba en su habitación—. Hola, soy Emma, tu nueva amiga.

—¿Una amiga?

—Así es, pero solo si quieres. Sé que no me conoces, pero podemos llevarnos bien y jugar mucho juntas.

—¿Eres la novia de mi papi?

—No, no tengo nada que ver con tu papi. Solo vine por ti. Entonces, ¿qué opinas? ¿Quieres ser mi amiga? —La niña asintió—. Genial, ¿nos damos una ducha, bajamos a la sala a tomar algo y luego jugamos?

—Está bien, ¿tú me ayudarás?

—Si quieres y me dejas, puedo hacerlo.

—Sí quiero.

Emma sonrió porque estaba encantada con la niña. Le habló con dulzura y pronto se ganó su confianza, la tomó en sus brazos y la fue a bañar. Luego la sentó en la cama mientras buscaba un atuendo en el enorme armario que tenía. Para la chica era apabullador tanto lujo. La vistió y la peinó y, cuando estuvo lista, la niña tomó un juguete y bajaron juntas a la sala. Vilma sonrió al ver que se llevaban bien y que Emma era tan dulce. La joven sentó a Isadora en la mesa, mientras su padre observaba en silencio cada paso que daba la chica y cada gesto que hacía. Luego de acomodarla en su sitio, se quedó de pie.

—Cariño, puedes sentarte —le indicó Velma.

—Permiso —dijo Emma.

—Quiero yogurt y galletas —exclamó la nena.

—¡Excelente! Debes comer de todo para estar fuerte —la animó Emma.

—¿Me lo das?

—Claro, princesa.

La chica colocó un sorbete en el vaso de yogurt bebible y se lo dio a Isadora, que estaba comiendo una galletita y mirando a su nueva amiga con curiosidad. Diego seguía tomando su café y mirando cómo se llevaban las dos. Advirtió que Emma la cuidaba como a una hija y que su manera de actuar no era forzada, sino honesta. No había ninguna duda de que había encontrado a la mujer indicada para la misión. Se levantó para darle un beso en la cabeza a su hija y se fue a la empresa. Emma, por su parte, terminó de darle el desayuno a Isadora y la llevó a jugar.

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