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Portada de la novela Un trato con el CEO Weinzettel

Un trato con el CEO Weinzettel

Brigdoyoon Weinzettel, único heredero de un vasto imperio, dejó sus estudios para dirigir el negocio de sus padres fallecidos. Ahora, su futuro peligra por una cláusula en el testamento: si no se casa antes de los veintiséis años, toda su fortuna pasará a manos del mayordomo de la familia. Sin opciones y bajo presión, el joven CEO decide proponerle un matrimonio de conveniencia a la mujer más inesperada. ¿Podrá este trato salvar su legado?
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Capítulo 2

―Señorita Agatha, sus padres la están buscando por toda la casa desde hace media hora ―dijo Tania, la empleada de la familia Clorlk.

―Ahora que quieren mis padres, diles que estoy ocupada y no puedo ir ―dijo Agatha mientras se retocaba el maquillaje.

―Pero señorita, los señores Mónica y Gustavo dicen que es de suma importancia ―dijo Tania.

―Ve a decirles lo que te he dicho, ahora lárgate de aquí ―dijo una vez más Agatha, mientras tomaba a Tania del hombro sacándola casi a patada.

Agatha es la hija con muy mal modales, además de caprichosa y mal humorada de los senadores Mónica y Gustavo Clorlk, con 23 años de edad ya es dueña de su primera empresa la cuál es administrada por sus padres, desde que era pequeña los senadores le han cumplido todos sus caprichos, es odiada por todos los empleados de la casa y amistades de sus padres.

―Disculpen señores, la joven Agatha no ha querido bajar dice que está muy ocupada ―dijo Tania a los señores Clorlk.

―Agatha me va a escuchar, la he llamado por algo importante y no viene es el colmo; ya no tolero la actitud de esta jovencita, Agatha abre de una buena vez la puerta necesito hablar contigo así que has lo que te digo y abre la puerta ―dijo Mónica la madre de Agatha, dando fuertes golpes en la puerta.

―Tania trae la llave de la habitación de Agatha ―dijo Gustavo el padre de Agatha.

―Pero no podemos invadir la privacidad de nuestra hija ―dijo Mónica.

―Si podemos es nuestra hija y lo haremos ―dijo Gustavo, abriendo la puerta.

Al entrar a la habitación de Agatha lo primero que miraron fue el librero un poco desarreglado, caminaron hacia el interior de la habitación y miraron la cama con varias piezas de ropa tendida, Mónica camino hasta el baño para ver si se estaba duchando, pero no había nadie.

―Señores la joven Agatha se ha escapado, la sabana está atada al barrote de la cama y sale por la ventana ―dijo Tania.

―No puedo creer que se haya escapado nuevamente, esta niña nos está tomando del pelo Tania, ¿te dijo a donde iría? ―dijo Gustavo.

―No señor, recordándolo ella se estaba maquillando, pero no se hacía donde iría, lo siento señores ―dijo Tania cabizbaja.

―Agatha tenlo por seguro que cuando regreses te irá muy mal ―gritó Gustavo por la ventana.

Agatha al escuchar el grito de su padre a unas cuadras de su casa, lo que hizo fue burlarse de lo que él había dicho, pues sabía que sus padres siempre la dejaban hacer lo que quisiera y solo por una vez que se escapará de casa no sería la gran cosa, Agatha llevaba puesto un pantalón de vestir negro, un top color café con una gabardina de cuero color negro, pues Agatha se dirigía a casa de Johnny Park su novio, un motociclista rebelde, el cuál es odiado por los padres de Agatha. Agatha tomó el transporte que la llevaría hasta la ciudad en la que vivía Johnny. Johnny al ver a Agatha la recibió con un beso en la mejilla, subieron a la moto y se dirigieron a la discoteca más cercana. Era la primera vez que Agatha visitaba una discoteca de ese tipo, pues no estaba adaptada a ese ambiente.

―Agatha toma mi mano, aquí todos me conocen y entraremos más rápido sin hacer esta estúpida fila ―dijo Johnny a su novia.

Agatha tomó de la mano a Johnny y entraron por la puerta trasera, la música aturdió los oídos de Agatha haciendo que escuchará muy poco lo que su novio Johnny le decía, al entrar a la discoteca, el olor a alcohol y cigarrillos se sentía por todos lados, Agatha se sentía incomoda al ver que por todos los lugares que pasaban los hombres la miraban de manera morbosa, las manos de Agatha empezaron a sudar debido al nerviosismo de estar en ese sitio.

―Agatha, cariño toma te he pedido un trago ―dijo Johnny a Agatha.

― ¿Qué? ¿Por qué me has pedido un trago? Sabes que no tomo ―dijo Agatha cabreada.

―Anda solo bébelo o ¿quieres que nuestra relación termine? ―dijo Johnny.

―No, claro que no quiero que esto terminemos, está bien beberé, pero solo este trago no más ―dijo Agatha.

Agatha bebió el trago que Johnny había traído para ella, sintió el calor de aquel trago recorrer toda su garganta y caer a su estómago, no sabía en qué momento había accedido ir a ese sitio con Johnny, si sus padres se enteraban no le darían absolutamente ni un centavo.

―Johnny, debemos irnos no me siento del todo bien ―dijo Agatha a un completo desconocido al sentirse muy mareada.

―Disculpa, pero no soy Johnny ―dijo el desconocido levantándose de su asiento.

Agatha caminó hacia el fondo de aquel lugar donde estaban los daños, entró a aquel lugar y era un completo asco, había preservativos tirados como si nada en el suelo. Gime más, vamos gime más perra, escuchó Agatha que alguien decía, la curiosidad le ganó y caminó hasta donde escuchaba aquella voz, al llegar ahí miro a una completa desconocida teniendo sexo con Johnny.

―Johnny ¿Qué es lo que estás haciendo? ―dijo Agatha aun mareada.

―Vamos Brett cierra la puerta y tu lárgate, te buscaré cuando termine para darte a ti también lo que quieres ―dijo Johnny a Agatha.

Agatha dio media vuelta al escuchar lo que su novio le había dicho, mareada y llorando chocó con alguien pero no regresaría sólo para disculparse, siguió su camino hacia la puerta por la que había entrado horas antes, sintió que alguien la tomó del brazo, volteo a ver, pero miraba todo turbio, se dio cuenta que había sido drogada por su novio, se soltó de aquella persona que tenía sujetada su mano y salió de aquel lugar, esperando encontrar un transporte que la llevará a casa aquellas horas de la madrugada. El frío se hizo presente en aquella oscura noche, las calles eran iluminada por los faroles, mientras Agatha seguía caminando sin rumbo alguno en busca de algún transporte que la llevara hasta su ciudad, las horas pasaban y Agatha sentía como todo su cuerpo temblaba mientras iba pasando por lugares desconocidos, escuchaba unos pasos justo detrás de ella desde que salió de aquel lugar, pero por nada del mundo voltearía a ver de qué se trataba, miró los focos de un carro, al cual le hizo parada creyendo que era un taxi, pero no lo era así que siguió su camino, su celular empezó a sonar, lo saco de su bolso pero no podía responder, sentía sus manos débiles al igual que sus piernas, miró en cámara lenta como su celular se escurría de sus dedos, trato de recogerlo, pero no pudo aquella sustancia hizo que se mareara aún más quedando sentada en el suelo, sintió que alguien la tomaba de la cintura, pero no tenía fuerzas ni siquiera para hablar sus ojos se hicieron pesados aún más y el sueño la invadió, sintió que estaba caminando con ayuda de alguien, pero no podía ver de quién se trataba, sus ojos pesaban al igual que su cuerpo, trato de voltear para recoger su celular, pero no tenía las fuerzas suficientes, solo esperaba que aquella persona tuviera sus pertenencias y no fuera una mala persona que quisiera pasarse de la raya con ella, aunque ya no habían personas buenas en esa ciudad, solo personas.

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