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Portada de la novela Un amor XL para el CEO

Un amor XL para el CEO

Lia, una becaria de talla grande que intenta superar una traición sentimental, recibe una oferta inesperada de Evan, el poderoso copropietario de su compañía. Con el fin de restaurar su reputación ante la junta directiva, el empresario le propone un matrimonio de conveniencia. Ella acepta el trato buscando seguridad económica y una salida a su desamor, pero lo que nace como un pacto estratégico pronto hará que la química real surja entre ambos.
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Capítulo 3

— Verá, últimamente mi reputación ha sido manchada por algunos incidentes…— se acarició el mentón con los dedos, mostrando cierta incomodidad — desafortunados, por culpa de la indiscreción de algunas mujeres.

Ella frunció el ceño, no entendía qué tenía que ver eso con ella y tampoco le gustaba que los hombres culparan a las mujeres de todo lo que les pasaba. Además, si no fuera un mujeriego empedernido, no habría chica indiscreta que lo metiera en problemas.

— Pero yo…

— Déjeme hablar, señorita Taylor. No puede interrumpirme a cada rato — la cortó de nuevo haciendo que se quedara muy sorprendida por lo que acababa de escuchar. ¿Ni siquiera le había dejado completar una sola frase y ella era la que no lo dejaba hablar? Ese tipo si se creía el centro del mundo — No voy a negar la evidencia y que me gusta acompañarme de varias amigas, trabajo mucho, pero también me gusta tener mi tiempo de ocio y buenas compañías y es que todavía no entiendo qué tiene que ver mi vida personal con la profesional, pero los accionistas, no opinan igual y consideran que sería un mejor candidato si estuviera casado y sentara la cabeza.

— Perdone que le interrumpa, pero. ¿Eso tiene que ver conmigo? —Ella estaba completamente confundida sin entender por qué le estaba hablando de algo tan personal cuando ni siquiera se conocían de nada.

— Pero no podría ser cualquier mujer, yo debería dejarlos con la boca abierta — siguió explicando sin tan siquiera contestar a su pregunta, haciendo que Lia se sintiera más molesta cada vez por su actitud— eligiendo a alguien que fuera completamente imprevisible, alguien sin dinero, sin un físico llamativo y, por supuesto, inteligente, alguien que yo jamás elegiría a simple vista …— calló por un momento mientras la observaba y se ponía adivinar un gesto de desagrado en su rostro — Alguien como usted.

— Pero yo no puedo…— su molestia se incrementaba y ella no podía más que callar para no explorar y decirle cuatro cosas bien dichas por esa forma tan directa de decirle que no le resultaba atractiva.

— Es perfecta, se lo aseguro.

— Yo, perfecta.

— Si, usted perfecta, nadie esperaría que yo me enamorara de usted, no es una mujer hermosa, tampoco viene de familia pudiente, sin duda la única razón de que estuviera con alguien así, sería amor verdadero y la gente adora las historias de amor dónde el chico malo deja de serlo por la no tan agraciada mujer después de haber tenido solo mujeres hermosas a su alrededor ¿Qué otra razón podría hacer que yo saliera alguien como usted, señorita Taylor?

—¿Gracias? Supongo que cree que debo agradecerle por pensar en mí a pesar de ser tan desagradable conmigo, pues déjeme decirle una cosa, puede ser rico y muy guapo, porque ciertamente lo es, no voy a negar lo evidente, pero no tiene valor alguno como persona si cree que puede tratar así a los demás.— contestó molesta y se levantó indignada para salir de allí, no tenía por qué aguantar que nadie la tratara de ese modo solo por un trabajo, es más, ya no quería ese ascenso, estaba muy molesta y con intención de salir dando un portazo a ver si con suerte se cargaba esa puerta de cristal y alguno de los trozos iba directo a uno de esos hermosos increíblemente azules y carentes de empatía alguna.

— Siéntese — exigió sin inmutarse por su reacción —No pretendo ofenderla, es solo que no es el tipo de… bueno, ya sabe… nadie se lo esperaría, usted es una mujer común. Como cualquier otra que te cruzas por la calle y yo no suelo dejarme ver con chicas así.

— Se a que se refiere — aseguró sintiendo como toda la tristeza del día anterior la volvía a llenar, como volvía a sentirse fea, desechable y poco merecedora del amor de nadie.

— Seis meses de noviazgo antes del compromiso y dos años de matrimonio, luego puede marcharse por donde vino, ni siquiera necesitará volver a trabajar porque pactaremos una buena pensión vitalicia por esos dos años y medio perdidos de su vida. Será una mujer muy rica cuando nos divorciemos y eso suponiendo que no hayamos tenido hijos porque en ese caso su pensión se incrementaría exponencialmente.

— ¿Se ha vuelto loco? No pienso casarme con usted y mucho menos tener hijos ¿Pero qué ha tomado esta mañana?

— Mire, la he estado investigando y sé que hace poco rompió con su novio — dejó varias fotografías impresas de Instagram de él con su perfecta Barbie, la última era la del enorme pedrusco que tenía en el dedo.— Debe ser horrible para usted enterarse de que no solo la sustituyeron, también la engañaron durante meses ¿No le gustaría demostrarle al mundo que no solo no le importa, sino que además consiguió enamorar al soltero más codiciado de toda Nueva York?

¿Cómo demonios sabía tanto de su vida personal aquel hombre? Es que acaso la había mandado investigar. Tomó la foto donde su exnovio y esa mujer se besaban y después de observar por un rato levantó la vista para mirarlo a él.

— Pero usted y yo no nos conocemos.

— Pues deberíamos remediarlo…— la espero para cenar esta noche y le daré detalles de todo, además estará bien que empiecen a vernos juntos para ir preparándose y ahora puede retirarse.

— ¿Perdón?

— Que se vaya tengo mucho que hacer.

Se levantó sin entender muy bien lo que había sucedido. ¿Su jefe le había pedido que se casara con él y hasta que tuvieran hijos? Debía procesar aquello antes de decir nada más.

— Por cierto, Señorita Taylor…

— Dígame

— Tómese el día libre y vaya a esta dirección — extendió el brazo dándole una tarjeta de visita que ella no tardó en tomar —pregunte por Marjorie, es una estilista especializada en tallas grandes, no quiero que nadie la vea conmigo con esos atuendos negros que lleva a diario, sería malo para mi reputación.

— ¿Perdón?

— Qué odio su estilo, Hoy es medio aceptable, pero por norma general es un horror vistiendo, si tienen que verla conmigo será de la mejor manera y ahora sí, márchese y déjeme trabajar.

Ella no sabía cómo tomarlo, ni siquiera entendía lo que había sucedido o cuando dejaba de ser becaria y empezaba a ser trabajadora normal, cuándo firmaría el contrato y qué demonios era lo que esperaba de ella ¿Habló de dos años de matrimonio? Estaba loco, completamente loco y ella ni siquiera había sido capaz de decir nada, pero por alguna extraña razón le hizo caso, guardó la tarjeta y se marchó.

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