Portada de la novela La mascara del Deseeo

La mascara del Deseeo

8.7 / 10.0
Tras una fiesta de máscaras, Sofía Martínez enfrenta un embarazo inesperado que la vincula a su jefe, Héctor Valdés. En esta novela de romance y billionaire, el parecido del bebé revelará la verdad. Lee esta web novel y descubre las consecuencias de su secreto en nuestra plataforma.
Resumen de La mascara del Deseeo
Sofía Martínez, la eficiente asistente del poderoso Héctor Valdés, vive una noche de pasión prohibida con un extraño en un baile de máscaras. La situación se vuelve crítica tres meses después, cuando descubre su embarazo en secreto. La tensión crece mientras su jefe se acerca a ella de forma inesperada. Tras el parto, la innegable similitud física del recién nacido con el magnate revela la identidad del padre, forzándolos a lidiar con la verdad.
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La mascara del Deseeo Capítulo 1

La mañana era fría y gris cuando Sofía Martínez entró en la oficina, como todos los días, con una taza de café humeante entre las manos. El sonido de los teclados llenaba el ambiente, mezclado con el murmullo suave de las conversaciones de los compañeros de trabajo. Aunque los lunes siempre traían consigo un aire pesado, ella ya estaba acostumbrada a la rutina. Como secretaria personal de Héctor Valdés, el exitoso CEO de la empresa, su vida estaba regida por agendas apretadas, reuniones interminables y la constante necesidad de ser eficiente.

Sofía era una mujer de poco hablar y menos llamar la atención. Se había ganado el respeto de sus colegas no solo por su impecable desempeño profesional, sino por su capacidad de mantenerse en segundo plano. Para muchos, era casi invisible, pero para Héctor Valdés, su jefe, era más que una simple asistente. Aunque su relación había sido siempre estrictamente profesional, en los últimos meses había algo en él que la desconcertaba. Algo en la forma en que la miraba, en los gestos sutiles que solo ella parecía notar. Pero Sofía no estaba dispuesta a permitir que esos pensamientos la distrajeran de su trabajo.

Aquella mañana, mientras organizaba la bandeja de entrada de su correo, un sobre blanco llamó su atención. Estaba dirigido a ella, y el remitente solo decía: "Héctor Valdés". Lo abrió con rapidez, esperando encontrar alguna tarea más de última hora. Pero al leer el contenido, su expresión cambió, y no pudo evitar fruncir el ceño.

"Sofía, te invito cordialmente a nuestra fiesta anual de disfraces. Este año, se celebrará el próximo viernes a las 8:00 p.m. en la mansión Valdés. El evento es obligatorio para todos los empleados de la compañía. Espero verte allí. Héctor Valdés."

El papel en sus manos parecía volverse más pesado a medida que lo leía una y otra vez. ¿Una fiesta de disfraces? Ella nunca había sido de asistir a ese tipo de eventos. Las fiestas, el bullicio, las personas con las que nunca lograba conectar... No era su ambiente. Además, si había algo que había aprendido durante su tiempo trabajando con Héctor era que él tenía un control absoluto sobre todo lo que sucedía en la empresa, incluyendo las reuniones sociales. Por supuesto, como secretaria personal, sería difícil evadir la invitación. La idea de acudir a la fiesta y pasar una noche rodeada de colegas, muchos de los cuales no conocía bien fuera de la oficina, la llenaba de incomodidad.

Pero algo en las palabras de Héctor la hizo dudar. ¿Por qué "espero verte allí"? No era común que un jefe, en especial uno como Héctor, fuera tan directo y personal en una invitación de ese tipo. En su mente, se formaron una serie de preguntas y su curiosidad creció. ¿Qué clase de fiesta era esa? ¿Qué esperaba de ella? Era la típica fiesta de la empresa, ¿verdad? Entonces, ¿por qué sentía que algo más se escondía tras esas palabras?

-¿Sofía, tienes un momento?

La voz de Héctor la sacó de sus pensamientos. Sofía levantó la vista y vio a su jefe de pie junto a su escritorio. Era un hombre alto, de presencia imponente. Siempre había sido tan profesional, tan distante. Casi nunca intercambiaban palabras que no tuvieran que ver con su trabajo. El hecho de que estuviera ahí, frente a ella, no era normal.

-Claro, ¿en qué puedo ayudarte? -respondió ella, tratando de sonar tranquila.

Héctor asintió y se acercó un poco más. Aunque su rostro se mantenía serio, Sofía notó que sus ojos la observaban con una intensidad que no le era familiar.

-Solo quería asegurarme de que recibieras la invitación para la fiesta de disfraces -dijo con una sonrisa apenas visible, la cual, para Sofía, fue casi imperceptible.

El ambiente de la oficina parecía desvanecerse en ese momento, como si el ruido de fondo se hubiera silenciado. Sofía asintió con la cabeza, intentando esconder la inquietud que empezaba a tomar forma en su pecho.

-Sí, la recibí -respondió, manteniendo una sonrisa cordial.

Héctor la miró durante un segundo, como si estuviera esperando algo más. Después de un par de segundos, agregó:

-Me alegra. Es importante que estés allí, Sofía. -Dijo su nombre con una suavidad que nunca había usado antes, como si esa invitación tuviera un peso mayor.

Sofía no sabía cómo reaccionar. Él era siempre tan profesional, tan controlado. Esta nueva faceta de él, que se manifestaba en pequeños gestos, la desconcertaba. Y a pesar de su desconcierto, había algo en esa mirada, algo en esa forma de dirigirse a ella que la hacía sentir... diferente. No era solo una invitación a una fiesta. Era un mandato disfrazado de amabilidad.

-Por supuesto, estaré allí -respondió finalmente, aunque en su interior deseaba lo contrario. Era evidente que no podía decirle a su jefe que no asistiría. Lo que él esperaba era claro.

Con una ligera sonrisa, Héctor dio media vuelta y comenzó a alejarse.

-Espero que disfrutes de la fiesta, Sofía. Será una noche divertida, te lo aseguro. -Su voz, aunque amable, sonaba cargada de una seguridad que Sofía no pudo evitar notar.

Vio cómo se retiraba hacia su oficina, dejando una estela de dudas en el aire. Sofía se quedó en su escritorio, mirando la invitación nuevamente. Aquella fiesta de disfraces, que a simple vista parecía ser una simple celebración, ahora se había convertido en una fuente de intriga.

El resto de la jornada pasó con rapidez. Sofía se sumió en su trabajo, pero algo seguía rondando en su mente. La invitación. Héctor. La fiesta. ¿Por qué sentía que esta noche iba a ser diferente? ¿Qué se escondía detrás de esa extraña insistencia de su jefe?

Esa noche, mientras caminaba de regreso a su apartamento, el sonido de sus pasos en las calles desiertas de la ciudad parecía ser el único ruido que se escuchaba. Sofía pensaba en cómo su vida cotidiana había dado un giro sutil pero significativo en los últimos meses. A pesar de su naturaleza reservada, algo había cambiado. La forma en que Héctor la miraba, los momentos más cercanos entre ellos, incluso la ligera preocupación que él mostraba por su bienestar... Todo parecía apuntar hacia una nueva dinámica que Sofía no lograba entender.

La fiesta de disfraces no era solo un evento social. Se había convertido en algo más. Y aunque sus dudas seguían intactas, Sofía ya había tomado una decisión. Iba a asistir. Tal vez no era lo que quería, pero no podía simplemente ignorar lo que estaba sucediendo. Algo le decía que esa noche podría cambiar muchas cosas. Quizá incluso su vida.

Al llegar a su apartamento, se dejó caer en el sofá. El teléfono vibró en su bolsillo. Era un mensaje de texto de su mejor amiga, Laura.

"¿Vas a ir a la fiesta de Héctor? ¡Dime que sí! Necesitas algo de diversión. Sabes que lo tuyo no son las fiestas, pero esta vez podría ser diferente."

Sofía sonrió levemente, aún sin saber lo que realmente quería hacer.

"Voy a ir. Solo espero no arrepentirme."

Dejó el teléfono a un lado y se hundió en sus pensamientos. En su mente, el eco de las palabras de Héctor seguía resonando. Algo en su invitación, en su forma de tratarla, la inquietaba. Pero también había algo más: una curiosidad irresistible por saber qué deparaba esa noche.

El viernes llegó rápidamente. Mientras se preparaba para la fiesta, Sofía no podía evitar sentirse nerviosa. Decidió ponerse un vestido negro sencillo, elegante y que la hiciera sentir cómoda. No era el tipo de mujer que llamaba la atención, pero esa noche, quizás, algo cambiaría.

Al mirarse en el espejo, pensó que esta sería una noche diferente. Solo esperaba que no fuera una noche que, con el tiempo, deseara no haber vivido.

Y con ese pensamiento, salió hacia la mansión Valdés.

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Tabla de contenidos de La mascara del Deseeo

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