Portada de la novela Un amor XL para el CEO

Un amor XL para el CEO

8.1 / 10.0
En el romance moderno Un amor XL para el CEO, Lia acepta un matrimonio por contrato con su jefe. Como uno de los mejores billionaire romance novels, narra cómo un pacto de imagen se vuelve una atracción real. Lee estas romance stories en nuestro webnovel.
Resumen de Un amor XL para el CEO
Lia, una becaria de talla grande que intenta superar una traición sentimental, recibe una oferta inesperada de Evan, el poderoso copropietario de su compañía. Con el fin de restaurar su reputación ante la junta directiva, el empresario le propone un matrimonio de conveniencia. Ella acepta el trato buscando seguridad económica y una salida a su desamor, pero lo que nace como un pacto estratégico pronto hará que la química real surja entre ambos.
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Un amor XL para el CEO Capítulo 1

Lia sabía que no podía aspirar a mucho, toda la vida se lo habían dicho, y lo cierto, era que en el fondo estaba de acuerdo con quienes opinaban así, ella debía aceptar lo que la vida quisiera darle porque no tenía derecho a más, por una simple razón, no era como las demás chicas, no era una mujer hermosa que se mereciera que los hombres le fueran detrás, le sobraban cerca de veinte quilos ¿Qué decía hermosa? Ni siquiera le quedaba bien el maldito vestido que se estaba probando.

Se miraba en el espejo del probador, con aquel vestido que mostraba demasiado sus pechos, tanto que parecía que le iban a estallar y aunque no le marcaba la tripa, porque iba suelto desde la parte más alta de la cintura, se veía enorme. ¿A quién se le había ocurrido la genial idea de que ir de compras la animaría? Si ella se ponía lo primero que encontraba en el armario y solo iba a comprarse ropa cuando la que tenía se rompía y le hacía falta ropa nueva. Pero era práctica, con que le cupiera y no marcara demasiado sus complejos, ya le servía.

—¿Tengo que obligarte a salir o lo harás por propia voluntad?— preguntó Charlie, el culpable, de que ella se estuviera probando aquella prenda de ropa que en su vida se pondría por voluntad propia. Suspiró acomodándose mejor los pechos para que no se le salieran y abrió la cortina del probador observando a su primo con fastidio.

— ¡Estás perfecta!— silbó, la tomó del antebrazo y la obligó a caminar hacia él un par de pasos antes de hacerla voltear y observarse en el espejo de fuera — ¿Lo ves? Preciosa.

— Si tú lo dices — sabía que Charlie la quería mucho y la veía con los ojos de ese amor fraternal que los había unido desde pequeños, porque más que primos, ellos se habían criado como hermanos.

— No lo digo yo, es la realidad, eres una mujer hermosa.— aseguró recogiendole el cabello y hechandoselo a un lado para liberar su cuello — Y no solo eso, vas a conseguir ese ascenso. Porque tu aplicación es alucinante, eres una mujer tan hermosa como inteligente y nunca pienses ni dejes que nadie te diga lo contrario — Charlie se apartó de ella y caminó hasta el otro lado tomando un blazer de color crema que combinaba con el vestido marrón que llevaba puesto — lo ves, perfecta para la entrevista.

— ¿No puede ser negra?— los colores claros me hacen aún más gorda.

— No, los colores claros te dan más luz a la cara, tienes que dejar de vestir de negro te hace mayor.

Ella no lo veía así, solo se veía enorme, que decía enorme, casi ni cabía en el maldito espejo en el que él la estaba obligado a verse.

Tal vez por eso entendía lo que había pasado con Max, ¿Quién en su sano juicio estaría tanto tiempo con ella sin cansarse?

Max había sido su mejor amigo desde que entró en la universidad y terminó siendo su novio los dos últimos, cuando lo conoció le parecía el chico más guapo con el que jamás había hablado, le parecía estúpido que alguien como él se fijara en ella, pero por alguna razón siempre expresó su intención de tener mucho más que una amistad, luchó contra sus complejos y su miedo hasta que por fin un día aceptó. Podía decir que había sido feliz a su lado. Él la trataba bien, la comprendía, incluso salía con ella sin avergonzarse por su aspecto, la presentaba a sus amigos y la hacía sentirse realmente bella, pero tras dos años de noviazgo pasó lo inevitable.

Max conoció a una chica mucho más guapa que ella, por supuesto delgada, y poco tardó en abandonarla sin mirar atrás. Si no recordaba mal, en ese instante estaban de viaje por las Maldivas, las Maldivas, a ella jamás la había llevado más lejos de ese hotel en el campo cuando cumplieron los dos años de noviazgo.

Y lo entendía, había chicas a las que uno podía llevar a las Maldivas y otras a las que se las llevaba a una casa de campo, igualmente ella tampoco habría quedado bien en esas fotos en bañador que los dos se habían hecho en la playa, ideales el uno para la otra, parecían el Ken y la Barbie en un comercial de esos que salen tanto en televisión cuando se acerca navidad.

Suspiró observándose y sonrió con pesar negando levemente con la cabeza, no fue ese tipo de sonrisa que una dibujaba en su rostro cuando estaba feliz, no, la sonrisa de Lia era de esas que se usaban para disimular la tristeza, para evitar que se compadecieran de ella. Caminó hasta el probador y tomó su bolso, gracias a que llevaba casi todo su día libre fuera, no había cotilleado el Instagram de Max y tenía la insana necesidad de ver si seguía siendo la felicidad en persona junto a esa novia perfecta que se había echado, y pensar que tres meses atrás ella era su novia.

— ¿Qué haces? Nada de teléfono por hoy. — Charlie apareció por detrás y le quitó el móvil rápidamente — Sabes que odio que estés viendo lo que hace el imbécil de tu ex, de hecho deberías bloquearlo y no ver nunca más ese perfil.

—Devuélveme mi teléfono — Exigió ella fulminandolo con la mirada por lo que acababa de hacer, era cierto que le decía a menudo que debía pasar página, pero su comportamiento era demasiado extraño, mucho pensando en que la despertó pronto por la mañana. La invitó a desayunar en su cafetería favorita, luego la llevó de compras y ahora esto —¿Qué es lo que no quieres que vea?

— ¿Yo? Nada —La culpabilidad en los ojos de su primo lo delató, lo conocía demasiado bien como para no darse cuenta de que ocultaba algo, por mucho que él negara intentando que le creyera, su mirada lo delataba.

— Devuélveme mi teléfono móvil Charlie, ahora — exigió extendiendo la mano y él le dedicó una expresión resignada mientras hacía lo que le pedía — Gracias, ahora voy a ver qué me escondes.

Charlie suspiró resignado y esperando por lo inevitable mientras ella abría el Instagram y buscaba rápidamente el perfil de Max ¿Qué debía ser tan horrible para que no quisiera que ni siquiera se enterara?

Un escalofrío le subió por la espalda en el momento en que vio ese anillo de brillantes en primer plano puesto en unos dedos delicados y largos, ella hasta los dedos los tenía gordos y la perfecta novia de su ex parecía un jodida pianista¿Tenía algún defecto? O también cagaba flores, tal vez ni siquiera cargaba, las muñecas no lo hacen.

— ¿Va a casarse?— Lía levantó la mirada con los ojos llorosos buscando la confirmación de su primo — pero si solo hace tres meses que rompimos…— aseguró buscando una explicación en el rostro de Charlie que obviamente este no tenía, solo encontró esa cara de lástima que tanto odiaba ver en sus allegados.

— Vamos, devuélveme el teléfono y sigamos divirtiéndonos en nuestro día libre… no hace falta que te tortures más, el tipo es un imbécil.— Por alguna razón tenía demasiada prisa en que no siguiera viendo ¿Es que había más? ¿Qué podría ser peor que aquello que acababa de descubrir?

— No me estoy divirtiendo, sabes que odio ir de compras, que nada me queda bien y eso cuando encuentro ropa que me entra — debía leer la reseña y eso hizo, el muy hijo de su santa madre, pero cabrón como él solo, aseguraba que habían sido los mejores seis meses de su vida, seis — ¡Seis meses! Pero si solo hace tres que terminó conmigo.

Si ya era doloroso saber que la habían sustituido, enterarse de que había sido engañada los tres últimos meses de su relación, sin duda, era lo más doloroso que había experimentado de toda esa ruptura, sobre todo porque no entendía cómo no se había dado cuenta, o tal vez sí, estuvo muy ocupada desarrollando su aplicación para su trabajo de final de carrera, era su culpa por dejarlo desatendido.

Los ojos empezaron a dolerle a causa del esfuerzo ejercido para no llorar, pero fue inevitable que varias lágrimas resbalaran por sus mejillas a pesar de su intento por contenerlas.

—Lia guarda el teléfono…— insistió Charlie al verla en ese estado.

— Tú lo sabías, por eso llevas toda la maldita mañana intentando distraerme, ¿Qué creías que no me enteraría? ¿No habría sido más fácil contármelo?— se sentía terriblemente traicionada, si, tal vez, tenía buena intención, pero ella no era una niña a la que debía proteger, era una persona adulta, tenía 23 años, una carrera como desarrolladora informática y un trabajo de becaria en una de las mejores multinacionales dedicadas al desarrollo de aplicaciones y programas y un posible ascenso a la vuelta de la esquina.

— No lo sé, solo quería evitar verte sufrir — confesó con esa expresión que tienen los cachorros cuando han roto algo y los han descubierto— Él no merece que sufras por su causa, no merece nada de ti Lía, siempre te dije que era un imbécil que escondía más de lo que mostraba.

— Claro Charlie, este es el momento perfecto para decir te lo dije.

Se metió en el probador y se quitó la ropa que el idiota que la acompañaba le había obligado a probarse para luego ponerse su propia ropa, salió sin tan siquiera dirigirle una mirada a su primo y dejó la ropa en el mostrador de la dependienta que se dedicaba a doblarla y volver a ponerla en su lugar.

— Vamos Lía, cómprala, no tienes algo decente para tu entrevista de mañana.

— Tengo mucha ropa negra de esa que odias tanto, es elegante, sirve para todo y me queda bien.

Él resopló y le quitó el vestido y el blazer a la dependienta de las manos, estaba decidido a llevársela, si no la compraba ella lo haría él.

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Tabla de contenidos de Un amor XL para el CEO

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