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Portada de la novela Te pertenezco

Te pertenezco

Becca Smith carga con la culpa de una tragedia familiar que no causó. Su hogar es un lugar hostil donde sus parientes la culpan por la muerte de su madre y la decadencia de su apellido. Miller Petrov, el mejor amigo de sus hermanos, se niega a permitir que ella siga siendo maltratada. Decidido a protegerla bajo el lema de que ella le pertenece, Miller desafía el entorno de Becca. Juntos enfrentarán una presión social que amenaza con destruir su unión.
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Capítulo 2

Becca

Cinco años de edad, mi cumpleaños. Era un gran día, ¿no?, todos mis compañeros dicen que es algo bueno porque estás cumpliendo entonces eres el centro de atención, juguetes, muñecas, vestidos, todo... ¿Yo?, yo tenía dos hermanos con un padre que me miraban llenos de odio.

Resentidos contra mí, era el aniversario de muerte de mi madre. Cuando escucho sobre ellos, lo único que hablan es el gran parecido de ambas, siempre mencionando que somos hermosas y de buen corazón. ¿Eso me haría tener el amor de mis padres?, mis ojos se llenan de lágrimas al ver que mi padre y mis hermanos no me dijeron feliz cumpleaños.

Lloré... Lloré toda esa noche, tanto que mi cuerpo tan pequeño no pudo soportar ese dolor que solo me quedé con fiebre ese día. Mi papá era un empresario conocido, siempre se esforzaba, estando ocupado continuamente, los empleados de la mansión dicen que siempre fue amable con mi mamá, que la amaba demasiado, y que incluso ahora lo sigue haciendo.

—Papá —Me acercó a él, quería pedirle algo para festejar con mis amigos. Jalé levemente su pantalón para llamar su atención, moviendo de forma brusca me hizo caer sobre mis nalgas, sentí muchas ganas de llorar. Sin embargo, al recibir la mirada de asco de mi padre me hizo temblar y baje la cabeza, para levantarme e irme a mi habitación.

Tal vez por eso era la más joven de mi jardín, un montón de niños un poco mayor que yo, ¿Por qué?

Al cumplir siete años, mis compañeros me dieron una pequeña torta que mi maestra también ayudo, pero no recibí nada de mi familia. En el colegio decían que la familia era lo más importante por esa razón debías decirle te amo.

—Los amo mucho —Fue lo que dije a la hora de la cena, donde todos estaban reunidos. Esta vez fueron mis hermanos quienes me miraron con cara de asco, y la mirada de mi padre...Tan fría, me recordaba a la noche.

—No digas estupideces —Menciona uno de mis hermanos mayores, eran iguales, decían que era gemelos. Ellos eran más grandes que yo, según todos, yo nací cuando ellos cumplieron los 13 años. Regularmente siempre estaban con papá o con un montón de papeles para poder estudiar.

Ese día, recibí unas flores, unas flores muy bonitas. Amarillo... Un delicado color, la profesora decía que era una flor que a todos les gustaba, ella una vez lo dibujo, cuando me acerqué a ella, sonreí... Había sido uno de mis hermanos, o mi padre. ¿Cierto?, estaba satisfecha.

Al día siguiente mi piel había salido un gran sarpullido, me rascaba mi cuerpo y me dolía. Me tuvieron que llevar al hospital para ayudarme a mejorar eso.

—Feliz cumpleaños, Koalita —Giro a ver al mejor amigo de mis hermanos, era la persona más amable del mundo, siempre se acordaba de mí.

—Mimi —Pone sus ojos en blanco.

—No puedo creer que me sigas llamando de esa forma.

—Me agrada, me hace recordar que eres amable por dentro —Suelto sin pensarlo mucho.

—Bueno, es una buena forma de decirlo —Él se levanta de la silla del hospital, y me da un beso en la frente —¿Esos neandertales no vinieron? —Les decía a mis hermanos de esa forma, no sabía por qué.

—No, pero ellos me dieron unas dulces flores por mi cumpleaños. ¡Se acordaron! —Le doy una dulce sonrisa, estaba feliz. Él me mira y acaricia mi cabeza, asintiendo.

—Tal vez.

Ese día no lo volvía ver, fueron días después que alguno de los empleados mencionó la pelea que tuvo Miller con mis hermanos y mi padre. Dejando que nunca volviera, por primera vez salí donde mi padre para rogarle que dejará volver al castaño oscuro, rogando que lo dejaran volver, el ojiazul siempre había sido una gran persona, no podía permitir que se fuera de esa forma.

—¿Qué necesidad tienes de tenerlo a tu lado?, no sirve para nada —La mirada fría de mi papá, me hace temblar, bajó mi cabeza. El rostro de burla de mis hermanos me hace temblar.

Incluso ahora que acabo de cumplir 14 años siento como mi cuerpo tiembla por esos recuerdos tan horribles de mi infancia. Estúpidos, malditos... No podía odiarlos, después de todo eran mi familia, la primera patada de la dan ellos, y la mía había sido durante toda mi vida.

No tenía amigos, me había aislado a tal punto de no querer ningún contacto humano con otros individuos, solo me dedicaba a mis estudios, y quedarme leyendo hasta que tenía la oportunidad. Quería salir de mi casa lo más rápido posible, pero la vida es jodida mierda y nunca te da lo que quieres.

Salía rumbo a mi instinto, tenía que agarrar el bus sola. Muchos piensan "Es lo más seguro del mundo", mi familia era rica, sí... Pero, si fuera tan rica no me hubieran metido en un colegio del gobierno, no estaría yendo en transporte público; supe hace unos años que yo no era nada para ellos, aún más que solo era desconocida que tenían que cuidar por obligación.

Suspire, al menos Miller había tenido un final feliz. La única condición que habíamos tenido era que nunca nos volveríamos a cruzar, no tendría contacto conmigo, era algo bueno, después de todo podía verlo a los lejos. Era algo que era cruel, pero justo para todos, después de todo, se mostraba la autoridad de mi papá junto a mis hermanos.

¿Qué hacían ese par?, Mathias y Mathew, agradables. Hasta cierto punto, de una manera un poco cruel. Eran hombres que siempre estaban en una revista, uno era publicista, el otro era el subdirector de la empresa de papá. Trágica historia, ¿por qué?, mis compañeras de curso siempre preguntaban por ellos, decían que teníamos apellidos similares. Nunca había estado en los medios, a diferencia de ellos. Los pocos que me conocían, habían sido callados para que nunca hablaran de mí, por esa razón decían el parecido.

Aun sumando la trágica historia de mi madre. Oh dulce mamá, te veo en fotos y veo nuestro parecido, nuestro rostro es el mismo, en todos somos iguales... La única diferencia es que tuviste el amor de ese trío de hombres, mientras que yo recibo solo odio.

Me estiré mientras esperaba el bus en la parada, tenía un poco de sueño, después de todo tenía que madrugar bastante para llegar a tiempo. Un carro pasó, y pude distinguir a mi hermano el publicista, Mathias. Sabía que estaba aquí, pero me daba igual, había perdido el sentido de querer algo de ellos; tenía una buena libertad.

—¿Te vas a quedar aquí? —La voz de alguien conocido me hace saltar del susto, cuando me fijo en quien es, me hace recordar muchas cosas.

—Gracias, Petrov —Digo mirándolo, el bus se estaba acercando —Pero, ya estoy acostumbrada —De esa forma subo al transporte público, para hacerlo con todo el ánimo que tengo.

Que día tan bello, olvidando el hecho que los fantasmas vuelven, todo estaba de maravilla, no importaba que tan malo fuera con él. Ciertas cosas estaban enterradas, y no me importaba nada más, solo quería olvidar todo por un segundo, así quede sumida en una linda imaginación que me podía llevar con mi familia, lindo y tierno pensamiento de una niña.

Cuando salí de esa tonta fantasía me encontré en la puerta de mi instinto, entonces bajé a tiempo para no llegar tarde. Me estiré cuando pude llegar al lugar, estirándome para entrar con todo el ánimo del mundo. Pensando en las próximas materias que vería hoy, y si había hecho todo a tiempo.

Sentirse solo es algo, pero estarlo es aún peor. De esa forma solo respire hondo para el lugar más terrorífico de todos, un salón de clases. Sería extraño que no lo fuera, en ese lugar se forma mujeres y hombre que juzgan todo lo que haces, lo que llevas vestido, con cuantos te has acostado, porque debía ser realista, ser un año menor que todos era algo tan pequeño en la línea de limite, y al mismo tiempo algo que significa una puta tortura que solo te dejaba fuera de base.

Muchos cuchicheos a mi alrededor, esas lindas voces diciendo "Ya llegó", la rara del salón, la que tiene el apellido de los más ricos de la ciudad, pero está aquí, en un colegio estatal, porque no sirve para nada o simplemente es una bastarda. No estaba tan mal los chismes, la cosa era que mi familia no me quería porque asesine a mi madre. Irónico, ¿no?, nunca decidí nacer, yo no quería hacerlo.

—Rebbeca Smith, se necesita en la oficina del directo —¿Qué hora era?, ¿por qué estaba siendo llamada?, solamente suspiré para irme, sin embargo, el profesor que me estaba llamando para llevarme me dijo que recogiera todo; simplemente le hice caso. No me dijeron mucho, solo me llevaron a fuera, donde uno de los empleados de mis hermanos estaba, su rostro serio para abrirme la puerta del lujoso auto, ¿ahora que chismes iban a salir?, solamente entre para salir rápido de esta situación.

Me estaban llevando a uno de los mejores hospitales. Las noticias siempre hablaban de este lujoso lugar, solo los que tienen el dinero pueden permanecer en este lugar. ¿Alguno había muerto?, sentí una punzada en mi corazón al imaginar algo tan cruel, aunque no estaba huyendo de la realidad.

El hombre que había conducido hasta aquí, me estaba llevando a la habitación, yo no era muy alta, pero con este montón de persona me estaba viendo el doble. Al llegar a la habitación me encontré con mi padre y un montón de tubos, mis hermanos estaban pendiente de él, el doctor hablaba.

—Se encuentra en estado crítico, no sabemos cuándo va a despertar. Por eso creemos que lo mejor es desconectarlo —Les decían a mis hermanos, ¿Se iba a morir?, mire al hombre que tuvo que ver con darme la vida. ¿Qué debía sentir?, ¿Estaba segura de sentir odio?, ¿Amor?, ¿Qué era el amor?, una mierda cuando no es mutuo, en mi caso... Siempre estuve rogando por él, y nunca me lo dieron —Es decisión de ustedes —Me senté un sofá de la zona VIP, me recordaba a cuando estuve en el hospital, una habitación como si no tuviera salud, no tenía nada.

La gente del hospital salió, solo quedaron los empleados de mis hermanos y mi padre. Mathias y Matthew hablaban entre ellos, ¿yo?, los ignoraba mientras veía el cuerpo del esposo de mi madre.

—¿Tu qué opinas? —Todos se giraron a verme, no tenía ninguna expresión. No respondí, esta vez fue Matthew quien me habló mientras se acerca.

—¿no dirás nada? —Me sacudió por los hombres, sentí como mi cuerpo se movía de una manera violenta que solo me hizo cerrar los ojos por la fuerza tan bruta que tenía este hombre.

—¿Qué quieres que responda? —Es lo primero que dice que mi boca sin pensarlo mucho, la cara de horror que ponen todos me hace soltar una carcajada, me estaba volviendo loca, pero no podía parar con que los mismos idiotas que me ignoraron toda mi maldita vida me estaban preguntando por la vida de alguien que me odia, ¿no debía devolverle de la misma forma? —¿Quieren que diga que lo dejen vivir?, ¿Qué esperen un puto milagro de Dios?, ¿Quieren eso?, ¿Qué yo tenga fe?, dejen de ser tan ilusos —Suelto una carcajada mientras llevo mi cabello hacia atrás, con mucha rabia dentro de mí —¿Por qué no le dicen a esos empleados que están aquí como me trataban?, por su rostro de horror me hace enfadar, ¿tengo la culpa de ser tratada durante mis 14 años de vida como basura?

—Becca... —Mathias se trata de acercar para calmarme, sin embargo, lo esquivo y lo miro seria.

—No te acerques, no el mismo hombre que hoy en la mañana a las 6 am paso por donde yo tomaba el bus para el colegio, y no me dijo un leve "Te llevo", no... Ustedes no saben nada de mí, así como yo de ustedes —Señalo el cuerpo del que se supone es mi padre —¡Déjenlo morir!, Quiero que se pudra en el infierno, así como ustedes, ¡Los odio!, Los odio! —Siento como alguien me eleva del suelo y me cubre los ojos, el olor del perfume me hace saber quién es, y mis lágrimas chocan con su mano, sin saber que estaba llorando.

—Respira profundo, Koalita, respira —La ira que tenía contenida me hizo llorar más fuerte mientras apretaba con fuerza la mano que cubría mi rostro, mientras que la otra me cargaba como si fuera una niña pequeña.

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