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Portada de la novela Te pertenezco

Te pertenezco

Becca Smith carga con la culpa de una tragedia familiar que no causó. Su hogar es un lugar hostil donde sus parientes la culpan por la muerte de su madre y la decadencia de su apellido. Miller Petrov, el mejor amigo de sus hermanos, se niega a permitir que ella siga siendo maltratada. Decidido a protegerla bajo el lema de que ella le pertenece, Miller desafía el entorno de Becca. Juntos enfrentarán una presión social que amenaza con destruir su unión.
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Capítulo 3

Becca

Mis hermanos habían cambiado, a tal punto que me estaban cuidando más de la cuenta, para alguien que está acostumbrado sería bonito, divino, maravilloso. ¿Para mí?, es una mierda, ¿creen que con eso me van a ganar?, son 14 años de mucha ignorancia, y eso es lo que más me mata, el día que reaccionó de la peor forma, ellos de un momento a otro cambian, ¿Por qué?

—Becca, ¿no necesitas que te llevemos? —Fue el primer día del coma de la cabeza de familia Smith, mi padre fue declarado en coma hasta tiempo indefinido. Es donde mis hermanos ven lo poco que puede durar la vida de una persona y la locura de otros.

—No —Respondo seca para salir de la casa, tenía que estudiar, estaba siendo muy raro que saliera de esa forma ese día.

—Pero, ¿no necesitas que te llevemos?, ¿no es peligroso? —Giro a mirar al tonto que habló.

—Sí, bastante, a decir verdad, me ha tocado pervertidos que se sacan su pene para tocarse. Sí, es una puta mierda cuando sucede eso. Pero, no tengo a nadie quien me proteja, ¿Qué puedo hacer?, ¿esperar mi príncipe azul?, eso no existe, ustedes me lo han mostrado —Y vuelvo mi camino hacia el bus, suspirando... Había sido el día de ayer un día bastante loco, aún más la escena que protagonice junto a Miller.

Me preguntaba cómo había sido capaz conmigo, yo no era alguien delgada, era más bien un poco gorda, entonces no podía comprender como me había alzado de esa forma. Cubriendo los ojos para llorar de esa forma tan desesperada, me gustaba que fuera de esa manera, aunque al mismo tiempo era algo cursi, ¿Qué suponía que hiciera?, ¿Parar de llorar?, claro que no, ¡Necesitaba soltar esas lágrimas!, en parte porque no podía agarrar a los hombres Smith y darle un golpe para que dejarán de joder.

Suspire para agarrar el aire que necesitaba el día de hoy, una escuela pública, ¿Qué diferencia una pública de una privada?, la capacidad de estudio, y las personas... Aunque no tanto, tengo un fuerte pensamiento "El que quiere estudiar, sale adelante, aunque estudie en el peor lugar", con ese credo estudiaba mucho, aunque procrastinaba bastante con mi celular, ¿hablando con alguien?, ¡No!, ¡Jugando!, me gustaba esa adrenalina, y me enojaba cinco minutos cuando perdía, para volver a intentarlo y tratar de ganar esa ronda.

Al llegar al salón, el grupo popular y el rarito estaban diciendo un montón de cosas. En cierta parte uno cree que eso no existe en el mundo real, que es puro fake, la cosa es que sí existe, simplemente que no lo analizamos demasiado porque las personas que de verdad piensan sobre eso están sumergidas en una lectura o en juego, en mi caso. Ahora, escuchaba como ambas partes se decían cosas feas.

—No eres mejor que yo, simplemente eres más puta —Suspire, tenemos 14 años, en los tiempos atrás no se hablaba de esto, ¡Se jugaba con barbie!, ahora es "¿Quién es más raro?" o "¿Quién es la promiscua?", soy demasiado joven para estás pendejadas, aún más soy demasiado joven para muchas cosas, para la muerte de mi madre, para el trato de mis tontos hermanos, ¿no puedo tener una familia mejor?

—Al menos no soy una rarita —Suspiro, me había cansado de esos insultos, giro hacia ellas.

—Tu eres una promiscua que piensa que lo único que importa es el sexo, ¡adivina!, aunque subas en un futuro a puntas de darle orales a tu jefe, nadie te va a querer, y cuando seas lo bastante vieja, se cansará y te va abandonar por alguien más joven —Giro a ver a la otra —¿Tu?, bueno, eres extraña por cómo te maquillas y te vistes, ¿eso te hace especial?, no, yo veo que respiras normal, que tienes los mismo órganos que nosotros, por buena o mala suerte estás en nuestra vida, ¿Qué quieres que te diga?, ¿Qué eres genial? —Niego con mi cabeza —Es lo mismo que con la otra, al final todos crecemos y vamos a madurar de una manera cruel que vamos a querer nunca nacer —El sonido del timbre suena dejando a las dos con las palabras en la boca, me giro para esperar a la profesora, yo no era de hablar, no me llevó bien con casi nadie, entonces no me importaba. Ya había explotado con mi familia, ¿Por qué no hacerlo aquí?

Un día de forma cotidiano paso, un poco aburrido, más que todo en la clase de lengua, ¿Qué necesidad se tiene de repetir lo mismo?, el inglés no era mi fuerte, pero me esforzaba el doble para sacar buenas notas. Después de todo, necesitaba buenas notas para sacar adelante una buena beca para vivir sola.

El turno de deportes, ¡No era un fracaso!, pero tampoco era la mejor. Me podía defender en basquetbol, fútbol me gustaba ser arquera, podía sentir mejor la adrenalina en ese lugar, en voleibol, había hecho un año o dos un entrenamiento que por cosas de la vida me tuve que salir. Recuerdo bastante ese momento, otro pervertido en el bus a esa hora, que supo a qué hora cogía el bus, y siempre estaba. Cambie de horario, aun así, volvió.

Esta vez no tenía muchas ganas de jugar, entonces me dedique a mirar como jugaban a los quemados, de una forma bastante agresiva. Me levanté para ir a guardar las pelotas, mientras murmuraba las cosas pendientes que haría al llegar a casa, sintiendo impotencia al recordar que tendría que volver a su territorio.

—Rebecca, ¿Te puedes quedar en la tarde para ayudarme con el equipo masculino de fútbol?

—¿Qué puedo hacer yo por ellos?

—Los chicos me cancelaron para recoger las pelotas, ¿entonces me puedes ayudar? —¿Quedarme y ver un montón de neandertales o ir a casa y ver los personales?, mejor me quedaba aquí.

—De acuerdo —Asiento para ir de vuelta a la clase.

Todo de forma lenta esperando que llegará la tarde donde se iban a ir todos. Me estiré para ir a comprar algo para hacerlo pasar como almuerzo, siempre tenía dinero guardado para poder quedarme el día; siempre estaba preparada para estás tonterías.

Cuando llega la hora me acercó a la maestra que me ordena recoger todas las pelotas que estaban alrededor. Lo hago mientras me pierdo en mis pensamientos, ¿Qué tenía pendiente?, la tarea de matemáticas, era un poco fácil entonces solo me iba a tardar alrededor de 30 minutos, sumando la tarea de lenguas otra media hora, más el juego diario que debía tener, que al final era como tres, estaba bien de... Siento mi cabeza contra algo, con la fuerza me hace caer al suelo, el cielo estaba lindo, demasiado brillante a mi gusto, sin embargo, no podía que era feo, para alguien que no siempre estaba de humor, era algo medianamente lindo.

—¿Estás bien? —Veo el único animal que se dignó a venir hacía mí, incluso la profesora estaba en la mierda, quien sabe haciendo qué.

—No —Respondo sin querer levantarme, sin dirigir la mirada a ese chico, era dos años mayor que yo, estaba en el penúltimo año, estaba haciendo un énfasis en deportes, quería dedicarse solamente al fútbol. Una vez me puse a investigar porque los mejores deportistas salen de un lugar pobre, al principio los explotan para conseguir algo, sacando el talento... Sin embargo, su motivación es el dinero, ¿No es mejor sacar dinero por algo que te gusta?, aunque nada dura para siempre, como no saben administrar el dinero, muchos quedan sin nada.

—¿No te vas a levantar? —El chico seguía mirándome.

—No —Respondo seca, me recordaba a mis hermanos y eso me hacía enojar el doble, me giro aún costado, dándole la espalda. ¡Debería estar yendo a mi casa!, mis hermanos trabajan, ¿de qué me estaba preocupando?, el miedo de volver a verlos me hizo pensar con la parte de mi cerebro tonta, ¡Me faltaron neuronas!

—¿No me vas a decir más? —Cierro los ojos, "Si no veo imbéciles, no los escucho" repito varias veces en mi mente para ignorar al chico parado al lado mío, rezando a quien sabe qué para que lo quité y me dejé reposar por el balonazo tan duro que me dieron —¿Debo llevarte a la enfermería?, Me van a reportar por tu culpa, ni siquiera fui yo quien te dio el golpe —Sigo repitiendo palabras bonitas, ya había estallado hoy, ¿debía volver hacerlo?, eso ya es avaricia, entonces mejor no lo hacía —Es en serio, tampoco quería venir, pero luego nos castigaban a todos —Dios mío, Jesús mío, padre mío, dame la paciencia que le diste a las madres cabezas de familia al tener un niño llorón en la noche, y no ponerles una almohada para que dejarán de llorar. El neandertal seguía hablando como si su vida dependiera de ello, aunque en realidad su carrera si lo hacía, culparlos sería divertido, sin embargo, no tengo respaldo.

—¿Están todos bien? —La maestra había llegado, giro a verla, creo que la parte roja de mi cabeza la hace sobresaltar, y me ayuda a levantar —¿Quién fue? —Se gira a ver a los chicos, me tiro al suelo, mi pobre cabeza estaba dando vueltas, lo mejor que podía hacer era recostarme.

Oh vida mía, creo que estaba a mi madre en el cielo, creo que sí. Cierro los ojos para descansar un poco, mucho ruido a mi alrededor llega.

—¿Qué importa?, ni siquiera es bonita —Suspiro al escuchar lo machista que fue el comentario.

—Tengo vagina, es lo que único que les importa —No sabía cuándo me había acostado, me levanto mientras habló —Aunque tengo más bolas que ustedes —Sonrío y les muestro el dedo del medio para alejarme.

—¡Rebecca! —Grita la maestra, pero me despido con la mano sin dar la vuelta, que dolor tan cabeza tan infernal, el golpe de calor haría efecto.

Me voy a quedar unos minutos, para no ir al autobús con ese golpe tan notorio, sentía la parte afectada caliente. Agarré mi celular, y vi muchas llamadas desconocidas de un número desconocido, hago una mueca, ya sabía de quien era el número. Suspiro, después lo iba a contestar, ¿no?

Primero al baño para ver el maldito golpe, si estaba un poco rojo, pero no eran tan grande. Fui por hielo a la cafetería de la escuela, mientras lo esperaba me puse en el celular a ver cualquier cosa, para esperar. Los animales del fútbol tenían su receso en ese momento.

—¿En serio tenías que decir que tenías más bolas que nosotros? —Habla uno de ellos, suelto una risa sin poder evitarlo.

—Yo no me escondo cuando golpeo alguien.

—¿Habrás golpeado alguien? —Pienso un poco.

—No, pero ganas nunca faltaron.

—No es tan bueno como parece, terminas igual herido que la persona —Me dice el fastidioso que se quejaba hasta por existir.

—Bueno, la adrenalina hace un buen efecto. Es parecido a cuando sacas una buena nota, al final te das cuenta que no hace mucha diferencia —Ellos sueltan una carcajada al escucharme.

—¿Eres Rebecca qué? —Frunzo el ceño al escuchar al otro tipo, ¿debía decir el apellido?

—¿Me van acosar y mandar a sus novias para que me hagan la vida imposible?

—Muchos libros de Fuckboy, cariño —Dice el capitán del equipo, mientras me da una palmada en el hombro suavemente.

—Señorita —Llama la señora de la cafetería, me iba a levantar, sin embargo, uno de ellos se acerca y me lo entrega.

—Una disculpa por el golpe —Suelto una carcajada mientras niego con la cabeza.

—¿Me van a decir quién fue?

—¿Para que tengas más huevas que él? —Suelta el capitán en tono burlón.

—¡Oye!, no dice que era así, que sentidos —Entrecierro mis ojos mientras me pongo el hielo en la zona afectada.

—Bueno, nunca olvidas que una chica que es menos del doble tamaño que tú te insulta mientras sale como si fuera la ama del mundo.

—¿Quién dice que no puedo? —Mi sonrisa es burlona, la primera tanda había sido de cinco chicos, sin embargo, sin poder evitarlo estaba rodeada de 20 hombres que estaban preguntando mi nombre completo. ¿Sería el clásico que se enamoran por qué no les prestó atención?

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