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Portada de la novela Soy el hijo de la poderosa CEO

Soy el hijo de la poderosa CEO

Engañada por Kennedy Gibson, Kenya huye de su hogar embarazada para empezar de cero. Doce años más tarde, el pasado la alcanza cuando Kennedy descubre que tiene un hijo y que un extraño ha tomado su lugar como figura paterna. Obsesionado con reclamar su lugar, él amenaza con llevarse al niño por la fuerza. Para evitar que le arrebaten a su hijo, Kenya se debate entre encarar a su antiguo amor o desaparecer otra vez para mantener a salvo al pequeño.
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Capítulo 2

Capítulo 02.- Un día lleno de sorpresas

Kennedy, pensó que la pregunta llevaba alguna mal intensión, pues ella misma podía comprobar llamando a cada una de las empresas en las que él había trabajado anteriormente, por lo que respondía casi a la defensiva, ya que eso era fácilmente comprobable, que era lo que hacían los empleadores.

–Usted, ya debió ver mi currículum – Se defendió Kennedy – Pero, en sí mis experiencias, aunque fueron buenas, en las empresas que estuve, no me brindaban las oportunidades tan extraordinarias, como en esta empresa, porque yo siempre he ido por la mejor opción y me esfuerzo por obtenerla.

Era lo normal, cuando tienen a una mente brillante en sus manos y no se dan cuenta, los empleados se desaniman y salen a buscar nuevas oportunidades, dónde si se puedan desarrollar y ese era el caso de Kennedy, pues él lo que necesitaba era explotar todo su potencial y Kenya, lo sabía a cabalidad y de ahí iba a obtener un beneficio de una mente prodigio, no cabía duda que todo se hereda.

–Su currículum es impresionante, señor Gibson, y veo que tiene bastantes ganas de aprender, además de todos los candidatos que tuve el día de hoy, usted es quién más me ha convencido – Kenya le extendió la mano a Kennedy – Empieza mañana mismo, si no tiene alguna objeción al respecto.

Kennedy, se quedó suspendido en el aire, al escuchar aquello y eso lo llenó de dudas, en el momento en el que estrechó esa mano llena de joyas costadas y luciendo una manicura impecable, ¿Será posible que, ella no lo recordara? Si es así, había corrido con suerte, de lo contrario él, estaba seguro que, no lo hubiera contratado. No después de cómo él se había ido, sin dar explicación alguna, cómo si ella nunca, hubiera valido nada para él.

Pero en eso estaba muy equivocado, Kenya, tenía una memoria fotográfica y era imposible que no se acordara de un nombre o de una cara, así que él estaba a millones de kilómetros, al suponer algo como aquello. Ella era una profesional y sabía separar los negocios con cualquier otra interacción entre los implicados, por eso era la mejor y en su equipo siempre iba a tener a los mejores, no buscaba otra cosa que ir mejorando cada día, por eso era una magnate del negocio.

– ¿Ya no seguiremos con la entrevista? – Preguntó Kennedy, con incredulidad – Lo siento, es que pensé que se requeriría de más preguntas, para que usted dictaminara si me podía contratar o no, siempre demoran mucho más tiempo en este tipo de entrevistas.

Kenya, ya había investigado lo suficiente del postulante, si lo había hecho pasar de último, tenía sus motivos, ya los demás postulantes al puesto, recibirían una carta donde les agradece su amable atención y que los tendrían en cuenta para las siguientes vacantes, el departamento de RRHH, se tomaba muy en serio su trabajo y no podía descartar algún posible candidato a algún puesto que quedara libre o en algún cargo para un nuevo proyecto, nunca perdían de vista a los entrevistados y cabía la posibilidad de estarlos llamando de un momento a otro, nunca cerraban ninguna puerta del todo.

–Sí quiere se las puedo hacer, sin ningún problema si eso es lo que quiere – Manifestó ella, con mucho carácter – pero, con las ganas que veo que tiene y su excelente currículum, no veo porqué, no darle la bienvenida a mi empresa directamente, tiene que demostrar todo ese talento que las demás empresas han dejado escapar, porque no lo supieron encausar, perdiéndolo para siempre, pero yo no lo voy a hacer.

La presidenta, tomaba en cuenta, las aptitudes de los postulantes y en definitiva, Kennedy, había mostrado muchas ganas de entrar a trabajar a la empresa, demostrando que se iba a involucrar al cien por ciento en los proyectos que se dieran en el país o fuera de este y ese era un punto a su favor.

–Muchas gracias – Kennedy optó, por ya no decir nada más - ¿Mañana, a qué hora, tengo que estar aquí?

Él se iba a adaptar a cualquier horario que le dieran, si estaba obteniendo el mejor puesto, el horario venía siendo lo de menos, pues Kennedy sabía que en este tipo de trabajos se podía entrar a una hora, pero no sabía a qué hora se salía, y más cuando estuvieran inmersos en un proyecto que atrajera la atención de todo el equipo de trabajo, eso era lo apasionante de la rama de su carrera que había elegido.

–Mañana empieza a las 7 de la mañana, pasará con Donna, la encargada de capacitación y ella lo capacitará todo el día y cuando termine de su capacitación, vendrá a verme, para indicarle en dónde es que lo ubicaré a partir de pasado mañana, y tendrá una última capacitación de mi parte – Dijo la presidenta muy profesional – Ahora que se retire, irá con Emily, mi asistente, al área de recursos humanos, para que le hagan su credencial de la empresa y le entreguen su lista de beneficios otorgados por la empresa, ¿tiene alguna otra duda?

Kenya Walter, era una brillante mujer de negocios, en su empresa tenía a los mejores genios de las tecnologías, desde niños prodigios, hasta científicos de las mejores universidades, ahora con Kennedy en la empresa, habiendo estudiado a conciencia su curriculum, estaba enlistando a uno de los mejores, no importaba si el pasado se le había puesto en frente, aquí lo que más importaba era ser la empresa de tecnología en crecimiento.

–No, ninguna otra duda – respondió Kennedy – muchas gracias, por la oportunidad, no se va a arrepentir de haberme contratado, le agradezco el haberme tomado en cuenta.

Kennedy se iba con una rara sensación en su cuerpo, cómo si algo lo hubiera estado oprimiendo más de la cuenta, apenas estaba volviendo a respirar con normalidad, la entrevista, no había durado el tiempo necesario como para que se formularan tantas preguntas, por lo que había terminado antes del tiempo estimado.

–No me agradezca, su impecable currículum y Dominic, me lo recomiendan ampliamente, por eso, le he dado la oportunidad. Bienvenido a la compañía, señor Gibson.

Kennedy estaba por ponerse de pie, para retirarse, pero en ese momento fueron interrumpidos abruptamente por la guapa pelirroja que lo había llevado a la entrevista, ella irrumpió en la oficina de la presidenta y se paró frente de Kenya con una cara de pánico, como si algo grave estuviera pasando o estuviera por pasar.

–Señorita Walter, lamento interrumpir así, es que el joven Maximilian, ha llegado antes del colegio y está insistente, diciendo que debe hablar con usted ahora mismo – Dijo la joven – Le he dicho, que está ocupada, pero está enojado diciendo, que no necesita hacer una cita, para ver a su madre, perdón por la interrupción.

Kennedy, de inmediato, había corroborado su anterior inquietud, Kenya, se había casado y además tenía un hijo, cosa que no había hecho él, por cuestiones de trabajo, de tiempo y de que no había conseguido a una mujer que fuera digna de darle a un heredero, el que sus padres le pedían, desde que cumplió los treinta años, cosa que no espera hacer y mucho menos ahora que tenía esta grandiosa oportunidad en las manos.

–Emily, sabes que no me gusta que mi hijo interrumpa, cuando estoy haciendo entrevistas de trabajo, pero afortunadamente el señor Kennedy Gibson, ya se iba a retirar – dijo Kenya – Ahora, por favor. Dile a mi guapo y querido hijo, que pase.

Kenya, estaba orgullosa de su hijo, al que había sacado adelante a pesar de todas las adversidades y el niño había heredado los genes tan diferentes a su padre biológico y a los de ella, que Kenya no se preocupaba y pensaba que podía pasar desapercibido, le daba gracias a Dios, que eso hubiera pasado, no iba a darle explicaciones a nadie.

–Bien, yo me retiro – Dijo Kennedy – Nuevamente, muchas gracias y nos estaremos viendo aquí, a partir de mañana a las 7 de la mañana, sin falta.

Los dos se miraron a los ojos, en esos momentos no había ningún tipo de admiración de ambas partes, que no fuera en el sentido profesional y laboral, por lo menos Kenya, se sentía segura de lo que había acontecido, ya se volverían a ver muy pronto, solo era cuestión de unas cuantas horas, pues al día siguiente se iban a ver.

–Por nada, espero no equivocarme con usted señor Gibson – Kenya lo miró con determinación – espero, seguir teniendo, ese buen ojo, para contratar al personal de la compañía.

Kennedy estaba a punto de responderle a su nueva jefa, que podía contar con ello, él no tenía necesidad de demostrarle nada, ella se iba a dar cuenta que su trabajo estaba por encima de todo, se iba a impresionar del potencial que acababa de adquirir y no lo decía por que se creyera mejor que todos, él lo era.

–Mamá – Maximilian, entró alzando la voz a la oficina – Emily, de nuevo, no me dejaba pasar para poder venir a verte, si ya estoy aquí, por qué se negaba a dejarme entrar.

Maximilian, era tan desesperado, que Kenya estaba segura que lo había heredado o de su padre biológico o de algún otro miembro de su familia, pero de ella no, ya que consideraba la persona más paciente del mundo, no había manera de sacarla de su centro, no había existido un motivo hasta el momento que lo lograra.

–Ven acá, mi amor – Kenya, abrazó a su hijo frente a Kennedy – Hasta mañana, señor Gibson.

Ella se dirigió por última vez a Kennedy, dando la entrevista por terminada, y poniendo toda su atención en su amado hijo, el cual era un niño de unos doce años y demasiado alto para su edad, pero era una dulzura de adolescente, y era lo mejor que le había dado la vida a Kenya, y tenía algo que era totalmente suyo.

Kennedy se levantó de la silla como un robot, ni siquiera respondió lo último dicho por Kenya, no podía creer las vueltas de la vida. Ese joven, era físicamente idéntico a su hermana Kaitlin, a la que no veía desde hace años, pues ella se fue de casa de sus padres y nadie sabía de ella, ¿Sería posible, que ese niño fuera su hijo? Eso le parecía imposible, pero su cabeza, le daba muchas vueltas y no supo ni cómo, llegó de nuevo a la planta baja con Dominic.

–Traes una cara, amigo – Dominic, lo desaprobaba – No me digas que, con todo lo que he hecho por ti y no te contrataron.

Esa no hubiera sido una impresión tan grande como la de ver a su posible hijo, porque, él sentía una muy alta posibilidad de que el hijo de Kenya, fuera suyo, porque sería mucha coincidencia que solo hubiera un parecido con su hermana Kaitlin, los genes eran muy fuertes y parecía que la estuviera viendo a ella a esa edad.

–Sí, me contrataron, pero ¿te acuerdas de la chica, de la que te he contado, de la de antes de entrar a la universidad? – Kennedy no salía de su shock emocional – Es ella, es Kenya Walter.

Kennedy, no había salido aún de su asombro, ella era ahora su jefa y si no se acordaba de él, muy pronto se tendrían que ver las caras, porque ella tenía algo que le pertenecía a él también.

–No amigo, tú sí que debes estar loco – Dominic, se reía – La chica que dices, era una huérfana y desamparada, nada tiene que ver con la señorita Walter. No he conocido en mi vida, mujer con más clase y con más preparación que ella.

Pues Kennedy, pensaba que con el que se había casado le había dado ese status, esa posición en la que estaba, no podía haber otra forma en la que ella se hubiera superado de esa forma, porque ahora era una mujer muy poderosa, tenía su propia empresa.

–Eso es precisamente lo que no sé, amigo ¿Cómo alguien como ella, hizo todo un imperio? – Kennedy cuestionó a Dominic y a él mismo.

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