
Soy el hijo de la poderosa CEO
Capítulo 3
Capítulo 03.- Una bonita familia
Lincoln Maverick, un hombre sumamente guapo, varonil, asediado por muchas mujeres, había esperado por largos años a que Kenya, se decidiera y lo aceptara como su prometido, ese día llegó a la empresa Walter a recoger a la mujer de sus sueños para llevarla a comer y no solo a ella también a su hijo adolescente Max, con quien llevaba una muy buena relación.
Todos los que trabajaban ahí, sabían de quién se trataba, lo veían como lo que era el novio de la CEO, a pesar de que todas las mujeres al verlo pasar suspiraban, para él la única que ocupaba su corazón era Kenya Walter, la mujer que para muchos solo amaba su trabajo, pero con el hombre que amaba era toda dulzura, nada más eran verse y derramaban mucha felicidad.
Él llevaba enamorado toda la vida de Kenya y estaba feliz porque después de tanto tiempo en insistir, su relación con ella iba por muy buen camino, le apasionaba todo lo que ella hacía, su dedicación por su trabajo, por su familia, por su hijo y por supuesto, por él mismo, todo el que la acusaba de ser una mujer fría, estaba completamente equivocado, Kenya era una mujer muy apasionada en sus brazos.
En ella había encontrado a la mujer que siempre soñó para él y por si fuera poco a la única mujer que fue del agrado de su estricta señora madre, Hillary Maverick, quién no había aceptado antes a nadie como novia de su hijo y con Kenya estaba más que encantada. Lincoln se asomó a la oficina de la presidencia con un hermoso ramo de rosas y estuvo de pie junto a la puerta, observándola, hasta ser visto por Kenya.
–Hola, hermosa, veo que estás muy ocupada y me encanta verte concentrada trabajando – Lincoln saludó a su bella prometida y se acercó para darle un tierno beso en los labios – ¿Cómo ha estado tu día? Son para ti estas rosas, bellas, pero no tanto como tú.
Kenya se sorprendió al ver a su prometido en la empresa, miró el reloj y apenas se percataba de lo rápido que había transcurrido el tiempo, y ya había llegado la hora de salir a comer, como lo hacían la mayoría de los días, Lincoln, pasaba por ella o Kenya iba a la empresa de él, pero la mayoría de las veces él era el que pasaba a recogerlos, siempre se ponían de acuerdo en eso.
–Hola, mi amor. Muchas gracias por las rosas, mi día ha estado estupendamente bien y hay algo de lo que debo hablarte, pero ya será después – Kenya no podía contarle a Lincoln el asunto de Kennedy estando presente Max, su hijo no debía saber nada por el momento – A ti supongo que te ha ido bien.
Ella le había contado toda la historia, de lo que le había sucedido con Kennedy Gibson, nunca le había ocultado su pasado y tampoco nada con lo que se refería al origen de su hijo, se tenían la confianza para contarse todo, eran los mejores amigos y no había ningún secreto entre ellos.
–Así es amor, todo bien, hola, Max, ¿Cómo te fue en la escuela, campeón? – Lincoln saludó a Max chocando las manos – Te veo muy serio hoy.
Max, se caracterizaba por ser un niño muy jovial, y ahora lo había encontrado sentado en uno de los sillones de la oficina, con una cara muy larga, se notaba que ya no se encontraba a gusto ahí y como su mamá no lo dejaba trabajar aún en el nuevo proyecto, no había sabido qué más hacer, aunque en la empresa podía pasera libremente a sus anchas, pero había decidido quedarse en la oficina de Kenya.
–Hola, Lincoln, no es seriedad, es que mamá tuvo demasiado trabajo, no me deja ver lo que me interesa, me he aburrido de lo lindo viéndola en sus asuntos y ya tengo hambre, ¿Nos vas a llevar a comer algo?
Llevaban una relación de padre e hijo, tenían la confianza para hablarse de esa manera, si se les veía en la calle, ellos representaban una familia muy feliz y así lo eran, desde que Max había nacido, Lincoln, había estado presente, que las cosas no se habían dado entre Kenya y él, era muy distinto, porque él desde que la vio se había quedado flechado por ella.
Ya cuando Max, fue creciendo, ellos se habían dado la oportunidad de ser novios, pero la relación no había avanzado como a Lincoln le hubiera gustado, pero nunca se habían separado, hasta que habían tomado la decisión con la ayuda de Max y se comprometieron, pero hasta el momento, no tenían una fecha para el casamiento, las múltiples ocupaciones de ambos se lo impedían,
–A eso he venido, vamos a dónde ustedes decidan ¿Qué se les antoja comer? Hay muchas opciones, pero elijan ustedes.
Por lo regular el que siempre elegía los lugares para comer era Max, y siempre acertaba, podían llegar a ir a los mejores restaurantes de la zona o hasta llegar a los carritos de comida rápida y siempre comían delicioso, a Max, le gustaba ir a experimentar en los diferentes establecimientos de comida, siempre se comportaba como si fuera un crítico de la gastronomía, era un encanto de niño y siempre los hacía sonreír con cada ocurrencia.
–Que escoja Max – Respondió Kenya – Ya sabes que yo me adapto a donde me lleven, amor, es lo bueno de comer de todo y no ganar ni una libra.
Max se reía por lo bajo de su madre, ellos llevaban una relación muy relajada como Kenya lo tuvo siendo muy joven, parecía a veces que era más su hermana mayor que su madre. El joven se reía porque Kenya lo molestaba haciendo alusión a que él no comía de todo y era verdad, él tenía ciertos disgustos por ciertos alimentos y era más difícil de complacer a la hora de comer que Kenya, por eso se tomaba muy en serio su papel de crítico gastronómico.
–Se me antoja ir por unas de esas hamburguesas con papas fritas, ya saben en ese lugar que descubrimos hace poco, porque están muy buenas y han pasado la prueba, pero si sugieren otra cosa yo tendré que adaptarme a lo que digan mis padres – Respondió Max que siempre consideró a Lincoln como su padre – No saben lo bien que la paso cuando comemos los tres.
Hacían una hermosa familia, de eso no había la menos duda, todos adoraban la preciosa relación entre ellos, Lincoln los amaba a los dos y ellos a su vez lo amaban a él, nada ni nadie podía separarlos, llevaban años siendo una gran familia y ahora Kenya, se encontraba entre la espada y la pared de ver cómo iba a reaccionar su hijo cuando supiera de la aparición de su padre biológico.
Maximilian, no fue el típico niño de preguntar mucho por su padre biológico, la gente decía que como desde que había nacido tuvo esa imagen paterna en Lincoln, no le había afectado en nada saber que no tenía un padre biológico, solo al comienzo cuando se enteró de que Lincoln no era su verdadero padre, le preguntó a Kenya, pero solo lo había hecho por mera curiosidad, pues toda la vida al que había visto había sido a Lincoln, el que lo había criado como tal.
–También a mí, y se me ocurre que vayamos a comer a las hamburguesas de cerca de las canchas de básquet y mientras esperamos por ellas, nos echamos un partido ¿Qué dicen? – Propuso Lincoln – Sirve que hoy seremos los dos contra tu mamá.
Kenya sonrió, de las ocurrencias de Lincoln, sobraba decir que con una mano amarrada a la espalda, le ganaría a los dos limpiamente, por eso nadie le ganaba, era una de las mejores en ese deporte, lo podían constatar las muchas medallas que tenía colgada en la pared de habitación y lo muchos trofeos que adornaban la casa, ella y Tracy, eran las mejores.
–Será un placer para mí, ganarles a los dos. Recuerden que Tracy y yo fuimos campeonas de básquet y les puedo ganar yo sola – Presumió Kenya – Así que vamos.
Para ninguno de los dos era una mentira, pues habían presenciado torneos de básquet donde su equipo siempre salía triunfando, y ellas se posicionaban en las mejores encestadoras, ganando múltiples premios y medallas, logradas por esa tenacidad que siempre les había caracterizado a las dos, y porque nunca habían desviado sus ojos de sus objetivos.
–Tú eres la mejor en todo mi amor, por eso te amo.
Lincoln no desperdiciaba nunca la ocasión para demostrarle el amor a Kenya y eso se podía ver a simple vista. Todas las personas que los veían como pareja coincidían que ese par, estaban hechos el uno para el otro porque se complementaban y se acoplaban a la perfección en todos los aspectos, solo les faltaba dar ese gran paso de casarse, aunque parecía que ya lo estuvieran.
Para Kenya, el tener a su lado a alguien como Lincoln, era lo mejor que le había pasado, pues después de lo que sufrió con Kennedy, pensó que nunca llegaría a su vida un hombre que la hiciera sentir completa en todos los sentidos. Se fueron a comer los tres como la familia unida que ya eran desde ahora y llegando al lugar pidieron las hamburguesas y se pusieron a jugar en las canchas mientras esperaban.
–Mamá eres increíble, aun con zapatos de tacón encestas – Aplaudía Max – Eres la mejor, eres lo máximo y eres mi mamá.
Max, siempre quedaba maravillado de lo increíble que era su madre, no se cansaría nunca de decírselo, él la admiraba como madre, como mujer y como la gran empresaria que era y también porque no se dejaba apabullar por dos hombres que trataban de hacer todo lo posible por ganarle en un juego de básquet.
–En eso coincidimos, la mejor mujer del mundo es tu madre – Lincoln le guiñó un ojo a Max – Somos afortunados los dos, por tenerla.
Kenya estaba conmovida y feliz, después del infierno que fue su vida en el pasado, ahora su presente la estaba premiando con todo lo que no tuvo antes, la seguridad y el amor por parte de un hombre que la supo aceptar con sus errores del pasado y que no solo la amaba a ella, también amaba a su hijo como si fuera hijo de él, algo que a Kenya la elevaba hasta el cielo.
–Y yo también me siento afortunada de estar al lado de los dos hombres más importantes de mi vida y no los cambiaría por nada, y siento que me he ganado la lotería con cada uno de ustedes y saben muy bien que no me refiero al dinero, ustedes son lo mejor de lo mejor, son mi bien más preciado, los amo a los dos.
Hoy, al volver a ver a Kennedy, ella sintió un alivio porque la vida apartó de su vida a ese mal hombre y a cambio, ella había sido premiada con el mejor de los hombres y el que pronto sería su futuro esposo, ella no había dejado de creer en el amor, solo que se había encontrado en su juventud con el hombre equivocado.
–Tú también eres un tesoro para mí Kenya, nunca voy a dejar de ver en ti a esa mujer que tomó el toro por los cuernos y se enfrentó a todas las adversidades, me siento tan orgulloso de tenerte como mi mujer.
Se abrazaron y se estaban besando de lo más normal, como lo hacía una pareja que se demostraba su amor sin sentir vergüenza alguna, Max ya estaba acostumbrado a verlos así de amorosos.
–Oigan, aquí no, hay muchos niños.
Los tres se rieron, Max, ya no se consideraba un niño, según sus propias palabras ya se consideraba un adulto joven, y no estaba tan lejos, su inteligencia lo ponía en ese sitio, ya no se le podía considerar un niño, su coeficiente intelectual lo ponía en una de las mejores escuelas de todo el país para jóvenes dotados.
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