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Portada de la novela Son mis hijas

Son mis hijas

La nobleza de Vanessa se desvaneció tras caer en una trampa cruel durante su matrimonio fallido. Ese tormento transformó su bondad en un rencor profundo, dejando a sus dos pequeñas hijas como su único motor vital. Años más tarde, el destino la confronta con el hombre que la traicionó, desatando secretos ocultos. Aunque él ahora vive sumido en el arrepentimiento y busca redención, Vanessa, endurecida por el pasado, no planea ceder ante su dolor.
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Capítulo 1

Prólogo

-De verdad no puedo creer cómo fui tan estúpido todo este tiempo y creí en ti. Debí hacerle caso a mi madre cuando me dijo que tú no eras más que una zorra cazafortunas que, tarde o temprano, iba a engañarme. ¿Cómo fuiste capaz de hacerme esto a mí? Yo, que siempre te defendí y te entregué todo mi amor sin reservas. ¿Por qué lo hiciste? -dice él con un tono de voz mordaz, mientras sujeta fuertemente el brazo de ella hasta el punto de hacerle daño.

-Por favor, suéltame; me estás lastimando -dijo ella con lágrimas en los ojos-. Te juro que nunca te engañé. Debes escucharme, porque nada de esto es verdad. Yo no te engañé, mi amor. Se suponía que eras tú quien estaría aquí. Lo decías en el mensaje que me enviaste.

-¿Mensaje? ¿Qué mensaje? ¿Acaso crees que soy estúpido? ¡Ya deja de mentir! Sabes perfectamente que yo no te envié ningún mensaje, y tus mentiras no te van a librar de esto. De seguro estás diciendo todas estas palabras para encubrir al desgraciado que tienes por amante, con el cual te estabas revolcando en este lugar como una cualquiera.

-Yo no me estaba revolcando con nadie, ¡tienes que creerme! Esto es una maldita trampa. Por favor, escúchame.

-¡Ya basta! -dijo él alzando la voz-. Nunca más voy a volver a caer en tus mentiras, como tampoco quiero volver a saber nada de ti en lo que me queda de vida. Te quiero lejos de mí para siempre.

-¿Qué? - preguntó ella con un nudo en la garganta-. No, mi amor... no puedes estar hablando en serio. ¡Te estoy diciendo que me tendieron una trampa! Tienes que creerme. Tú y yo vamos a tener un hijo. ¿Por qué no puedes confiar en mí?

-¿Un hijo? ¿Qué confíe en ti? ¿Estás segura de que ese bastardo que llevas dentro es mío? -dijo él con el odio marcado en su voz-. Te apuesto lo que quieras a que ese engendro que tienes en el vientre ni siquiera lleva mi sangre. De seguro lo querías usar para sacarme dinero. Sin embargo, debo decirte que eso no sucederá, ni ahora ni nunca. Jamás debí casarme con una muerta de hambre como tú. Te desprecio a ti... y a tu maldito bastardo.

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