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Portada de la novela Sin titulo, ni portada.

Sin titulo, ni portada.

Tras una transformación que lo cambia todo, la protagonista se sumerge en un profundo tormento emocional. Un antiguo terror, que siempre estuvo al acecho, resurge para amenazar su presente. Aunque un amor inesperado ofrece una luz de esperanza en medio del caos, la sombra persistente de su pasado pone en peligro cualquier posibilidad de dicha. En este oscuro relato de misterio y horror, el destino se muestra implacable, augurando un desenlace trágico y sin consuelo.
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Capítulo 2

CAPITULO I.

Escuchó el timbre, debe tener mínimo media hora sonando.

Me cubro la cara con mi almohada cuando siento los rayos de sol pasar por mi ventana, el timbre no deja de sonar y mi paciencia se acaba.

—Arrg—gruño y me quito el edredón de encima y a ciegas busco mis lentes—¿donde rayos están?—suspiro y decido dejarlo estar e ir antes de que acaben con el timbre.

—¡Voy!—grito mientras salgo de mi cuarto—dije que voy—vuelvo a gritar viendo borrosa mi sala.

Me tropiezo con varias cosas pero consigo llegar a salvo a la puerta, no intento ver por la mirilla porque seria inútil.

Abro y suspiro al ver a mamá, a mi hermana y a mis dos sobrinos.

—¿Por qué no contestas?—reclama mi madre haciéndome aún lado y pasando a mi apartamento—ve como tienes este lugar—lo miro y no veo nada raro.

—Hola Sonia—sonrío—¿ustedes ven algo mal? yo no lo veo—Luigi y Lucia ríen.

Terminan de pasar y cierro la puerta.

—Hola hermanita—beso la mejilla de mi hermana y camino a la cocina por mi café, sino lo tomo ahora no podré soportar los regaños de mi mamá.

—Tía Lía ¿tienes galletas?—pregunta Luigi viniendo detrás de mi.

—Si, cariño—sonrío poniendo a hacer café y sacando las galletas de la alacena—toma Lui, comparte con Lucia.

Me apoyo en la encimera de la cocina esperando el café, veo entrar a mi hermana a la cocina y pasar al refrigerador.

—Lía...no quiero decirte nada pero estoy preocupada—hago una mueca de fastidio—los niños en la escuela preguntan mucho por ti y le hacen la vida imposible a la sustituta—sonrío, esos niños son de temer.—no he querido sofocarte porque sé que necesitas espacio pero no puedes pretender esconder más tiempo—suspira—afronta tus problemas y sal adelante, yo sé que es difícil para ti pero...

—Lo sé, te juro que lo sé pero es tan difícil—paso mis manos por mi cara—siento que eso me perseguirá siempre, que él no se dará por vencido—suspiro—creo que no entiende el daño que me hizo, el daño que me causaron todos y duele porque eran las personas más cercanas a mi—pestañeo varias veces para alejar las lagrimas.

—Entiéndelo, es hora de afrontar, de dejar ir, de superar. Hazle frente y dile que te deje en paz—suena la cafetera y me sirvo café en mi taza—deja de huir, de esconderte, es la hora de que aprendas a vivir, sin burlas ni señalamientos por haberte enamorado de alguien, hazlo ahora porque te arrepentirás después sino lo haces—Sonia sale dejándome sola en la cocina.

Tiene razón pero de decirlo a hacerlo hay un trecho muy difícil de cruzar, si tan solo no me siguiera afectando todo estaría bien pero no es así, me afecta más de lo que debería.

Nunca debí permitir que avanzara, yo le di pie para que se burlaran, no pensé solo me deje llevar por esas ganas inauditas de querer experimentar algo que con el tiempo llegaría solo, me precipite y perdí.

Perdí a mis amigos, aunque de haber sido mis amigos no se hubiesen burlado y extendido por todos lados lo que sentía hacia a él, perdí las fuerzas y las ganas de seguir y es que estaba tan cegada que deje que todo avanzara mucho.

Termino mi café y salgo a la sala a darle la cara a mi madre, mi sofá antes inundado de papeles y libros ahora se encuentra perfectamente limpio con los cojines en su lugar.

—Mamá, no tenias porque hacerlo—digo mientras ella recoge una caja de pizza de la mesita de centro—de verdad mamá, déjalo así.—ella bufa y se voltea a mirarme.

—Déjame hacer esto aunque sea, no sabes lo preocupada que estaba porque no me respondías, desapareciste por semanas y ahora encuentro tu apartamento así—suspira recorriendo el espacio con su mirada—pensé que lo habías superado, que no se repetiría. ¡Por Dios santo!—exclamó irritada—pensé que no volvería a pasar, no quiero volver a eso Lía, no quiero—y suelta un sollozo involuntario mientras se sienta.

—Mamá, yo...lo siento—suspiro—es que...lo volví a ver, no sé como hace, de verdad no lo sé pero aparece siempre que decido salir, quiero comenzar de nuevo y sé que ya somos adultos pero el recuerdo pesa en mi corazón y me duele, me duele ver como sigo amándolo y no puedo, no puedo permitirme caer en eso. Ya lo hice una vez y quedé más lastimada—sollozo—no puedo pensar con claridad porque lo sigo amando y no sabes como duele, no soy fuerte, no con él.

Miro mis paredes, mis cuadros y todas mis cosas y me doy cuenta de que he forjado una fortaleza en mi exterior y dentro de mi y no me había dado cuenta el daño que les hago.

—Tienes que hacerlo, inténtalo. Que no sea necesario volver a cambiarte de ciudad, ya no te alejes de nosotros—se levanta y sigue quitando todo lo que esta sucio del medio—enfrenta tus problemas, es la única manera de hacerte fuerte—asiento y la dejo que arregle mi apartamento.

Camino a mi cuarto a buscar mis lentes, ya he forzado demasiado la vista.

Tropiezo con algunas cosas y llego a mi escritorio, los agarro y cierro mis ojos antes de ponérmelos.

Siempre te he amado.

Los abro de golpe y me los pongo, debo alejar esos pensamientos. Comienzo a ordenar todos los papeles que tengo regados en el escritorio y me topo con una hoja arrugada tirada en una esquina.

La tomo temiendo saber que es, la aliso un poco y comienzo a leer.

''Sabes que siempre te he amado, desde que te besé por primera vez.

Verte siempre fue un aliciente para mi corazón que tenia la necesidad de no perderte de vista, me perdí en ti, en tu caminar, en como sonreías, en como hablabas.

Sabes lo torpe que soy para las palabras pero es necesario que sepas que te amo, eres lo más hermoso que le ha pasado a mi vida.

No quería exponerme, yo siempre fui así. Egoísta, sé que solo pensé en mi y lamento haber herido tu corazón, no sabes cuanto me duele.

Perdóname Cam, te juro por Dios que estoy arrepentido, sabes que yo no soy de hacer este tipo de cosas, no conozco la seriedad en una relación, ni siquiera sé que significa esa palabra en si. Yo quería todo contigo pero me equivoque, volví a cometer otro error, solo quiero que sepas que en serio lo siento.

Pero perdóname, te lo ruego.

Con amor.

Even.''

Eso fue dos días después de irme de aquella ciudad y cambiarme de universidad, recuerdo exactamente que a mi puerta llegó Marcus con esa carta, arrepentido de dejarme sola.

Al único que sigo considerado mi amigo, uno real.

Siento como lagrimas bajan por mis mejillas, las limpio con brusquedad y rompo ese pedazo de papel en mil pedazos, es hora de deshacerme de él y de todos sus recuerdos.

De todo el dolor y de todo el amor.

Es hora de dejarlo atrás.

Siempre te he amado.

Si realmente lo hubiese hecho, no me hubiese causado tanto dolor.

Me siento y abro mi lactop.

Entro a mis documentos en word y abro el archivo de poemas.

EL documento se extiende ante mis ojos y comienzo a escribir, no me había decidido pero si debo seguir esta es una de las cosas que debo hacer.

''Con el sol y su brillar.

Allí me vi perdida en tu mirar, en el deseo de poderte acariciar.

Con el sol y su brillar me di cuenta de cuan necesitada estaba de tu amar.

Con el sol y su brillar aprendí que el amor es tan necesario como respirar y que tu amor es tan erróneo como mi incesante palpitar.''

Dos horas después estábamos sentados en el comedor almorzando entre risas.

No recuerdo la ultima vez que había reído tanto pero me había hecho tanta falta, sonrió viendo a mi sobrino haciendo payasadas.

—Luigi y Lucia—los regaña mi mamá—vayan a ver televisión.

Ambos salen corriendo mientras pelean que verán, si princesas o robots.

—Son, dile a la directora que el lunes regreso otra vez a la escuela—mi mamá sonríe—necesito terminar esas practicas, quiero comenzar a ejercer mi carrera como tal—ambas se asombran pero no dicen nada.

Sonia recoge los platos y yo salgo a encontrarme con los niños, me siento en medio de ellos y agarro el control de la televisión, de inmediato escucho quejas.

—Tía, no lo cambies—ruegan ambos.

—Quiero mi dosis de besos entonces—y ambos apretujan mis mejillas con sus labios mientras dejan besos húmedos.

Nos acomodamos nuevamente en el sofá y vemos televisión por una hora, ambos se quedaron dormidos apoyando sus cabezas en mis hombros.

El timbre suena y mi mamá corre a ver quien es.

Yo desconcertada me aparto de los niños y me acerco a la puerta.

—Señora Carmen déjeme hablar con Cam—escucho que dice la voz de afuera.

—¿Quien es, mamá?—pregunto acercándome más.

—Nadie hija, sigue con los niños—dice mi mamá azorada.

—Soy yo Cam—me acerco más al oír eso y abro la puerta haciendo aun lado a mi mamá.

No otra vez.

***

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