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Portada de la novela Sin titulo, ni portada.

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Tras una transformación que lo cambia todo, la protagonista se sumerge en un profundo tormento emocional. Un antiguo terror, que siempre estuvo al acecho, resurge para amenazar su presente. Aunque un amor inesperado ofrece una luz de esperanza en medio del caos, la sombra persistente de su pasado pone en peligro cualquier posibilidad de dicha. En este oscuro relato de misterio y horror, el destino se muestra implacable, augurando un desenlace trágico y sin consuelo.
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Capítulo 3

CAPITULO II.

—No debiste decirle donde vivo—le repito a Marcus por octava vez—Sabes cuanto he sufrido Marc, lo sabes más que nadie—le reclamo alejando un poco el teléfono para respirar.

—Lo siento, lo siento tanto Li—dice suspirando—solo quise ayudar y sé que no es la mejor manera pero tienes que enfrentarle, solo de esa manera saldrás adelante— solo Dios sabe cuanta razón tiene.

—Esta bien, lo entiendo—suspiro y me dejo caer en mi cama.

—Sabes que te quiero y no haría nada que te lastimase—escucho como mueve cosas—yo le advertí que si me llamabas llorando lo mataba—suelta una risa—y me llamaste queriendo matarme—rio junto a él.

—Y lo haría sino estuvieras tan lejos—agarro una almohada y la llevo a mi pecho—la próxima vez me avisas—suspiro—aunque espero que no haya próxima vez.

—Yo tampoco quiero pero necesitas sanar y la única manera es enfrentándolo, hazle ver que ya no tiene poder sobre ti, que no acelera tu ritmo cardíaco—suena muy fácil pero es difícil.

Hablamos un rato más y le cuelgo prometiendo que arreglaremos un día para salir a comer.

Me cubro la cara con la almohada y grito, necesito despejarme.

Mi mamá y mi hermana se fueron dos horas después de que él vino, en seguida llame a Marcus para pedirle una explicación.

No quería pensar, ni sentirme sola.

Aunque ahora estoy en ese punto al cual no quería llegar, que hacer y que no hacer.

Pensar y pensar para saber cual es la solución, sé con certeza que lo amo pero que lo que me hizo me dejo una herida muy profunda.

Me siento en mi escritorio, abro la laptop y me voy al mismo documento de hace varias horas.

''Sin respirar me siento a tu lado y tomo tu mano.

Sin respirar me siento en tus brazos.

Me ahogo con la cercanía de tus encantos y me pierdo en la sincronía de tus labios.

Dame un segundo para respirar, date cuenta que mientras me tocas me pierdo en la inmensidad del mar.

Solo quiero alejarme y respirar.

Solo déjame respirar y saca de mi este incesante malestar.''

Paso mis manos por mi cara y salgo a buscar algo que comer.

Recuerdo perfectamente como mi mamá me hizo aun lado y cerro la puerta de golpe, la mire incrédula.

—Es lo mejor—dijo llevándome a la cocina.

Golpeo varias veces la puerta y grito que teníamos que hablar pero fui fuerte y para mi sorpresa se fue diez minutos después.

Mi corazón comenzó a ir rápido como si se hubiese quedado en pausa, suspire y me senté en uno de los taburetes del mesón.

Mi corazón iba como aquel día en su casa cuando apenas teníamos dieciséis años y según íbamos a terminar unas tareas.

El calor invadía mi cuerpo, solo pedía que un poco de aire fresco tocara mi cara para disipar ese calor que no me dejaba respirar.

Mi corazón iba tan rápido que pensé que se saldría, mi cabello era acariciado por sus manos y su mirada era tan penetrante que podía pensar que sentía algo por mi pero él no era de esos chicos, él nunca sentía aunque lo que estaba haciendo no demostraba eso.

—¿Por qué me miras así?—le pregunté azorada—No lo hagas Even—dije nerviosa desviando mi mirada.

—¿Por qué no?—pregunto devuelta con su mirada puesta en mi como si fuera una hermosa obra de arte que tuviera que admirar—Eres tan hermosa.

Su caricia avanzo hasta el lóbulo de mi oreja y siguió hasta mi cuello, subió a mis labios y ahí se detuvo acercándose más a mi.

Voltee a mirarlo y mi respiración se atoro en mi garganta, estaba a unos pocos centímetros, rozando nuestras narices.

—¿Por qué?—volví a preguntar dándome cuenta de lo acelerado de mi corazón.

—Solo no te alejes por favor..—y unió nuestros labios, acariciando suavemente.

Volví a mi cuarto y me tire en mi cama, agarro mi teléfono y reviso mi bandeja de mensajes, tengo cinco.

Uno de mi mamá, uno de mi hermana, dos de Marcus y uno de un número desconocido.

Les escribo a mi mamá y a mi hermana que estoy bien para que se queden tranquilas y paso a leer los de Marcus.

Marc: No me vayas a matar, te quiero.

Me preocupó, eso fue minutos después que termináramos de hablar.

Marc: ¿Estas? ¿ya te escribió?.

Yo: ¿Que? ¿por que te voy a matar? ¿quien tenia que escribirme?.

De verdad no entiendo nada y soy consiente del mensaje pendiente que tengo, ay no.

¿Será?

Yo: ¿Le diste mi número?

No me llega respuesta y decido abrir el mensaje.

Desconocido: Cam, necesitamos hablar. Todo tiene una explicación, déjame acercarme por favor.

Suspiro y agrego su número.

Yo: ¿Para que? ¿quieres terminar de romper mi corazón? ¿no te fue suficiente ya?

Idiota E: Yo...solo quiero que sepas mi versión de los hechos, quiero explicarte.

Yo: NO necesito saber nada, tus palabras para mi ya no tienen sentido, son vacías como tu alma.

Idiota E: Por favor, te lo suplico. Déjame aclararte las cosas y no te vuelvo a buscar nunca más, solo escúchame.

Yo: Esta bien.

Dejo el teléfono en la cama y me levanto.

¿De verdad estoy haciendo bien?

No lo sé pero debo tener claro que hablar con él solo me ayudara a dejar ir lo que sentía y aun siento por él, cruzo los dedos para que funcione.

Me desconcierta el hecho de que mi mamá no quisiese que hablara con él cuando vino temprano, ella es una de las que me recalca que debo hablar para dejarlo pasar.

De alguna manera siempre he querido saber porque hizo todo aquello pero en mi mente solo estaba el esconderme de él, por eso la primera vez bese a ese chico delante de él para que sintiera lo mismo que yo.

Sentí satisfacción al verlo, había logrado mi objetivo.

Paso de largo por el pasillo principal y doblando en la esquina de los baños me detengo.

Mi corazón se detiene ante la imagen, retrocedo dos pasos y me tropiezo con alguien.

Volteo tratando de apartar las lagrimas de mis ojos y veo que es Luna, me hago aun lado y veo que su mirada esta centrada en las dos personas al final del pasillo.

Abre y cierra la boca intento formular una palabra pero no puede, se detiene y cierra los ojos diez segundos mientras respira.

—¿Que es eso? ¿Romina?—pregunta dirigiéndose a mi—pensé que tu y él pues...

—Si, yo también pensé los mismo—dije desviando mi atención de ellos, es mejor que ya no vea más.

Comienzo a caminar hacia el lado contrario pero Luna hace lo opuesto, peligrosamente se acerca a ellos dando pisotones fuertes al piso.

Quiero correr detrás de ella y pararla pero me congelo cuando ya ha llamado la atención de ambos y él me esta viendo fijamente a mi, sin una pizca de remordimiento en su mirada.

—Eres un idiota que no merece la pena—le grita mi amiga dándole una bofetada.

—¡Estas loca! ¿que te pasa?—grita él dirigiéndose a Luna.

—No te metas en esto Luna—dice Romina sonriendo.

—No te metas tú—le replica Luna—No quiero que te vuelvas a acercar a Lía, aléjate lo más que puedas—su pecho sube y baja—eres un idiota que no merece su amor.

Even pasa de ella y camina hacia mi pero se detiene en medio pasillo al darse cuenta que hay varias personas viendo lo que pasa, suspira y sigue su camino pero no se detiene cuando esta cerca de mi, pasa por mi lado y mi corazón sufre una estocada.

Me repito que soy estúpida varias veces mientras avanzo con Luna hacia el aula de clases, tenia que saberlo o aunque sea sospechar que no quisiera que nos vieran juntos, no después de que todos supieran, no después de ser consiente que soy la burla de nuestros amigos.

Me distraigo en mi pequeña libreta de poemas y así paso las horas.

Salgo del salón lo más rápido que puedo y me detengo en la entrada del instituto, siento unos brazos rodearme la cintura.

—Li de mi corazón ¿te llevo a casa?—me volteo sonriendo al saber que es Marcus.

—Me harías un gran favor amigo—nos comenzamos a alejar y escucho que alguien grita mi nombre, me volteo y me quedo pasmada al ver a Even correr hacia donde estoy.—perdóname Marc.

—¿Por qué? ¿que pas...—no lo dejo terminar y pego mis labios a los suyos, lo beso temiendo que me aparte y el teatro se caiga pero no, él me corresponde y me acerca más a él sujetándome por la cintura—Dios...Li ¿que fue eso?—pregunta Marcus alejándose y posando su frente en la mía.

—Te dije que me perdonaras—lo abrazo centrando mi atención a Even que se quedo de pie a pocos metros de nosotros.

Su mirada era triste, su mandíbula estaba tensada y sus manos formaban puños, limpie una lagrima que bajo por mi mejilla y me separe de Marco.

—¿Por qué?—su pregunta quedó en el aire al darse cuenta quien nos estaba viendo.

Yo no sabia que hacer, así que preferí alejarme de ellos, corrí hasta llegar a una parada de bus.

Agradecía al cielo que ese era el ultimo día de clases y que no tendríamos que vernos más, con ese pensamiento me subí al bus y lloré hasta llegar a mi casa.

El sonido del teléfono que saca de mis pensamientos, me acerco a la cama y lo agarro.

Suspiro al leer el identificador, contesto poniendo el altavoz.

—¿Que quieres, Even?—pregunto sentándome en la cama.

—¿Cuando nos veremos?—suspiro, se me había olvidado eso.

—Mañana en la noche—muerdo mi dedo indice—aquí en mi apartamento—tengo que hacerlo en zona segura, aunque no soy consiente de cuan segura estoy aquí de él.

—Esta bien—escucho un vaso caer—¿a las ocho?—pregunta satisfecho.

—Si, a esa hora—confirmo—podías mandarme un mensaje, espero que después de mañana no tenga que escuchar tu voz ni tomarme el tiempo para contestarte un mensaje—aclaro molesta.

Cuelgo y me tiro en la cama para dormir.

Mi teléfono suena y lo reviso viendo que es un mensaje de él.

Lo borro sin leerlo y lo dejo en mi mesita de noche junto a mis lentes.

¿Que puede salir mal mañana? ¿Podré acabar con todo eso?

Me cubro con mi edredón y me quedo dormida pensando en eso y rogando que todo salga como quiero.

***

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