Portada de la novela El Arrepentimiento del Alfa: El Lobo Blanco que Rechazó

El Arrepentimiento del Alfa: El Lobo Blanco que Rechazó

9.1 / 10.0
En la novela El Arrepentimiento del Alfa: El Lobo Blanco que Rechazó, Axel sacrifica a Ximena por un engaño mortal. Al morir, él descubre que asesinó a su verdadera compañera. Vive esta historia de werewolf romance novels, una web novel de fantasía y acción sobre traición y destino.
Resumen de El Arrepentimiento del Alfa: El Lobo Blanco que Rechazó
Axel, el Alfa Supremo, condena a Ximena a una muerte atroz al obligarla a donar su único riñón a su hermana Katia. Ignorando que ella ya había entregado el otro en secreto, Axel ignora sus ruegos y la somete a una cirugía fatal. Por culpa del veneno de Katia, la anestesia falla y Ximena muere en agonía. Solo tras el deceso, el Alfa descubre las cicatrices previas y el aroma que revela la verdad: acaba de asesinar a su propia compañera destinada.
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El Arrepentimiento del Alfa: El Lobo Blanco que Rechazó Capítulo 1

Mi hermana, la futura y amada Luna de la manada, se estaba muriendo de insuficiencia renal.

Axel, el Alfa Supremo y el hombre al que había amado en secreto toda mi vida, usó su Voz de Mando para forzar la pluma en mi mano temblorosa.

—Firma los papeles, Ximena —gruñó, sus ojos brillando con una luz roja y depredadora—. Deja de ser egoísta. Katia necesita un trasplante y tú eres la única compatible.

Intenté suplicar. Intenté decirle que no sobreviviría a la cirugía.

Intenté decirle que ya había donado en secreto un riñón a nuestro padre hacía cinco años, un sacrificio del que mi hermana se había llevado todo el crédito.

Pero Axel me arrojó un fajo de estudios médicos falsificados a la cara.

—Deja de mentir para salvar tu pellejo —escupió—. Eres una Omega inútil y sin loba. Esta es tu única oportunidad de serle de algún valor a esta manada.

Él no sabía que Katia llevaba una década envenenándome con acónito para suprimir a mi Loba Blanca interior.

No sabía que la anestesia no funcionaría en mi cuerpo envenenado.

Sentí cada centímetro del bisturí de plata mientras me abrían para extraer mi único riñón restante.

Morí en esa mesa, escuchando al hombre que amaba llamarme dramática.

Pero la muerte no fue el final. Mi espíritu flotó sobre el caos, observando cómo el rostro del cirujano se ponía pálido de puro horror.

—¡Solo tenía uno! —gritó el doctor, sosteniendo el órgano ennegrecido—. ¡Alfa, mire las cicatrices antiguas! ¡Acabamos de matarla!

Solo después de que mi corazón se detuvo, las drogas que enmascaraban mi aroma se desvanecieron.

Axel cayó de rodillas en la habitación empapada de sangre, oliendo por fin el aroma a lluvia y pino que había estado buscando toda su vida.

Se dio cuenta de que acababa de masacrar a su compañera destinada para salvar a una mentirosa.

—¿Ximena? —aulló, arañándose el pecho.

Pero yo ya me había ido.

Capítulo 1

Punto de vista de Ximena:

El olor me golpeó incluso antes de que la puerta se abriera.

Era el aroma de los bosques de pinos empapados por una lluvia intensa, un olor que solía hacer que mi loba interior se acurrucara de placer. Ahora, solo traía un pavor frío y paralizante.

La pesada puerta de roble del pabellón de aislamiento se abrió de golpe. Axel Valderrama estaba ahí. Era el Alfa Supremo de la Manada de la Luna de Plata, un hombre cuyos hombros eran lo suficientemente anchos como para cargar con el peso de todo nuestro territorio. Sus ojos, normalmente del color de un mar tormentoso, brillaban con una tenue luz roja y depredadora.

Estaba furioso.

—Firma los papeles, Ximena —dijo. Su voz era grave, vibrando en lo profundo de su pecho.

Me senté al borde de la cama del hospital. Mis manos temblaban. Intenté esconderlas bajo la delgada sábana blanca. El aire en la habitación se sentía pesado, cargado con su dominio.

—Axel, no puedo —susurré. Sentía la garganta como si hubiera tragado vidrios rotos—. No lo entiendes. Mi cuerpo... no puede soportarlo.

Dio dos pasos hacia adelante. El espacio entre nosotros se desvaneció. Arrojó una pila de documentos sobre la mesita de noche. Se deslizaron por la superficie, deteniéndose justo al lado de un jarrón con flores marchitas que nadie se había molestado en cambiar.

—Katia se está muriendo —gruñó Axel—. Su núcleo de loba se ha roto. Necesita un trasplante de Esencia Vital de inmediato. Eres su gemela. Eres la única compatible.

En nuestro mundo, los riñones no son solo órganos para filtrar la sangre. Son los recipientes que almacenan la Esencia Vital de un hombre lobo. Contienen la energía que nos permite transformarnos de humano a lobo. Tenemos dos, pero necesitamos al menos uno para sobrevivir. Si un lobo pierde ambos, su alma no tiene dónde anclarse. No solo mueren; se desvanecen. No pueden regresar con la Diosa Luna.

—Sé que lo necesita —dije, con lágrimas asomando en mis ojos—. Pero Axel, escúchame. No me queda suficiente Esencia. Si le doy uno, moriré.

—¡Deja de mentir! —gritó. El sonido fue como un trueno en la pequeña habitación—. Eres una Omega. Eres inútil para la manada. ¡Ni siquiera te has transformado nunca! Te la pasas sentada en tu cuarto mientras tu hermana, la futura Luna, se mata trabajando por esta familia. Esta es tu oportunidad de hacer algo de valor por fin.

Él no lo sabía. ¿Cómo podría saberlo? Katia se había asegurado de eso.

Durante diez años, mi hermana había estado poniendo acónito en mi comida. Es un veneno para nuestra especie. Suprimió a mi loba, me mantuvo débil e hizo que todos creyeran que era una "sin loba", un defecto.

—Hace cinco años —intenté hablar más rápido, desesperada por hacer que me escuchara—. Cuando papá tuvo ese accidente en la construcción. Necesitaba un trasplante. Axel, yo le di mi riñón izquierdo. ¡Solo me queda uno!

Axel se quedó helado por un segundo. Su expresión no se suavizó; se endureció hasta convertirse en asco.

—Katia le dio ese riñón a tu padre —dijo fríamente—. Tiene la cicatriz para probarlo. La vi yo mismo. Tenemos los expedientes médicos, Ximena. Revisé los estudios esta mañana. Dos riñones sanos. Deja de inventar historias para salvar tu pellejo.

—No —negué con la cabeza, el pánico creciendo en mi pecho—. ¡Esos estudios son falsos! ¡La cicatriz de ella es de cirugía plástica! La mía es real. Por favor, solo mírame el costado...

—¡Basta!

El aire en la habitación de repente se volvió sólido. Me aplastó los hombros, más pesado que el plomo.

—Yo, Axel Valderrama, Alfa de la Manada de la Luna de Plata, te lo ordeno.

Mi cuerpo me traicionó. Era la Voz de Mando del Alfa. Es una ley absoluta escrita en nuestra biología. Cuando un Alfa da una orden directa usando su autoridad, un lobo de menor rango es físicamente incapaz de resistirse.

Mi espalda se enderezó. Mi boca se cerró de golpe. Mis manos salieron de debajo de las sábanas en contra de mi voluntad.

—Toma la pluma —ordenó.

Mis dedos se cerraron alrededor del frío metal de la pluma. Quería gritar. Quería arrojársela. Pero mi mano se movió robóticamente hacia el papel.

—Firma.

Lo miré por última vez. Busqué en sus ojos al niño que una vez me había sacado de un lago helado cuando éramos pequeños. El niño que me había envuelto en su abrigo y prometido protegerme.

Pero ese niño ya no estaba. En su lugar había un hombre drogado por las pociones de mi hermana, un hombre cuyo olfato había sido engañado para pensar que Katia era su Compañera Destinada. No podía oler la enfermedad en mí. No podía oler la verdad.

La puerta se abrió de nuevo. Mis padres, Federico y Julia, entraron. Eran miembros de alto rango de la manada, vestidos con seda y cuero caros.

—¿Ya está hecho? —preguntó mi madre. No me miró a mí. Miró los papeles.

—Está perdiendo el tiempo —dijo Axel, cruzándose de brazos.

—Ximena —dijo mi padre, su voz llena de decepción—. No seas egoísta. Tu hermana está sufriendo. Va a ser la Luna. Es la Loba Blanca de la profecía. ¿Tú qué eres?

Quería decírselo. *Yo soy la Loba Blanca. Yo soy la que te salvó la vida, papá.*

Pero la Voz de Mando del Alfa había sellado mi lengua. Solo podía hacer lo que se me ordenaba.

—Si haces esto —añadió mi padre, ajustándose la corbata—, te construiremos una pequeña cabaña en los límites del territorio. Podrás vivir allí en paz. Ya no serás una carga para nosotros.

Una cabaña. Ese era el precio de mi vida.

Miré por la ventana. La luna llena estaba saliendo, enorme y plateada en el cielo nocturno. Era hermosa. Era el rostro de la Diosa que me había abandonado.

Presioné la pluma contra el papel.

*Rechazo esta vida*, pensé. *Rechazo este dolor.*

Firmé mi nombre.

Axel arrebató los papeles antes de que la tinta se secara. No dijo gracias. No miró hacia atrás. Se dio la vuelta y salió de la habitación, con mis padres siguiéndolo como cachorros ansiosos.

Estaba sola de nuevo. El aroma a pino y lluvia persistía, burlándose de mí. Toqué mi costado, donde mi único riñón restante luchaba por filtrar el veneno en mi sangre.

Esta noche, salvaría a mi hermana. Y esta noche, el Alfa mataría a su verdadera compañera.

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