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Portada de la novela Si lo hacemos más despacio

Si lo hacemos más despacio

Jennifer, hija de un Alfa, vive como esclava en Dark River tras la traición del Beta que destruyó a su familia. Su destino da un giro al hallar a su pareja predestinada: Anthony Jones, príncipe de Osman. Atraído por el oculto y vasto poder de la joven, el noble la integra al entrenamiento real. En un entorno de intrigas, ella buscará vengar su pasado mientras lidia con los secretos de Anthony, debatiéndose entre el amor y su feroz deseo de justicia.
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Capítulo 2

PDV Jennifer:

Me encontraba sentada en la cama, y la rabia crecía en mí lentamente al mirar la caja de madera vacía que sostenía entre las manos.

"Todo va a estar bien algún día, Jennifer".

De repente, una voz me sacó de mis pensamientos.

"¿Quién eres?", pregunté exaltada.

"Soy Eva, tu loba. ¡Feliz cumpleaños número dieciocho, Jennifer!".

"¡Al fin puedo escuchar tu voz, Eva!", le dije emocionada mientras sentía las lágrimas rodando por mi rostro. Eran lágrimas de alivio, ya no estaba sola y por eso me alegré un poco. Justo en ese momento comprendí que era de madrugada, pasadas las doce de la noche. No me había dado cuenta, ya tenía dieciocho años. Ahí fue cuando mi loba se hizo presente y me dijo:

"Siempre podrás contar conmigo Jennifer, voy a estar a tu lado toda la vida".

"Muchas gracias, Eva. Sé que ya no voy a estar sola, porque te tengo a ti". Sonreí ante la idea de que ya mi vida no sería tan solitaria.

"Nunca estarás sola de nuevo, Jennifer. Verás que dentro de poco encontrarás a tu pareja".

"¡Claro que sí!", dije con emoción. "Como tengo dieciocho años, soy mayor de edad. En cuanto pueda recuperar el collar de mi madre, me largaré de este maldito lugar y buscaré a mi pareja".

Si había algo en este mundo que yo deseaba, era encontrar a mi pareja, mi alma gemela. Aún recordaba que el amor que mis padres se profesaban era maravilloso y yo quería eso para mí. Tenía el presentimiento de que mi pareja sería gentil conmigo, no sabía cómo ni por qué, pero lo sabía.

Mi edredón estaba húmedo, por culpa de Bárbara, y la herida que tenía en la mano aún dolía bastante, lo cual me trajo nuevamente a la realidad. Me encontraba enroscada en la cama en estas condiciones tan lastimeras y, a pesar del hambre y el frio me quedé dormida. Solo que esta vez tenía esperanza y grandes planes para mi vida.

Amaneció y sin perder tiempo me dirigí hacia la casa de Bárbara, pues tenía que limpiarla. Esa desgraciada me había arrebatado el collar de perlas de mi madre, así que tenía que recuperarlo sí o sí, puesto que era mi único recuerdo de ella.

Luego de entrar a la casa de Barbara, fui directamente a su habitación, empujé la puerta, ya entreabierta, pero la pieza se encontraba vacía. Así que entré corriendo y comencé a hurgar en su tocador lo más rápido que pude. Aún no podía creer mi suerte al no encontrarla en su habitación, pero mi suerte no fue tanta, pues no encontré lo que buscaba. Aunque lo que sí hallé fue el collar que Barbara usaba siempre. ¡Qué arpía! Ella me culpó de haberle robado el collar. ¡Mentirosa! Su collar estaba siempre a salvo en su casa. Esto quería decir que hizo una tormenta en un vaso de agua sin razón alguna.

Rebusqué por dondequiera. No quedó un solo rincón de esa habitación sin verificar y aún no encontraba mi collar. Molesta, salí de ahí y me dirigí a seguir buscando en otra parte de la casa, porque tenía que encontrarlo lo más rápido posible.

Seguí adentrándome en esa casa con la esperanza de encontrar lo que buscaba en su vestidor. Fue en ese momento que un fuerte aroma a lirios me impregnó la nariz. Seguí caminando hacia el frente y el olor se hacía cada vez más potente, casi embriagador.

Por alguna extraña razón supe al instante que mi pareja se encontraba en ese lugar, ese era su olor y me pregunté: '¿Quién era mi pareja?', cuando de repente escuché a alguien decir:

"No, no lo puedo aguantar más… Tu miembro es colosal, ¡Está demasiado hundido en mí!".

"¿No puedes tolerar más que esto?", dijo otra voz y añadió: "Eso solo fue el calentamiento, ahora es que comienza la fiesta".

"¡Acaba conmigo! ¡Hazme gritar de placer!", vociferó ella.

Enseguida el espacio se llenó de los sonidos libidinosos de la mujer, los cuales se entremezclaban con los del agua y el ruido de los cuerpos chocando uno con el otro.

Mi corazón latía muy rápido y la garganta se me anudó mientras seguía la fragancia y los sonidos que provenían del baño. Me acerqué lentamente, pero en cuanto posé los ojos en la escena ante mí y mi cerebro registró lo que pasaba, se me revolvió el estómago. Estaban tan ensimismados en su faena que no advirtieron mi presencia.

Había dos hombres lobo teniendo sexo en el baño: la cruel Barbara y el desvergonzado Kevin, quien sería el futuro Alfa. Llevaba a la cama a muchas mujeres y me asediaba de vez en cuando. Lo odiaba con todo mi ser. Nunca pensé que él y Barbara estuvieran juntos, pero hacían una pareja perfecta.

¡No lo podía creer! ¿Se suponía que este desgraciado era mi pareja?

Tuve un ataque de iras mientras los observaba inmóvil e impotente.

PDV Kevin:

Estaba teniendo sexo con Barbara en su baño cuando de pronto sentí una dulce fragancia floral. Sabía que mi pareja estaba cerca y efectivamente, cuando miré hacia la puerta, la vi.

"Jennifer, estás aquí", la saludé, mientras continuaba penetrando a Barbara. Verla me excitó mucho más y no pude detenerme.

"Sí", fue su respuesta atragantada, como si estuviera sufriendo físicamente.

"Perra, ¿quién te dejó entrar a mi casa tan temprano? ¡Sal de aquí!", vociferó Barbara.

Noté que mi pareja estaba dispuesta a darse la vuelta y marcharse.

"Espera, no te vayas. Ven aquí", le dije con firmeza mientras salía del cuerpo de Barbara.

Jennifer entró cohibida, como si todavía estuviera analizando la situación.

"Kevin, yo quiero seguir, no dejes que esta perra te distraiga. Dile que se vaya de una vez", replicó Barbara, frotando sus hermosos senos contra mi pene. Actuaba de una manera tan obscena que parecía una prostituta.

"Barbara, tienes que irte. Necesito hablar con Jennifer sobre algo". Apenas pude ocultar la repugnancia que sentí cuando la aparté de mí.

Barbara se quedó estupefacta por un momento, pero se levantó a regañadientes y salió del baño. Al llegar a la puerta, alzó la mano y le dio una bofetada a Jennifer.

"Perra, será mejor que te comportes. ¡Kevin es mío y si te atreves a seducirlo, te voy a matar!".

"Señorita Barbara, solo usted le echaría perlas a los cerdos", respondió Jennifer con firmeza, mirando fijamente a la mujer mientras se cubría la mejilla.

"Solo eres una esclava que hace las labores domésticas. ¿Por qué eres tan arrogante? ¡Si te atreves a mirarme así de nuevo, te voy a sacar los ojos!", fue el grito amenazante de Barbara.

"¿Eso es todo lo que puede hacer?", dijo Jennifer con sorna, mirándola desafiante.

Escucharlas discutir ya me estaba provocando dolor de cabeza. "¡Barbara, vete ya!", les interrumpí.

Después de lanzarle una última mirada, Barbara se marchó furiosa.

Nos quedamos a solas finalmente y le hice señas con la mano para que se aproximara. "Jennifer, acércate".

"¿En qué le puedo ayudar?", preguntó mientras caminaba lentamente y cabizbaja.

Salí de la bañera y cerré la puerta. Mi lobo interior estaba gritándome locamente en mi mente, pidiéndome que me abalanzara sobre ella.

Desde que cumplí los dieciocho años, supe que ella era mi pareja. Por supuesto, nunca pensé en aceptarla, porque tenía una posición social demasiado desafortunada. Una mujer como ella no podía ser mi Luna, aunque no podía negar que era hermosa, con una figura de reloj de arena que me volvía loco. Si bien no podía convertirla en mi Luna, podía dejarla ser mi compañera sexual.

Hacía mucho tiempo que quería acostarme con ella, pero siempre estaba a la defensiva conmigo, así que no había podido cumplir mi objetivo. Recordé que ese día era su cumpleaños, así que probablemente sabía que yo era su pareja. Cabía entonces la posibilidad de que su actitud hacia mí cambiara. Después de todo, no había ninguna loba que no aprovechara la oportunidad de ser la pareja del heredero del Alfa.

"Mírame". La pellizqué en la barbilla con mis dedos, obligándola a levantar la cabeza. Ese aire de indiferencia hacia mí hizo que la deseara aún más, pero el desprecio en sus ojos era algo que no podía obviar.

"¿A quién llamaste cerdo?", le repliqué.

"No fue a usted", respondió Jennifer con frialdad.

"¿Sabes qué? Siempre te ves tan pura e inocente que me dan ganas de hacerte el amor hasta que te duela", le dije soltando su barbilla y acariciando su mejilla. "Eres tan sexy".

"¿Qué está haciendo?", espetó mientras me empujaba para evadir mis caricias. "¿Qué? ¿Acaso Barbara no puede satisfacerlo?

"No es tan seductora como tú. Cada vez que estoy con ella, pienso en ti". La idea de tener sexo con Jennifer me excitó y humedecí mis labios. "Anda, quédate conmigo. Puedo apoyarte y ya no tendrás que ser una esclava".

Dicho esto, la sujeté por el hombro y le rasgué la falda corta. Ella luchaba desesperadamente, para deshacerse de mí.

"No te hagas la inocente. En la manada del Río Oscuro, todas las lobas quieren acostarse conmigo". Con mi mano izquierda, agarré el cabello de Jennifer, mientras me deslizaba hacia su muslo con la derecha.

"¡No me toque!".

"Será mejor que sepas lo que es bueno para ti. Debes haberlo sentido ya, ¿verdad? Somos una pareja. El hecho de que tengamos sexo no es gran cosa para nosotros. ¡Si te sigues resistiendo, te voy a rechazar!", le dije con la última esperanza de que cediera. Estaba seguro de que ella no se atrevería a resistirse después de haberle dicho eso.

Vaciló por un momento, pero justo cuando pensé que estaba asustada, me abofeteó con fuerza. Como me tomó desprevenido, aflojé mi agarre en su cabello y aprovechó esa oportunidad para escapar de mí y retrocedió hasta la puerta del baño.

"¿Cómo te atreves a golpearme? ¡Loca!".

Cuando sentí mi mejilla ardiente, la ira se apoderó de mí. ¡Qué perra tan desvergonzada!

Había estado planeando acostarme con ella y luego rechazarla. ¡Pero esta perra lo estaba echando todo a perder fingiéndose una virgen pura! ¡Pronto se iba a arrepentir!

"Yo, Kevin Brook, el futuro Alfa de la manada del Río Oscuro, por medio de la presente te rechazo solemnemente, Jennifer Smith, como mi pareja", dije con frialdad.

Pensé que inmediatamente caería a mis pies y me rogaría que cancelara mi rechazo, pero para mi sorpresa, sonrió aliviada.

"Qué bien. Estaba esperando que me rechazara. Me estaba preguntando por qué la Diosa de la Luna asignó a una escoria como usted como mi pareja. Gracias por dejarme libre".

¿De qué estaba hablando esta perra? ¿No debería estar desconsolada después de haber sido rechazada por mí, el futuro Alfa? ¿Cómo podía estar feliz como si estuviera pasando el mejor momento de su vida?

Un mal presentimiento se apoderó de mí, pero antes de que pudiera decir algo, Jennifer abrió la boca muy animada. Se veía tan alegre como si hubiera obtenido una victoria en lugar de haber sido rechazada.

"Yo, Jennifer Smith, la hija del fallecido Alfa Lewis Smith de la manada del Arcoíris, por medio de la presente acepto su rechazo".

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